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Por José Antonio Santano

Crédito de la foto (izq.) Ed. Hiperión /

(der.) www.britannica.com

 

 

Sobre Intermezzo lírico (2019),

de Heinrich Heine*

 

 

Es conveniente y sano que de vez en cuando miremos hacia atrás y ahondemos en las cosas que nos han sucedido y conocer de las razones y de emoción que el recuerdo nos lega, que la memoria incisiva nos muestra de nuestra historia personal. Lo mismo podría decir si nos detuviéramos en la historia de la literatura, de la poesía en concreto. En cómo fue y ha evolucionado a través del tiempo. Las corrientes o tendencias poéticas que han sido baluarte y todavía hoy mantienen ese pálpito, ese latido necesario que nos hace aprender, porque la tradición no está reñida con la evolución, ya lo creo que no. Quien eso piense creo que yerra, y lo digo sin acritud alguna. Es el caso de ese ciclón literario que vino en llamarse Romanticismo y que, si nos acercamos a él, a cualesquiera de los autores que lo secundaron hallaremos tesoros de incalculable valor literario.

 

 

Celebramos el regreso de uno de esos clásicos libros pertenecientes al movimiento romántico, y más concretamente, al alemán, con la figura de Heinrich Heine y su obra universal Intermezzo lírico, en versión de Jesús Munárriz y edición bilingüe. Nos dice Munárriz en “nota del traductor” que Intermezzo lírico viene a ser “la culminación del romanticismo alemán y el final de esa corriente”, que se trata de una obra de juventud, pero, al mismo tiempo que es su mejor obra. Por otra parte, añade Munárriz que esta versión “pretende mantener el difícil equilibrio entre fondo y forma, decir lo mismo que se dice en alemán, ni más ni menos, pero con un ritmo y una música que recuerden en cuanto puedan los del original” y, ciertamente, se agradece esta consideración del traductor. Por ser una obra de juventud Heine cumple en su construcción con todos los requisitos que el propio movimiento romántico aduce y todos conocen: subjetividad, libertad de pensamiento, significación de las emociones, fantasía e imaginario, etc.

 

Cuadro del poeta Heinrich Heine

 

El amor se presencia de forma rotunda en este libro, de tal manera que los estados melancólicos se muestran en todo su esplendor. La voz poética de Heine es pura música, que acompañada por los dones de la naturaleza producen en el lector una sensación de serena plenitud: «Quiero sumergir mi alma/ en el cáliz de algún lirio;/ exhalará el lirio tímido/ una canción a mi amada.// Canción que estremezca y tiemble/ como el beso que su boca/ me dio una vez en la hora/ más dulce y maravillosa». Llama la atención que ya desde el prólogo observamos cómo la influencia del romanticismo alemán, y concretamente Heine, tuvo en la poesía española, fundamentalmente en Gustavo Adolfo Bécquer, como se comprueba en el verso 8 de dicho prólogo de Intermezzo: “De la casa en el más oscuro ángulo”, y este archiconocido de Bécquer: “Del salón en el ángulo oscuro”. Es evidente que Intermezzo lírico y en general el romanticismo alemán, tuvo una gran influencia en el resto de Europa, por ese despertar de las emociones y nueva forma de expresarlas que supuso dicho movimiento. Heine y su “Intermezzo lírico” se configura como un texto singular y necesario para comprender la poesía romántica de la época, que aún en la actualidad asumen, con alguna diferencia, muchos poetas. Bienvenido sea esta rigurosa traducción de Jesús Munárriz, que sirve de recordatorio de la esplendorosa lírica de un romántico como lo fuera Heine. Sin lugar a dudas, y como así se condira por su traductor Intermezzo lírico es “la quintaesencia” de la poesía de Heine y la mejor introducción a su lírica.   

 

 

 

 

 

*(Düsseldorf-Alemania, 1797 – París-Francia, 1856). Poeta y ensayista. Se le considera el último poeta del Romanticismo. Trabajó desde muy joven para su tío comerciante Salomon Heine, quien no comprendía la vocación literaria de este. Al morir el tío el poeta asumió la dirección de su tienda de telas, la que pronto tuvo que declarar en bancarrota, al dedicarse más a la poesía que al negocio. En 1821 entra en contacto con el círculo literario de Berlín, siendo invitado al segundo Salón Literario de Rahel Varnhagen. Luego tradujo al alemán el Quijote, desde una versión en francés. Publicó Gedichte (1821), Tragödien, nebst einem lyrischen Intermezzo (1823), Die Harzreise (1826), Buch der Lieder (1827), Neue Gedichte (1844), Der Doktor Faust (1851), Les Dieux en Exil (1853), Vermischte Schriften (1854), entre muchas otras.

 

 

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