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El presente texto forma parte de la presentación oficial del cuarto número de la revista La Caja Nocturna (Zaragoza, España). El evento se realizó el pasado mes de marzo del presente año en el espacio cultural comunitario La Harinera ZGZ con la participación de los poetas Diego Palmath, Sergio Lasmarías, María Paz Guerrero y del proyecto musical, audiovisual y literario Fase M. La Caja Nocturna se edita en papel desde la ciudad aragonesa y su propuesta multidisciplinar se logra gracias al aporte de creadoras y creadores que reflexionan sobre el Arte en general.

 

 

Por María Paz Guerrero

Crédito de la foto Rev. La Caja Nocturna

 

“En el fondo todos los pasajeros

son un solo pasajero”

 

(verso de Begoña Ugalde)

 

 

En el cuarto número de La Caja Nocturna:

Si la posmodernidad, si la posverdad, si la credibilidad, si la autopromoción en redes, si el consumo, la vida virtual, si el egoísmo, la novedad, la desarticulación, la competencia, compaginar más trabajos, más trabajos, si la precariedad.

Nos urge, dice el poeta zaragozano Alfredo Saldaña en su artículo Europeidad y lucha social, “la constitución de un contrapoder civil, social y ciudadano que se enfrente al poder económico que -aliado casi siempre del poder mediático- detenta así mismo el poder político”.

Recorremos La Caja Nocturna como un contrapoder civil, social y ciudadano hecho caja. 

La revista se presenta como artefacto de plástica, poesía, narrativa, reflexión, reseñas y música.

Juan Carlos González, hace una entrevista al grupo musical de Málaga 713avo amor cuya portada en la revista es ruido de cassette del fin del mundo, por no decir menos. La poeta Carla Badillo Coronado se ocupa de la guitarrista y pionera del góspel, la inglesa Rosetta Tharpe, con una escritura de agujas.

Ahora un insulto. Y cerramos el telón. Pero con banda en vivo.

Acabemos con esto. Porque al terminar de leer la revista cierra con una cita del austríaco Thomas Bernhard: “Aquí se representa una comedia. Estados de ánimo, fantasías, filosofemas, idiotismos congelados, locura enmascarada, inmovilizada en su apogeo”.

Todo lo leído estaba dicho con sonrisa de payaso, dientes sin lavar por años.

Todo lo que digamos a continuación es, entonces, trastorno.

Hoy vengo a atracar esta caja, porque no se puede de otra forma. La calle asustada.

Un bello, prolongado, insulto. No se puede de otra forma.

Porque nosotros también estamos agotados de sobreinformación.

Sobresaturados de pantallas. Hipertrofiados de referentes.

Por eso, poeta Sergio Ernesto Ríos, te voy a robar, con cuchillo y adrenalina:

Pasar de 15 ventanas abiertas en el computador a una caja nocturna, sola, compacta.

Pasar de 15 ventanas abiertas y cada ventana con 30 subventanas a una Caja Nocturna única, sola, sobre la mesa.

Pasar de 15 ventanas abiertas en el computador, cada ventana con 30 subventanas que, a su vez, contienen artículos que citan, en promedio, a otras 10 posibles ventanas a una Caja Nocturna solísima, calladísima, rotunda.

Busqué una por una las palabras del poeta peruano Yulino Dávila. Biología, células, algo más. Una sintaxis enrevesada hasta torcer mi cuello.

Algo me queda como una llaga biológica y un poco, poquísimo, electrónica. Radioelectrónica. Magnetofónica. Como si escribiera desde el fondo del mar. Y nunca, nunca se respirara.

Como un molusco que habita en un lugar congelado del mar y cambia de forma cada segundo, imposible de comer por lo horroroso.  

La caja es un camino-jeroglífico de artículos, poemas y pintura.

¿Qué lengua es posible cuando no hay mundo, Caja Nocturna?

El tartamudeo del madrileño Benito del Pliego. Cortar y recortar cada vez más la boca. Un cuchillero, con la intimi/ dad de los ver/ s.o.s. Atención (… _ _ _ …) al puente que nos lleva al Rebus que salta en el milimétrico artículo de Sebastián Bianchi, jeroglífico acorralado.

Qué delicia saborear todos esos cortes de lenguaje, los pedazos, las partes, la oreja del cerdo, sus pezuñas. No el cerdo entero.

Del tartamudeo de Del Pliego a la flotación del valenciano César Márquez Tormo.

Imágenes-hielo, aguas frías, áureo ser.

Espacios de oposición.

La palabra contra el hielo. Es un duelo.

Y una rosa verde del corazón con permutación infinita.

Unas voces que son sistemas de plasmas. Pieles inmensas.

La mexicana Rocío Cerón.

Pero antes: Begoña Ugalde, porque justo dice que “a veces estudia los cuerpos, sus nudos” y descubre que “el niño que saluda desde la ventana es también el viejo que lee el diario”, por eso, dice, habría que quitar la piel. Es que la Caja no tiene piel, es más cine, corte y pega, collage.

Hablemos de esas voces que se extienden y se tensionan atentas a la vibración. Como viajes a Marte. Como atardeceres en Marte que se parecen a nuestros atardeceres. Como los atardeceres de la Tierra y los de Marte que verdaderamente son los mismos.

Ahora un ejercicio: !Cierre lo ojos! No lo va a hacer. Pero imagine que cierra los ojos.

Elija un espacio de Rocío Cerón:

“Habitación giratoria

Lecho multicolor

Acantilado cadmio

Círculos

Expansión de materialidades áuricas”

Ahora elija un tipo de movimiento:

“Punto descendente

Desvíos entre puntos

Hondura y trasiego

Tensión y borramiento”

Ahora salga vivo del poema de Rocío Cerón.

 

 

 

 

Reinhard Huamán Mori, peruano. Otro poeta del espacio. Él sí define el lugar como “la arquitectura que se construye sólo desde adentro”. Un adentro físico, químico, anagrama de coordenadas que pulsan medidas, intervalos, ondulaciones.

¿Qué lengua es posible hoy?

Abramos La Caja Nocturna, porque aún quedan poetas.

Es que los poetas berrean en la posmodernidad. También piensan en decir menos. Como el silencio absoluto de los haikus de Sergio Lasmarías.

Roy Alfonso Vega, de Perú, leproso guarda jirones de piel.

Mariano Castro, Zaragoza, busca la luz en lenguaje transparente. Casi se calla.

Nico Said Vergara, chileno, opuesto de Yulino Dávila. Una voz demasiado humana. Frágil.

Jorge Coco Serrano, peruano, poeta y fotógrafo, resuena con el balbuceo de Benito del Pliego, de machetazos a pintura jeroglífica, el escribir-pintar sobre las palabras: ponerle doble rr a la rama, deletreo: ra ra eme a

Finaliza La Caja Nocturna con las reseñas. Nos deja repletos de novedades. Textos sugestivos de poesía actual: el zaragozano Ricardo Díez, con su Pornai en el Hostal Roma, sobre la prostitución. Y sigue el caleidoscopio de voces. El chileno Patricio Alvarado Barría, con su Edad de la ira editada en Ediciones sin Fin. La cara de Ernst Jandl metiéndose el dedo en la boca, mediante Sandra Santana y en ojo de José Aníbal Campos. Quizá el dedo de una Mano que espeja de Cristina Elena Pardo en pulso de Viviana Paletta.

Ya no hay verso. Ya no hay mundo. Solo unas sílabas recortadas. Imágenes que no respiran en el fondo del mar, ondas sonoras que viajan en flotación.

¿Qué nos une en esta caja?

Una cosa. Cito al poeta David Bendicho en cuya reseña sobre el poemario El ejército ha huido del mexicano Óscar Pirot dice: “autor y lector comparten una sociedad ferozmente enraizada en el conflicto, la pugna y la ley del más fuerte en un mundo neoimperialista”. 

Nos une la violencia. A todos. Todos los pasajeros somos el mismo “con sustrato cultural común fundado en lo bélico”.

 

 

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