Sobre «Crítica Afectiva. Ensayos sobre poesía peruana y latinoamericana» (2021), de Roger Santiváñez

 

Por Roberto Acuña*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Cinosargo /

(der.) Sandra Enciso

 

 

 Sobre Crítica Afectiva.

Ensayos sobre poesía peruana y latinoamericana (2021),

de Roger Santiváñez

 

 

Recibí hace unos meses Crítica Afectiva (2021) del poeta y académico Roger Santiváñez. Libro de “ensayos, ponencias y artículos escrito a lo largo de dieciséis años”, señala su prologuista en la nota introductoria al libro: Tania Favela (también académica y poeta). La obra recorre no sólo la poesía de su país: Perú; también, es una carta amorosa a la geografía del poeta, la íntima, la de la memoria, la de su propio canon.

Si lo vemos en estricto sentido, el libro se articula principalmente de una forma histórica, nos encontramos en un recorrido diacrónico por los poetas y grupos literarios más importantes de su país. Haga un ejercicio de memoria y de querencias y traiga a su mente a los poetas más importantes del Perú, luego búsquenlos en el libro, no falla, allí estarán. Desde Abraham Valdelomar, César Vallejo, hasta los poetas de Hora Zero y, por supuesto, un reencuentro desde el cariño al movimiento Kloaka. En el recuento de la fundación de este grupo asistimos a un viaje autobiográfico, seminal para Santiváñez, y que fue importantísimo en el panorama de las vanguardias hispanoamericanas de aquellas décadas del siglo XX.

Si bien la tierra del poeta es el centro del libro, no serán los únicos viajes que realice el lector, allí encontrará también al eterno Rubén Darío y su fulminante estro o menciones a Amado Nervo, por ejemplo; ambos, junto con Herrera y Reissig nos hicieron regodearnos de nuestro propio español latinoamericano, aunque, como señala Roger, aún precisaban estos poetas de moldes españoles.

 

 

 El ensayista también da cuenta de las primeras vanguardias del siglo XX, menciones al futurismo, al dadá, al cubismo o al surrealismo se encuentran esparcidas en los textos; y por supuesto escribe sobre las primeras vanguardias latinoamericanas. Reflexiona sobre Huidobro y Vallejo, apunta la importancia de sus corrientes artísticas y resalta el descubrimiento de una realidad cultural autóctona por parte de los poetas.

Roger, por ejemplo, da cuenta de la manera en que el poeta de Altazor redefine el concepto de “la imagen creada” para su creacionismo. Me detengo un momento en los elementos vanguardistas que menciona porque serán parte fundamental en la creación artística del siglo XX y XXI, tanto es así que hoy en día siguen presentes en nuestro arte posmoderno. Santiváñez menciona estos:

La modificación de la realidad a través de una nueva mirada o la perspectiva variable del objeto desde distintos ángulos […] desarticulación del lenguaje, imagen inusitada, evasión de la lógica, simultaneísmo y yuxtaposición, arbitrariedad y encantamiento.

 

Si nosotros pensamos en el desarrollo de la literatura latinoamericana, encontraremos muchos de estos elementos citados por Roger dentro de las distintas poéticas del siglo pasado y de éste, en el que habitamos; por tanto, el libro, quizá sin buscarlo, al tratar de hablar de las características de ciertos poetas o grupos nacidos después del siglo XIX, toca ya sea directa o tangencialmente los elementos vanguardistas, ya sean formales o que se adhieren a su forma de pensar y pensarse en el mundo, de revelarse ante lo establecido, de plantarle cara al capitalismo, de buscar un camino hacia el alma, hacia lo espiritual, pues el hombre está perdido en una sociedad líquida, carente de sentido y empatía, construida dentro de la fosa que sigue cavando el Mercado bajo nuestros pies.

No puedo dejar de recordar Symbol, del propio Santiváñez; el poema “Guerra” termina de la siguiente manera:

Esta es una arquitectura simple como tu lenguaje

¿qué es la guerra? preguntaste ¿siempre no hemos estado

en es? ¿en qué, ah? decía como acariciándose el rompeolas

en el que magnificó sus días y escondió su inocencia.

 

El poeta Roger Santiváñez

 

La búsqueda de una sintaxis propia y no de un tema es lo que finalmente configura todo el quehacer artístico, el símbolo, sin adaptarlo a nuestra realidad es estéril, inútil, pues éste tiene que connotarla de una forma u otra. La guerra como el amor inician en el lenguaje, se sublevan de su pasado milenario para encarnarse en un presente, en otra realidad; el poeta encuentra sus símbolos al nombrar el mundo, éste está cifrado en su propio cuerpo, en sus años, en los enfrentamientos con la lengua y la vida, por ello, Roger cambia de libro a libro, va ajustándose a su piel y a sus distintas geografías: las físicas y las intelectuales; reflexiono sobre lo escrito con en un poema de Gottfried Benn, artista expresionista, “Sintaxis”:

Todos poseen el cielo, el amor y la tumba,

no queremos ocuparnos de eso,

ya se ha discutido y estudiado bastante en nuestra civilización.

Pero lo que es nuevo es la cuestión acerca de la sintaxis

y esto es urgente:

¿por qué expresamos algo?

¿Por qué rimamos, o dibujamos una muchacha

del natural o de un espejo?

 

La manera de decir, de transformar el cielo, la noche y la luna a la realidad de cada artista dependen del pensamiento de su propia época, de sus metáforas, por ende, el arte se renueva de tiempo en tiempo, nunca está fijo, es un movimiento perpetuo. Este libro da cuenta precisamente de los cambios y las revelaciones que los diversos poetas consignados aquí han encontrado en su propia escritura, siempre partiendo de los demás.

Roger no niega su tradición, porque ésta es necesaria en el desarrollo de su propia poética, como en la de todos los artistas. En el ensayo dedicado al Prefacio de Las Baladas líricas apunta el lazo que existe entre la poesía confesional y la búsqueda de estos románticos ingleses, los cuales buscan que su poesía esté conformada por una impresión estética de la realidad.

Quizá por ello, la propia poética de Santiváñez sigue experimentando formas y ritmos, no se detuvo en la poesía confesional de obras como: El Chico que se declaraba con la mirada (1988). Aunque debería hacer ciertas acotaciones, porque el poemario también es un juego con el lenguaje, con la fragmentación, aunque no llevado al extremo como en Symbol o como en libros posteriores, donde la musicalidad, la sugerencia, la mujer y lo sagrado adquirirán protagonismo.

 

 

Leyendo lo anterior, siento que no le estoy siendo fiel del todo ni a la obra de Roger ni a este libro de ensayos, porque otro de las obsesiones capitales, es el compromiso político y social del artista, su manera de asumir con sus actos su palabra. Él mismo señala en uno de los textos dedicados a La Sagrada Familia:

[…] debo decir que fui -simple y llanamente- sincero con el modo de pensar que asumía y con los sentimientos que mi corazón bolchevique me exigía, y con los cuales quería ser honestamente consecuente.

 

Y en El Chico que se declaraba con la mirada:

Night of San Juan. Che Guevara en Bolivia. Mis artículos políticos en

revistas a mimeógrafo. Tus alados comentarios. Tus inocentes. Puro

lenguaje. Un diamante engastado. El Amor. Toña, esta carta para tu

silencio tuyo, de ti atravesando el silencio que rodea la Muerte. El

cadáver de mi padre. Helado. Tito’s. Camino a la playa. ¡Roysito,

ya está servido!

Hay soledad en los caminos mondos, hay soledad en los vahos siderales.

O quizá mi amor me está aguardando. Toña. Dónde. ¿En el laberinto

psicodélico de estas páginas? En el horizonte del verano 71. En la

lluvia y los timbres electrizados. AMHOR.

 

Crítica afectiva, si bien es un libro necesario para entender el desarrollo de la poesía del Perú, quizá es más indispensable para conocer el acercamiento que tuvo Roger con la poesía de su país y de otras latitudes. El poeta no sólo está en sus versos, también en sus recuerdos, querencias y rencillas. Aquí, tenemos a veces de una manera velada y otras revelada, un libro de memorias escrito como debe de ser escrito un libro autobiográfico, es decir, con estilo y, además, como todo buen libro de memorias, con algo que merezca ser contado.

 

 

 

 

 

*(Ciudad de México-México, 1981). Escritor, tallerista, profesor universitario de Comunicación y Lengua y Literaturas Hispánicas en la UNAM (México). Ha publicado Tarde en recordar (2017), Los ojos negros de la noche (2019), Regusto a diablo (2020), Calaverio (2020), El infierno es con nosotros (2020) y Fosa común (2022).

 

 

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