Plaza tomada / o de la poesía expandida, la poesía de Carmen Berenguer

 

Vallejo & Co. presenta el texto que leyó la poeta Tania Favela en la presentación de Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía (1983-2020), evento que tuvo lugar en agosto de 2021 en las plataformas virtuales del Fondo de Cultura Económica. Dicha presentación puede ser consultada dando click AQUÍ.

 

 

Por Tania Favela *

Crédito de la foto (izq.) Universidad Autónoma de Nuevo León /

(der.) la autora

 

 

Plaza tomada / o de la poesía expandida

 

 

En su ensayo Sobre la poesía dilatada el poeta español Miguel Casado cita un fragmento de una carta de Novalis a A.W. Schleger, y construye, a partir de éste, una aguda reflexión para pensar la poesía actual. No me detendré en las ideas y argumentos del ensayo, sólo quiero tomar el inicio de la cita y la acotación de Casado al respecto. Novalis dice: “Si la poesía quiere expandirse…” y Casado agrega: “Expandirse no es un mero ocupar más terreno, sino ocupar un terreno que se decía no ocupable, transgredir los límites interiores y exteriores…”.[1] La poesía de Carmen Berenguer ha seguido, desde sus inicios con Bobby Sands desfallece en el muro (1983) hasta Plaza de la dignidad (2021), ese impulso transgresor, y ha estado también en constante expansión, ocupando terrenos distintos a los que tradicionalmente se consideran “poéticos”. Su escritura está atravesada por las formas del relato, el diario íntimo, la crónica, el documento, la carta, el testimonio. Es además una poética del fragmento, de lo inacabado, de lo abierto, de lo plural: distintas voces, disidentes y marginales, se entretejen en ella. Poética, por consiguiente, que enarbola la bandera de la okupación (con k), ya que recorre o se apropia de distintos espacios del lenguaje (lenguajes sociales y codificados) para liberarlos y construir desde esta acción, zonas autónomas para la lengua.

 

 

Es en este sentido que he intentado trazar, que la antología Plaza tomada. Poesía (1983-2020),[2] preparada por la poeta y crítica mexicana Claudia Posadas, me parece un acierto ya desde su título, porque coloca en el centro el binomio poesía y política, o mejor, poesía y resistencia. Tomar la plaza o tomar la lengua son acciones similares. La lengua y la calle son espacios públicos, y por lo tanto son también espacios políticos desde donde alzar la voz. Tomar un espacio supone, según lo explica Julia Ramírez Blanco, “liberarlo para otorgarle funciones sociales, comunitarias o políticas, que son diferentes a las que originalmente servía el lugar”.[3] Plaza tomada ejerce justamente esta acción. El espacio tomado por los poemas antologados es el espacio de la lengua, ese sistema de signos que ha sido tomado antes por el Estado, por el mercado, por la dictadura del capital, por los medios de comunicación e incluso por ciertas instituciones culturales y académicas. Los poemas liberan a la lengua al desviarla de sus funciones normativas, utilitarias, instrumentales, mediáticas, coercitivas y autoritarias, y también la liberan al funcionar como conciencia crítica de la misma. Los poemas de Berenguer okupan la lengua como el activista okupa una plaza, la calle, un edificio, resignificando los lugares. En suma, la suya es, sin duda, una escritura “antisistema”, que trabaja a la contra, proponiendo nuevas estructuras gramaticales o sintácticas, y perforando la retórica para generar fisuras en el sistema de la lengua y en los discursos del poder.

En uno de los textos seleccionados “Recado de Chile: a Sybila Arredondo”, se lee: “por estos caminos estoy comunicándome con usted Sybila, de todos esos recorridos, la relación entre el bordado que a usted se le impone como castigo y que yo lo hago como escritura”.[4] Me interesa aquí la alusión a “los recorridos” y al “bordado”, dos elementos que juegan un papel importante como estrategias poéticas en la obra de Berenguer. Los recorridos implican trayectos, bifurcaciones, digresiones, desviaciones, devenires, y en un plano formal, un someter a crítica el sentido mismo de la forma. El bordado supone un trabajo artesanal y en ocasiones colectivo, tomar distintos hilos y trazar nuevas figuras. Como bien lo señala Antonio Negri: “de Foucault a Deleuze nos han enseñado a reconstruir con los hilos de la historia el sentido de la vida”. Ese es el trabajo de la poeta. Y son, precisamente algunos de esos hilos, los que Claudia Posadas ha tomado para trazar la dirección de la antología. Como ella misma lo anota en su vasto prólogo, el criterio de selección de los poemas no es cronológico, sino dialógico, lo que le interesa es poner a conversar escrituras de épocas distintas para dar cuenta de la raigambre que sostiene la obra de la poeta chilena. Posadas destaca varios hilos, la cito: 1. La tensión social y el advenimiento de la dictadura; 2. El cuestionamiento del sistema y la denuncia de la dictadura; 3. El cuerpo cosificado por el poder, la tortura y el sacrificio del individuo como lucha; 4. La mujer como individuo violentado; 5. Lo urbano y su cimiento colonizante; 6. El lenguaje; 7. Lo biográfico como fundamento del discurso y 8. El estallido social del 2019”. Cada sección del libro muestra, para seguir con la analogía del bordado, un relieve particular por la materia de que consta, o bien por el trazado de las figuras o los diferentes tonos que se producen: escrituras exaltadas, irónicas, líricas, herméticas, transparentes, deseosas, lúdicas, reflexivas o demandantes se tejen a lo largo de Plaza tomada.

 

La poeta Carmen Berenguer

 

Montaje sobre el montaje es también lo que en esta antología se propone Posadas, ya que en sí misma la de Berenguer es una escritura dialógica, que se articula desde la yuxtaposición y la simultaneidad, y que más que trazar una línea, dibuja una red en la que se van articulando sus distintas búsquedas, preocupaciones y obsesiones: el cuerpo, el erotismo, la ciudad, la violencia física, el abuso del poder, entre otras. Sin embargo, no hay que perder de vista que no es sólo el trazado temático lo que complejiza su obra y le da densidad, sino su trabajo con el lenguaje, con las materialidades de la lengua: (cito) “piel que al porar abraza/ súdase súbese pálpase/ marca de hilo sulfo/ oñasca añico piela/”.[5] De ahí la importancia del cruce entre oralidad y escritura: (cito) “pacos macumberos, lumeros/ Cucas, guanacos, loros soplones/”.[6] Subrayar el habla es su forma de apropiarse de la lengua y desde ahí construir la realidad y enunciarla. Esa habla bastarda, travestida, neobarroca es el habla de las calles que, parafraseando al lingüista Benveniste, como en la poesía es un habla que “antes que para comunicar sirve para vivir”. En suma, lo que le interesa a Berenguer es un lenguaje puesto en acción. De ahí que Posadas haya incorporado en la antología una sección titulada “Es lengua que desea herirte y limpiarte (y no es que quiera ponerle trabas al entendimiento)”, en la que pone en el centro a “la moza lengua (que) osa verbar”.

Sólo me resta celebrar la aparición de esta nueva antología que pone en nuestras manos a una de las voces más lúcidas y críticas de la poesía latinoamericana. La figura y la obra de Carmen Berenguer han sido y seguirán siendo ejemplo constante de lo que Henry David Thoreau llamó la “desobediencia civil”.

 

 

 

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[1] La cita completa dice: “Expandirse no es, pues, un mero ocupar más terreno, sino ocupar un terreno que se decía no ocupable, transgredir los límites preceptivamente asignados al género, a los géneros: tanto los limites exteriores, al entrar en esa dinámica de penetración mutua con la novela, al declararse lugar por excelencia de la reflexión; como los límites interiores, al emprender una batalla abierta contra las servidumbres de la retórica”. Tomada de La experiencia de lo extranjero, Galaxia Gutenberg, 2009.

[2] Carmen Berenguer. Plaza tomada. Poesía (1983-2020), selección y prólogo de Claudia Posadas, nota preliminar de Julio Ortega, Universidad Autónoma de Nuevo León, México, 2021.

[3] Julia Ramírez Blanco, Utopías artísticas de revuelta. Madrid, Cuadernos Arte Cátedra, 2014, p. 19.

[4] Carmen Berenguer, op. cit. p. 119.

[5] Ibid., p. 102.

[6] Ibid., p. 128.

 

 

 

 

 

*(México). Poeta y ensayista. Doctora en Literatura Latinoamericana por la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Del 2000 al 2010 formó parte del Consejo Editorial de la revista El poeta y su trabajo, dirigida por el poeta Hugo Gola. En la actualidad, es académica de tiempo completo de la Universidad Iberoamericana (México). Ha publicado en poesía La marcha hacia ninguna parte (2018); y en ensayo Un ejercicio cotidiano, selección de prosas de Hugo Gola (2016), El lugar es el poema: aproximaciones a la poesía de José Watanabe (2018) y Remar a contracorriente. Cinco poéticas: Hugo Gola, Miguel Casado, Olvido García Valdés, Roger Santiváñez, Gloria Gervitz (2019).

 

 

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