Roger Santiváñez, un poeta del lenguaje. Una entrevista

 

Por Carlos Vicente Castro

Crédito de la foto www.periodicodepoesia.unam.mx/texto/alana

 

 

Roger Santiváñez, un poeta del lenguaje

 

 

Roger Santiváñez (Piura, 1956) llegó a Lima, desde Piura, en 1975, para estudiar literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. Lo deslumbró una ciudad en efervescencia, transformada por la que llama “la avalancha andina”. Una ciudad en expansión, “de gente que baja de la sierra de Los Andes, de la costa, a las ciudades, a trabajar, a vivir, con el señuelo del progreso”. Es uno de los poetas peruanos medulares, autor de libros como Symbol (1991), Eucaristía (2004) o la antología personal Ofertorio (2018). Perteneció a la segunda generación de Hora Zero y fundó el movimiento de neovanguardia Kloaka. En la actualidad enseña español en la Universidad de Princeton y pasa mucho de su tiempo a las orillas del río Cooper.

 

 

Entrevista

 

Carlos Vicente Castro [CVC]: Roger, ¿cuándo tuviste tu primer contacto con la poesía?

Roger Santiváñez [RS]: Empecé a escribir cuando estaba en la secundaria, antes de ir a la universidad. Tenía 14 años, en el año 71. Terminé el colegio en el 72. Estaba muy mal, atravesado por una angustia terrible, la crisis de la adolescencia. Decía: “Y qué hago en este mundo, y para qué vivo acá, para qué vivo si me voy a morir, qué sentido tiene todo esto”. Estaba muy palteado, cruzado con todas estas cosas. De ahí que, en una clase, no sé cómo, empecé a escribir algo que a mí se me ocurrió llamarlo un poema, cuando yo todavía no tenía ninguna idea de la poesía ni del poema ni nada. Y cuando boté todo esto, esta búsqueda al escribir el poema, me sentí muy calmado, tan calmado que dije: “Ah ya, voy a dedicarme toda mi vida a todo esto”.

 

El poeta Roger Santiváñez en su juventud

 

[CVC]: ¿A estar calmado?

[RS]: Por supuesto, para estar calmado. Porque me sentí muy relajado, me sentí muy bien. Desde ese día, no he parado hasta ahorita. Decidí ser un poeta en ese instante y no paré.

 

 

[CVC]: Varios títulos de tus libros tienen connotaciones religiosas…

[RS]: La cuestión religiosa siempre estuvo muy metida en mí porque mi mamá era una mujer muy religiosa. Me llevaba todos los días a las 6 de la mañana a la misa de la Virgen del Carmen en Piura, toda mi niñez. Mi mamá era devota de la Virgen del Carmen y también de la Virgen de Guadalupe. La del Carmen era la virgen de la familia de mi mamá. Todo era muy bonito, realizadamente, cuando era niño, mi fe católica, pero en la adolescencia empecé a cuestionarme todo eso, a escribir. Empecé a dudar de la existencia de Dios, todas estas cosas.

 

 

[CVC]: ¿Eres ateo?

[RS]: Ya no. Cuando fui a San Marcos a estudiar, me vuelvo comunista maoísta (tenía que ser ateo porque el comunismo lo es y yo asumí el materialismo dialéctico). Pero después, cuando me desengaño del comunismo y toda la vaina, vuelven a mí las imágenes carmelitas, el imaginario religioso, místico. Comienzo a escribir como poesía mística, más bien. Luego encuentro la famosa frase de Pound: “Dios es un estado mental”. Y, actualmente, estoy acomodado a esta idea. Uso esta idea en mi poesía. Dios es un estado mental y con eso me quedo tranquilo. Creo en ese Dios.

 

 

[CVC]: No una entidad con la que tienes relación sino un estado emocional…

[RS]: Exactamente, un estado emocional. Porque para mí es muy similar al estado emocional de la poesía, ¿te das cuenta? Es casi lo mismo. Por eso mi frase famosa: “Siempre en poesía”, que la uso casi en todo, es mi eslogan. Porque pienso que un poeta debe vivir en estado de poesía. Yo trato de vivir en estado de poesía, que es similar al estado de gracia, digamos, de la religión. Para mí es casi como lo mismo.

 

 

[CVC]: ¿La referencialidad del lenguaje sigue siendo importante para ti?

[RS]: No necesariamente, cada vez menos. Cuando empezaba a escribir integraba la poesía conversacional, que es totalmente referencial, al mundo. Pero cuando comienzo a hacer exploraciones que van a derivar en algo que estaría cerca de la poesía neobarroca, no tengo un tema. Simplemente me pongo en disposición cóncava y como que escucho un sonido. O sea, el lenguaje, la cadena, el segmento del lenguaje es un sonido. Hago asociaciones fonéticas, sonoras entre las palabras. No me importa el tema o si es referencial a la realidad… no. Más bien es una fantasía verbal, una cosa autónoma de la realidad. Entonces, ¿cómo encuentras el tema?, me dicen. El tema lo voy encontrando…

 

 

[CVC]: Quieres encontrarlo…

[RS]: Puede que no, simplemente es puro lenguaje. Pero, a veces, sin querer, encuentro el tema, porque hago una asociación fonética. Uso las sílabas como notas musicales. Voy combinando las notas musicales, es decir las sílabas, por sus sonidos. Y entonces de repente ahí encuentro, ¡pack!, una memoria de algo: de mi niñez o un objeto que está por ahí. Y ahí pesco el tema, y ahí sigo. Voy enhebrando sonidos, enhebrando el tema a través del sonido.

 

 

[CVC]: La memoria tiene un papel…

[RS]: Fundamental. Yo escribo con la memoria, sin duda. Porque además Mnemosine es la madre de todas las musas, es la madre de la inspiración.

 

 

[CVC]: Con Kloaka querías recuperar todo este sentido de la calle.

[RS]: Claro, porque nací a la poesía con la poesía conversacional. En el Perú había una tradición muy fuerte, que lideraba Antonio Cisneros, uno de los grandes conversacionalistas. Y en América Latina también estaba Enrique Lihn, uno de los grandes. Me gustaba mucho José Emilio Pacheco, al cual conocí una vez. Muy simpático, muy lindo tipo. Lo conocí en Brown University, en un congreso organizado por Julio Ortega. Hice una conferencia de No me preguntes cómo pasa el tiempo, un gran libro de la poesía conversacional de los sesenta.

Estaba obsesionado con la frase de Pound: “Poesía es habla”. Estaba obsesionado con hacer una poesía con lo que habla la gente, el habla común, cotidiana, de todos los días.

 

 

[CVC]: En algún momento cambiaste de idea…

[RS]: Escribía poesía conversacional, pero en un determinado momento ya no me convenció esta onda. Me sentí como harto de esta cosa, mucha vaina, demasiado referencial. Ya no le veía el vuelo poético a esa vaina. Era demasiado cotidiana, muy directo el lenguaje.

 

El poeta Roger Santiváñez

 

[CVC]: Querías recobrar el habla cotidiana, pero no esa habla…

[RS]: Quise radicalizar la onda oral de la poesía. Ahí fue cuando me metí a escribir Symbol, que parte de esa idea conversacional, pero me llevó a un vuelo increíble. Fue como un viaje al interior de mí mismo. Además de que estaba bajo los efectos del pastel, y ¡pum!, me dio una vuelta como de 180 grados porque fui a dar a unas playas ya medio neobarrocas. Ya no era un lenguaje conversacional estándar, ya era otra cosa. Era un lenguaje que se autoiluminaba. No era poesía conversacional directa.

Ahí di un paso más y escribí un libro llamado Eucaristía, que ya es casi como poesía neobarroca. No sabía que existía el neobarroco. Fue una investigación solita, porque yo quería salir de la poesía conversacional. Y justo en ese momento me voy a Estados Unidos y descubro Medusario en la biblioteca de la universidad. Me doy cuenta de que estaba escribiendo parecido a estos patas. Había una coincidencia, digamos, sin proponérmelo. Con el propio desarrollo de mi poesía llegué a eso, pero me gustó.

Y entonces un amigo me invita a un encuentro de poesía en Texas. Voy, y ahí estaban José Kozer, Eduardo Espina, Roberto Echavarren. Me encontré conviviendo con los líderes del movimiento, eran muy amables. Leí mi poesía también y les gustó porque estaba un poco en la onda de ellos. Desde ahí comenzó una amistad grande con Eduardo Espina, José Kozer y Reynaldo Jiménez, quien me editó Eucaristía en Tse Tse. Es flor del neobarroco, si le podemos decir así.

Pero yo no me considero un neobarroco… tomé más bien un camino que es una poesía del lenguaje. Para mí es una deriva que viene del neobarroco.

 

 

[CVC]: En los títulos de libros como Ofertorio y Eucaristía, ¿te refieres a este encuentro con la poesía que mencionas?

[RS]: Sí, es el encuentro con la poesía. Es el ofertorio de la poesía, pero que también es místico. La eucaristía es la eucaristía de la religión, pero también es la eucaristía de la poesía, es el cáliz de la poesía. Tiendo a eso, a fusionar religión —en el sentido de religare, de religarte con Dios— con poesía.

[CVC]: Como San Juan de la Cruz o Santa Teresa…

[RS]: San Juan de la Cruz es uno de mis poetas favoritos. Lo leo a cada rato. Lo releo. Tengo en mi mesa de noche el Cántico espiritual.

 

 

[CVC]: Es tu otra biblia…

[RS]: Sí, su mística me gusta muchísimo. Hay otro que no era poeta, un místico tremendo que se llama Miguel de Molinos, de la época de San Juan de la Cruz. Su Guía espiritual es formidable. La contemplación de Dios. O sea, cómo tú llegas a la contemplación de Dios. En este caso se llega a la poesía a través de un camino místico, no de la poesía, pero digamos, yo lo interpreto como un camino de la poesía.

 

 

[CVC]: ¿La poesía está tanto en el lenguaje como fuera del lenguaje, o es un efecto del lenguaje?

[RS]: Sin duda, es un viceversa. Son como vasos comunicantes.

 

 

[CVC]: ¿No se queda en el lenguaje?

[RS]: No, porque está el espíritu.