Por Dolors Fernández Guerrero*
Crédito de la foto (izq.) archivo del autor /
(der.) Ed. Tercero incluido
Deconstruir la realidad
en Apartamentos Géminis (2026),
de Julio Hardisson
Pensar en términos sólidos, arquitectónicos para denunciar la sobreexposición digital, tan afín al concepto líquido de la realidad, no deja de asombrarnos y, aunque en un principio pueda parecer un contrasentido, no lo es en absoluto. Por el contrario, supone un ejercicio de clarividencia y originalidad radicales que despiertan la admiración de quien escribe estas líneas.
Es lo que ocurre en Apartamentos Géminis, cuyo código semiótico presenta un topos, geográficamente ubicado en la localidad de Ajabo (Tenerife), y lo enfrenta a la desubicación digital, ajena a cualquier tipo de circunscripción topográfica o política. Es de ese modo como el argumento de Apartamentos Géminis se sitúa en las lindes de lo “real”, establecidas por el complejo turístico que le da nombre, si bien sus fronteras se manifiestan, como en cualquier constructo, porosas.
Asimismo, desarrollar literariamente temáticas actuales que generan conflicto sin caer en el tópico o en juicios de valor reduccionistas no es tarea fácil, requiere talento y estrategia, y Julio Hardisson posee ambas. Por eso ha creado una obra intergénero, donde un narrador omnisciente realiza un trávelin a través de sus personajes y de las instalaciones del complejo turístico.
En él engarza diálogos, encuentros y búsquedas de unos y de otras, y crea un espacio narrativo de ficción, donde las digresiones ensayísticas cimentan la obra y donde el factor lírico se percibe con naturalidad. El propósito es mostrar cómo en la era digital, tan joven como frívola y paradójicamente obsolescente, anidan el desarraigo y la soledad. Y cómo, al mismo tiempo, las redes de solidaridad y apoyo emocional mutuo brotan espontáneamente entre los personajes.

En este contexto la mirada del protagonista, Leo, un joven de veintisiete años alojado en el complejo turístico en calidad de técnico de mantenimiento, abre la novela. Es un ser estigmatizado, como el resto de los personajes. Por eso, su sesgo interpretativo alumbra una realidad sutilmente alterada, pero de indudable belleza:
Leo vio pasar a Lulú a través del tul acuático e iridiscente que proyectaban los aspersores. La muchacha le dedicó una mueca cariñosa, aunque algo artificiosa. Luego se apretó con dos dedos el moflete y, finalmente, le guiñó un ojo.
Y es que, en su descripción de Lulú, uno de los personajes principales, motor argumental de Apartamentos Géminis, Leo aplica un filtro “acuático e iridiscente” que la embellece. El arranque es sintomático y nos da una idea de cuáles son los sentimientos del personaje hacia la joven. La vida de Leo se desmoronó tras un accidente que afectó su cognición y lo obligó a abandonar su carrera como arquitecto. De ahí que decidiera instalarse en Ajabo.

Pero dejémonos de elucubraciones, ¿cuál es el argumento de Apartamentos Géminis?
De un modo muy esquemático, podríamos decir que es la historia de un grupo de jóvenes que habita en el complejo turístico de Ajabo. En su mayoría se trata de chicas que ejercen como webcam girls. Aunque se trata de una instalación turística, el uso del complejo se ha profesionalizado y en la práctica casi todos viven directa o indirectamente del negocio que generan las adolescentes. En el momento de la narración, un evento que está a punto de suceder se constituye en hito y leitmotiv de la novela y mantiene a toda la agrupación en vilo: el “We Villa Experience”.
La actividad de las jóvenes es altamente lucrativa, como denota la presencia de Pavel y sus secuaces, quienes con tácticas mafiosas controlan la plataforma web y aseguran el “trabajo” de las chicas. El objeto de las retransmisiones es mostrar en tiempo real a adolescentes de diferente nacionalidad sexualmente disponibles −en el ámbito virtual−, a cambio de una retribución en propinas. Son los llamados tokens.

Cuanto más procaces y sensuales se muestran las chicas, mayor incentivo económico reciben. El culmen es el sexo en vivo, como describe Hardisson en una escena magistral. En ella, se relata explícitamente cómo Lulú y Leo mantienen relaciones sexuales ante la cámara. La escena, de gran impacto erótico, está narrada sin subterfugios y finaliza con una reflexión que trasciende lo meramente carnal:
Ejercitar el desasimiento interior. Vaciarse. Contemplar la imagen desnuda del medio y permanecer en su superficie.
Predominan en esta novela las adolescentes, como en una galería de personajes anómalos que desafían la descriptio puellae de la literatura clásica. En general y en concordancia con la tradición literaria, son seres pasivos y solo en contadas ocasiones se detallan las circunstancias que las han conducido hasta allí.
No obstante, cabe destacar que las voces que se alternan en el discurso son masculinas, a excepción de los diálogos. Tanto la del narrador omnisciente, adicto al discurso indirecto libre en alusión a Leo; como el propio Leo, quien con frecuencia asume la primera persona y se dirige al lector sin intermediarios.
El ritmo de la narración es demorado, reflexivo, con momentos que dejan al lector en suspenso, pendiente de un hilo de pensamiento o de una imagen que requiere su atención. La prosa, de expresión exquisita, crea una sensación eufónica que sumerge al lector en la magia del lenguaje. Por contraste, los diálogos frescos, ágiles, inteligentes, dotan al texto de dinamismo y contribuyen a que la acción avance.
Hay un personaje excepcional en el complejo, alguien que rompe con el patrón de juventud preponderante. Por edad, es una anciana nacida en la isla de Martinica ―la insularidad siempre presente en la obra del autor―; por parentesco, es la abuela de un niño con altas capacidades, Jean-Paul, quien pulula por el complejo en compañía de Leo; por profesión, es una intelectual y escritora con gran carisma. Su presencia en la narración se justifica por la necesidad de aislamiento para escribir un libro.
A través de su nieto entra en contacto con Leo y su figura es antagónica respecto al medio en el que se mueve. La abuela de Jean-Paul representa el tópico literario del aurea mediocritas en su retiro voluntario en Ajabo, en su desprecio respecto a las banalidades del mundo. Será ella quien comprenda a Leo mejor que nadie, quien lo acompañe en los momentos críticos.
Es relevante destacar también que entre los personajes masculinos podemos distinguir dos grupos diametralmente opuestos, que actúan como contrapesos en la narración. Por un lado, está Leo y sus amigos: Jean-Paul, un niño de nueve años que habita un apartamento con su abuela, apartado de sus padres; y Hansi, un skater mudo de catorce, acompañado siempre de su perro Swab.
Estos cuatro personajes establecen un núcleo que pivota alrededor de las chicas y tejen con ellas redes de protección y apoyo, sentimientos de amistad, incluso de amor, que los vinculan estrechamente. El factor común de todos ellos es que son seres apátridas, errabundos, a menudo marginados de sus lugares de origen por “anomalías” físicas o mentales, o bien por circunstancias adversas que escapan a su control.
En contrapartida, el resto de personajes masculinos, Pavel y sus secuaces, Andrei y Polagoldi entre otros, mantienen con las chicas relaciones meramente “profesionales”.
Recuperando el leitmotiv de la historia, el llamado “We Villa Experience”, se describe como un gran acontecimiento que aglutina a los ocupantes de Géminis y atrae a influencers de todo el mundo. En él se desarrollan espectáculos de baile y música, rezos colectivos con gurús de nuevo cuño, acciones performativas multitudinarias y eventos dignos de un reality show retransmitidos en directo a través de innumerables pantallas, distribuidas a lo largo y ancho de todo el recinto.
Cada proyección, cada acción realizada ante centenares de miles de espectadores de todo el mundo se somete al escrutinio y al imperio de los likes. Como en el circo romano, el dedo índice decide la suerte de sus gladiadores.
Durante el evento, la pérdida de intimidad llega al extremo. Tanto es así que, en medio del paroxismo generalizado, se viraliza que los participantes del We Villa Experience orinen públicamente. Ni siquiera lo escatológico está libre de la mirada del Gran Hermano y en este punto la fusión del ojo omnipresente de George Orwell con Un mundo feliz de Aldous Huxley se nos revela inevitable:
Paula sonreía a cámara y enfocaba alternativamente sus blanquísimas nalgas, entre las cuales brotaba con fuerza un espléndido chorro de orín de color de plata, el cual fue inmediatamente absorbido con fruición por las piedrecitas de lapilli que cubrían el terreno.
Sin embargo, mientras el We Villa Experience se desarrolla con el frenesí esperado, algo se palpa en la atmósfera y se traslada a la narración con inquietud. Una forma invasiva que crece sin que nadie lo advierta acecha a la multitud en su performance digital. Solo Leo, atento a los detalles, a lo que otros consideran irrelevante, podrá intuirlo. La novela permea la inquietud del personaje. Se palpa el desastre, aunque su magnitud sea impredecible. El elemento fantástico se apodera en ese momento de Apartamentos Géminis con una vehemencia inusitada y perpetra a continuación un golpe maestro que devuelve de súbito la realidad al centro del relato.
Es el momento del clímax que, por razones obvias, no se va a desentrañar en esta reseña. Sin embargo, sí podemos aludir a lo que sucede con posterioridad, a esa voz que en tono onírico nos devuelve la mirada admirativa de Leo, el remanso de paz, casi ―solo casi― como si nada hubiese pasado:
Tras la cortina de agua de los aspersores, reconozco la silueta iridiscente de Lulú.
Y es que la vida, impenitente, es tan voraz como generosa y siempre encuentra el modo de perpetuarse, de reconstruirse, aunque en ocasiones luces estroboscópicas procedentes de miles de pantallas interpuestas magnifiquen su poder y nos impidan verlo.
*(Barcelona, 1968). Poeta y novelista. Licenciada en Filología Hispánica por la Universidad de Barcelona (España). Fue finalista del Premio Planeta de Novela (2024) y accésit en el Premio Vitruvio de Poesía (2024). En la actualidad, es parte de la Junta de ACEC (Asociación Colegial de Escritores de Cataluña) y administra el blog Despeñaverbos (www.despeñaverbos.es). Ha publicado en poesía Mi corazón mordido por tus labios; y en novela El club del tigre blanco y Huye, Alisa y Halogramas.
**(Tenerife-España, 1968). Novelista y editor de la revista Pliego Suelto. Licenciado en Filología Hispánica, máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y doctor por la Universidad de Barcelona (España). Se desempeña como docente en Comunicación e Industrias culturales de la Universidad de Barcelona (España).




