Vallejo & Co. presenta, en exclusiva, ocho poemas del poemario Vér és arany (‘Sangre y oro’) del escritor, periodista y político húngaro Endre Ady (1877-1919), quien es una de las figuras esenciales de la literatura de Hungría. Vér és arany (‘Sangre y oro’) fue publicado en 1908, es el cuarto poemario de Ady y es el libro que le brindó el reconocimiento general de la crítica literaria de su país. Hoy en día, Endre Ady es una de las figuras capitales de Hungría en el siglo XX por ser uno de los propulsores de la renovación literaria húngara.

La poesía de Ady casi no ha sido traducida al español, por lo que estas versiones del poeta Román Antopolsky resultan trascendentales para comenzar a descubrir lo mejor de la literatura y poesía magiar.

 

Por: Endre Ady*

Traducción: Román Antopolsky

Crédito de la foto: Izq. www.nyugat.oszk.hu

Der. www.biksady.com

 

 

8 poemas de Sangre y oro (1908),

de Endre Ady

 

 

Mi madre y yo

 

El pelo oscuro le esparcía chispas,

el castaño ojo lucía en llamas,

las caderas se mecían. Cegaba

su altiva cara criolla.

 

Esos ojos, lujuria, labios fresa,

corazón, besos imbuidos en lágrima.

Hela así, la mujer más bella,

mi joven madre.

 

Bella fue tanto a fin sólo

de darme en la preñez,

de darme a luz,

y luego que fuera el infierno.

 

La maldición asentada en una descarada

trenza; sólo a eso esta mujer es que es:

a parir al más descarado

hijo, al más triste.

 

A parirle un vástago maldito

a esta devastada tierra húngara;

una voz nueva inválida,

gaviota en máscara de alondra.

 

Niña de ningún ojo es ahora

ni la cabellera negra;

renga y marchita mujer

mi dulce buena madre.

 

La desbandé hacia la ancianidad:

nadie está lejos de ella tanto

como, munido de descarriada vida,

este triste y suyo hijo.

 

 

 

Canción por una muchacha muerta

 

En Atenas, a la hora del alba,

no era ya invierno, en la hierba

(¡Evohé! era Primavera)

muerta hallaban a una muchacha.

 

Bella era aún, como si viva,

tenaz el pecho asía flores

(¡Evohé! era Primavera):

fuera que bella debiera morir.

 

Un coplero pendoneaba

justo en tal rumbo

(¡Evohé! era Primavera),

y al punto forjó estos versos:

 

“La desquisiste; y me brindás

esta belleza anónima,

¡Evohé! era Primavera,

Bien que la mataras.”

 

 

 

En París anduvo Otoño

 

Por París pasó ayer Otoño.

Por Saint-Michel se deslizó en silencio

en el calor sofocante bajo hojas mudas,

y se encontró conmigo.

 

Iba de paso justo por el Sena

y cancioncitas-brasa me bullían en el ánimo,

tan llenas de tizne, extrañas, tristes, púrpura:

que también yo muero.

 

Me alcanzó Otoño y susurró algo.

El bulevar Saint-Michel retembló.

Zum, zum – correteaban por el camino

hojas en fiesta.

 

Todo en un santiamén. Verano ni se inmutó.

Y de París huyó Otoño riendo.

Aquí estuvo, y cómo sólo yo sé,

bajo hojas gimientes.

 

 

 

Un muchacho conocido

 

Aquel muchacho se me acerca

últimamente, riendo, muerto;

aquel que fui.

 

Dulce picarón: enfermizo, pensativo

se cierne y a tientas encuentra

mi mísero catre.

 

Mira y mira mi cara ajada

admirado brotándole lágrimas

en mis ojos.

 

Y despierto, como un niño, llorando

cientas de veces otra noche en conjuro

tal como era antes.

 

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El poeta húngaro Endre Ady
C. 1908
Foto: http://nyugat.oszk.hu/

Habitante de cuartos de hotel

 

Solterón viejo, solterón feliz

jamás lo aflige el fatigoso hogar:

vive solo morando una sarta de hoteles

baratos durmiendo en cuartuchos.

Solterón viejo, solterón feliz

estéril, astuto, acre.

 

Solterón viejo, solterón feliz

si un buen día me desmorono

hacen todos caso omiso. El copero

anuncia acá, en Budapest, en Suiza:

solterón viejo, solterón feliz,

tercer piso, habitación número treinta y seis.

 

París

 

 

 

El que siega minutos

 

Ya ni me inmuto ante antiguos por qués.

Ya no pregunto más, las respuestas se acaban.

¿Por qué vida, por qué la lucha?

Que el diablo se las apañe.

 

Seguro es oficio de una maldición ciega.

Con humildad inmensa inclino la cabeza.

Los minutos –cosa de ellos– hacen que ruede

adónde, a qué.

 

Sólo a veces, sólo, se me desfigura el rostro.

Es excesivo: aun en exceso sufro.

(Aun, aun algo cosecho:

se desprenden minutos.)

 

 

 

En la viña de los años idos

 

Me siento a un banquete en la viña

de los años idos y con alegría dejo se deslice

por la garganta el canto de vendimia.

 

Lluvia metálica me cala el cuerpo

y hojas de parra azulrojizas

se posan y coronan la cabeza gacha.

 

Veo el sarmiento rasgado,

vuelvo a apurar el cántaro ebrio

para lenta y altivamente pararme en lo alto

 

del monte y en esa cima tal vez parar,

arrojar a tierra el cántaro

y alegremente darles las buenas noches.

 

 

 

Próximo al camposanto

 

De una ventana será mi cuarto,

mil arrugas mi cara –

cien pasos al cementerio.

 

Pequeño cementerio extramuros,

dócil y aun así a su vez osado:

en noches de luna no quita el ojo de los míos.

 

Arriba el alba y aún nos miramos.

Por momentos el alma se me estremece:

el cementerio se aproxima.

 

También a mí me conducen alas secretas

y ya creo ni saber, ¿soy yo?

¿vivo acaso? Y la luna luce.

 

La aldea duerme, yo velo.

Miro y miro el camposanto:

acá está, ante la ventana.

 

Llorando, aterrado medio dormido

mil veces me pregunto:

yo me acerco, es él quien se me arrima.

 

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Poemario «Vér és arany» (‘Sangre y oro’) publicado en 1908 por Ady
Foto: http://nyugat.oszk.hu/

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(Versión original en húngaro)

 

8 poemas de Vér és arany,

de Ady Endre

 

 

Az anyám és én

 

Sötét haja szikrákat szórt,

Dió-szeme lángban égett,

Csípője ringott, a büszke

Kreol-arca vakított.

 

Szeme, vágya, eper-ajka,

Szíve, csókja mindig könnyes.

Ilyen volt a legszebb asszony,

Az én fiatal anyám.

 

Csak azért volt ő olyan szép,

Hogy ő engem megteremjen,

Hogy ő engem megfoganjon

S aztán jöjjön a pokol.

 

Bizarr kontyán ült az átok.

Ez az asszony csak azért jött,

Hogy szülje a legbizarrabb,

A legszomorubb fiút.

 

Ő szülje az átok sarját

Erre a bús, magyar földre,

Az új hangú tehetetlent,

Pacsirta-álcás sirályt.

 

Fénye sincs ma a szemének,

Feketéje a hajának,

Töpörödött, béna asszony

Az én édes jó anyám.

 

Én kergettem a vénségbe:

Nem jár tőle olyan távol

Senki, mint torz-életével

Az ő szomoru fia.

 

 

 

Nóta a halott szűzről

 

Athénben kikeletkor,

Hajnal-órán, a réten

(Ihaj, evoé, Tavasz)

Halott szüzet találtak.

 

Szép volt még, mintha élne,

Kemény mellén virágok.

(Ihaj, evoé, Tavasz)

Így kell szépen meghalni.

 

Egy kószáló poéta

Arra vetődött éppen

(Ihaj, evoé, Tavasz)

S faragta ezt a verset:

 

»Elszeretted előlem

Ezt a szép ismeretlent,

Ihaj, evoé, Tavasz,

Jól tetted, hogy megölted.«

 

 

 

Párisban járt az Ősz

 

Párisba tegnap beszökött az Ősz.

Szent Mihály útján suhant nesztelen,

Kánikulában, halk lombok alatt

S találkozott velem.

 

Ballagtam éppen a Szajna felé

S égtek lelkemben kis rőzse-dalok:

Füstösek, furcsák, búsak, bíborak,

Arról, hogy meghalok.

 

Elért az Ősz és súgott valamit,

Szent Mihály útja beleremegett,

Züm, züm: röpködtek végig az uton

Tréfás falevelek.

 

Egy perc: a Nyár meg sem hőkölt belé

S Párisból az Ősz kacagva szaladt.

Itt járt s hogy itt járt, én tudom csupán

Nyögő lombok alatt.

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Foto de Ady firmada por el poeta

Egy ismerős kisfiú

 

Az a kisfiú jár el hozzám

Mostanában, nevetve, holtan,

Aki voltam.

 

Édes kölyök: beteg, merengő,

Körüllengi s babrálja lágyan

Szegény ágyam.

 

Vénülő arcom nézi, nézi

Csodálva s könnyét ejti egyre

A szememre.

 

S én gyermekként ébredek sírva

Százszor is egy babonás éjen,

Úgy, mint régen.

 

 

 

A hotel-szobák lakója

 

Öreg legény, boldog legény, hajh,

Nem sújtja soha Tűzhely-bánat:

Egyedül él és sorra lakja

Olcsón a kis hotel-szobákat.

Öreg legény, boldog legény, hajh,

Magtalanul, bölcsen, keserüen.

 

Öreg legény, boldog legény, hajh,

Egy szép napon ha összeestem,

Nem lesz kázus. Pincér jelenti

Itt, vagy Svájcban, vagy Budapesten:

Öreg legény, boldog legény, hajh,

Harminchat szám, harmadik emelet.

 

Páris

 

 

 

A percek aratója

 

Nem zaklatnak már a régi miértek.

Nem kérdezek már: készek a válaszok.

Miért az élet, miért a viadal?

A fene bánja.

 

Nyilván akarja valami vak átok.

Nagy alázattal hajtom le a fejem.

Görgessen a perc, az ő dolga bizony,

Merre, mivégre.

 

Csak néha-néha torzul el az arcom.

Sokallom: mégis sok az én nyavalyám.

(Ejh, mégis, mégis aratok valamit:

Hullnak a percek.)

 

 

 

Elillant évek szőlőhegyén

 

Tort ülök az elillant évek

Szőlőhegyén s vidáman buggyan

Torkomon a szüreti ének.

 

Ónos, csapó esőben ázom

S vörös-kék szőlőlevelekkel

Hajló fejem megkoronázom.

 

Nézem a tépett venyigéket,

Hajtogatom részeg korsómat

S lassan, gőggel magasra lépek.

 

A csúcson majd talán megállok,

Földhöz vágom a boros-korsót

S vidám jóéjszakát kivánok.

 

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Caricatura de Endre Ady por Ferenc.
Foto: http://nyugat.oszk.hu/

 

 Közel a temetőhöz

 
Egy ablaka lesz a szobámnak

És arcomon ezer redő

S száz lépésre a temető.

 

Kis temető a falu alján,

Olyan szelíd s mégis merész:

Holdas éjen szemembe néz.

 

Hajnalig bámulunk egymásra

S olykor a lelkem is remeg:

Jaj, a temető közeleg.

 

Engem is visznek titkos szárnyak

S már azt sem tudom, hogy vagyok,

Hogy élek-e? S a Hold ragyog.

 

Alszik a falu, én virrasztok.

Nézem, nézem a temetőt:

Itt van az ablakom előtt.

 

Síró, rettegő félálomban

Ezerszer is megkérdem én:

Én szállok, vagy ő jön felém?

 

 

 

 

*(1877-1919) simbolista húngaro con el que inició la modernización de la literatura de su país, al introducir la Vanguardia. Fue, también, uno de los principales periodistas políticos de Hungría, y modelo del patriota y revolucionario magiar. Cabe resaltar que la poesía de Endre Ady casi no ha sido traducida al idioma español por lo que, además, ha sido poco estudiada en nuestra lengua.

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