11 poemas de «Obra poética» (2018), de Carmen Berenguer

 

Por Carmen Berenguer*

Selección por Mario Pera

Crédito de la foto (izq.) Ed. Cuarto Propio /

(der.) Jaime Piña – www.eldesconcierto.cl

 

 

11 poemas de Obra poética (2018),

de Carmen Berenguer

 

 

Día 14

 

Los ojos Los ojos

De qué sirve el pasto

en los jardines

El humor vítreo

llena las cuencas vacías

 

 

 

Loba

 

De dónde esta mueca

Esta boca este rostro

Esta máscara este abrigo

De dónde esta locura

De acompañarte por las noches

Con este negro y este rojo

Esta bufanda que es una bufonada

Y esta vitrina que devuelve esta pirueta

Esta artesanal pinta hecha a la medida

Y esta lengua de loba despistada

Que te lame.

 

 

 

Raid

 

Esas moscas:

las veo volar

y volar

Como idiota sigo el curso de las moscas

Vuelan sin dirección

Dopadas

Sin restricción

vuelan

Las veo volar

y volar

Esas moscas:

Como idiotas siguen el curso

Dopadas

vuelan y vuelan

Sin restricciones

el aire aman

Esas moscas.

 

La poeta Carmen Berenguer recibiendo el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2008) de manos de la presidenta Michelle Bachelet

 

La expatriada Raimunda está hablando

sin tierra les habla desde el aire

inhala y expulsa improperios casi

difunta susurra su lengua espesa

donde cantar no puede su letanía

 

Fuera del edén la pordiosera Raimunda

vocifera     Me he tragado un volcán y bailo

y canto     Me usaron y uso fármacos para

dormirte occidente    En una balsa al mar

para mecerte

 

Este fragmento es para ti porque ya no

puedo contigo ni mirarte puedo

Allí donde habité por siglos y siglos

se va perdiendo en un hilo el infinito

porque nada queda ya ni el seguro de la puerta

ni el púrpura malva de tu boca     se quebró de espanto

 

Este fragmento es para ti porque ya no

puedo contigo ni mirarte puedo

Allí donde habité por siglos

se perdió en el     nada queda

el cerrojo de la puerta     ni el pubis de tus labios

sólo el mugido espanta

 

después que te entregué los hijos

después que acosté contigo

hablé hasta el alba pariendo

 

Raimunda siente los deseos de la carne

vio un rostro que la sufre y     llorante

vuelve su pálida caricia hacia el norte

que le devuelve su sur

 

(fragmento)

 

 

 

Esto podría ser la telaraña de una carretera

un tendón o un llamado a cruzar, un pendón,

una basurita en el ojo, un insecto; ahí mismo.

Pero es un batir de olores, perfumes, no,

pescado, rayas, rémoras que hacen pic-pic.

 

 

 

Ruinas

 

La noche no es la noche ideal

romántica de los cantos versallescos

o trinos de pájaros en algún amanecer

La noche de la novela triste es cuando sus luces

se apagan y aparecen las sombras criminales

en las esquinas de los bares de las casas

a los pies de la cama debajo de las sábanas

en los colores de los muebles en la opacidad

de las tablas detrás de los cuadros arriba del armario

en los rincones de la escalera

en este libro

en medio de estas páginas

en el temblor de tu sonrisa en ese espejo del baño

en el cepillo del pelo en el olor de tu traje

en el cubierto de la mesa en la cajita de música

en el calcetín; broche de una noche antigua

en la maleta

en la página del medio

en el candor en la maceta de flores;

detalles del tejido

y el pañuelo a rayas en el sillón Bauhaus

en el cuadro de Frida Kahlo en el retrato de revistas viejas

en los platos de comida en el charquicán y el luche

en los juegos de luces pascueros en los vasos de vino

en la ponchera en el apiao y pajarete en el chaleco azul

en el anillo en el collar de un cuello en los aretes

en las páginas sueltas aquí mismo

en el hilo del medio

en el piso de la cocina en la heladera

en la silla de paja en el jarro del café

en la azucarera en la mermelada

como si arriba en la cucharita del té

crochete del estío en la biblia latinoamericana

en el cantar de los cantares en el libro de Job y Jeremías

 

 

Depositarios de la excentricidad del rancho cultural con las performances y los discursos entramos al Barrio Chino. Supongamos que no hay posibilidad de juego. Tres mujeres y tres homosexuales entraron a un bar peludo.

 

Las paredes estaban adornadas con cuchillos corroídos por la humedad y el tiempo, sin los visos plateados de su mejor época, un jote relleno expulsaba unos azulejos de sus plumas muertas. Vasos del mundo donde puso sus labios Luchito Godoy y la Bella Estrella, también don Salvador, y la Natachita Kinski, ¡mentira! nadie más vino después de eso. Monedas de todas partes empeinaban el mesón.

 

Las mujeres entraban y se acercaban al dueño para escuchar algún mensaje de trabajo y partían. Tres hombres gruesos conversaban animadamente y de tiempo en tiempo entraban al baño y seguían tomando, —dicen que son aventureras—. Una fue modelo de Dalí, la rubia poseía una casa de citas y la morena había vivido y conocido a fondo los barrios, los cités y las pensiones.

 

Sus amigos contaban con las manos sus pobrezas, hacinadas en la pobla y en los bloques urbanos y lumpenescos hacían su gala en el bar, movían sus largas y huesudas articulaciones buscando la mejor sombra para una pose, el mejor reflejo para un perfil.

 

El pintor pagó la noche, personaje de Hemingway de la Guerra Civil Española en los tugurios del puerto con las gitanas en el ruedo, haciendo piruetas con los pañuelos rojos.

 

La atmósfera la vi en la película alemana de Fassbinder Querelle. Pero aquí la ley estaba representada por dos paisanos más del ambiente. Ellos podrían ser el ingrediente fácil para cualquier acción. Sería la completud del abanico.

 

Pedro L. hizo el primer movimiento de forma tan frágil como si fuera reflejo de la ausencia. Y si no hubiera estado, no habría puesto el casete de G. Mistral en la casa de Brenda. Al no estar, Brenda no habría llorado ese fragmento sublime. Y no nos hubiera contado que tenía una hijita que vivía con su madre, mientras le pasaba los tubos, la radio y el secador en las manos a la gringa de quien se había enamorado bajando del cerro. Al no estar, no habría echado a los policías y a Rita fuera de la casa.

 

Al no estar, no le habría puesto la tranca a la puerta para impedir la entrada de los policías del narcotráfico. Al no estar, la noche no hubiera tenido su momento sentimental.

 

Al no estar, no se hubiera sobredimensionado su único e importante movimiento de la noche, cuando quiso posesionarse de la acción, en un intercambio de las únicas preguntas que le haría el policía a una de las mujeres, le respondió: “Él es pintor” al momento que entraba un hombre con la cara cortada, y la carne abierta se había levantado en los relieves del corte, dejando caer goterones de sangre hacia la camisa blanca como un fresco de Goya. Su ausencia hubiera sido relevante cuando el policía dijo: “Eso es pinturita”.

 

Al no estar, no habría atravesado el bar para encenderle el cigarrillo, mientras lo sacaban del lugar y le bajaban la cortina.

 

La poeta Carmen Berenguer

 

LAS ELVIRAS SON FATALES. Las tías modernas son especialistas en el jardín infantil. Los personajes femeninos de la novela chilena no tienen existencia, su obsesión metafórica es la familia. Las musas son el imaginario de la poesía universal. En el imaginario local, las Elviras son fatales.

 

 

 

Rumor del orden

 

La niña pule y baila destinando algunas piezas fuera del cuarto de entrada.

Se desliza por la textura, compagina el guión y no encuentra sus líneas.

Ha sido borrado su nombre. Un paréntesis en las iniciales de su nombre.

Ha pasado a ser una ficha de la modernidad.

No tiene nada que representar.

Hay un corte en su línea.

Corte vertical en su línea,

pespunteada en el séptimo arte.

El velo será su fondo.

El tajo de los fondos bajos

imprime la escena recortada.

Tajo/línea divisoria

recorta el paisaje que nos mira.

Hay un punto en la línea que le designaron para representar su papel.

Hay una referencia a pie de página de su vida anterior.

Es una cita de familia.

En un salto de página hay un párrafo dedicado a ella.

Al fondo del paisaje y en una línea más abajo.

La página es ciudad de ruido.

La página se vuelve ruido.

La página es murmullo,

se hace trizas.

Otra es la hija original del murmullo.

Una mancha le tapa la boca.

La página dibuja su escrito en la niebla,

borrón donde la bruma envuelve la memoria,

corrigiendo la letra.

Rechifla la escritura y salta

una palabra,

el fondo está cesante, sin papel

bailando en el reverso del mercado.

Se desconoce su identidad.

 

 

 

Bar Jaque Matte

 

A las minas del bar

 

(5 a.m.)

 

El devenir es un fantasma que no asusta a nadie.

(Permíteme decirlo)

con barniz amarillo,

y renovado quedó el techo antiguo.

 

Sus espejos le devolvían el pasado.

Zócalos encubiertos con ribetes

de mierda de moscas: dejando una exudación,

a la entrega febril de una hora.

 

Es probable que se haya ordenado hacer el carnaval

postmoderno en la Plaza,

para perderlo todo

ribeteado de estrellas en el cielo azul.

 

Sin duda zócalos amarillos.

Asientos de vinil y lámparas

palmeras salmón.

 

¿Es Satie postmoderno?

 

(Puedo perder la vida por una nota)

 

 

Redoblando el paso de lo que dije

 

Digamos que soy amarga ¡Rotunda! como la cicuta.

Para engatusar el alma ¡A estas alturas!

Nadie me alcanza.

Dejando de lado ciertas durezas

como lesa yerta se envuelve en ella.

¡Ay!

Si redoblara como si hablara.

De cotorra vieja habla la abuela,

tum tum responde la nieta.

Así hablan las tías a sus sobrinas,

cuando la lengua fija su muda.

Y es viva la jerigonza, leve, la muy furtiva,

va y viene lo que no dice.

Pausa, allá ¡Ay!

 

 

 

 

 

*(Santiago-Chile, 1946). Poeta, cronista y artista visual.  Frecuente asistente del bar Jaque Mate. Obtuvo la Beca Guggenheim (1997), el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2008) y el Premio a la trayectoria en el Festival de Poesía La Chascona (2017). Ha publicado en poesía Bobby Sands desfallece en el muro (1983), Huellas de siglo (1986, 2010), A media asta (1988), Sayal de pieles (1993), Naciste pintada (1999), La gran hablada (2002), Mama Marx (2006), Chiiit, son las ventajas de la escritura (antología, 2008), La casa de la poesía (2008), Maravillas pulgares (2012), Venid a verme ahora (2012) y Mi Lai (2015); y en ensayo Escribir en los bordes. Congreso Internacional de Literatura Femenina Latinoamericana 1987 (1990) y La mirada oculta (1994).

 

 

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