Sobre «Costa del Silencio (2022), de Julio Hardisson Guimerà

 

Por Dolors Fernández Guerrero*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Tercero Incluido /

(der.) archivo del autor

 

 

Costa del Silencio,

un imperativo humano contra el ruido y la deflagración

de Julio Hardisson Guimerà**

 

 

Si el término intergénero existiera, Costa del Silencio (2022) de Julio Hardisson constituiría sin duda una de sus obras más singulares, ya que este libro, en su brevedad, se mueve entre la crónica, la reconstrucción histórica, el ensayo, el alegato ecologista de corte humanista (o “gris”, como diría la activista Sabine Scholl, el personaje más emblemático del libro), la expresión lírica y la ficción narrativa, interpuesta por un narrador omnisciente.

Siendo así, hay que admitir que nos hallamos ante una obra decididamente original, en tanto que la diversidad y la combinatoria de los diversos géneros que la integran resultan, cuando menos, sorprendentes. Véase, si no, cómo se intercalan informes técnicos que atañen a la construcción y desarrollo de las instalaciones hoteleras en Ajabo (sur de Tenerife), con entrevistas a las personas implicadas, reflexiones ensayísticas y digresiones líricas entretejidas en la narración. Y frente al eclecticismo de su composición, la sencillez más escueta reside en los epígrafes de sus tres secciones: “Uno”, “Dos” y “Tres”. Al fin y al cabo, la vuelta a los orígenes y la supresión del “ruido”, también verbal, preside el espíritu de esta Costa del Silencio.

No obstante su eclecticismo, existe un hilo argumental que en su conjunto dota de función narrativa a este libro, basado en las vivencias de un padre divorciado que, junto a su hija de trece años, viaja por razones profesionales desde su hogar en Finlandia hasta Ajabo. Es importante destacar que el protagonista es oriundo de la isla y, a pesar de que la reactivación turística de la zona es el propósito de su viaje, el reencuentro con la naturaleza indómita de su niñez opera en él una transformación. Integrado en la llamada Costa del Silencio, Ajabo presenta una geografía muy particular, de formación volcánica, que ejercerá un poderoso influjo no solo sobre el padre, sino también sobre su hija.

Desde esta premisa, prevalece la observación del entorno sobre el elemento narrativo. La descripción pormenorizada de la orografía, de la costa, del clima, de la arquitectura presentes en Ajabo impregnan los estados de ánimo de su protagonista, ese «hombre» al que en ningún momento se alude con un nombre propio y cuyo discurso introspectivo y lírico marca el ritmo de la historia. Es ese “yo” el que, desde una perspectiva analítica, contemplativa, desapasionada, rememora su niñez y el lugar físico al que esta pertenece. El viaje que ha realizado con su hija desde Finlandia, en un primer momento de índole profesional, acaba por vincular a ambos en un escenario cargado de significaciones, muchas más de las que a priori cabría esperar.

 

 

El balanceo que se produce entre realidad exterior y mundo interior crea un flujo constante. Es la especulación turística, cuyo desarrollo se pone en tela de juicio desde el principio, la que ha exigido el regreso del “hombre” a la isla, esa isla-mundo a la que alude Bernat Castany en el prólogo. Desde siempre, las islas se han alzado en espacios amurallados por el mar y esa evidencia ha condicionado a sus habitantes. Es una de las consideraciones que constata la voz narrativa a lo largo del libro. En otro momento se reflexiona acerca del mestizaje necesario de los isleños: lo insular visto como punto de arribada y encuentro, confluencia y fusión de ideas foráneas de las que los pobladores de la isla se nutren, so pena de perecer en una suerte de endogamia aniquiladora.

Un aspecto que me parece relevante en este libro es el modo en que se aborda el tema de la tecnología. El sesgo mental que la progresiva tecnificación de la sociedad está introduciendo de modo subrepticio en nuestras mentes, modifica las percepciones, el propio mapa interior, así como el modo de relacionarnos con el mundo que nos rodea y con nuestros semejantes. En Costa del Silencio este cambio de paradigma a escala mundial es denunciado por Sabine y sus correligionarios, sin que sospechemos hacia dónde puede llevarnos.

En este sentido, se ofrece un horizonte abierto a la incertidumbre, sobre el cual el entorno que lidera Sabine desea intervenir, pues en oposición al determinismo predominante, solo está perdido lo que se abandona. Costa del Silencio comparte con valentía, desde una vertiente tan ensayística como lírica, un ámbito de actuación ecológica, y con ello nos descubre rasgos y sensibilidades muy alejados del activismo al uso y, por ende, del discurso oficial de los “verdes”.

Un detalle que no pasa desapercibido al lector es el anonimato del protagonista, su ausencia de nombre, en el sentido tradicional en que los seres humanos nos designamos y reconocemos los unos a los otros. Con ello, diríase que el relato adquiere una categoría genérica, no atributiva. Por contraste, el resto de personajes posee una entidad clara y diferenciada, que incluye sus nombres y apellidos. El “otro” como agente activo y entidad concreta, materializado en diferentes personalidades; frente al “yo”, lírico y, por tanto, universal, que recae en la voz del protagonista.

 

El narrador Julio Hardisson Guimerà

 

Debo decir, a título personal, que el capítulo titulado “Sabine 23/24” es el que más me ha gustado. Aquí lo ensayístico se sumerge en lo dialógico, con un desarrollo interesante, que brilla en su argumentación. La indagación que suscita el tema de las utopías y el eje espacio-tiempo como conformadores del pensamiento, expanden a mi modo de ver el viejo concepto literario de “cronotopo” enunciado por Bajtín[1] y lo retoman desde una perspectiva mucho más amplia y estimulante.

A pesar de la participación de diferentes géneros en la composición de Costa del Silencio y de la prevalencia narrativa que lo estructura, dos pilares fundamentales de este libro son el ensayo y la poesía. Tanto es así que el componente narrativo está dotado de una notable fragilidad argumental, carece de momentos de inflexión, de clímax y de aquellos otros elementos discursivos que hilvanan y estructuran inequívocamente un texto narrativo de ficción.

En definitiva, Costa del Silencio es una obra de factura impecable, de gran belleza formal, que ahonda sin aspavientos en temas de candente actualidad y lo hace con una visión integradora. Su enfoque, insólito, permite redefinir el sentido de “utopía” imbricando geografía, paisaje y las personas que lo habitan en una dimensión humanística y trascendente.

Quizás su radical originalidad, su ritmo demorado sean óbice para una mayor difusión, pero en contrapartida es, como reconoce Bernat Castany, un texto “animado por la pasión de la posibilidad”, escrito desde la calma, la contemplación, la inteligencia y la irrenunciable aspiración, como humanos responsables que somos, a habitar un mundo mejor.

 

 

 

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[1] Bajtín, Mijaíl: “Las formas del tiempo y del cronotopo en la novela. Ensayos sobre Poética Histórica” en Teoría y estética de la novela. Ed. Taurus. Madrid, 1989.

 

 

 

 

 

*(Barcelona-España, 1968). Poeta y narrador. Licenciada en Filología hispánica por la Universidad de Barcelona (España). Es presidenta del colectivo literario “El Laberinto de Ariadna” y vocal de la Junta de Asociación Colegial de Escritores de Cataluña (ACEC) y administra el blog literario Despeñaverbos (www.despeñaverbos.es). Ha publicado en poesía Mi corazón mordido por tus labios (2017); en narrativa la novela El club del tigre blanco (2020), las novelas breves Huye, alisa y Halogramas.

 

 

 

**Narrador. Licenciado en Filología hispánica, magíster en Teoría de la literatura y doctor por la Universidad de Barcelona (España). Fue profesor del grado en diseño de las escuelas Eina y Elisava de Barcelona (España). Trabaja en proyectos multimedia y arte electrónico desde finales de los 90. Codirige Pliego Suelto desde 2012. En la actualidad, se desempeña como profesor en la Universidad de Barcelona (España). Ha publicado en novela Costa del Silencio (2022).