Un océano de color, sobre «Océano al Revés» (2021), de Julia Wong

 

Por Nilton Maa

Crédito de la foto (izq.) Archivo de la autora /

(der.) Ed. Altazor

 

 

Un océano de color (2021),

de Julia Wong*

 

 

Acompañar la expedición de Humboldt hasta encontrarnos frente al pacífico, en las páginas de Océano al Revés, de Julia Wong, me hace observar un ángulo en el que no había reparado al observar mi propia peruanidad o más específicamente, en la historia de mi país. No porque se exalten los aspectos ya conocidos de nuestra sociedad, sino por el tono de voz y la mirada externa que su personaje principal, quien no es el famoso expedicionario, sino una niña de múltiples sangres, le ofrece a la historia, narrada de soslayo, durante el proceso de su propio desarrollo. Con esto, me gustaría iniciar con la mención de los aspectos más relevantes de mi lectura, los que han venido a tomar forma conforme el tiempo y sus principales implicancias, se hacen presentes en cada uno de los capítulos del libro, ¿cuáles serían estas? El aprendizaje y el crecimiento.

Entrelazando el proceso de desarrollo cognitivo, social y espiritual de Ángela, en esta historia donde se grafica inicialmente a una niña sin conocimiento de su propio valor, con profundos vacíos, imágenes sociales alejadas de lo civil y con una valoración propia tan diminuta que lo único que le resta, quizá como esperanza, es conocer un mundo nuevo al que solo puede acceder dejando de ser ella misma, para convertirse en alguien más parecido a lo que se espera, o se esperaba, de los eternos inmigrantes provenientes de cualquier otro lugar que no sea Europa, en la España de aquel tiempo.

 

 

Ángela inicia su travesía encubierta por tres nombres y fingiendo ser hombre para poder encajar dentro de la tripulación; a partir de allí se hacen presente diversos elementos que gatillan el inicio de un aprendizaje determinante. Encontrarnos con representaciones tan específicas, como el ciervo salvado de morir y la contemplación de la belleza en la vida de un animal que para muchas culturas representa lo divino, lo apacible y la infinita capacidad de comprensión; no cualquier tipo de comprensión, sino una que está intrínsecamente ligada a lo espiritual, personajes con metas creadas para espíritus amplios que buscan la libertad física, mental y cognitiva, así como social y cultural en un mundo donde los sueños se transforman en una continua esperanza que no termina de cuajar, el deseo por comprender la vida a través de la naturaleza y su infinita perfección en una tierra donde lo que más se busca es poder a través del dinero y la posesión. Todos estos impulsan inevitablemente a nuestra protagonista, no solo a atravesar mareas furiosas, sino también sus propias brumas y limitadas esperanzas de poder ser mejor a pesar del desarraigo y la ausencia identitaria que limitan, inicialmente, su deseo de pertenencia y que, al mismo tiempo, alimentan ese deseo de continuar el viaje iniciado por sus antepasados chinos y filipinos.

El paso de la ignorancia al conocimiento, el inicio de la pubertad, el reconocimiento de la fuerza individual residente en el espíritu y que mueve al cuerpo a empujarse hacia lo desconocido, se muestran casi de golpe al final del viaje y su llegada a América. Ángela encuentra sus referencias de aprendizaje en los distintos personajes que ella destaca en el transcurso de su historia, principalmente en Humboldt, quien es mostrado como un gran genio de múltiples capacidades, las cuales terminan por hacer sombra a su abierta homosexualidad en un tiempo donde la tolerancia tenía un significado inmensamente menor al que conocemos en nuestra realidad.

Esta dualidad entre amplio conocimiento y total ignorancia genera una dinámica que nos permite fluir a través de las historias principales que son entretejidas por Ángela y su continua búsqueda del conocimiento de sí misma, a través de diversas realidades y también nos invita a conectarnos con la visión externa de un personaje que no tiene un lugar definido en ninguno de los círculos sociales confrontados durante el tiempo en que se proclamó la independencia del Perú y que, a pesar de ello o gracias a ello, logra comprender o analizar los valores sociales y políticos de la época.

 

La poeta Julia Wong

 

Debo mencionar, también, el importante valor de darle voz a los esclavos y sus intentos por conseguir la libertad. Julia deja de lado los patrones recurrentes que se utilizan con regularidad al hablar de nuestra historia independentista en la que el mayor acervo se centra en lo indígena, los criollos, españoles y finalmente, casi de reojo, se observan los propios esfuerzos de los negros esclavizados, por obtener la libertad y su espacio dentro de la historia. Toda esta amalgama de historias entrelazadas, sentimientos, situaciones y continuos viajes, no solo nos transportan al siglo XIX, sino a la raíz de múltiples problemas sociales y políticos que aún hoy siguen agobiando a la población peruana y su pluriculturalidad que, si pudiera haber algo que nos defina más ampliamente, sin dudar sería ese concepto social.

Los invito a sumergirse en este Océano al revés, y a descubrir en sus aguas la voz que habla, y que nadie quiere escuchar; esa voz que nace de los otros protagonistas, de las otras etnias, y de los múltiples colores, sabores e historias que están allí y merecen ser contadas, consideradas, escuchadas y valorizadas en todas sus dimensiones y ángulos históricos.

 

 

 

 

 

*(Chepén-Perú, 1965). Poeta, narradora y gestora cultural. hija de padre chino y madre tusán. Cursó estudios de Derecho en la Universidad de Lima (Perú) y de Literatura y Humanidades en la Pontificia Universidad Católica del Perú. También estudió romanística en la Universidad de Stuttgart (Alemania). Obtuvo los juegos florales de la Universidad de Lima con Confesiones de mi tierra caliente. Se mudó a Macao con su padre, apoyándolo en organización de la Fundación Wong Yeng Kuan, la que fomenta la lectura y cultura a través de bibliotecas públicas. Coorganizó el Festival de Poesía en Chepén Chepén (entre 2010 y 2019). Ha sido curadora de dos exposiciones fotográficas sobre la migración china en Perú y México (en 2012 y 2017, respectivamente). Colabora con el proyecto tusanaje y chinaarte. Plataformas y espacios para artistas sino-peruanos, sino-latinos. Ha publicado Historia de una gorda (1992), Los últimos blues de buddha (2002), La desmineralización de los árboles (2013), Un vaso de leche fría para el rapsoda (2014), Mongolia (2015), Tequilaprayers (2015) y Pessoa por Wong (2017), Fake Love (2021), entre otros.

 

 

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