Por Violeta Barrientos*

Crédito de la foto la autora

 

 

Desprendiendo las hojas.

13 poemas de Violeta Barrientos

 

 

Pasión

 

Sentada en un trono

Llega la noche.

Descubre su pecho,

Dos amables pezones aguardan ser tocados.

Tibia, se posa con el cuerpo de espaldas,

Separa las piernas. Unos labios oscuros hablan

De un mundo de climas y lenguas hecho carne,

De un ser vivo que abre su misterio

Para ser contemplado por única vez.

 

 

 

Flores de loto

 

En el museo chino me muestran unos pequeños zapatos

de mujer, diríase de niña virgen. Los pies eran flores de loto,

Pequeños para no pesar sobre los hombros.

Los ojos cerrados –los de ella-

No deben observar a quien le llena el vientre.

Los pies pequeños no pueden ir lejos

Sin ser llevados por esclavos en una litera.

 

La niña ha tomado la forma de un recipiente,

Sus pies de hueso curvo se abren a un guerrero

O señor de cien siervas semejantes.

 

(de Erótica, inédito)

 

 

1

Gota de luna 

es tu rostro creciente

luz cadenciosa

Serpiente

 

 

 

4

Dime Serpiente,

dónde se encuentra tu alma,

si entre tus ojos

o tu cabeza y cola.

Tal vez se alargue

in crescendo el latido

cuando me envuelvas

y tu lengua me toque.

 

 

 

6

Serpiente de agua

te deslizas de pluma y

seda tu fuerza

 

 

 

11

Suspendida en ti,

Serpiente,

descuelgas tu largo cuello.

Muda, sorda y ciega,

tu boca

aguarda la mordedura.

 

 

 

12

Tu único miembro arde, Serpiente,

en el ritual del otoño

desprendiendo hojas,

sacude y centellea

secretamente como un leño

del árbol en que duermes

hasta consumirse en sí mismo

deseando su ausencia.

Tu única voz, Serpiente,

modula un chirrido sin fin

que la deshace.

Oscura en ti,

reposas desnuda en tu fondo,

en tu materia larga,

en tu matriz.

 

(de El libro de la serpiente)

 

 

 

3

En una playa lejana las sirvientas son puntos blancos, las disfrazan de gaviotas. Sólo se acercan a la orilla cuando atardece y no queda nadie en la arena. Cuando todos se han ido y nadie puede verlas.

 

Desnudas se bañan entre las olas, nadie pensaría en sus cuerpos cuando siempre van de blanco, unas y otras en un solo cuerpo común. Son lobos marinos asomando cabezas sobre el agua, aleteando hacia un mundo de juegos donde aúllan en revuelo.

 

Por fin el mar ha desatado la energía suspendida de un mandil.

 

 

La poeta Violeta Barrientos

 

5

Los perros de las ciudades pobres se pasean libremente por las calles. Sin amos van por sobre la basura, invaden jardines ajenos, se enamoran sin fidelidad.

En las ciudades ricas no se ven perros. Circulan bajo horarios fijos cuando la gente duerme. Son perros secretos, caminan sin ladrar.

Sin embargo, todos se reconocerían dejando sus olores en las esquinas de una ciudad que juntaría perros ricos y pobres, perros de todas las razas, confundidos en un solo ladrido.

 

Las ciudades fabrican a los perros, cada una a su manera, haciéndolos salvajes o dóciles, separando aquello que la naturaleza junta. Las ciudades dividen, cortando el territorio con calles, marcando la pertenencia a un amo o al abandono.

 

 

 

21

Una farmacia. Los frascos se almacenan de manera decorativa. El químico mezcla sustancias pesando cada una en miligramos, como el cirujano controla sus músculos ante una herida.

Un mortero reúne las partículas en una nueva mezcla de arte combinatoria, una práctica envolvente y sutil a ser aplicada al próximo paciente. Los ungüentos se amasan, los aceites se deslizan en frascos, las grageas toman divertidos colores.

La química del cuerpo se imita, pero la voluntad escoge entre sustancias malignas o benignas, discierne entre la vida y la muerte, guiada por un temor que ningún brebaje puede calmar.

 

(de Cosas sin nombre)

 

 

 

Fin de un viaje.

Las despedidas se hacen inevitables.

La nostalgia crece

aunque fuera por unas horas,

hasta que el presente ocupa la mente del viajero.

 

La realidad se divide ahora en dos:

en aquella parte que quedó atrás

y la que continua su camino. 

Sin embargo, cada parte tiene una vida simultánea

invisible la una para la otra,

y elegimos sólo una,

en la ilusión de que nada más existe.

 

Así pasamos los días.

Sin darnos cuenta,

soltamos la cuerda de una mano a otra,

sobre el vacío.

 

(de fin de viaje)

 

 

 

 

Así abrimos el cuerpo

Al prójimo todos los días

Nuestros hígados han de ser devorados

Y nuestro corazón también

 

Hay que engordar ese cuerpo

La cadena alimenticia se extiende

 

(de Elixir)

 

 

 

Poema 5

 

Para hablar el mismo idioma

Hay que volver al cuerpo.

Pese a la apariencia,

El mismo que bebe y traga

Que duerme y respira.

 

Más allá de la ortografía

Y de la concordancia

Que nos divide ahora

Hermanos, volvamos a la patria

Del cuerpo

A nuestro cuerpo deudor

Sin nombre,

A nuestra fosa común.

 

(inédito)

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1963). Poeta, ensayista, abogada y literata por la Pontificia Universidad Católica del Perú. Trabajó en el CMP Flora Tristán involucrándose en el feminismo y en la teoría de Irigaray, Kristeva, Cixous que luego serían sus maestras en la Universidad de París a donde llegó en 1992, ciudad en la que se desempeñó (hasta 1999) en investigación de violaciones de derechos humanos en el Perú, Colombia y México. Fue parte de colectivos feministas y de la disidencia sexual en Francia durante esos años. Regresó al Perú en el 2000 para trabajar en proyectos de desarrollo al interior del país, y sobre el estudio de una teoría crítica del género y la sexualidad desde 2003. En la actualidad es profesora de las Maestrías de género de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos y de la Universidad Católica del Perú. Ha publicado en poesía Elixir (1991), El innombrable cuerpo del deseo (1992), El jardín de las delicias, Tragic/Comic, El libro de la serpiente (2004), Cosas sin nombre (2008), fin de viaje (2013), entre otros.

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