Por: Carlos Alcorta

Crédito de la foto: http://blog.grdodge.org/2012/06/29/poetry-friday-henri-cole-2012-festival-poet/

HENRI COLE nació en Fukuaka (Japón) en 1956 y se crió en Virginia. Ha publicado ocho libros de poesía, entre ellos Tierra media, finalista del Premio Pulitzer de Poesía del año 2004. Ha recibido numerosos premios por su trabajo, entre ellos el Premio Kingsley Tufts, el Premio de Roma, el Premio de Berlín, una beca Guggenheim y el Premio Lenore Marshall. His most recent collection is Touch (Farrar, Straus & Giroux, 2011). Es uno de los poetas incluidos en la antología La escuela de Wallace Stevens, realizada por el crítico Harold Bloom. Su más reciente poemario es Ternura (Farrar, Straus & Giroux, 2011), galardonado con el Premio Thom Gunn en 2012, libro al que pertenecen los poemas que hemos traducido. He teaches at Ohio State University, is poetry editor of The New Republic , and lives in Boston. Es profesor en la Universidad Estatal de Ohio, es editor de poesía de The New Republic, y vive en Boston.

 

 

Poemas del estadounidense Henri Cole en versión de Carlos Alcorta

SOLEDAD: LA TORRE

 

Hace mucho tiempo, vivía a los pies de las montañas,

donde vivieron mis padres cuando eran jóvenes.

Cerca de allí, había un vivero de narcisos, frente al que yo pasaba en bicicleta

cada día de camino al supermercado.

De vez en cuando había terremotos, pero nadie se daba cuenta.

En mi escritorio, palabras y frases crecían muy lentamente,

como la parte incrustada o basal de un cabello,

de los dientes, de las uñas o los nervios. Mientras miro la página vacía

— analizando el amor, analizando el sufrimiento,

analizando la locura— me duele mucho la cabeza,

querido lector, porque las emociones me empujan en una

dirección, luego en otra, pero escribo esto ahora,

a veces precipitándome, a veces dejándome llevar por el pensamiento,

estoy feliz, siento que no estoy solo.

 

 

 

TORMENTA DE CEREZOS EN FLOR

 

Una madre es siempre una madre,
La cosa más santa de la vida.
COLERIDGE. Las tres tumbas

“Esterilizado mi cuerpo de la manera habitual,

me colocaron en posición supina y me suministraron

la anestesia general apropiada. Entonces practicaron

una incisión en la base de mi cuello y se internaron

en los agarrotados músculos, la disección continuó selectivamente

sobre mis dos lóbulos mientras los vasos inferiores y las venas

fueron aislados, recompuestos y divididos, el corte afloraba

como una tormenta de cerezos en flor, excepto por un pequeño resto

de rojo carnoso descollando en la punta. Más tarde, al despertar,

oí una voz que murmuraba: No te preocupes por el adulterio

(duerme en una habitación diferente). No bajes después

de la medianoche. No tomes tranquilizantes. No ames. No odies.

A veces, despierta el alma de su letargo. A veces,

lo terrible posee su propia forma de belleza”.

 

 

 

DELFINES

 

Los delfines parecen felices —tumbados sobre su espalda,

mostrando su reluciente dorso— cuando la entrenadora

acaricia sus carrillos y hace que chillen enérgicamente.

Cuando se hace la muerta, ellos la empujan con sus hocicos.

como a través de un cielo Tiepolo, y los niños gritan alegremente,

destrozando mis sentidos.

Recientemente, entre las cosas de Madre, encontré esto:

«Tengo miedo de él. Necesita atención psiquiátrica. Me incita

a creer cosas extrañas. Me ignora, me  ataca.

Muy tacaño. Quiere saber las condiciones de mi seguro”.

Aquí, en medio del revoltijo, la fidelidad y el amor no han sido

sustituidos por problemas y conflictos. ¿Qué protege

a los delfines de la angustiosa soledad? ¿Por qué sus almas

no son conscientes de su insignificancia? Qué lejos

parecen del mundo moderno. La belleza permanece inalterable.

 

 

GALLINAS

 

Es bueno para el amor propio, cuando las llamo y vienen

corriendo, alborotando y cacareando, porque ya es la hora de comer,

y una vez más no me resisto a proteger a la pequeña Lazarus,

una polla de color naranja y blanco, que adoro. «Sí, sí, todo irá

bien», le digo a su risueña cara mestiza. Llega septiembre,

ella comenzará a poner huevos verdiazules que degusto escalfados.

Dios condenó a la serpiente a morder el polvo

y a la gallina a 4.000 ovulaciones o más. Pobre Lazarus,

la primavera pasada un intruso mató a su hermana y la dejó

atemorizada en el gallinero. Hay un modo en el que una herida

ilumina un oscuro espacio rectangular. El sufrimiento se convierte

en el tema universal. Demasiado blando, y te avasallarán;

demasiado duro, y te harán pedazos. Incluso una gallina sabe esto,

plantada sobre un montón de estiércol, su cuerpo una mina de oro.

 

 

 

SOLDADOS DURMIENDO

(a partir de una fotografía del periódico)

 

Envejecer. Comprar una casa. Tener un hijo. Amar a alguien.

A veces hay reemplazos. Un histórico cambio de fuerzas

nos distancia. El más querido —en un puerto, en una zanja, o en una casa—

comienza a mentir por la morfina (¡el jodido lo hace,

el mejor lugar es en el cuello!). ¿Fuera de control? ¿Lucha contra la adicción?

“Oh, ella era una buena chica.” “Su papá fue reclutado.

La manzana no cae lejos del árbol.”

Después de las operaciones del Sur,

ahora los soldados duermen, en variadas posturas que delatan cansancio,

sobre una alfombra oriental —las rodillas dentro de sus pechos,

los brazos tocándose unos a otros— todo entrelazado con todo,

como algo abstracto arraigado dentro de nosotros—

un alma, tal vez —indecentemente desnuda, pero delicada, también,

como una acicalada aparición retenida

por la luz antes de que el corte sea más profundo.

 

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(Versión en el idioma original inglés)

 

 

SOLITUDE: THE TOWER

 

Long ago, I lived at the foot of the mountains,

where my parents  lived when they were young.

Nearby, there was a daffodil farm, which I bicycled past

each day on my way to the supermarket.

Occasionally, there were earthquakes, but no one noticed.

At my desk, words and phrases grew only slowly,

like the embedded or basal portion of a hair,

tooth, nail, or nerve. As I looked at the empty page—

seeing into love, seeing into suffering,

seeing into madness  —my head ached so,

dear reader, emotions toppling me in one

direction, then another, but writing this now,

sometimes in a rush, sometimes after drifting thought,

I feel sometimes in a rush, sometimes after drifting thought,

I feel happiness, I feel I am not alone.

 

 

 

CHERRY BLOSSOM STORM

 

A mother is a mother still,

The holiest thing alive.

COLERIDGE. The three graves

 

«Draping my body in the usual sterile manner,

they placed me in a supine position and adequate

general anesthesia was. Then a collar incision

was made at the base of my neck and the strap muscles

incised, the dissection continuing sharply over

both my lobes as inferior vessels and veins

were isolated, litigated, and divided, the cut surfaces

like a cherry blossom storm, except for a small amount

of beefy red identified at the pole. Awakening later,

I heard a voice muttering: Don’t worry about adultery

(he sleeps in a different room). Don’t go down after

midnight. Don’t take tranquilizers. Don’t love. Don’t hate.

Sometimes, the paralysis of a soul awakens it. Sometimes,

awful thing have their own kind of beauty».

 

 

 

DOLPHINS

 

The dolphins seem happy —lying on their spines,

showing us their gleaming underparts— as the trainer

rubs their cheeks and makes them chatter loudly.

When she floats on her back, they push her whit their snouts,

as if though a Tiepolo sky, and the children shriek gaily,

deranging my senses.

Recently, among Mother’s things, I found this:

“I am afraid of him. He need psychiatric care. He lead me

to believe strange things. He ignores me, threats me.

Very mean. He want to know about insurance.”

Here, amid the screamers, loyalty and love have not

Been supplanted by trouble and strife. What shields

The dolphins from implacable aloneness? Why do their souls

have no knowledge of their insignificance? How far off

the modern world seems. Beauty remains unshattered.

 

 

 

HENS

 

It’s good for the ego, when I call and they come

running, squawking, and clucking, because it’s feed time,

and once again I can’t resist picking up little Lazarus,

an orange-and-white pullet I adore. «Yes, yes, everything will be

okay», I say to her glaring mongrel face. Come Septembre,

she’ll begin to lay the blue-green eggs I loved poached.

God dooms the snake to taste nothing but the dust

and the hen to 4.000 or so ovulations. Poor Lazarus,

last spring an intruder murdered her sister and left her

garroted in the coop. There’s a way the wounded

light up a dark rectangular space. Suffering becomes

the universal theme . Too soft, and you’ll be squeezed;

too hard, and you’ll be broken. Even a hen knows this,

posing on manure pile, her body a stab of gold.

 

 

 

SLEEPING SOLDIERS

(from a newspaper photograph)

 

Grow old. Buy a house. Have a baby. Love someone.

Sometimes there are substitutions. A historical torque

pulls us away. A dearest beloved -in a harbor, trench, or house-

lies begging for morphine (just fucking do it,

the best place is in the neck!). Runaway? Fight the power?

«Oh, she was a good girl.» «His dady was enlisted.

The apple don’t fall far from the tree.» / After operations South,

the soldiers are sleeping now, in various postures of weariness,

on an oriental carpet -knees tucked into their chest,

arms touching one another- everything all interwoven,

like something abstract deep within us-

a soul, maybe -bare-knuckled, but delicate, too,

like a scissored-out black cameo held up

to the light before it is cut deeper.

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