Sobre «Cayupán» (2020), de Karina Lerman

 

Por Alicia Silva Rey

Crédito de la foto (izq.) Gobierno Municipal de Las Flores /

(der.) la autora 

 

 

 

Sobre Cayupán (2020),

de Karina Lerman 

 

 

Cayupán es la ingesta de una lengua concelebrada en los confines de una poética: las bocas que hablan emiten cosmogonías desfallecientes que serán reveladas (consagradas) a través de la escritura de Cayupán, el poema.

 

Mi pan aguarda cada noche

como piedra pelada,

a campo abierto -migajas

sobre mi lengua-.

Ay profecía, todo convite

es apetito vuelto presagio.

 

Arribo a la lectura de este libro – talismán, habiendo recorrido según un orden subjetivo, aquellos aspectos a los que su autora, Karina Lerman, ha sabido conferir carácter de escritura salvífica.

La voz de una chamana o chamán es para mí Cayupán, el poema, capaz de conjurar el presagio funesto en profecía.

1 – Presupongo la existencia de un texto “testigo”. Un libro secreto que testificaría lecturas preexistentes al entrelazado de voces que sustentan la urdimbre de una como visión (cosmovisión) creada por la voz aquí denominada Cayupán, sobrevivencia o parto de una lengua prefigurada en la linde de la poesía.

 

“Más allá de los sauces

presiento el milagro”, ha dicho.

 

El horizonte suyo de escriba, 

la tinta como pulpa entre las yemas.

¿Él o quiénes?, ¿quién anunció

y anotó el hiato del poema?

 

 

2 – Hay una vibración peculiar y litúrgica emergiendo de la voz que pronuncia. Eso que emerge y vibra, anida en la vastedad de un paisaje barrido por el viento y las aguas, aspirando a discernir los motivos que enmarañan el concepto, las condiciones y significados de la palabra hambre.

 

Abro los ojos y surco

los tallos, el pueblo imaginado

que anida el primer hambre.

Creo temblar en otro idioma

cómplice del cayupán.

 

3 – Las bocas ávidas se abren y cierran como pupilas ciegas en el fondo de un caldo que evapora y dilapida sus jugos: (A falta de palabra, bocado). Al final de cada relectura, me parecía estar viendo la escena de escritura bajo el agua del poema.

Del hambre primordial aquí se habla. No hay idioma ni lengua ni dialecto que indique la magnitud del hambre cuando el hambre es apetito de palabra. A sabiendas de que la palabra consagrada al amor de la prole es la única que sacia y constituye.  

Sin la fe y las ansias de todos, no hay sacrificio o acto de fe posible.

 

Creo temblar en otro idioma

cómplice del cayupán.

 

¿Deberá descender el ave

 

para afincar en metáfora?

 

La poeta Karina Lerman

 

4 – Asistimos, entonces a una ingesta salvaje porque en ella, la verdadera palabra, la palabra del sentido, no ha tenido cabida. Estamos recorriendo un territorio imaginado al modo de la lengua indócil de los niños y aquello que la poeta interroga: su avidez. Una avidez de la que nada se sabe. La misma que atraviesa como un mantra invertido, el poema.

 

donde todo se comía a todo.

Los niños corrían al gallito ciego,

mi padre con un bicho de plumas

hacia el matadero. En el olfato

un ansia de hambre a mansalva.

 

Cayupán es congojas caníbales que no ceden ni nutren y niños diseñados como cuchillas a fin de escarbar y mondar la existencia en busca de sentido.

Cayupán es las malas lenguas que cuecen y cosen los oídos. El circo que hace telón pintado al territorio con nombre de poema. Las gasas ensalivadas de la abuela. La masticación del signo del ancestro equivocado (o del equívoco) que enmudece a los hijos de sus padres. Seis leones infatigables. La voz, Cayupán, que alza contra la apropiación indebida, su revuelta.

Y lo que no deja de pronunciarse como dulce inventario, los nombres:

 

 Simples nombres

de dulce compañía:

Álido, Elikura, Cayupán.

 

5 – Como una profecía, el poema desanda los vestigios de una catástrofe inclasificable en un paisaje naciente de experiencia que ha de permutar la ingesta desordenada en alimento, y la sal bajo las lenguas, en hallazgo.

Del hambre pleno de fatiga al orgullo refulgente en las bocas, de pie junto a las crines./ Y en los niños más salvajes/ restaba el galope fino/ en aquella purísima alegría./ (andá y comé tu pan junto al cielo,/ bebé tu vino a borbotones,/ como en la infancia).

 

 Repetir. A la luz de un aforismo

el desorden en las bocas:

 

que el fruto esparcido

suelte fulminante

la escritura.

 

 

 

 

*(Buenos Aires, Argentina). Poeta, profesora de idioma hebreo, psicoanalista y docente. Obtuvo el primer premio en el concurso nacional de cuento y poesía Adolfo Bioy Casares (2019). Dirige el blog lasgarzaspoéticas.blogspot.com.ar e instagram @mil_k_ estallidos. Ha incursionado en las artes visuales y plásticas, realizando su primera muestra de arte Jirones (2019). Integra el proyecto Cajitas poéticas en el espacio de la Biblioteca Virtual creado en contexto de pandemia. Ha publicado en poesía Las hijas de Lot (2018) y Cayupán (2020), e integra la antología Cómo decir (2020).

 

 

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