Vallejo & Co. presenta, en exclusiva, cinco poemas del poeta húngaro Endre Ady (1877-1919). Para muchos críticos magiares, y de otras nacionalidades especializados en literatura húngara, es una de las principales figuras de la lírica de su país, quizá el más importante, al ser quien incentivó la modernización de la literatura húngara. En 1899 publicó su primer poemario, Versek (‘Poemas’); no obstante, fue su cuarto poemario, Vér és arany (‘Sangre y oro’, 1907) el que le dio gran fama y amplio reconocimiento por la crítica literaria. Durante muchos años fue periodista del diario Nyugat (‘Occidente’), periódico en el que también publicó algunos de sus poemas. También estuvo muy interesado en política, siendo miembro del partido radical Huszadik Század (‘Siglo Veinte’). Actualmente, Endre Ady es uno de los personajes más respetados en Hungría, teniendo muchas esculturas y siendo sus escritos de lectura obligatoria en su país.

Ady es un poeta muy poco traducido al español, por lo que estas versiones traducidas por el escritor argentino Román Antopolsky resultan tan importantes como interesantes para dar un vistazo a un poeta capital de la cultura y literatura magiar de inicios del Siglo XX.

 

 

Por: Endre Ady

Traducción: Román Antopolsky

Crédito de la foto: www.szimma.hu

 

 

El silencio blanco.

5 poemas de Endre Ady

 

Ady Endre

 

El silencio blanco

 

Con mi brazo te asgo, y no te retiene al fin él.

Blanco el silencio, blanco manto.

Nunca fue el silencio tan grande, en tan

rasa deriva algo sino haz: grita.

Aguardamos, tiesos. Extenuadas las manos

en un crepúsculo en besos y lágrimas.

Grita, muerde cuando sacudas tu cabeza

y con crueldad tu cuerpo de terciopelo rasgo.

Suavísima, fragante tu cabellera

hazla batir suelta en mi cara.

Tu cuello blanco ahora es más blanco aún,

con dedos de hierro arrancaré en él sangre.

Toma un puñal en tu pequeña blanca mano:

la vida detenida, nada despliega,

tienes ni penas, besos, lágrimas, éxtasis.

Ay, todo al instante, todo, perdido.

Este manto-demonio blanco está posado,

este mundo silente y blanco está pronto,

te maldigo, roigo, rasgo en mi tortura,

maldice, roe, rasga y aúlla – es lo que quiero.

El silencio mata, este manto blanco:

ahuyentarnos, y lo evadiríamos a él.

 

 

 

La mujer de las lágrimas

 

Oscura esa cara al corazón –

a la mujer de las lágrimas presiento;

los dedos rosa e inquietos

envaina en él.

Siento el aroma y es a

rosados, dedos de masacre,

en el cordio sangriento

triste abalanzan lágrimas.

 

Sus labios roen, aquí, con

dulzura, el pelo en revuelo,

la mujer aquí arrasa

aquí, aquí: el cordio.

Redime la vida aquí y

aquí cava un pozo junto al pasado.

En el sangriento cordio

triste abalanzan lágrimas.

 

Mi pecado magno, desvanezca

del destino en el que muerte

las lágrimas de la mujer-esfinge

encuentra, entenderla.

Quede en sagrado enigma,

quede siempre nueva.

En el sangriento cordio

triste abalanzan lágrimas.

 

 

 

Llevar mi cabeza

 

Llevar al regazo de una mujer

mi gran, triste cabeza de sátiro

recuerdo.

 

Deambulaba un día al venir hacia mí una mujer

grande en medio del agobio y el calor

en ensueños.

 

Lejos y hondo en el tiempo

yo era mujer: era desmedida,

era amada.

 

Tras de mí unos jóvenes débiles

venían, deseosos, enfermos

recuerdo.

 

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El títere de las manos

 

Por todas partes veo manos,

en un enjambre negro – manos.

Que arden, frías, manos

lentas, piadosas, que roban,

llagadas, contentas, tiesas.

 

Soy sólo un triste títere de sueño

sacudido por manos que juegan.

Ellas danzando su danza conmigo,

lanzándome hacia las estrellas

o hundiéndome en la espuma.

 

Es de ellas mi sueño, mi vino,

mi mujer, mi ímpetu.

De ellas mi infortunada fortuna,

que satisfaga solamente

haciendo cuanto hagan ellas.

 

Yo soy el gran inmolador,

el híbrido hijo que incinera.

Yo recibo los tormentos.

En mi mano, un cigarro no más

y su humo que asciende.

 

Mi cigarro humo salpicando

en la olorosa pólvora – el cenizo fogón.

Aguarda un poco, apenas, otras manos

aguarda: mi cigarro arde,

pronto se disipa, en seguida

 

 

 

Nos esperan en el sur

 

El viento zumba al calor e

interna hacia el sur, hacia el sur

nos aguardan, nos aguardan en

algún lugar del rumor del mar.

 

Allí lo oímos alguna vez

jactar su inmensa, azul agua.

No oiremos, no oiremos

jamás uno mejor, jamás.

 

En el agua, una barca, azul

habría lista a una travesía.

Si la perdemos, si perdemos

la barca jamás haríamos tránsito.

 

El viento caliente zumba.

En la azul agua del azul mar

nuestros barcos vacíos cursan

e internan hacia el sur, hacia el sur.

 

 

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(versión original en húngaro)

 

A fehér csönd.

5 versei Endre Ady

 

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A fehér csönd

 

Karollak, vonlak s mégsem érlek el,

Itt a fehér csönd, a fehér lepel.

Nem volt ilyen nagy csönd még soha tán,

Sikolts belé, mert mindjárt elveszünk,

Állunk és várunk, csüggedt a kezünk

A csókok és könnyek alkonyatán.

Sikoltva, marva bukjék rám fejed

S én tépem durván bársony-testedet.

Nagyon is síma, illatos hajad,

Zilálva, tépve verje arcomat.

Fehér nyakad most nagyon is fehér,

Vas-ujjaim közt fesse kékre vér.

Ragadjon gyilkot fehér, kis kezed:

Megállt az élet, nincsen több sora,

Nincs kínja, csókja, könnye, mámora,

Jaj, mindjárt minden, minden elveszett.

Fehér ördög-lepel hullott miránk,

Fehér és csöndes lesz már a világ,

Átkozlak, téplek, marlak szilajon,

Átkozz, tépj, marj és sikolts, akarom.

Megöl a csend, ez a fehér lepel:

Uzz el magadtól, vagy én uzlek el.

 

 

 

A könnyek asszonya

 

Bús arcát érzem szívemen

A könnyek asszonyának,

Rózsás, remego ujjai

Most a szivembe vájnak.

Érzem az illatát is ám

A rózsás, gyilkos ujjnak

S véres szívemre szomorún

A könnyek hullnak, hullnak.

 

Az ajka itt mar édesen,

A haja ide lebben,

Az egész asszony itt pusztít,

Itt, itt: az én szivemben.

Bosszút itt áll az életért,

Aknát itt ás a multnak.

Véres szívemre szomorún

A könnyek hullnak, hullnak.

 

Nagy az én bunöm. Vesszen is,

Kire a végzet mérte,

Hogy a könnyek szfinksz-asszonyát

Megérezze, megértse.

Maradjon szent talánynak O,

Maradjon mindig újnak.

Véres szivemre szomorún

A könnyek hullnak, hullnak.

 

 

 

Ha fejem lehajtom

 

Asszony ölébe ha lehajtom

Nagy, szomorú szatír-fejem:

Emlékezem.

 

Egykor nagy asszonyként bolyongtam

Forró és buja tájakon

Álmatagon.

 

Messze és mélyen az Idoben

Én asszony voltam: termetes,

Szerelmetes.

 

Jöttek utánam vézna ifjak

Simán, vágyóan, betegen:

Emlékezem.

 

 

 

A kezek bábja

 

Kezeket látok mindenütt,

Fekete raját a kezeknek:

Forró kezet és hideget,

Hivót, tolvajt és megadót,

Üszköst, vidámat és meredtet.

 

Én csak bús álom-báb vagyok,

Játékos kezek rángatottja,

Ok táncolnak táncot velem,

Ok dobnak a csillagokig

És ok merítnek a habokba.

 

Övék az álmom, a borom,

Az asszonyom, a szenvedelmem,

Sorstalan sorsom az övék

És akkor fog betelni majd,

Ha ok akarják, hogy beteljen.

 

Én a nagy áldozó vagyok,

A máglyagyujtók korcs utódja,

Elfogadom a kínokat,

Nincs egyebem, egy szivarom

És száll a füstje fölcsapódva.

 

Szivarfüstömbe hintsetek

Illatos port, már ég a máglya.

Várjatok egy kicsit, kezek,

Várjatok: a szivarom ég,

Elalszik mindjárt, nemsokára.

 

 

 

Várnak reánk Délen

 

Sikongnak a meleg szelek

Messze Délen, messze Délen,

Várnak reánk, várnak reánk

Valahol egy tengerszélen.

 

Ott hallgattuk valamikor

Lármáját nagy, kék vizeknek.

Nem hallunk mi, nem hallunk mi

Soha szebbet, soha szebbet.

 

Bárka áll a kék vizen most,

Útra indul talán már ma,

Ha lekésünk, ha lekésünk,

Sohse tér meg az a bárka.

 

Sikongnak a meleg szelek.

Kék tengernek kék vizében

Üresen úszik a hajónk

Messze Délen, messze Délen.

 

 

 

 

 

* Endre Ady (1877-1919) simbolista húngaro con el que inició la modernización de la literatura de su país, al introducir la Vanguardia. Fue, también, uno de los principales periodistas políticos de Hungría, y modelo del patriota y revolucionario magiar. Cabe resaltar que la poesía de Endre Ady casi no ha sido traducida al idioma español por lo que, además, ha sido poco estudiada en nuestra lengua.

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