Presentamos, en primicia, algunos poemas inéditos bajo el título de Clima, del poeta canadiense Francis Catalano, en versión bilingüe, español y francés.

 

Por: Francis Catalano

Traducción: Odelín Salmeron
Crédito de la foto: Mathieu Rivard

 

Clima

 

En el colmo del verano, regresa a la tierra otoño
Hölderlin

 

Llover y la lluvia reunidos en nuestra dulce lengua natal, con un diáfano movimiento de caída. La lluvia envuelve con su cáscara sonora las cosas sobre las que ella llueve. Atrincheradas en su silencio, siempre conservando el secreto de su imperfección, puesto que llueve, esas cosas ahora poseen una voz. Esas cosas repiten ecos cristalinos. Ellas dicen que ven el Fata Morgana brillar por encima de ellas.

 

 

 

 

¿Es después de la lluvia o antes de los colores,

que los cantos de amor de los gatos vienen

del lado cruel de los callejones;

es un niño que llora lo que oímos,

o acaso esos pasos falsos sobre las malas hierbas heridas

haciendo que el silencio se desafine?

 

 (7 de agosto de 1973)

 

 

 

 

 

Tenemos el otoño que merecemos

dentro de nuestros enclaves, de nuestras garitas

con nuestras hierbas fumadas,

El tabaco que chispea en el acrílico,

los ojos de las órbitas salidos

en el oído engastados.

En la lengua un poco de azúcar molida

produce mil colores y mil artificios.

Los lagos arqueados por los bordes

piden por la boca de sus peces

que se callen, como solo

una temporada a la mitad

sabe hacerlo,

medio verso,

verdad a medias,

 

(8 de octubre de 1836)

 

 

 

 

Devorados por la raíz, los colores, el desfallecimiento de los árboles, sostenido. Como un espectro en la ventana, una luz fría ilumina los cafés humeantes, contrasta con una ascensión de sopas en la mesa desnuda. Aureolados con fragmentos luminosos, marcamos con nuestros sueños algunos territorios, pero son mentiras, no son territorios y nada de eso nos pertenece, como no puede nunca el rojo definirse al despertare en medio de los agrios acumulados, y luego exprimidos, no más que una mezcla de verde y de azul no se escapa rápido de la oscuridad cuando viene llegando noviembre.

 

 

 

Sorda, la nieve se engendra desde un fondo

más bajo que el del cielo

y sin pronunciar una palabra gira

dentro de una imagen de remolino,

con impulsos renovados para amarrarse a la tierra

donde ella no se vuelve única,

A fuerza de rehacer la misma maniobra ahora y siempre

si no al revés, hasta regresar a la infancia,

La página se amontona blanca,

al lado del fuego,

 

(21 de diciembre de 1962)

 

 

 

 

Nieva mientras que invernamos en otro mundo y que alguien sueña que nieva mientras que, en realidad, nieva al mismo tiempo adentro y afuera del sueño. En las cestas de mimbre, las manzanas tienen las espaldas cuadradas y saben, como los indios, esperar la bestia que duerme en la belleza. Aguzamos el oído a varias capas de silencio en el ángulo donde la sombra alcanzada, la hierba cortada, se mezclan a las cosas, a los sujetos, también recubiertos de nieve. Reconocer la naturaleza del paso que avanza en el crujido de las zancadas,

 

 

 

Durante mucho tiempo la primavera existió y se mordió los labios por haber crispado los dedos en los deslices de la noche: durante mucho tiempo la primavera se interpuso entre dos estaciones desrazonables. Como una nube donde rueda en la espera de una llovizna sin dudas revestida de nieve, un relámpago. He aquí la primavera, salida para aspirar a la forma de una insonora campana de hierro fundido.

 

 

 

 

Esos grandes vientos que no son nada

que arquean lo que todavía no son las campanitas de la mañana,

ellos se callaron a fuerza de gritos altos como si

el fondo del aire fuera, en realidad, un mar incompleto.

Puesto que la luz, según lo que dicen,

es una astucia eterna del sol para engañar

a la naturaleza con otras estrellas

he aquí en lo que se convierte, aunque incompleta, la primavera

he aquí que ella agita los elementos, máximas, mínimas

los lanza a la base del paredón

he aquí que ella cambia la situación, la esconde

no sin mirar con una inteligencia vintage

a la intercambiable y encantadora

anunciadora del boletín del tiempo.

 

(12 de abril de 2012)

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Textos originales en francés:

 

MÉTÉO

(extrait)

 

 

Pleuvoir et la pluie réunis dans notre douce langue natale en un diaphane mouvement de chute. La pluie enveloppe les choses sur lesquelles elle pleut, d’une pelure sonore, et ces choses retranchées dans leur silence, retenant le secret de leur imperfection, puisqu’il pleut, ont maintenant voix au chapitre. Ces choses disent des échos cristallins, disent voir des Fata Morgana luire sur elles.

 

 

 

 

C’est après la pluie ou avant les couleurs,

les chants d’amour des chats proviennent

du côté cruauté des ruelles,

est-ce un enfant qui pleure que l’on entend

ou tant de faux pas sur les herbes folles mollestées

faisant que le silence se désaccorde?

 

(7 août 1973)

 

 

 

 

 

Nous avons l’automne que l’on mérite

à l’intérieur de nos enclaves, de nos guérites

nos herbes fumées,

Le tabac qui crépite dans l’acrylique

les yeux de l’orbite sortis

dans l’ouïe sertis.

Sur la langue du sucre cassé

fait mille couleurs à l’artifice

et les lacs arqués sur les bords

demandent par la bouche de leurs poissons

de se taire, comme seules les demi-saisons

savent le faire,

demi-vers,

demi-vérités,

 

(8 octobre 1836)

 

 

 

 

Mangées par la racine les couleurs, la défaillance des arbres, soutenue. Tel un spectre à la fenêtre, une lumière froide éclaire les cafés fumants, tranche avec une assomption de potages sur la table nue. Auréolés de tessons lumineux, nous marquons avec nos songes des territoires, mais ce sont des mensonges, ce ne sont pas des territoires et ce n’est pas à nous ces choses-là, pas moins que le rouge n’arrive à se définir au réveil parmi les agrumes accumulés, puis pressés, pas plus qu’un mélange de vert et de bleu n’échappe avant longtemps à la noirceur quand vient novembre.

 
 

Sourde, la neige s’engendre depuis un fond

plus bas que celui du ciel

et sans dire mot tournoie

à l’intérieur d’une image du tournoiement,

en des élans renouvelés à s’attacher à la terre

où elle ne se rend pas unique,

À force de refaire le même manège toujours et toujours

sinon à rebours jusqu’au retour à l’enfance.

La page s’amoncelle blanche

au coin du feu,

 

(21 décembre 1962)

 

 

 

 

Il neige tandis que nous hibernons dans un autre monde et que quelqu’un rêve qu’il neige alors qu’en fait il neige à la fois à l’intérieur et à l’extérieur du rêve. Dans les paniers en osier, les pommes ont les épaules carrées et savent tels les Indiens attendre la bête dans la beauté. Nous tendons l’oreille à plusieurs couches de silence à l’angle où l’ombre portée, l’herbe coupée, se mêlent aux objets, aux sujets, également recouverts de neige. Reconnaître la nature du pas qui avance dans le crépitement des enjambements.

 

Longtemps le printemps fut, s’en est mordu les lèvres d’ainsi crisper les doigts dans les écarts de la nuit : longtemps le printemps interposé entre deux saisons déraisonnables. Comme un nuage où roule dans l’attente d’une bruine sans doute rhabillée de neige, un éclair. Voilà le printemps, sorti pour viser la forme d’une insonore cloche en fonte.

 

 

 

 

Ces grands vents qui ne sont rien

qui arquent ce qui encore ne sont pas les gloires du matin

ils se sont tus à hauts cris comme si

le fond de l’air était au fond une mer inaccomplie.

Puisque la lumière à ce qu’il paraît

est une ruse éternelle du soleil pour tromper

la nature avec d’autres étoiles

voici qu’advient même qu’incomplet le printemps

voici qu’il brasse les éléments, maximas, minimas

les jette au pied du mur

voici qu’il change la donne, donne le change

non sans reluquer avec une intelligence rétro

l’interchangeable charmante

annonceuse du canal Météo

 

(12 avril 2012)

 

 

 

 

Francis Catalano

(Montreal, Canadá, 1961). Poeta, traductor y editor de poesía. En la década de 1980, fundó la importante revista Influx. Ha publicado cinco libros de poesía, con uno de los cuales –Qu’une lueur des lieux (2010)– obtuvo el Gran Premio Quebecor del Festival Internacional de Poesía de Trois-Rivières (Quebec). Otros poemarios suyos son: Romamor (1999), Index (2001), M’atterres (2002), Panoptikon (2005) y Au cœur des esquisses (2014). Tradujo Instructions pour la lecture d’un journal de Valerio Magrelli, por el que recibió el premio de traducción John-Glassco en 2005. También ha traducido Yellow de Antonio Porta (2009), así como algunos poemas de Sanguineti, Zanzotto, Balestrini, entre otros. En narrativa, ha publicado el libro de relatos: On achève parfois ses romans en Italie (2012).

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