Por Cronwell Jara*

Crédito de la foto (izq.) la autora /

(der.) Ed. Añosluz

 

 

Sobre Comas (2018),

de Teresa Orbegoso

 

 

Comas, de Teresa Orbegoso (fina e irreverente poeta que nos evoca a voces extraordinarias: Clarice Lispector, Sylvia Plath, Blanca Varela, Carmen Ollé, Zoila Capristán, todas de poesía erizada, confesional, inconformista, amoral, reflexiva, visceral, lanzada contra el mundo, contra el caos social, el orden establecido)  configuran diez estruendos, multitud de reclamos surgidos desde el magma ardiente, Comas (un lugar emergente, con gran pobreza y empuje empresarial en Lima, ciudad capital), la raíz más profunda del ser. Son, en otras palabras, una escalofriante declaración de amor-odio consigo misma y contra el mundo, atrapada, sin aparente salida. En una prosa poética que estremece y nos punza y complica hasta provocarnos replantear nuestra propia existencia. Espeluzna por su patetismo, su auto confesión hiriente sin ceder al estridentismo. Configuran un vértigo donde, al borde de su abismo interior, giran las evocaciones de la familia desarticulada, la madre (madrastra) odiada, el hermano muerto, el padre (eje, motor y guía quebrada en su existencia) fallecido en un accidente; motivos de un derrumbe emocional y desequilibrios en una adolescente ofuscada, hipersensible. Un ser desamparado ante la ausencia del padre amoroso y protector, y  que percibe este caos y esta realidad brutal impuesta por el destino, como un reto a enfrentar, valiente, heroica. Sola y desolada ante el mundo. Hasta que avizora la luz: la serenidad es necesaria ante la tragedia. Y por ella logra un descubrimiento clave: la poesía es su salvación y sanación a la vez que herramienta de análisis y crítica. Y por la poesía, no por otro método científico, logra una especial capacidad: reflexionar. ¿Quién soy, quién es esta mujer ante la ausencia protectora del padre? ¿En qué mundo se ubica? ¿Quiénes somos en este país? ¿Por qué somos lo que somos, sub desarrollados, mediocres, indecisos, sin identidad, sin amor al país, irracionalmente religiosos? ¿Por qué amar una religión que nos hace daño? ¿Por qué este desamor entre unos y otros? ¿Por qué creemos que lo extranjero es superior a lo nuestro? ¿Por qué no somos constantes? ¿Por qué no leemos? ¿Por qué somos cretinos?

 

 

De ahí este estético resultado. Un develamiento. No un augurio sino una revelación. La sinergia que trasciende, sublima y se hace: prosa, poesía, nostalgia, cuestionamiento social, un documento que registra nuestra coyuntura histórica, una obra de arte para la posteridad. Donde trasmina la transparencia de la nostalgia, el amor a los niños pobres y en desamparo, la velada ternura por el terruño. Y donde cabe, al fin, como un templo que se eleva, la esperanza por un futuro y un mundo superior.

Es el poderoso mensaje a transmitir al mundo. Y la autora ha de sentir ese orgullo, velado, no declarado. Ser parte de la raíz de un mundo que florece.

 

 

 

 

 

*(Piura-Perú, 1949). Narrador, poeta y guionista de cine. Literato por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Ha recibido el Primer premio de cuento en el concurso José María Arguedas (1979), el Premio ENRAD-PERU (1979), el Premio Copé (cuento, 1985) y el Premio ICPNA (2008). Ha publicado en narrativa Hueso duro (1980), Montacerdos (1981,1989, 2004 y 2016), Las huellas del puma (1986), Patíbulo para un caballo (1989), Barranzuela, un rey africano en el Paititi (1990), Agnus Dei (1994), Las ranas embajadoras de la lluvia. Cuatro aproximaciones a la Isla Taquile (coedición con Cecilia Granadino, 1995), Babá Osaím, cimarrón (2003), Cabeza de Nube y las trampas del destierro (2006), Ruperto, el torito saxofonista (2009), entre otros; y en poesía Colina de los helechos (1992), Manifiesto del ocio (2007).

**(Lima-Perú, 1976). Poeta, periodista, investigadora. Magister en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina). Ha publicado en poesía: Yana wayra (2011), Mestiza (2012), La mujer de la bestia (2014), Perú (2016) y Comas (2018); y el álbum ilustrado Yuyachkani (con la artista plástica Zenaida Cajahuaringa, 2015).

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