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La entrevista que publica hoy Vallejo & Co., fue publicada originalmente en el periódico La Provincia de Las Palmas de Gran Canaria (España), y surge a raíz de la publicación del autor de sus recientes libros Des en canto (2019) y Voces de Extremadura. El camino de Paul Celan hacia su Shibboleth español (2020).

 

 

Por Miguel Pérez Alvarado

Crédito de la foto (izq.) www.centrodeartemoderno.net /

(der.) Ed. RIL – Aérea

 

 

 “El lenguaje nos hace libres y a la vez nos aprisiona”.

Entrevista a Mario Martín Gijón*

 

 

Una intensa poesía que desquicia los moldes en que habitualmente damos rienda suelta al lenguaje; una narrativa que pone el acento en el punto de vista de una pluralidad de personajes marginales; una extensa labor ensayística que tiene en la literatura del exilio su eje motriz. La obra de Mario Martín Gijón (Villanueva de la Serena-España, 1979), que presentó recientemente en Las Palmas de Gran Canaria —donde tiene lugar esta entrevista— su último poemario Des en canto, despliega con brío un incansable compromiso con la palabra y la memoria. A pesar del viento en contra.

 

 

Entrevista

 

 

Miguel Pérez Alvarado [MPA]: ¿Es para Mario Martín Gijón la escritura un medio para habitar el desarraigo o lo es quizás para conjurarlo?

Mario Martín Gijón [MMG]: En los casos tanto de la narrativa como del ensayo, sin duda tuvo que ver mi experiencia de la emigración temporal, unos siete años en total viviendo en distintos países extranjeros (Francia, Reino Unido, Alemania, República Checa), durante los cuales pude conocer a muchas personas en situaciones de tránsito o identidades mixtas, ello se refleja tanto en los personajes de mis relatos como en los autores exiliados que intenté poner en valor. En el caso de la poesía, no lo tengo tan claro, pues emprendí mi camino más diferencial, por así decirlo, de vuelta en España, pero quizás sin esa experiencia no hubiera sido posible retomar mi lengua de ese modo. Como dije en otra ocasión, experimenté como una mutación (espero que benigna) del lenguaje, y creo que en ese desquiciamiento que mencionas, y que pone en una encrucijada al lector, hay una manera de habitar el desarraigo, quizás para mí la única posible. En realidad, nunca me he sentido identificado plenamente con ningún territorio y, aunque mi intención es seguir, por muchos años, viviendo en Extremadura, mantengo una relación de amor-odio, de despechos y reconciliaciones con esta tierra que, dejando al margen vínculos familiares, considero única y, por su situación periférica, en parte comparable con la de Canarias, especialmente propicia para la escritura.

 

 

[MPA]: Precisamente en tu último ensayo, Voces de Extremadura. El camino de Paul Celan hacia su Shibboleth español, indagas la influencia que Extremadura tiene en la obra de Celan, una influencia que no puede tener carácter territorial, pues el poeta judío no pisó nunca España. ¿Cuál es entonces el lugar de Extremadura en la poesía de Celan?

[MMG]: El título del ensayo parte de los famosos versos («Ven, / yo te llevaré lejos / a las voces / de Extremadura») con los que termina “Shibboleth”, uno de los poemas más célebres de Celan y que se trata, como su nombre indica, de un “shibboleth” o marca de reconocimiento entre afines. Para Paul Celan, originario de la periferia oriental de Europa (la región de la Bukovina, actualmente en Ucrania) Extremadura era un lugar legendario (precisamente también porque nunca lo pisó, se negó a visitar España mientras durase la dictadura de Franco) y a la vez un lugar de resistencia, pues la primera vez que oyó hablar de ella fue a propósito de la represión franquista y la tristemente célebre matanza de Badajoz, en 1936. Por cierto, que fue la primera y única vez que Celan se comprometió personalmente por una causa política, recogiendo donaciones para los combatientes republicanos.

 

 

[MPA]: En 2017 coordinaste con Rosa Benéitez Lecturas Paul Celan, un tomo colectivo que pretende dibujar “el panorama crítico acerca de cómo, por qué, quién y para qué se ha leído a Paula Celan en castellano”. Si Extremadura simbolizaba una resistencia para Celan, ¿podría pensarse también que Celan representa para nuestra poesía hoy una oportunidad de resistencia en el mundo cultural y moral que habitamos?
[MMG]:
Sin duda, Celan fue un ejemplo de resistencia e inconformismo, que en realidad tuvo un reconocimiento minoritario en vida y fue rápidamente mitificado tras su muerte. Aquel libro colectivo que mencionas ponía de manifiesto que, salvo en los casos de José Ángel Valente, Antonio Méndez Rubio y muy pocos más, no ha habido apenas diálogo con la obra de Celan en España, sino canonización y lectura en unas traducciones a veces cuestionables. Mi último ensayo también quiere poner en guardia contra esa mitificación de Celan. Lo interesante es dialogar con su obra, cada lector desde su situación personal y, en el caso de los autores, cada cual desde su poética.

 

 

[MPA]: ¿Desde qué poética escribe Mario Martín Gijón? Se podría decir que tu poesía está imantada por una fuerza deconstructiva, que afecta al verso, pero también a las propias palabras. Sin embargo, Antonio Méndez Rubio, en el prólogo de tu poemario Des-en-canto declara que tu “men(es)ter poético se concibe aquí como un acto de amor”.

[MMG]: Como tú también eres poeta, sabes bien que la poética la elucidamos siempre a posteriori, y que tiene algo de justificación de algo que se hizo sin saber muy bien cómo, en una suerte de trance. Creo que no son contradictorias tu interpretación y la de Méndez Rubio: mi poesía, en efecto parte de un cuestionamiento radical del lenguaje. El lenguaje nos hace libres y a la vez nos aprisiona. La linealidad de la sintaxis nos conduce hasta un fin con la misma impiedad con la que el tiempo nos empuja hacia la muerte. Al menos en la escritura, quebremos esa linealidad y juguemos a que sea posible seguir varios caminos al mismo tiempo, sentir sentimientos contradictorios, ser las distintas personas que hay dentro de cada uno de nosotros. Y por otra, ese dejar varios caminos abiertos creo que permite al lector una mayor libertad de identificación que otros tipos de poesía. El propio Méndez Rubio define en otro momento mi poesía como “un acto de entrega”, seguramente sea una formulación más exacta.

 

 

[MPA]: ¿Crees que existe un límite a lo que la poesía puede hacer con el lenguaje?  
[MMG]: Para todo hay un límite, la cuestión es no limitarnos más de lo necesario, y forzar las fronteras de lo decible. Llenaría mucho espacio recordando todas las muestras de incomprensión y hasta desprecio que ha suscitado mi poesía. Desde quien me ha dicho que no la considera poesía a quien la definió como “un sudoku incomprensible”. Obviamente, el concepto que tienen de poesía es tan limitado como previsible.

 

 

 

[MPA]: Yo en tu poesía percibo, al contrario, una intensa -aunque también deslenguada- resistencia de la palabra a perder su capacidad poética. ¿Es tu poesía una reacción contra la palabrería inasumible del mundo alrededor?

[MMG]: Sin duda, espero que lo sea, pues creo que, si alguna función queda a la poesía y a la literatura, es ser un lugar de resistencia, de densidad del lenguaje, donde no ya cada palabra, sino cada sílaba y cada letra cuente, frente al exceso de información que iguala por lo bajo en las redes sociales que mencionas, donde cuenta lo mismo, o menos, un verso de Leopardi que una ocurrencia de Pepito, un friso de Fidias que un grafiti mal hecho. Por desgracia el camino de los grandes grupos editoriales es el contrario, no educar el gusto, sino adaptarse a lo más simple.

 

 

[MPA]: Entre tu primer poemario, Latidos y desplantes y los otros tres que has publicado posteriormente (Rendicción, Tratado de entrañeza y Des en canto) se percibe una intensa brecha estética. Como si se tratara de libros que, aunque habitan la misma lengua, pertenecieran a lenguajes distintos.

[MMG]: Creo que la brecha se produce dentro del primer poemario, pues la primera parte, Latidos, muestra una dicción en cierto modo tradicional, mientras que en Desplantes ya comienza a esbozarse el camino que he transitado en los tres siguientes libros.

 

[MPA]: Respecto a esa nueva dicción que caracteriza tu poesía desde entonces, resulta evidente la tensión entre el poema como escritura y el poema como voz que da cuerpo a las palabras. ¿Puedes contarnos qué papel juegan la oralidad y la escritura en esa dicción que te arrastra a escribir? 

[MMG]: Difícil pregunta. En realidad, me siento bastante ajeno a las tradiciones de la poesía caligramática y visual, de hecho la poesía visual apenas me interesa. No creo que mi poesía se oponga a la oralidad, salvo a la oralidad como ejercicio de expansión monológica, tan habitual en los recitales. A la declamación, desde luego, sí se opondría. En el principio siempre está la voz, aunque sea una voz interna que dialoga consigo misma y se contradice, en realidad buscando, desde el principio, a un interlocutor. Quizás incluso una lectura coral, en la que varias voces pudieran tomar simultáneamente las vías divergentes de algunos versos, sería la que hiciera más justicia a esta poesía que, por otra parte, supongo que gana más en la lectura íntima y silenciosa.

 

 

[MPA]: En tu narrativa, sin embargo, el uso del lenguaje parece estar menos orientado a la experimentación. Se trata de relatos de una gran agilidad expositiva, en la que los acontecimientos se desencadenan ante la mirada asombrada del lector, aunque no se renuncie a la superposición de puntos de vista, como sucede en Ut pictura poesis o en Inconvenientes del turismo en Praga. ¿Cambia Mario Martín Gijón el bolígrafo de mano cuando escribe un poema y cuando escribe un relato?

[MMG]: Sí que cambio el bolígrafo y la disposición mental. En la ficción, lo fascinante es la posibilidad de ser otro, desde un fontanero de origen turco a un jubilado británico, desde un ingeniero forestal alemán en Extremadura a una devota ama de casa polaca. Y me interesa, en efecto, la yuxtaposición de distintos puntos de vista. Casi siempre prefiero, por ello, narrar desde la primera persona, tengo algo de reticencia hacia la perspectiva omnisciente. En cambio, cuando escribo un poema excavo en mí mismo, en mis sentimientos y contradicciones. Por eso, porque personalmente identifico la narración con la ficción, tengo también mis reparos hacia el auge de la “novela sin ficción” donde el escritor habla de sí mismo y no trae al mundo a ningún ente inventado. Para eso ya están los diarios, y las autobiografías.

 

El poeta Mario Martín Gijón.
Foto: Jesús Díaz

 

[MPA]: Y en esa ficción siempre prevalecen los personajes que habitan en los márgenes o bajo circunstancias de extrañamiento, lo cual me hace pensar que utilizas el punto de vista como recurso narrativo con el que cargar de eticidad el relato. 

[MMG]: De eticidad, en cualquier caso, alejada de todo moralismo. En mis relatos es raro el personaje que no carezca de tacha, y si alguna enseñanza ética hay, es que cada persona es capaz de lo mejor y de lo peor. Así, “El último guerrillero”, que abre mi primer libro de relatos, es profundamente irónico: el protagonista que parece un héroe modélico, al final quizás no sea sino un farsante. O Thomas Jung, en El otoño extremeño, admirable en su empatía con la naturaleza, no se comporta tan bien con sus parejas… Me gustan los personajes ambiguos, quizás sobre en el caso de los femeninos. Así, el personaje de Milena, en Ut pictura poesis, hay lectores a los que cae bien y a otros fatal.

 

 

[MPA]: Tu obra ensayística se ha centrado en la literatura del exilio republicano. Has puesto en valor a escritores casi olvidados como José Herrera Petere y Máximo José Kahn, aunque también te has aventurado a escribir sobre Unamuno, aportando luz sobre la recepción de su obra por parte de los exiliados. ¿Cuáles son los motivos que te han llevado a elegir los temas de tu trabajo de investigación?

[MMG]: Estudiar la obra de Herrera Petere me hizo cobrar conciencia de lo desconocida que era buena parte de la literatura de los exiliados, relegada a un cajón marginal cuando, en realidad, fue la inmensa mayoría de escritores la que se exilió. En general, buena parte de la literatura escrita durante el franquismo se me hacía demasiado castiza y como con olor a cerrado, y la del exilio, al menos, se escribió en libertad, y entrando en contacto con autores desconocidos en nuestro país. Petere se integró en el grupo suizo Jeune Poésie, Kahn se relacionó con Octavio Paz en México y publicó en la revista Sur de Victoria Ocampo. Hay una escena muy ilustrativa de La gallina ciega, de Max Aub, cuando este muestra su perplejidad por la ignorancia de lenguas extranjeras por parte de Camilo José Cela. Decía el exiliado vasco Carlos Blanco Aguinaga que lo que habría que hacer es dejar de estudiar la literatura del exilio como una parcela aparte, y crear un nuevo canon en el cual se leyeran a la vez Campo cerrado, de Aub y Nada, de Carmen Laforet, La familia de Pascual Duarte, de Cela, y Crónica del alba, de Sender. Por desgracia, me parece que la literatura española aún no se ha aireado lo suficiente, y por ello la obra de los exiliados sigue sin ser asumida, aunque no tenga nada que envidiar a la de los que se quedaron en España.

 

 

 

 

 

*(Villanueva de la Serena-España, 1979). Poeta, narrador y ensayista. Exdocente en las universidades de Marburgo (Alemania) y Brno (República Checa); actualmente es profesor en la Universidad de Extremadura (España). Autor de varios libros de narrativa y ensayo, como poeta ha publicado los poemarios Latidos y desplantes (2011), Rendicción (2013), Tratado de entrañeza (2014) y Des en canto (2019); en ensayo Voces de Extremadura. El camino de Paul Celan hacia su Shibboleth español (2020). Ha coordinado, junto a Rosa Benéitez Andrés, el libro Lecturas de Paul Celan (2017).

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