Por Natalia Litvinova*

Crédito de la foto la autora

 

 

Cuando el tiempo se rompe.

13 poemas de Natalia Litvinova

 

 

NADEZHDA

 

Mi marido cuenta en voz baja

las naves del insomnio,

el empapelado puede oírnos,

las lámparas de queroseno s

ueltan chispas de advertencia.

No tenemos distracciones,

el miedo invade San Petesburgo.

Osip, mi pelo se volvió cano

de oírte recitar en esta habitación.

Cuando estás en la cama, quieto,

en silencio y con el rostro

entre tus manos,

percibo los pasos de tus poemas,

no tenemos a donde huir,

en este tiempo que no admite la belleza,

soy tu cinturón,

el revolver que no usarías.

 

 

*Osip Mandelstam (1891 -1938) poeta ruso, arrestado por escribir un poema contra Stalin. Nadezhda Mandelstam, esposa de O. Mandelstam, memorizó la mayor parte de la obra poética de su marido.

 

 

 

AJMÁTOVA A BORIS ANREP

 

Anochece

y el canto de los grillos

me recuerda la frescura del bosque,

caminábamos en silencio

entre los pinos,

no había mejor poema

que el crujido de la pinocha

bajo tus pies.

Usaba un anillo

en la mano izquierda

que pasaba a la derecha

y decidí regalártelo.

Me contaron que lo llevás

colgado del cuello

como un amuleto.

A veces lloro la intimidad

que perdimos

y qué vergüenza sentir esto

en un siglo que rechaza la vida.

Boris, ¿cómo es vivir en Inglaterra

mientras Rusia se cae a pedazos?

 

 

*Boris Anrep, artista de mosaicos y amante de Anna Ajmátova, se radicó en Londres en 1917.

 

(poemas inéditos)

 

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Anarquía

 

El libro Los exiliados románticos

quedó atrapado en mi sueño.

Pienso que antes de cortar el pasto
del jardín hay que caer en él.

El libro dice: “En nuestro seno Bakunin se recuperó
de nueve años de silencio y soledad.
Discutía, predicaba, daba órdenes, chillaba, decidía,
componía, organizaba, exhortaba,

el día entero, la noche entera,
las veinticuatro horas…”.

Juntar el pasto alto y hacer coronas
para las muchachas

de mi pueblo,

invitarlas al bosque, bailar alrededor del arce.
Trazar un círculo de alegría con movimientos.

Vuelvo al libro: “María, que vivía con bastante
felicidad en el adulterio, no tenía deseo alguno
de casarse con su amante
y deseaba aún menos
complacer a su marido”.

La lluvia empieza en la tiara que decora la frente,
después baja a los ojos
y se llora.

 

____________

Los exiliados románticos: es una novela de Edward Hallet Carr, considerado uno de los mayores especialistas en la historia de Rusia.

 

 

 

Los silencios de Casandra

 

Hay belleza en el castigo, ese arrecife

contra el que rompe nuestra vergüenza.

Arrastrada hacia el fondo del establo

me empujan contra las ortigas

y no permiten que me levante.

Pero el orgullo no se arrebata.

Permanezco en silencio,

mi mayor esfuerzo es no gritar,

la voz contenida rasga la garganta.

Frotan mi cara con la nieve,

yo no grito, a los agresores

también les duele.

No se ruega ni se pide,

el dolor se va

y esa voz atragantada

podría ser tu don.

 

 

 

Flores de Chernóbil

 

Nuestros hombres comienzan a extinguirse,

nadie sabe por qué las mujeres resisten más.

Mi padre llora al sacrificar a un animal

mientras mi madre cambia el empapelado de las paredes.

No nos dejan exponernos al sol, empalidecemos

como flores que crecen bajo la nieve.

Huimos al bosque, lejos de este edificio,

yo con mi blusa infantil y mi hermano con su remera lisa.

Qué ganas de volver al lugar donde nacimos

y correr con los brazos extendidos,

limpiar el aire como uno de esos aviones

que arrojan espuma

sobre el sarcófago humeante.

 

 

 

La suelta

Me retoco los labios en el tren

al lado de un hombre

que mira hacia otro lado,

animo la suelta de perfumes,

deshago la trenza,

enfurezco el color de mi boca

después de haberlo atormentado.

Una parte mía se escapa en este instante.

Como un caballo negro,

cabalgo velada por mi propia oscuridad,

montada por jinetes

que conducen a la guerra.

 

(de Siguiente vitalidad)

 

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Disparo

 

El tiempo se rompe como un vaso.

Puedo juntarlo con las manos y admirar

el mundo en sus cristales rotos.

O juntar las manos como quien reza.

No juntar más que mis manos.

Apuntar con los dedos a mi pecho

disparando sin darme muerte.

Tan sólo acomodarlas allí

como a dos palomas débiles y frías

después de una vida de lluvia.

 

 

 

Desgarra

 

Cuando un hilo corta mis dedos

y el estado salvaje

se rinde ante su veneno civilizador,

mi vestido se desgarra y de sus heridas

brota otro vestido. Entonces escribo

para que la muerte no sea tan natural.

 

(de Todo ajeno)

 

La poeta Natalia Litvinova. Crédito de la foto Marco Zanger.

La poeta Natalia Litvinova.
Crédito de la foto Marco Zanger.

 

Fugas

 

la lengua me lleva
por los ríos turbulentos
de la infancia.
la infancia no me vio crecer,
me construí con las sobras
de la marea alta.

 

 

 

Mano

 

acariciá a tu hija
que pide una docena de guerras
como rosas tachadas
para recomponer su cuerpo.

 

 

 

En mí

 

en mí la naturaleza está blanda,
corre en manadas de lobos azules
que lloran como pájaros,
que lloran, cantan y no saben.

 

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Su idioma

 

Dios duerme
y nosotros rezamos
sin entender su idioma.
supongo que las cosas suceden
porque también tienen a su dios:
la metáfora.

 

 

 

Piel

 

la piel no se renueva, recuerda.
es corteza de un árbol tatuado con una navaja
o el caparazón de un grillo que se raspó
contra la amapola.

 

soy un sol blanco que rueda por el desierto,
y los hombres me miran cubriéndose la cara.

 

(de Esteparia)

 

 

 

 

*(Gómel-Bielorrusia, 1986). Poeta y traductora. Reside en Buenos Aires-Argentina. Ha publicado en poesía Esteparia (2010), Balbuceo de la noche (2012), Grieta (2012), Rocío animal (2013), Todo ajeno (2013), Cuerpos textualizados (en coautoría con Javier Galarza, 2014) y Siguiente vitalidad (2015).

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