Por Giovanna Minardi*

Crédito de la foto www.youtube.com

 

 

Sigo casada con mi lengua materna.

Entrevista a Ofelia Huamanchumo de la Cuba**

 

 

Giovanna Minardi [GM]: Ofelia, ¿me puedes hablar de tu trayectoria literaria? ¿Cómo y cuándo decidiste dedicarte a la literatura?

Ofelia Huamanchumo de la Cuba [OHC]: Mi trayectoria literaria empieza cuando aprendo a leer antes de comenzar la escuela primaria y, claro, al iniciar la secundaria a los once años ya había leído a Cervantes, a Shakespeare, a varios autores del boom, cuentos y poesía de Borges, a los existencialistas franceses, literatura rusa, los cinco tomos de La Literatura Peruana de Luis Alberto Sánchez, porque en mi casa no había televisor, sino estantes con libros. Pese a ese privilegio, hay que decir que la lectura temprana, concienzuda, selectiva y sistemática no te hace escritora. Hay algo innato en serlo, y en mí había algo de ello desde siempre, pues se me daba con mucha facilidad lo de simplemente escribir; escribir rápido y bien sobre cualquier tema era lo que mejor podía hacer.

Cuando me animé a estudiar Literatura en la PUCP lo hice sin saber bien a dónde me llevaría ese camino, porque mi gran sueño no era convertirme en escritora, sino estudiar la Literatura. En esa, mi alma máter, contacté con poetas, así que escribí versos siendo estudiante y me atreví a publicar relatos cortos y traducción literaria del alemán en paskines o en revistas a fotocopia, que era lo que abundaba en los noventa. Al terminar mis estudios superiores me dediqué dos años a la docencia universitaria, al cabo de los cuales salí a estudiar al extranjero; y después de obtener los títulos de postgrado y doctorado, con casi una década de meras publicaciones académicas, decidí volver a desviar un poco el curso del camino de mi escritura, o mejor dicho, regresar a lo que había dejado casi de lado, y dedicarme también a la creación literaria “en serio”; es decir, a asumir una posición estética frente al mundo a través de mis publicaciones.

Es así como viviendo ya en Alemania, aparece mi primera novela corta en el año 2013 en Lima, con impronta de humor negro e ironía. Claro que había publicado la plaqueta de poesía Fabiola a fines de los noventa. Esas no son, sin embargo, fechas claves en mi trayectoria literaria. Creo que la literatura estaba en mí desde siempre y es difícil señalar por mí misma el instante del salto. Por otro lado, no he dejado mi lado de investigadora ni lo dejaría por dedicarme en exclusiva a la creación literaria; en mi caso son dos caras de una misma vocación por las letras.

 

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[GM]: Entonces sí empezaste publicando poesía, ¿qué fue lo que te motivó a pasar a la narrativa?

A decir verdad, de niña escribía más prosa, aunque me gustaba muchísimo declamar poesía de los libros de rimas infantiles que abundaban en casa. Y ahora, no recuerdo si mi primera publicación en esas revistas a fotocopia o paskines de los 90 en el Perú fue un poema o un texto en prosa. Ironías del destino, mi primera publicación en una revista ‘de verdad’, El Zeitung del Instituto Goethe-Lima, fue una entrevista en alemán, que hice a unos músicos alemanes que visitaban nuestro país en el año 93. Después publicaría en español en la misma revista otros artículos de cultura e incluso fui corresponsal durante el año 95 que viví en Múnich. Y sí, tienes razón al decir que empiezo con poesía, pues el primer texto de creación literaria que publiqué con convicción fue aquella plaqueta Fabiola (Lima, diciembre 1997), donde ironizaba sobre el machismo peruano y la mala ‘literatura femenina erótica’, porque me parecía que esa corriente había degenerado en los recitales y quería marcar mi posición desde mis propios versos.

Poco antes de salir del Perú en el año 2001 publiqué también algunos poemas sueltos en la legendaria revista La Tortuga Ecuestre y traducciones de poemas de Günter Grass, con más erratas que aciertos, en una revista de estudiantes de la PUCP. También publiqué en alguna revista a fotocopia un capítulo o dos de mi libro Dias de un viaje, que en realidad se podía leer a manera de libro de relatos independientes, pero también en su conjunto como una brevísima novela de aprendizaje o bildungsroman.  Ese libro lo he publicado en Alemania hace dos años apenas, agregándole “Fotorrelatos de una limeña” al título, porque desde el extranjero cobraba cierto sentido resaltar ese aspecto. Por otro lado, publiqué también aquí una antología personal de poesía hace un par de años donde rescaté algunos poemas que escribí en la década del 90, antes de venir a Europa, a Alemania.

 

 

[GM]: ¿Cuándo y por qué decidiste ir a vivir a Alemania? ¿No piensas regresar definitivamente al Perú?

Hacia finales del año 2000 la situación política en mi país entró en una crisis extrema y yo quería seguir estudiando y especializándome en mi carrera. Así que quise darle una tregua al Perú convulsionado, salir a estudiar al extranjero y volver. Ese fue mi plan inicial.  Escogí Alemania porque era el país que no ponía trabas con lo de las visas a los estudiantes peruanos. Entonces empiezo en el semestre de verano 2001 en la Ludwig-Maximilians-Universität a estudiar Romanística, de carrera principal, y como carreras paralelas: Literatura Comparada y Literatura Alemana Contemporánea. Y así me pasé estudiando diez años, interrumpidos a la mitad por un corto tiempo por el nacimiento de mi hijo. Luego he seguido trabajando en investigación, conectada desde aquí con otras instituciones académicas del mundo, gracias al gran milagro de las tecnologías de ahora. También me dedico a la docencia del idioma español a nivel universitario desde hace algunos años y dirijo un proyecto editorial de literatura y material didáctico para escolares alemanes hablantes de español como segunda lengua materna. De momento no tengo planeado regresar a vivir al Perú, pero podría reinstalarme en cualquier momento, tengo mi pasaporte peruano y a mi esposo le fascina el Perú.

 

La poeta, narradora y ensayista Ofelia Huamanchumo.

La poeta, narradora y ensayista Ofelia Huamanchumo.

 

[GM]:Háblame un poco de tu primera novela Por el Arte de los Quipus (2013), donde, entre otras cosas, hay presencias del mundo colonial andino, cierta mafia limeña de documentos antiguos, la evocación de una Lima espléndida, a pesar de toda sordidez.

Escribir esa novela fue una experiencia maravillosa, pues nunca antes, salvo para mis tesis universitarias, había dedicado tantas horas a un solo único texto de forma exclusiva, es decir, sin escribir paralelamente absolutamente nada más. La trama de la novela salió gracias a los cabos sueltos que quedaron de las investigaciones que hice para mi tesis doctoral, cuando trabajé en un proyecto que estudiaba las huellas de la cultura europea en la literatura americana de los primeros años coloniales en el marco de la evangelización: las Gramáticas, Artes y Vocabularios de lenguas amerindias, así como literatura catequética en torno a las campañas de extirpación de las idolatrías, textos de derecho civil y eclesiástico colonial que mencionaban el uso de quipus, etc. Había aspectos en lo que investigué que solo se podían abordar formulando hipótesis algo tiradas de los pelos, insostenibles desde ningún punto de vista de las disciplinas de las Humanidades; por eso se me ocurrió que el único camino que quedaba para explicar lo inexplicable era la ficción literaria; pues dentro de la trama de una novela, y bajo un criterio moderado de verosimilitud, se podía “creer” que a un religioso de alguna parroquia perdida de los Andes coloniales se le había ocurrido escribir un Arte del idioma de los quipus, y que por un azar del destino ese libro no había sobrevivido hasta nuestros días; o se podía dejar la posibilidad abierta de que tal vez ese Arte estuviera todavía escondido a manos de un coleccionista en la actualidad.

Por otro lado, es cierto que los quipus no son el tema principal de la novela, son solo una excusa para contar otra verdad: la de la comercialización en el mercado negro internacional de manuscritos antiguos de instituciones prestigiosas del país. Y para que esa materia putrefacta de la corrupción, las mafias y los negocios turbios no le salpique al lector, se presenta todo en contrapunto con una belleza aún no perdida del damero de Pizarro. Porque dependiendo de los ojos con que se mire algo, eso se vuelve bello o deja de serlo; y el narrador omnisciente en esa novela tiene la sensibilidad suficiente para poder descubrir lo bello del centro de Lima entre la podredumbre. La otra voz, la del personaje que escribe desde un blog, tampoco pasa por alto varios bellos detalles que sus ojos extranjeros logran descubrir en la capital del Perú.

 

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[GM]: En todas tus obras me parece leer siempre ese canto a las bellezas de Lima, ¿cómo vives tu relación con Lima, tu ciudad natal, y tu lengua materna desde lejos?

Lima siempre ha sido para mí una urbe inconmensurable, con muchas caras que están en constante cambio. Creo que la que se evoca más en mi novela Por el Arte de los Quipus es la Lima del centro histórico, quizás idealizado. Hay pocas referencias al mar en mis textos de creación literaria, que es curiosamente lo que más extraño de mi ciudad, porque Lima está literalmente al pie del mar.  En los primeros años después de dejar el Perú la extrañaba más, a pesar de que no pasaba dos años sin volver a ella. Con el paso del tiempo fui extrañándola cada vez menos y ahora me he resignado a la distancia; por eso publiqué mi poemario Elixires de Exilio, como expresión de un “dolor idiomático” que veo todavía en muchas mujeres dedicadas a la escritura quienes, a causa de haberse bebido los elixires de Cupido, viven en un país donde se habla otra lengua; no son exiliadas políticas, sino mujeres escritoras que entre el amor a la lengua materna y el amor al ser querido, llegado el momento eligieron lo segundo. Por mi parte, yo sigo casada con mi lengua materna, que sigue siendo la lengua en que mejor me expreso; me encanta la lengua alemana, la uso en el trabajo y leo mucho en alemán; pero casi todo mi círculo de amistades alemanas y colegas de la universidad habla español y yo no escatimo en usar mi lengua materna siempre que el interlocutor me entienda. En casa hablo ambas lenguas.

 

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[GM]: Acaba de salir Bestiario Personal, donde no aparecen animales fantásticos, sino más bien animales, no solo peruanos, que con frecuencia sirven de pretexto para darnos pinceladas sobre ciertos otros aspectos, no siempre felices, de la realidad peruana, de tu oficio literario o de tu misma vida. ¿Qué me puedes decir sobre este libro?

Bestiario Personal es un libro raro, en el buen sentido. Se trata de un libro que no encaja en ningún género literario, aunque en la belletrística alemana haya ya una lista significativa de autores de libros ‘de animales’. Como cada capítulo trata de un animal entonces se asemeja a un Bestiarium, pero como el tema central no es la descripción fantasiosa o científica del animal que da título al capítulo, sino que cada animal, como bien dices, es una excusa para describir temores, esperanzas, ilusiones, ingenuidades, prejuicios y complejos humanos reinantes en el mundo a través de la evocación de recuerdos, anécdotas, sueños; entonces el animal es mi instrumento personal para observar al ser humano, a mi entorno, a mí misma. Como ese acercamiento es casi siempre chocante, el animal elegido se convierte en una bestia, para mí. Por otro lado, los textos no son de ‘autoficción’; la que narra es en definitiva una peruana que observa las cosas desde Europa y desde su posición de escritora, pero no son capítulos de mi autobiografía.  Los primeros nueve capítulos fueron publicados entre 2015 y 2017 en “Otrolunes” (del número 37 al 45), una revista digital periódica, subtitulada Revista Hispanoamericana de Cultura, que dirigía desde Berlín el escritor cubano Amir Valle. El libro no existía antes de aquella columna de creación que titulé “Bestiario Personal”. Cuando la revista dejó de salir, yo seguí escribiendo las entregas y decidí al final publicarlas en forma conjunta en un libro con el mismo título que la columna porque algunos lectores me seguían preguntando por más.

 

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[GM]: En la reciente antología de narradoras peruanas, Como si no bastase ya ser (2017) de Nataly Villena, hay un cuento tuyo; ¿qué opinas sobre la publicación de antologías de mujeres en exclusiva? ¿Se azuza con ello cierto «ghetto» o se trata de algo que respondería solo a modas pasajeras?

Como en toda especialización, el estudio exclusivo de la narrativa femenina puede ser un arma de doble filo, si se convierte en una tarea más limitante que enriquecedora. En el caso de las antologías de escritoras peruanas, me parece que es un ejercicio plausible, si no se toma como medio para oficializar voces o armar argollas ‘femeninas’, pues se volvería a quedar en el mismo estado excluyente que se reprocha a aquellas editoriales peruanas o instituciones que dan mayor espacio a escritores varones en sus publicaciones, congresos, veladas, etc.  El problema de la narradora peruana es la poca visibilidad que se le da, debido a que no existen canales para difundir su obra alternativos a los tradicionales de publicar en editoriales grandes, o en editoriales pequeñas en cofinanciamiento, ganar un concurso, e incluso publicar en una editorial pequeña pero que tenga un contacto en algún periódico, en la tele o la radio, para una entrevista, o una reseña, etc., porque es necesario también darle difusión a la crítica sobre la obra. Por otro lado, hay pocos espacios para la difusión de creación literaria en narrativa a pequeña escala (revistas, blogs, columnas de creación, programas de radio, etc.); por el contrario, para poesía femenina sobran.  Respecto a la segunda parte de tu pregunta, creo que si habláramos de una docena de antologías de escritoras en la historia de la crítica literaria peruana estaríamos exagerando en números, por lo cual, hablar de una moda es todavía más absurdo, pues solo en el siglo XX y lo que va del presente apenas si se han publicado algunas, y no todas con el mismo criterio de seleccionar lo mejor, como corresponde en esencia a una antología. Esa palabra, ‘antología’, es ambiciosa, más acertado sería hablar de ‘selecciones’ o ‘reuniones’, que desde ya anuncian una elección basada en algún criterio específico diferente al de ‘lo mejor’; por ejemplo, una ‘selección’ de cuentos por temas o géneros determinados, de escenarios específicos, por autores, etc. Yo no veo, por ello, tampoco, o todavía, el hilo rojo de una tradición de la narrativa peruana escrita por mujeres. Espero, eso sí, que con la mayor difusión de las obras de autoras peruanas se pueda vislumbrar algún día algo así, porque creo que sería posible de hacerse, como sí ya es el caso de la poesía peruana escrita por mujeres.

 

 

 

 

 

 

*(Italia). Profesora asociada de Literatura hispanoamericana en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Palermo (Italia), donde se doctoró con una tesis sobre Julio Ramón Ribeyro. Ha publicado ensayos sobre el cuento y la minificción hispanoamericanos; antologías de narradoras mexicanas y peruanas del siglo XX y de minificciones; además de varios artículos en revistas especializadas.

 

 

 

**(Lima-Perú, 1971). Actualmente vive en Alemania, dedicada a la docencia, la investigación académica y la literatura. En poesía ha publicado las plaquetas: Fabiola (1997), Selección rescatada (2014), Die Formen meiner Liebe (2014); y las antologías: Viejas palabras – Poesía rescatada: Lima, 1990-2000 (2015); y Del Alpe y del Ande – Reunión poética bilingüe de Alemania y Perú (2015). Además, forma parte de Como si no bastase ya ser. 15 narradoras peruanas (ed. de Nataly Villena, 2017).

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