Sobre «Desde dónde amar» (2021), de Corina Oproae

 

Por Néstor Mendoza

Crédito de la foto (izq.) Ed. Pre Textos /

(der.) @Daniel Mordzinski

 

 

Desde dónde amar o la dulce derrota.

Sobre Desde dónde amar (2021),

de Corina Oproae*

 

 

Al lado de mi escritorio tengo el tomo de El paraíso perdido, en prosa, y cada línea representa una confrontación. Los ojos me arden por la densidad y los temas de Milton. Vivo frente a un cementerio (no miento) y nada es casual. En la epopeya del poeta inglés se glorifica la Gran Expulsión y la gran historia de una derrota. Este no es un libro para optimistas, tampoco lo es Desde dónde amar, de Corina Oproae.  Creo oportuno hacer un ejercicio bibliográfico y citar unas líneas de Rafael Cadenas, ese poeta teórico del fracaso: “Era a mí a quien querías defender no otorgándome brillo”. Vuelvo a los poemas de Oproae y construyo un primer glosario en el cual abundan palabras muy cercanas al desamparo. La autora construye su hablante poético con los ingredientes del desamor, de la ausencia, de la pérdida, el extravío, el tiempo irrecuperable y su muy particular concepción del amor. El amor, cuando no se logra, es otra forma alta de la derrota.

 

La poeta Corina Oproae. Crédito de la foto: @Daniel Mordzinski

 

En Desde dónde amar los personajes poseen nombres genéricos. El Jardinero pudiera ser una celestina, un lazarillo, un guía turístico o un acompañante que ofrece una lámpara de oscuridad, si se nos permite el uso de esta figura literaria. El Jardinero tiene un sentido tenebroso, que viene, como se titulada la primera parte del libro, de la propia muerte. Este Jardinero cuida las plantas: el verde, ese pasto que pisa (que pisotea, qué ingrato es), queda aplastado por un peso superior. Este libro tiene su propia pedagogía: “De las flores/ aprendes la muerte/ si cierras los párpados”. Desde dónde amar nos habla de la apreciación del “mal” convertida en poética. Digo mal no en un sentido binario opuesto al bien.

El mal de Corina Oproae es una temática útil para sus poemas; una maldad inexistente en la vida real. Lo que acá leemos es una maldad intelectual, una maldad quizás bíblica, retórica, en el mejor de los sentidos, pero nunca terrenal. La maldad real, la de todos los días, es delictiva, ilegal, brutal en sus métodos. La maldad de Corina desarrolla un conflicto interior, metafísico, de los sentidos, y no de los actos de la barbarie moderna.  Esta poesía une dos puntas opuestas que instintivamente se hermanan por su poderío creador o corrosivo: el amor y el odio. Hay un ser a quien se ama (el objeto amado) y otro a quien se odia (el objeto odiado). Son emanaciones activas, permanentes, según Ortega y Gasset: “Amar una cosa es estar empeñado en que exista” y “Odiar es anulación y asesinato virtual”. En estos poemas hay diversas interpretaciones del amor y del odio (o de un mal que se desarrolla, el “dulce mal” del amor, como lo llegó nombrar el poeta venezolano Andrés Eloy Blanco). La dulce derrota de Corina Oproae.

 

 

En estos poemas yo percibo un escenario para comunicar una derrota o para argumentarla desde el poema. Ya el mismo acto de preguntar (el de preguntar dónde está el lugar para amar) reafirma una derrota o, para ser más preciso, la aceptación de un extravío. No hay un lugar para amar, a menos que ese lugar sean los hombres, las mujeres, los sujetos amantes o amados, esos seres efímeros y de confiabilidad dudosa y cambiante o la propia infancia: “desde dónde amar// desde un lugar de aire y luz/ que sólo existe en la memoria/ desde una infancia imaginada/ que palpita dentro de este sueño/ como el movimiento inalcanzable de una estrella”. El lugar para amar se presta, también, para una paradoja: el lugar para amar es el amor mismo. Nada o todo es posible.

Pero no todo es alegoría en esta obra de Oproae. Quien habla en el poema se muestra en una dimensión erótica nunca excesiva, aunque sí rotunda. Aquí el amor no es abstracción: aparecen algunos apetitos rastreables, deseables. Es una especie de devaneo que promueve el destinatario o la destinataria, es el empeño de reconocerse y de intercambiar los roces y de repetir experiencias de evidente goce corporal.

 

 

 

 

 

*(Transilvania-Rumania). Poeta y traductora. Reside en Cataluña (España) desde 1998. Escribe en español y en catalán. Traduce del rumano y del inglés al catalán y español. Es autora y traductora de la antología de poesía catalana actual publicada en Colombia, La hora indefensa (2021). Ha traducido autores como Lucian Blaga, Gellu Naum, Marin Sorescu, Ana Blandiana, Ioan Es. Pop, Angela Marinescu o Mary Oliver. Ha publicado en poesía Mil y una muertes (2016), Intermitencias (2018), Temprana Eternidad (2019), Desde dónde amar (2021); y en catalán La mà que tremola (‘La mano que tiembla’, 2020), libro de reflexión poética sobre el hecho de escribir en una lengua que no es la lengua materna.

 

 

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