Sobre «Gorriones Rojos» (2025), de Ernesto Carriøn*

 

La presente obra obtuvo el Premio Hispanoamericano de Poesía Gabriela Mistral (2024).

 

 

Por Carlos Carrión Figueroa

Crédito de la foto (izq.) www.revistaabismo.com /

(der.) Corporación Cultural Municipal de Vicuña

 

 

Sobre Gorriones Rojos (2025),

de Ernesto Carriøn*

 

El poemario del gran narrador y poeta guayaquileño Ernesto Carrión tiene varias posibilidades de lectura: podría ser una especie de historia lírica personal, una historia lírica generacional y una ¿historia lírica universal? Digo historia, porque los textos de Gorriones Rojos cuentan historias y, en más de un momento, adoptan el lenguaje narrativo, no sin la brillantez, la audacia y la solvencia estética de la poesía. En la primera historia el “yo poético” es un niño cuando empieza el poemario y un adulto con un hijo que escucha a Kanye West cuando el poemario arriba a su penúltimo texto. La historia generacional revisa las décadas de los setenta, los noventa y alcanza el siglo XXI mediante un abanico de poemas y de músicas de bandas y cantantes y actores de cine pertenecientes a esos tiempos y admirados por la juventud de entonces. Por fin, la historia universal, está en el juego temporal del libro que sugiere esa posibilidad, si bien no desarrollada, pero no ausente del poemario. Pues empieza con “Día cero”, el título del primer texto de Gorriones Rojos, y concluye con el título “Día cero, menos uno”. Es decir, un viaje velocísimo, como decía Gonzalo Rojas, al extremo de que empieza en un día y concluye un día antes de ese día. Como una nave tan rápida que parte, digamos el lunes y llega al final del viaje, que podría ser otro espacio y otro tiempo, el domingo, el día anterior al día de partida; es decir no solo vuelve al caos original, sino a la nada. Lo cual podría configurar una parábola circular con una breve desviación hacia atrás, como estructura posible estructura temporal del poemario.

Para alimentar esa posibilidad de historial universal con resonancias bíblicas: en el “Día Cero” se habla del caos, un concepto metafórico que se reitera cuatro veces, y de “la unidad del tiempo(que) es una incontenible resaca”. Habla de “viajar constantemente hacia la noche” y de “la percepción de la luz”. Y en el capítulo final: “Cero menos uno”, se habla “de una lengua desconocida” y de “una serpiente, otra serpiente y de un brazo cósmico”.

 

 

Bien, ahora voy a hablar del poemario en sí, mediante una lectura muy personal. Michel Foucault, en su libro Ética, estética y hermenéutica habla “del cuidado de la verdad” y de su interés por el pensamiento que tiene relación con ella y En el coraje de la verdad enuncia el concepto de la parresia: una verdad incluso peligrosa para quien la sostenga, un principio de procedencia socrática, sin duda, cuyo coraje por sostenerla llevó a Sócrates a beber la cicuta.  Más aún Foucault formula el principio “anticultural del arte”. Anticultural en cuanto la verdadera literatura y su voluntad transgresora está contra de la cultura al uso. Menciono estos enunciados del filósofo francés porque Gorriones rojos en su primer poema dice “la memoria es la materia que pulo a diario”, como una declaración de principios. No obstante, Juan Gelman, el gran poeta argentino dice: “Lo contrario del olvido no es la memoria, sino la verdad” y esa “verdad” es la que sostiene la fuerza poética del libro de Ernesto Carrión. Por otro lado, hay la posibilidad de equiparar la “belleza” con la “verdad”, un concepto hegeliano mencionado por Byung Chul Han, en su libro Sobre Dios/ Pensar con Simone Weil. Por supuesto, no estamos hablando de belleza en el sentido tradicional de fruición o placer, sino de belleza en el sentido de T. Adorno, como “escalofrío” o como “quemadura”, a mi modo de ver, muy personal también, este concepto contemporáneamente considerado.

Antes de entrar en esa verdad, hago una digresión para mí necesaria. Los títulos de los veinticuatro poemas que conforman el libro Gorriones rojos, salvo cuatro, son títulos pertenecientes a canciones de bandas muy conocidas durante las décadas “historiadas” en el libro: En el primero de ellos “Iva Zanicchi y Vera Lynn se encuentran frente a otro apocalipsis” el yo poético de Gorriones rojos toma la canción “Nos volveremos a encontrar” de Vera Lynn.  En el poema “Café y petróleo”, su título es el de una cumbia de Ana y Jaime Valencia. El poema “La (posible) muerte del gran Pecos Bill”, lo toma de un blog turístico de Disney y está basado en una canción del folclore norteamericano sobre el personaje ficticio de Pecos Bill. El texto “Amor de verano”, es el título de una canción de Airbag, hay también películas con el mismo nombre. El texto “Isla bonita” es una canción de Madonna. “The momento of truth” (el momento de la verdad) es tomado de una canción de Survivor, usada en Karate Kid. El nombre del poema “Maldita primavera” es tomado de una canción de Yuri. “La gallina co-co-ua”, de una canción de Enrique y Ana. “Confesiones de invierno” proviene de una canción de Sui Géneris. “El baile de los que sobran”, de Los Prisioneros, una banda argentina. “Smells like teen spirit” (huele a espíritu adolescente), es el nombre de una canción de Nirvana. “Riders on the storm” (jinetes en la tormenta”), es una canción de Doors. El título de “De música ligera”, es tomado de una canción de Soda Stéreo. “Killing the name” (Matar en nombre de) es el título de una canción de la banda Rage Against the Machine. “Sonido bestial” es el nombre de una canción de Richie Ray y Bobby Cruz. El poema “Chan Chan”, es el nombre de una canción de Buena Vista Social Club de la Habana. “Bailarina en la oscuridad”, es el nombre de una película protagonizada por Björk. “Cenizas de Cenizas o el origen del pasto”, en su primera mitad es el título de una canción de David Bowie. “Rock the casbah” (Rockea la casba o sacude la casba) es el título de una canción de la banda británica The Clash. “Don’t stop believin” (no dejes de creer) es un título tomado de una canción muy conocida de la banda Journey. Y “Nulla in mundo pax sincera” (en este mundo no hay paz honesta), es un virtuosismo sacro de Antonio Vivaldi.

Estas canciones cuyos solos títulos y a veces cuyas letras han sido retomados por el yo poético de Gorriones rojos son, digamos, una especie de leitmotiv del poemario. O dicho de modo más simple, son un pretexto para “historiar poéticamente” las décadas de los setenta y ochenta, que conforman la primera parte del volumen; la de los noventa, que conforma la segunda y el siglo XXI, la tercera. Tres partes que conforman el itinerario de este viaje poético, singular y a la vez plural en muchos sentidos. Desde un punto de vista muy personal, lo digo de nuevo: se podría decir, por la referencia a los títulos y a las canciones antes nombradas, que Gorriones rojos es una suerte de metapoemario. Sin embargo, no puedo sino enunciar de inmediato que los poemas de este libro adquieren personalidad propia y superan por completo a los textos primeros; es decir a las letras de las canciones a las cuales hice referencia.  

 

 

Pues el yo poético de este poemario no se ensimisma en una suerte de narcisismo lírico, sino que se interrumpe para “ser” la “otredad”. Es decir, para “ser el mundo”. Y su lenguaje, o sea su ser literario, es el lenguaje del dolor. “Un ábaco de aire donde calcular los dolores”. Por tanto, a Gorriones rojos lo conforman textos que son verdades existenciales que, con la estratagema de las letras y títulos de canciones aludidos, desgarran y profundizan en la materia viva y dolorosa de la condición humana, por un yo(es) poético que vive y padece esa condición de forma descarnada. En este tiempo de guerras infames y de muertes por millares ordenadas por los sátrapas carniceros del planeta, hay un “diálogo” a lo mejor entre dos muertos: un soldado y su víctima: “Dime soldado, de ¿dónde eres? Me pegaron (un tiro añado yo) tal vez fuiste tú”. Textos críticos, autocríticos, irónicos, despiadados, diurnos y nocturnos. Gritos de dolor donde solo hay silencio, soledad y muerte. Cuerpos desgarrados, sangre tirada en las calles y un dolor llamado vida. Denuncia depredaciones propias y ajenas, infamia. “Una tribu cayendo sin paracaídas solo para que un poema sobreviva” o para proclamar la invalidez de la poesía frente a la desgracia humana; pero que no obstante, señala con el dedo a los asesinos. Hijos echados a la calle por sus propios padres o por la miseria, especie de hijos pródigos sin regreso a casa y sin la fiesta enunciada en esta parábola bíblica, sino por una “coronación”, como dice el yo(es) poético de este libro inclemente con la sociedad y con la poesía convencional. Como una necesidad de liberación. La frecuentación de la desdicha humana, el miedo, el terror o el desahucio. Y más soledad. Un libro autosuficiente y de mucha fuerza lírica y de múltiples significados, en razón de su altísimo nivel de ambigüedad, que define a la buena poesía. “En los juzgados penales se sumergían guerrilleros y criminales que eran amigos de los jueces y los fiscales distraídos”. Hay crítica feroz del consumismo. “Hay una forma sudamericana de morir” y de ser felices supuestamente con tan poco, con casi nada”.

Es decir, “memoria” y “desnuda verdad poética”, indiferentemente de lo que sea esa verdad.

Para muestra, un botón. Smells like teen spirit (huele a espíritu adolescente) de Nirvana, se centra en Kurt Cobain, líder, guitarrista, vocalista de la banda de rock alternativo, un nombre que el yo poético lo convierte en un dios. El texto original de la canción habla de un personaje estúpido y contagioso y de una mujer no amada, demasiado segura de sí misma, de palabras sucias. De la depresión, repitiendo esta palabra una estrofa entera. Habla de un mulato, de un albino, de la libido y un mosquito. Y finaliza con una estrofa en la cual se repite también la palabra negación. Mientras que en Gorriones rojos se dice lo siguiente:

“Kurt Cobain que estás en los cielos que nos ofreciste la punzada en el estómago, la herida en las manos de otros tiempos modernos, gracias por la tolerancia.” Hay que saber que Kurt estuvo en la cárcel por escribir el grafiti God is gay. Murió por su propia mano y dejó una nota dirigida a un amigo imaginario: Boddah. El poema de Gorriones rojos desmitifica al Dios de los cristianos y a su oración más conocida: el padre nuestro. Un Dios que ha mirado sin pestañear la masacre genocida ordenada por Netanyahu en la franja de Gaza, con más de sesenta mil muertos” El yo poético vuelve a decir: “Kurt Cobain que estás en el interior de la cerveza que me bebo y en los anillos exagerados de mis amigos y en los sueños de los músicos y vagabundos del futuro, y en mis remeras rotas y en las botas que me niego a desechar, gracias por la humildad y el desparpajo” Un dios humano sin sacerdotes, ni obispos y sin pueblo elegido y, mucho menos sin armas y sin otros milagros que los que pueda realizar el corazón humano.

 

 

Para muestra, otro botón, el último poema del libro Gorriones rojos: “Nulla in mundo pax sincera” (En este mundo no hay paz honesta). Los versos alrededor de los cuales gira la música de Vivaldi hablan de que la única paz está en Jesús, mientras  que el yo poético de estos gorriones dice lo siguiente, textualmente:  “Una canción como un poeta es un accidente lírico./ Una forma de amor donde el azar se hace./ El silencio que vive en la frontera de las cosas/ desde hace mucho/ Una inflamación en la lengua desconocida/ La solidaridad que ante el resplandor de los pasillos desiertos/ no se arrepiente/Un huracán que el maestro Vivaldi atrapó/ en un terreno baldío/ Un ábaco de aire donde calcular los dolores./ Una serpiente: otra serpiente: un brazo cósmico/ La traducción de unos raros fantasmas/ que insisten en preservar el sueño de este mundo.”

En suma, su lectura actualiza en cada página, mediante una escritura dramática y tensa como la cuerda de un arco hecha con intestinos humanos, tres o más instantes de nuestro tiempo histórico, con la voluntad de evitar que la maldición del olvido nos caiga encima de la verdad.

 

 

 

 

 

*(Ecuador, 1977). Narrador, guionista y poeta. Obtuvo el Premio César Dávila Andrade (2002), el Premio Jorge Carrera Andrade (2008 y 2013), el Premio Latinoamericano de Poesía Ciudad de Medellín del Festival Internacional de Poesía de Medellín, el Premio Casa de las Américas (2017) y el Premio Lipp (versión hispana de Le Prix Cazes de París) de Novela (2017); así como la beca para creadores de Iberoamérica y Haití en México (2009), la Beca Gonzalo Rojas y la Residencia de Escritores Malba (Argentina). Ha publicado en poesía el tratado lírico titulado Ø; que comprende trece poemarios divididos en tres tomos. I. La muerte de Caín: El libro de la desobedienciaCarni valeLabor del Extraviado y La bestia vencida. II. Los duelos de una cabeza sin mundo: Fundación de la nieblaDemonia factoryMonsieur MonstruoLos diarios sumergidos de Calibán y Viaje de gorilas. III. 18 Scorpii: El cielo ceroNovela de diosVerbo (bordado original) y Manual de ruido. Sus novelas son: Cementerio en la lunaUn hombre futuroCursos de francésIncendiamos las yeguas en la madrugadaEl día en que me faltesEl vuelo de la tortugaLa carnadaUlises y los juguetes rotosPartes privadas y Catálogo de aves muertas. Triángulo Fúser es una trilogía que reúne: Tríptico de una ciudadCiudad Pretexto y Ciudad de fondo.

 

 

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