Por: Tarso de Melo

Curador de la muestra: Fabrício Marques

Traducción: Joan Navarro

Revisión: Veronika Paulics

 

 

 

13 + 1 poemas de Tarso de Melo

 

 

POÉTICAS (1)

 

para Reynaldo Damazio, por Gelman

“Va a sus versos como quien va a su cueva” (Juan Gelman)

 

De donde caen las voces que hablan en el poema,

cae también un poco de silencio. Y ganas

 

de dar nombre al silencio, a lo que huye bajo lo que es dicho,

a lo que queda amarrado en las palabras que lo sustentan

 

– el poema, enterrado en la cueva del poema, nombrado

e innombrable. Más allá de las palabras, en la carne –

 

cerne – del sentido, como un dolor. O su hambre.

Como lo que viene a la cabeza – roe la memoria y parte.

 

Parte en parte. Lo que va al poema es pálida sombra

de lo que queda en los huesos. Grabado, en fiebre, incrustado.

 

Lo que es dicho se hace de las palabras que uno – con los días,

alguna pasión y sus armas – salva de allí. Y reparte

 

incontrolable, viento alrededor de sí mismo, agua entre

los dedos, sueño y llama, “árbol sin hojas que da sombra”.

 

Lo que se ha de decir escapa: cruza el río de palabras

y llega, cada vez más seco, a la otra orilla.

 

 

 

METAL

 

cada día un poco de la mano se queda en las palancas,

los cabellos se incorporan a los engranajes, renacen

sus dientes en las roldanas, manivelas instigan

y después sorben sus músculos, la boca de la máquina

escupe brazos, piernas, grita su canción monótona,

el sudor lubrifica las poleas, hierve los surcos del tornillo

(ideas ahora son de acero, el sueño vive en el aluminio)

 

el día entero se consume en ese trueque;

gastada, la vida

en breve cruzará la ciudad deshecha en cien caballos,

en brasa, trocada por mil quinientas cilindradas

 

 

 

CASA

 

en el piso que imagino

entre este cuarto del mundo

y un cielo cualquiera

 

nace a veces

impaciente

una flor que se rebela

 

y rechaza los favores

de la belleza

y de la tierra firme

 

hay una flor

que enseña (lección,

golpe, fábula)

 

mientras desprecia

uno a uno

sus pétalos

 

 

 

BANGLADESH 24042013

 

la foto final, el último aliento,

nervios entre vigas (vida, no oso,

no oigo), la sangre hermanada

con el hormigón, el amor bajo el polvo,

sueños bajo los escombros: fue la última

vez en que mi cuerpo supo el suyo,

fue la primera vez en que nosotros fuimos

sólo cuerpo, sólo cuerpos, nosotros

que antes éramos acero y músculos,

músculos y acero ahora envolvemos el polvo

de lo que éramos, el polvo de lo que fuimos,

mil como nosotros abrazados a la muerte,

tejidos ahora a lo que tejíamos,

nuestra ropas y las ropas en que

nos convertimos, ahora que nuestro amor

se llama muerte, ahora que nuestro

mundo es aún menor, sólo nosotros,

nuestro polvo, un nudo entre nosotros y todo.

 

Jpeg

El poeta Tarso de Melo

 

LAS MUERTES DE OSCAR

 

 

104, casi 105 años llevando consigo sus muertos

104, casi 105 años guardando la muerte para después

104, casi 105 años cediendo la vez a la muerte ajena

 

y Oscar, niño antiguo, rigiendo el mundo con el lápiz infinito,

interrumpía las curvas del hormigón para grabar las bajas

 

de las trincheras, del Pacífico, del Mar del Norte, Belgrado

los muertos de Oscar, enterrados bajo una “x”, llegaban en bandadas

de Kosovo, Ruanda, Dafur, Afganistán, Serbia, Iraq

de Somalia, Etiopía, Sudán, Liberia, Angola

caían del Andraus, del Joelma, de las Torres Gemelas

saltaban más allá de las redes antisuicidio

sucumbían en las Malvinas y en la tribus guaranís

abarrotaban los trenes de Auschwitz, Buchenwald, Dachau

desaparecían bajo el hielo de Siberia y al sol del Caribe

erraban de Treblinka a Guantánamo, de Bosnia a Haití

hartos de gas mostaza, agente naranja, napalm, ántrax

(Oscar guarda hasta hoy todos los gritos del DOPS

los ecos de la Candelaria, la sangre de los 111, las órdenes del PCC

los estampidos insomnes y el rojo caliente

intenso corriendo por los callejones de Jardim Ângela y más allá)

 

con Oscar enterramos todas sus muertes

y no sabemos qué hacer con las muertes de mañana

 

 

 

VARIACIONES SOBRE EL MIEDO

 

1.

 

las fibras aún arden

y cuentan las víctimas

que la vida aquí ya fue más ligera

 

que las heridas

siempre expuestas

ya dejaron dormir

 

pero hoy – y hoy no es

nada más nada menos

que esas cuerdas uniendo

lo que dejamos de ser

y lo que jamás seremos –

el viento no perdona, visita

casas, fosas, almas, y lleva

entre los dientes

las ilusiones con las que armamos

nuestro escondrijo

 

2.

 

no hay más que un mundo a ser creado

: dios, desempleado, asiste

(rasante solitario)

al desplome de su obra

 

3.

 

en la acera, en los ríos, en la turba,

en el cielo, en las sombras, en la carne:

dices tener miedo y aprietas

contra los añicos

los días, las noches, las palabras

que un día entregarías

 

tu (tu propio hombre del saco,

tu íntimo fantasma del espejo)

 

agarrado, más y más,

a las ramas, como hilachas,

que impiden el abismo

de engullir los vuelos

de tu infinita

fuga

 

4.

 

(las alas insomnes de un pájaro

apalean, en la distancia, la memoria

de esta noche, de este mundo)

 

5.

 

el mineral de tus miedos,

el desespero guardado en secreto,

un pavor que se pone trampas

 

: no hay santo dispuesto a recogerlos,

nada, ningún vaso que los ahogue,

nadie a quien donar tus alicates

 

déjalo todo donde está

 

 

 

PIES PARA FOTOS QUE NO EXISTEN

 

[uno] en esta

alegra ver

tan bien

en el desconocido

el rostro satisfecho

 

 

[dos] en aquella

como un viejo amigo

el completo extraño

feliz

 

 

[tres] aquí

la sonrisa que llena

el paisaje

de nadie

a nadie

 

 

 

RETRATO Nº 1

 

La noche cae como siempre cayó

y tú, impaciente, hablas de un nuevo hombre.

Levanto la cabeza, miro alrededor, no lo veo.

Pido menos prisa, otro vaso,

y me distraigo mientras los hombres de siempre,

exhibiendo su sed, demasiada barriga, menos dientes,

rascan lentamente los miembros que aún sienten

a orillas de un río que hace mucho los desprecia.

 

A veces nos escondemos en nuestros teléfonos,

aunque ellos no nos llamen, aunque nos devoren.

Bajamos por entre colores que prometen llevarnos más allá,

y ya percibimos que la mutación máxima a nuestro alcance

es sólo una dificultad cada vez mayor de salir a la superficie.

 

Es tarde. Extraño. Cuando despiertas, si despiertas,

dices que no quieres morir, pero no sabes lo que nos sujeta a la vida.

Ni lo quieres saber. Querías otros ojos, un oído más puro,

músculos y sinapsis, pero no sabes bien lo que harías con ellos.

 

La mesa está llena, la luz baja, la radio ya cansada

– pero el nuevo hombre no llega. En la tele el hombre de siempre

muestra sus garras, machacando en vivo a otros hombres de siempre.

Y tú preguntas, como quien no quiere respuesta, si el nuevo hombre

quizá usará sus superpoderes para ser todavía más superpodrido.

Podríamos reír. Pero lo dejamos para otro momento.

 

Es hora de irse. Otro país se evaporó, algunos más fueron linchados,

sus sueños fueron vendidos. Más pronto o más tarde, vendría la cuenta.

Y – por el cuerpo, por el vaso – no pasó lo bastante

para olvidarnos de que nadie vendrá a pagar por nosotros.

 

 

 

NATURAL

 

El juego está perdido, Doni, y no me vengas a decir

que la muerte es natural. Natural como la muerte del perro

bajo las ranuras de un pirelli, natural como el cuerpo

que no se levanta cuando todo en la ciudad grita, natural

como el cuerpo que no se despierta más y no permite dormir,

natural como la carne adhiriéndose invisible día tras día

a las suelas multicolores que pulverizan el estrago

que, insistentes, hacemos unos de los otros, unos a otros.

 

Se acabó el juego, tío, se acabó la partida. Vuelan

sobre nuestro espanto el resto de una conversación que

nadie más interrumpirá y el bulto inquieto

de todo lo que no dijimos bajo todo lo que fue dicho.

Sin alas, los pájaros sobrevivientes andarán

entre tus versos sin saber si ya no es suya la pasta,

la grasa, la plancha en que tanto vuelo se transformó.

 

Déjalo así. Una palabra más no dirá nada.

 

 

 

VERÓNICA

 

Yo quería ver sólo las fotos en que Verónica está hermosa.

Nunca más ver a Verónica como los hombres la quisieron.

Nunca más ver al hombre que los hombres arrancaron de Verónica.

La fiera que los hombres buscaron dentro de Verónica, nunca más.

No soporto las fotos en que Verónica desaparece

bajo los escombros en que los hombres la transformaron.

No soporto las fotos, a los hombres, sus golpes impresos en Verónica.

Nunca más quiero ver los ojos, la sangre, las marcas

que los hombres encontraron detrás de las pestañas de Verónica.

Nunca más quiero ver los gritos que los hombres estamparon

en la cara, en los dientes, en el sueño, en el globo ocular de Verónica.

Nunca más quiero ver lo que los hombres hicieron para verse

a si mismos en Verónica, para no verse en Verónica.

Nunca más quiero ver los cabellos que los hombres encontraron

bajo los cabellos de Verónica, el cuerpo que golpearon bajo las ropas

de Verónica, el monstruo que parieron con sus patadas.

Nunca más. Nunca más. Nunca más. Nunca más.

 

 

 

NO SÉ

 

No sé si es el caso de hacer otros versos

cuando todo lo que quiero ya se cae por los bordes

y las palabras ya no se pegan a lo que les gustaría.

 

No sé si soy yo o si es esa historia

que oí de alguien, de alguien que no sé,

sobre el fin de los tiempos en que plantábamos

nuestra feliz idea de futuro, de poesía, de amor.

 

No sé si es por causa de un cielo cargado

que no quiere salir más de ese extraño horizonte

que en nuestras cabezas aún sirve al propósito

de llevar nuestros pies un paso más allá, que sea.

 

No sé si es la hora, si es la falta de tiempo,

si es la hoja en que pronto o tarde caerán

las letras que no dicen nada que yo sepa.

 

No sé si es venganza no hacer alguna fuerza

para que nuestras preces traigan algo más que el bulto

de lo que ni sabemos cuánto nos robó.

 

No sé si, al azar, al fingir ese drama,

conquisto mucho más tedio que la lluvia,

más desprecio que el mar, frialdad y rechazo,

que suele salir entre los dedos del tempo.

 

 

 

ABANDONOS

 

(1)

 

por favor, olvida donde queda aquella calle

no llames más al número de siempre

suelta, suelta, te pido, suelta este asidero

no intentes más subir estos peldaños, deja

donde están tus ojos, deja

 

no sé si ya preguntaste a los perros de la calle

lo que piensan de lo que somos, inténtalo

no sé si, bajando un poco más,

consigues ver que la tarde ya desprecia

cualquier esfuerzo que sea para dar calor a

tus dolores, dudas, a tus dramas

 

(2)

 

será más fácil así, tus amigos

están todos peleados entre si

(cuanta lágrima detrás de tanta sonrisa

cuanta risa detrás de tanta lástima)

e intentas ser el eslabón entre ellos

pero ya no aguantas, ya no aguantan más

 

(3)

 

el último poema escrito por el muerto no decía adiós:

en sus gestos, en la hora final, nada había de distante

en los bolsillos, documentos, aseo y algún dinero

en los cordones lazo preciso, pero toda la vida un obstáculo

 

(4)

 

días, meses sin escribir un verso (silencioso

paseo de los ojos por las pantallas para ver huir

en el rastro de los colores las palabras que podrían ser suyas)

 

su cabeza nunca más volará como antes

sus piernas, para siempre, atrapadas por el barro

los puños mascados por incansables esposas

brazos torcidos, dientes rotos y la sangre

corriendo por fuera barriendo las palabras

del primero de los poemas jamás escritos

 

 

 

MANU

 

dicen que los dioses lo hacen todo

 

un dios que deshiciese

tal vez tendría hoy mi fe

 

 

 

FRAGMENTOS

 

para Jayme

 

es cruel dejar correr la sangre

(caliente, densa, lenta, ronca)

: escurrirse entre los versos, es cruel

hacer al lector, transeúnte, bailar samba

sobre los añicos del molotov,

desfilar entre los frutos de la matanza,

es cruel pegar en los ojos de quien visita

la piel arrancada de las víctimas,

las fibras que la bala se llevó fuera del cuerpo,

los pelos que se airearon, como es cruel,

Jayme, desgarrar los oídos del bobo

con el llanto que nadie más contiene

la gente no decía que la poesía debía

como una curativa hecha de distancia y tiempo

aquietar las heridas, los porrazos, la vida

que no cabe en nuestras manos frías?

– la gente, lo sé, no decía, porqué la poesía

se obstina en ser y querer mucho, quiere ser hoy

el mundo donde mañana andará Cecilia,

guardar los viajes en papel i de él sacar

el tiempo de paz en que todo será antimercancía,

y quien sabe la mochila que pesa más y menos

que todas, que lleva todo y a todas partes lleva,

que forastera se arraiga y desvía

 

 

 

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(poemas en original portugués)

 

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 13 + 1 poemas de Tarso de Melo

 

 

POÉTICAS (1)

 

para Reynaldo Damazio, por Gelman

‹‹Va a sus versos como quien va a su cueva›› (Juan Gelman)

 

De onde caem as vozes que falam no poema,

cai também um pouco de silêncio. E vontade

 

de dar nome ao silêncio, ao que foge sob o que é dito,

ao que fica amarrado nas palavras que o sustentam

 

– o poema, enterrado na cova do poema, nomeado

e inominável. Para além das palavras, na carne –

 

cerne – do sentido, como uma dor. Ou sua fome.

Como o que vem à cabeça – rói a memória e parte.

 

Parte em parte. O que vai ao poema é pálida sombra

do que fica nos ossos. Gravado, em febre, incrustado.

 

O que é dito se faz das palavras que um – com os dias,

alguma paixão e suas armas – salva daí. E partilha

 

incontrolável, vento em redor de si mesmo, água entre

dedos, sonho e chama, “árbol sin hojas que da sombra”.

 

O que se há de dizer escapa: cruza o rio de palavras

e chega, cada vez mais seco, à outra margem.

 

 

 

METAL

 

a cada dia um pouco da mão fica nas alavancas,

os cabelos incorporam às engrenagens, renascem

os seus dentes nas roldanas, manivelas instigam

e depois sugam seus músculos, a boca da máquina

cospe braços, pernas, grita sua canção monótona,

o suor lubrifica as polias, ferve os sulcos do parafuso

(ideias agora são de aço, o sonho mora no alumínio)

 

o dia todo se consome nessa troca;

gasta, a vida

em breve vai cruzar a cidade desfeita em cem cavalos,

em brasa, trocada por mil e quinhentas cilindradas

 

 

 

CASA

 

no andar que imagino

entre este quarto do mundo

e um céu qualquer

 

nasce às vezes

impaciente

uma flor que se rebela

 

e rejeita os favores

da beleza

e da terra firme

 

há uma flor

que ensina (lição,

golpe, fábula)

 

enquanto despreza

uma a uma

suas pétalas

 

 

 

BANGLADESH 24042013

 

a foto final, o último fôlego,

nervos entre vigas (vida, não ouso,

não ouço), o sangue irmanado

ao concreto, o amor sob o pó,

sonhos sob os escombros: foi a última

vez em que meu corpo soube o seu,

foi a primeira vez em que nós fomos

apenas corpo, apenas corpos, nós

que antes éramos aço e músculos,

músculos e aço agora enlaçamos o pó

do que éramos, o pó a que fomos,

mil como nós abraçados à morte,

tecidos agora ao que tecíamos,

nossas roupas e as roupas em que

nos tornamos, agora que nosso amor

se chama morte, agora que nosso

mundo é ainda menor, apenas nós,

nosso pó, um nó entre nós e tudo.

 

 

 

AS MORTES DE OSCAR

 

104, quase 105 anos levando consigo seus mortos

104, quase 105 anos guardando a morte para depois

104, quase 105 anos cedendo a vez à morte alheia

 

e Oscar, menino antigo, regendo o mundo com o lápis infinito,

interrompia as curvas do concreto para gravar as baixas

 

das trincheiras, do Pacífico, do Mar do Norte, Belgrado

os mortos de Oscar, soterrados sob um “x”, chegavam em bandos

do Kosovo, Ruanda, Dafu, Afeganistão, Sérvia, Iraque

da Somália, Etiópia, Sudão, Libéria, Angola

despencavam do Andraus, do Joelma, das Torres Gêmeas

saltavam além das redes antissuicídios

sucumbiam nas Malvinas e nas tribos guaranis

apinhavam os trens de Auschwitz, Buchenwald, Dachau

sumiam sob o gelo da Sibéria e ao sol do Caribe

erravam de Treblinka a Guantánamo, da Bósnia ao Haiti

fartos de gás mostarda, agente laranja, napalm, antrax

(Oscar guarda até hoje todos os gritos do DOPS

os ecos da Candelária, o sangue dos 111, as ordens do PCC

os estampidos insones e o vermelho quente

intenso a correr pelas vielas do Jardim Ângela e além)

 

com Oscar enterramos todas as suas mortes

e não sabemos o que fazer com as mortes de amanhã

 

 

 

VARIAÇÕES SOBRE O MEDO

 

1.

 

as fibras ainda ardem

e contam as vítimas

que a vida aqui já foi mais leve

 

que as feridas

sempre expostas

já deixaram dormir

 

mas hoje – e hoje não é

nada mais nada menos

que essas cordas ligando

o que deixamos de ser

e o que jamais seremos –

o vento não perdoa, visita

casas, valas, almas, e leva

entre os dentes

as ilusões com que armamos

nosso esconderijo

 

2.

 

não há mais um mundo a ser criado

: deus, desempregado, assiste

(rasante solitário)

ao despencar de sua obra

 

3.

 

na calçada, nos rios, na turba,

no céu, nas sombras, na carne:

você diz ter medo e preme

aos cacos

os dias, as noites, as palavras

que um dia entregaria

 

você (seu próprio homem-do-saco,

sua íntima loira-do-banheiro)

 

agarrado, mais e mais,

aos galhos, como fiapos,

que impedem o abismo

de engolir os voos

de sua infinita

fuga

 

4.

 

(as asas insones de um pássaro

espancam, na distância, a memória

desta noite, deste mundo)

 

 

5.

 

o minério de seus medos,

o desespero posto em segredo,

um pavor que se armadilha

 

: não há santo disposto a recolhê-los,

nada, nenhum copo que os afogue,

ninguém a quem doar seu alicate

 

deixe tudo onde está

 

 

 

LEGENDAS PARA FOTOS QUE NÃO HÁ

 

[um] nesta

alegra ver

tão bem

no desconhecido

o rosto afeto

 

 

[dois] naquela

como um velho amigo

o completo estranho

feliz

 

 

[três] aqui

o sorriso que enche

a paisagem

de ninguém

a ninguém

 

 

 

RETRATO N. 1

 

A noite cai como sempre caiu

e você, impaciente, fala de um novo homem.

Levanto a cabeça, olho em volta, não o vejo.

Eu peço menos pressa, outro copo,

e me distraio enquanto os homens de sempre,

exibindo sua sede, barriga demais, dentes a menos,

coçam lentamente os membros que ainda sentem

à beira de um rio que há muito os despreza.

 

De tempos em tempos nos escondemos em nossos telefones,

mesmo que eles não nos chamem, mesmo que nos devorem.

Descemos por entre cores que prometem nos levar além,

e já percebemos que a mutação máxima ao nosso alcance

é apenas uma dificuldade cada vez maior de voltar à tona.

 

É tarde. Estranho. Quando acorda, se acorda,

você diz que não quer morrer, mas não sabe o que nos prende à vida.

Nem quer saber. Queria outros olhos, um ouvido mais puro,

músculos e sinapses, mas não sabe bem o que faria com eles.

 

A mesa está cheia, a luz baixa, o rádio já cansado

– mas o novo homem não chega. Na tevê o homem de sempre

mostra suas garras, moendo ao vivo outros homens de sempre.

E você pergunta, como quem não quer resposta, se o novo homem

acaso vai usar seus superpoderes para ser ainda mais superpodre.

Poderíamos rir. Mas guardamos para outro tempo.

 

Hora de ir. Outro país se esvaiu, mais alguns foram linchados,

seus sonhos foram vendidos. Mais cedo ou mais tarde, a conta viria.

E – pelo corpo, pelo copo – não passou o bastante

para esquecermos que ninguém virá pagar por nós.

 

 

 

NATURAL

 

O jogo está perdido, Doni, e não me venha dizer

que a morte é natural. Natural como a morte do cão

sob as ranhuras de um pirelli, natural como o corpo

que não levanta quando tudo na cidade grita, natural

como o corpo que não acorda mais e não permite dormir,

natural como a carne aderindo invisível dia após dia

às solas multicoloridas que pulverizam o estrago

que, insistentes, fazemos uns dos outros, uns aos outros.

 

Não há mais jogo, cara, não há mais partida. Voam

sobre nosso espanto o resto de uma conversa que

ninguém mais vai interromper e o vulto inquieto

de tudo o que não dissemos sob tudo que foi dito.

Sem asas, os pássaros sobreviventes vão andar

entre seus versos sem saber se já não é deles a pasta,

a graxa, a prancha em que tanto voo se transformou.

 

Deixe assim. Uma palavra a mais não dirá nada.

 

 

 

VERÔNICA

 

Eu queria ver apenas as fotos em que Verônica está linda.

Nunca mais ver Verônica como os homens a quiseram.

Nunca mais ver o homem que os homens arrancaram de Verônica.

O bicho que os homens buscaram dentro de Verônica, nunca mais.

Não suporto as fotos em que Verônica desaparece

sob os escombros em que os homens a transformaram.

Não suporto as fotos, os homens, seus socos impressos em Verônica.

Nunca mais quero ver os olhos, o sangue, as marcas

que os homens acharam detrás dos cílios de Verônica.

Nunca mais quero ver os gritos que os homens estamparam

na cara, nos dentes, no sonho, no globo ocular de Verônica.

Nunca mais quero ver o que os homens fizeram para verem

a si próprios em Verônica, para não se verem em Verônica.

Nunca mais quero ver os cabelos que os homens acharam

sob os cabelos de Verônica, o corpo que espancaram sob as roupas

de Verônica, o monstro que pariram com seus chutes.

Nunca mais. Nunca mais. Nunca mais. Nunca mais.

 

 

 

NÃO SEI

 

Não sei se é o caso de fazer outros versos

quando tudo que quero já cai pelas bordas

e as palavras não grudam mais no que gostariam.

 

Não sei se sou eu ou se é essa história

que ouvi de alguém, de alguém que não sei,

sobre o fim dos tempos em que plantávamos

nossa feliz ideia de futuro, de poesia, de amor.

 

Não sei se é por causa de um céu carregado

que não quer mais sair desse estranho horizonte

que em nossas cabeças ainda serve ao propósito

de levar nossos pés um passo além, que seja.

 

Não sei se é a hora, se é a falta de tempo,

se é a folha em que cedo ou tarde vão cair

as letras que não dizem nada que eu saiba.

 

Não sei se é vingança não fazer qualquer força

para que nossas preces tragam mais que o vulto

do que nem sabemos quanto roubou de nós.

 

Não sei se, ao acaso, ao fingir esse drama,

eu conquisto bem mais do que a chuva de tédio,

do que o mar de desprezo, de frieza e recusa,

que costuma vazar entre os dedos do tempo.

 

 

 

ABANDONOS

 

(1)

 

por favor, esqueça onde fica aquela rua

não ligue mais para o número de sempre

largue, largue, eu peço, largue esta alça

não tente mais subir estes degraus, deixe

onde estão os seus olhos, deixe

 

não sei se já perguntou aos cães da rua

o que pensam do que somos, tente

não sei se, descendo um pouco mais,

consegue ver que a tarde já despreza

qualquer esforço que seja para aquecer

suas dores, dúvidas, seus dramas

 

(2)

 

vai ser mais fácil assim, seus amigos

estão todos brigados entre si

(quanta lágrima por trás de tanto sorriso

quanto riso por trás de tanta lástima)

e você tenta ser o elo entre eles

mas já não aguenta, já não aguentam mais

 

(3)

 

o último poema escrito pelo morto não dizia adeus:

em seus gestos, na hora final, nada havia de distante

nos bolsos, documentos, asseio e algum dinheiro

nos cadarços laço preciso, mas a vida toda tropeço

 

(4)

 

dias, meses sem escrever um verso (silencioso

passeio dos olhos pelas telas para ver fugirem

no rastro das cores as palavras que poderiam ser suas)

 

sua cabeça nunca mais vai voar como antes

suas pernas, para sempre, agarradas pela lama

os punhos mascados por incansáveis algemas

braços torcidos, dentes quebrados e o sangue

correndo por fora a varrer as palavras

do primeiro dos poemas jamais escritos

 

 

 

MANU

 

dizem que deuses fazem tudo

 

um deus que desfizesse

talvez tivesse hoje a minha fé

 

 

 

ESTILHAÇOS

 

para o Jayme

 

é cruel deixar o sangue correr

(quente, denso, lento, rouco)

: escorrer entre os versos, é cruel

fazer o leitor, passante, sambar

sobre os cacos de molotov,

desfilar entre os frutos da chacina,

é cruel colar nos olhos de quem visita

a pele arrancada das vítimas,

as fibras que a bala levou corpo afora,

os pelos que tomaram o ar, como é cruel,

Jayme, rasgar os ouvidos do tolo

com o choro que ninguém mais contém

a gente não dizia que a poesia devia

como um curativo feito de distância e tempo

aquietar as feridas, as porradas, a vida

que não cabe em nossas mãos frias?

– a gente, eu sei, não dizia, porque a poesia

teima em ser e querer muito, quer ser hoje

o mundo em que amanhã andará Cecília,

guardar as viagens no papel e dele sacar

o tempo de paz em que tudo será antimercadoria,

e quem sabe a mochila que pesa mais e menos

que todas, que leva tudo e a todo canto leva,

que estrangeira se entranha e desvia

 

 

 

 

 

*(Santo André-Brasil, 1976). Abogado y profesor universitario, doctor en filosofía del derecho por la Universidad de São Paulo. Sus libros de poesía están reunidos en el volumen Poemas 1999-2014 (2014).

Los poemas «Poéticas (1)», «Metal», «Casa», «Bangladesh 24042013», «Las muertes de Oscar», «Variaciones sobre el miedo», «Pies para fotos que no lo tienen», «Retrato nº 1» y «Natural» fueron publicados en Poemas 1999-2014 (2014). El resto son inéditos en libro.

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(Santo André-Brasil, 1976). Advogado e professor universitário, doutor em filosofia do direito pela Universidade de São Paulo. Seus livros de poesia estão reunidos em Poemas 1999-2014 (2014).

Os poemas «Poéticas (1) », «Metal», «Casa», «Bangladesh 24042013», «As mortes de Oscar», «Variações sobre o medo», «Legendas para fotos que não há», «Retrato n. 1» e «Natural» foram publicados em Poemas 1999-2014 (2014). Os demais são inéditos em livro.

 

Una Respuesta

  1. gh28Circ

    en esta noche en este mundo
    las palabras del sueño de la infancia de la muerte
    nunca es eso lo que uno quiere decir
    la lengua nata castra
    la lengua es un órgano de conocimiento
    del fracaso de todo poema
    castrado por su propia lengua
    que es el órgano de la re-creación
    del re-conocimiento
    pero no el de la resurrección
    de algo a modo de negación
    de mi horizonte de maldoror con su perro
    y nada es promesa
    entre lo decible
    que equivale a mentir
    (todo lo que se puede decir es mentira)
    el resto es silencio
    sólo que el silencio no existe

    no
    palabras
    no hacen el amor

    hacen la ausencia
    si digo agua ¿beberé?
    si digo pan ¿comeré?

    en esta noche en este mundo
    extraordinario silencio el de esta noche
    lo que pasa con el alma es que no se ve
    lo que pasa con la mente es que no se ve
    lo que pasa con el espíritu es que no se ve
    ¿de dónde viene esta conspiración de invisbilidades?
    ninguna palabra es visible

    sombras
    recintos viscosos donde se oculta
    la piedra de la locura
    corredores negros
    los he corrido todos
    ¡oh quédate un poco más entre nosotros!

    mi persona está herida
    mi primera persona del singular

    escribo como quien con un cuchillo alzado en la oscuridad
    escribo como estoy diciendo
    la sinceridad absoluta continuaría siendo
    lo imposible
    ¡oh quédate un poco más entre nosotros!

    los deterioros de las palabras
    deshabitando el palacio del lenguaje
    el conocimiento entre las piernas
    ¿qué hiciste del don del sexo?
    oh mis muertos
    me los comí me atraganté
    no puedo más de no poder

    palabras embozadas
    todo se desliza
    hacia la negra licuefacción

    y el perro del maldoror
    en esta noche en este mundo
    donde todo es posible
    salvo
    el poema

    hablo
    sabiendo que no se trata de eso
    siempre no se trata de eso
    oh ayúdame a escribir el poema más prescindible
    el que no sirva ni para
    ser inservible
    ayúdame a escribir palabras
    en esta noche en este mundo

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