El Primer hablar de Oquendo

 

Por Ray Paz Quesquén*

Crédito de la foto (izq.) www.biblioteca-virtual.fandom.com /

(der.) www.metrosdepoemas.com

 

 

El Primer hablar de Oquendo

o la mujer que se parece a un canto

de una biografía poética

 

 

“Mi palabra está prisionera en tu ternura…”.

París. Carlos Oquendo de Amat

 

“Oquendo tan pálido,

tan triste, tan débil,

que hasta el peso de una flor te rendía”.

Epitafio a Oquendo. Enrique Peña

 

 

Toda poética es un suceso de desdoblamientos y aunque quisiera detener el acto de significaciones e interpretaciones solo en el sujeto lírico, temo admitir que este es solo un breve fragmento. No deberíamos seguir con el acordeón o el rollo de cinta, ya que atisbarán el lenguaje y su intención que es su doble, el lector y su doble , aunque mejor apreciaríamos de éste su espejo o su ejecución para utilizar una categoría de Barthes, quien ya advirtió que un lector es muchos, y debe ser muchos, para oír todas las voces de los yoes variantes y dinámicos que nos propone Oquendo, como un eco repetido que se oye y se fragmenta, se pierde en la cordillera puneña, en los cines y bares limeños, en las grandes urbes Europeas, pero hemos descubierto; parten de una fuente, de un balbuceo autodefinido como “el primer hablar”, en cuyo espíritu u ontología habita su madre resplandeciente, fuente de juego, ternura, dolor, recuerdos y sobretodo sueños. Y es acaso su madre su verdadera noción de poesía. En Oquendo se cumple lo advertido en un poema de Elvira Hernández titulado: “En la Raíz de todo está mi madre” y su madre es también su preconcepto poético.

Sylvia Miranda en torno a la obra Oquendo, plantea que:

“La mujer que llena la ‘Biografía’ del sujeto poético se parece a un canto , podemos decir que esa mujer es el Canto, y que éste es un sinónimo tradicional de Poesía”[1].

 

“La ficción no tiene por qué pelearse con la realidad”, escribe el crítico francés Combe[2], después de haber sentenciado que: “el texto es el único lugar de existencia del sujeto lírico”, un Bartheano más, pero cuando Oquendo murió de tuberculosis a los 30 años en España, cumpliendo con la famosa frase ¡el autor ha muerto!, ya había burlado esta sentencia estructural, cuando declaró en su biografía poética al final de su única obra completa 5 metros de poemas: “tengo 19 años/ y una mujer parecida a un canto”, y preliminarmente reveló el sendero de su constructo al advertir : “Estos poemas inseguros como mi/ primer hablar dedico a mi madre.” ¡El canto ya tenía un espacio-tiempo!

En el poemario en mención, el sujeto lírico nos permite espectar un asombroso acto de Hollywood, con un escenario propio montado, personalizado y solo utilizado para sus ideas puristas o comerciales, advirtiendo sin embargo las muy cercanas desavenencias y anticanónicas posturas de un venidero y antireceptivista pop art, un collage caligrámico de vanguardia, un libro objeto cinético, sobre todo un “libro con vida propia”; es decir, libre de erigirse o aplastarse, en este caso extendido hacia sí mismo, por ello no le queda otro camino que el de resemantizarse en su propio espacio, es su insólita libertad insospechada, que parte de ese invisible cordón umbilical que repleta el texto objeto de metáforas de ternura que, sin dejar de ser cosmopolita, siempre renuevan el balbuceo prístino de la madre como fuente transfigurada que a estas alturas ya es la propia poesía.

 

Los poetas Arturo Corcuera, Galvarino Plaza, Antonio Cillóniz y Jorge Pimentel visitando la tumba del poeta peruano Carlos Oquendo de Amat en el cementerio de Navacerrada (España, 1973).

 

Pero de qué substancia reflejada en actos está compuesta la vida del poeta puneño

Oquendo murió joven, a los 30 años de edad, después de una vida ajetreada huyendo de país en país. Buscando a su surrealista favorito, André Breton. Recaló en la España de preguerra, dentro de ese clima de exaltación revolucionaria que a tantos escritores y periodistas extranjeros atrajo, como bien contó en 1973 su primer biógrafo, Carlos Meneses[3]:

Su madre murió tempranamente, seguida de su padre, esta niñez-adolescencia, perdida por la falta de sus progenitores, jamás terminó de desarrollarse, por lo que aún ahora se sigue concibiendo biográfica y poéticamente a Oquendo como un “poeta-niño”, que a veces tiene miedo, otras juega a rebelarse, pero nunca deja de aprender y deslumbrarse, de ahí que César Miró, lo evoca como: ‘un hombre que vivía deslumbrado en Lima, lleno de preguntas e interrogaciones por la vida’[4].

 

El evento trágico de su madre hace que el sujeto lírico que nos habla desde los 5 Metros de Poemas —que, para Julio Ortega, además, representa “la más importante muestra del vanguardismo en el Perú[5]”— se mueva entre la ficción y la autobiografía, ya advertida en la frase: “No hay poeta fuera del poema”[6] o en el veto de la prosa justificada teóricamente por Genette en la “Metalepsis del autor»[7], pero como anticipamos que todo en el poemario está resemantizándose hacia la significación de origen que es “madre” y todas sus implicancia, que se adhieren al concepto de poesía, que mediante la propia experiencia de cada poema se permite reconstruir la figura maternal ausente, incluso su propio y autentico concepto de vida, pareciera que el poeta inserta en su discursivo yo ficticio como viajes a Europa: París, Amberes, Estados Unidos o toda América:

 

 

Ya lo advierte Westphalen: “El objetivo de la experiencia poética es el poema, pero la construcción del poema ,al mismo tiempo, es medio por el cual el poeta se reconoce y sitúa en la vida”[8].

Hay dos poemas que no están en los 5 metros…, pero atestiguan esta poética autobiográfica, incluso una metapoética, pues develan una exquisita autodefinición estética de su trabajo:

No poemas objetos estéticos estáticos

SINO

Móviles imágenes asimétricas

XXXXXXXXXXXX

Hacia Europa de puerto en puerto (…).

 

(Extraído del poema inconcluso: “Los Barcos dentro de la tarde”. Tomado del libro de José Ayala, Carlos Oquendo de Amat, Lima, Editorial Horizonte, 1998, pp.360.)

 

O este poema de carácter premonitorio puesto como antecedente tras su deceso en 1936, dos años antes de 1938, año en que falleciera Vallejo en París muy cerca de su estancia final, España:

La vida se acorta en cada tarde que el aire

(…)

Estoy y no aquí solo toso estrellas

Nadie recoge

 

LOS LATIDOS DEL TIEMPO

 

(Extraído del poema inconcluso “El cielo y las Palabras”. Tomado del libro de José Ayala, Carlos Oquendo de Amat, Lima, Editorial Horizonte, 1998, pp.366)

 

Pero sin duda los poemas insulares, que palpitan en el libro objeto son los dedicados a su madre resemantizada en la definición de poesía o su propio origen:

 

 

 

 

 

 

p o e m a

 

 

Para ti

tengo impresa una sonrisa en papel japón

 

Mírame

que haces crecer la yerba de los prados

 

Mujer

mapa de música claro de río fiesta de fruta

 

En tu ventana

cuelgan enredaderas de los volantes de los automóviles

y los expendedores disminuyen el precio de sus mercancías

 

d é j a m e q u e b e s e t u v o z

Tu voz

QUE CANTA EN TODAS LAS RAMAS DE LA MAÑANA 

 

 

 

————————————————

[1] Sylvia Miranda. “Carlos Oquendo de Amat visto desde la poética del juego” en 5 metros de poemas y otros textos. Lima. Biblioteca Abraham Valdelomar, 2012.

[2] Dominique Combe. “La Referencia desdoblada: el sujeto lírico entre la ficción y la autobiografía”, en Teorías sobre la Lírica. Madrid, Arco /Libros, 1999.

[3] Carlos Meneses: Tránsito de Carlos Oquendo de Amat, Inventarios Provisionales, Las Palmas de Gran Canaria, 1973.

[4] Cita de: José Luis Ayala: Cien metros de biografía, crítica y poesía de un poeta vanguardista itinerante, Lima, Editorial Horizonte, 1998.

[5] Ortega, Julio, 1971. Figuración de la persona, Barcelona, Edhasa, p. 151.

[6] Gil de Biedma, Jaime, 1998. Las personas del verbo. Barcelona: Ed. Lumen (1982).

[7] Genette, Gérard, 2004. Metalepsis. De la figura a la ficción. Buenos Aires: Fondo de

Cultura Económica.

[8] Emilio Adolfo Westphalen y J.R. Ribeyro. Dos soledades. Lima, Instituto Nacional de Cultura, 1974.

 

 

 

 

 

*(Chepén-Perú, 1993). Poeta. Estudió Lengua y literatura en la Universidad Nacional de Trujillo (Perú) y cursos de Simbología Antigua (Universidad de Barcelona) y Arteterapia para el trabajo con niños y adultos (Instituto Europeo de Integración Sensorial). En la actualidad, dirige la Editorial Reinos, el Programa virtual de Filosofía y Poesía Pensar en no pensar y el Programa Integral de lectura Leo Veloz. Obtuvo el Premio de los Juegos Florales de la Universidad Nacional de Trujillo (Perú, 2015).  Ha publicado en poesía Cartas a una reina (2014), Armonía musical de las esferas (2015), Porn Art (2017), El niño y la luna (2018), Progressio harmónica (2019) y No moderno artificio (2020).

 

 

 

**(Puno-Perú, 1905 – Madrid-España, 1936). Poeta. Uno de los más principales poetas vanguardistas del mundo en el siglo xx. Su obra literaria se compone de un único poemario titulado 5 metros de poemas, el que fue publicado en 1929, aunque impreso el 31 de diciembre de 1927, por la editorial Minerva del reconocido pensador peruano José Carlos Mariátegui. Junto a este libro, Oquendo de Amat publicó algunos pocos poemas más en diversas revistas peruanas tales como Chirapu, Amauta, Sembrador, Boletín Titikaka, Bohemia Azul, Kosmópolis, Mercurio peruano, etc. Tuvo una intensa actividad política por la que fue apresado en Bolivia y Panamá. Su salud, para ese entonces, se encontraba ya resquebrajada cuando pudo escapar de Centroamérica para viajar a Europa, a París-Francia y finalmente a Madrid-España. En esta última ciudad fue internado por una grave enfermedad pulmonar, tan seria que tras un mes fue trasladado al sanatorio de Guadarrama, en Navacerrada, pese a su pronóstico reservado y a petición propia. A los pocos días de aquel traslado, ya en marzo de 1936, Carlos Oquendo de Amat falleció dejando una brevísima pero muy significativa obra poética.

 

 

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