Sobre «Césped seco» (2021), de Joaquín Fabrellas

 

Por Francisco Ferrer Lerín*

Crédito de la foto (izq.) www.bibliotecaescritoresandaluces.com /

(der.) Versátiles Ed. 

 

Sobre Césped seco (2021),

de Joaquín Fabrellas

 

 

Iba a decir “un pasado de poeta”, mas prefiero “poeta que escribe prosa”, en este caso relatos, el volumen Césped seco (2021), tras la inusual y celebrada novela El imposible lenguaje de la noche (2020). ¿Qué libro es el que nos propone ahora Joaquín Fabrellas? En la contracubierta y en el breve prólogo nos avisan de que se trata de textos de difícil asignación, textos que caminan por la peligrosa senda de lo real y lo irreal, de la verdad y lo fingido.

Pero quiero leer y me subyuga la sabia y fervorosa descripción de las aeromozas, el hábil y habitual cambio de foco narrativo que descoloca al lector ramplón y rutinario, el despliegue de conocimientos sobre el lumpen y sobre los universos del bróker, de lo histórico y de lo geográfico. Pero la alabanza ha de llegar al poderío mimético, al dominio de los entresijos del arte y la música, y, en especial, abundando en lo dicho sobre su condición de poeta, al relato “Todo lo que callan”, muestra de la fluida facilidad para escribir, descubrir, enlazar sintagmas, en suma saber narrar.

Quizá en un exceso de osadía, y ante la soberbia poliantea que se nos ofrece, podríamos reclamar al autor el desarrollo de muchos de estos relatos, su conversión en novelas, en artilugios, no de mayor fuste, sí de mayor extensión, una enciclopedia fabrelliana de cuestiones acuciantes, de ida y vuelta, a modo de constelación.  

 

 

1 cuento de Césped Seco (2021),

de Joaquín Fabrellas

 

 

Todo lo que callan

 

 He soñado con la mujer que introduce su mano en la tierra y no soporta más el peso del hombre, la condujo al infierno helado, la simiente oscura de la cópula. He soñado con los perros que ladran de noche confunden la sombra con amos inertes y gritos brillantes a orillas de ríos fecundos; con el dios al que todos invocan y queda en silencio, pasmado ante un rostro con lágrimas pintado por Grünewald; ante el hombre vencido que mira las piernas desnudas de púberes; es allí que se palpa tan fresca la fruta, se la lleva a su boca sedienta; con la vieja que acaba olvidando su nombre y su rostro que cambia por siempre ante el espejo, pues ardieron las letras de mimbre; con la niña que traza los mapas del miedo, esquinas de aire, por allí marchará tan feroz a su lucha de espanto; con el hombre que toca la mano de su hijo dormido y siente un dolor muy profundo nacido por dentro del alma dormida; con la perra en celo que mancha de sangre el suelo sintiendo el asco de su especie en el brillo de sus heces. He soñado con el asesino, su mano que aprieta el gatillo predice la sangre sin precio de su llanto; en la noche, el rocío que baja el mercurio cálido del miedo, mientras alguien cubre sus piernas después de su coito inmundo; con el lagarto que espía en su esquina los actos de hombres que cenan escombros de estío y sienten el húmedo abrazo del río impuro su veneno; al hombre que arranca la última hoja de su agenda sin pena, esperando a su muerte en la púrpura sombra del miedo; con la joven mirando el eclipse diario, su sangre desordena equinoccios y mareas de fuego y deseo; con la mujer que posee dos corazones en su pecho, escucha el llanto de su hijo nonato y miente al cielo el temor innombrado del muérdago; con la virgen que esconde su sangre en la tierra y no quiere ver los restos de un deseo podrido; las capas del miedo en [92] bocas nocturnas; al hombre arrepentido en su último día de lo que hizo y nunca confesó haber hecho, creciendo la nata del alba inventada, la sangre febril de los pactos; sueño con la negra que pare entre fieras iguales a ella, la pureza del paisaje desolado, recoge la sangre del parto para su hija hambrienta del cemento comestible; con el hombre tendido que toca a otro hombre y escribe en la piel palabras que nadie verá jamás en la noche que oscura predice el día desleído en arquitrabes de mínima sombra; con el viejo ya ciego que palpa la belleza en el rostro terso de su nieta y aprieta sus manos enormes con la rabia del que ha visto muchas cosas inútiles; con el pastor que acaricia el lomo hinchado del perro moribundo pensando en toda la soledad que le resta en aquel lugar olvidado por todos; con el padre que ve a su hija marcharse presintiendo que será la última vez que se vean, y ella no conoce el mundo, sus laberintos de luz, sus claustros anegados, transparencia en la noche profunda; y lo digo para que conste en la niebla a día de hoy, compruebe la muerte su reino encendido de pálida nieve, el orgullo de fuego, en la noche tan alta, mientras despierta el hombre de un sueño sin daño, donde haya aprendido a nombrar su silencio de espuma en el hueco de los días sin destino.

 

 

 

 

 

*(Barcelona-España, 1942). Poeta, narrador, traductor y ornitólogo. Trabajó en la editorial Salvat y en el consejo de redacción de Barral Editores. Ha publicado en poesía de Las condiciones humanas (1964), La hora oval (1971), Cónsul (1987), Ciudad propia. Poesía autorizada (2006), Papur (2008), Fámulo (2009), Gingival (2012), Hiela sangre (2013), Mansa chatarra (2014), Chance encounters and waking dreams (2016), Edad del insecto (2016) y El primer búfalo (2016); y en novela Níquel (2005), Familias como la mía (2011), 30 niñas (2014).

 

 

 

**(España). Poeta y profesor de literatura. Escribe estudios críticos, traducciones y reseñas para las revistas La manzana poética y Paraíso, así como artículos en Viva Jaén y en el blog www.lobelloylodifícil.wordpress.com