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Poemas por Joy Davidman

Nota introductoria y traducción

de los poemas por Sofía Nowendsztern*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Eerdmans /

(der.) Susan Davidman Cleveland – NY Times

 

 

Recuperando a Joy Davidman

 

 

Niña prodigio de origen judío, muchacha atea neoyorkina de clase media, militante comunista, poeta laureada, “cristiana conversa extraordinariamente desinhibida” (según los diarios del hermano mayor de C. S. Lewis), esposa de escritores y un largo etcétera. Joy Davidman, también conocida en su juventud como Joy Gresham tras casarse con el escritor William Lindsay Gresham, ha sido calificada de mil formas diferentes tras continuas décadas de cambios personales y sociales.

Su vida estuvo marcada por los movimientos políticos de comienzos del s. XX, dos guerras mundiales, la Gran Depresión del 29 y un enorme deseo de cambio que la llevó en un principio a la militancia política y más tarde a la devoción religiosa. Licenciada en literatura y premiada antes de cumplir los 24 años con el premio de poetas jóvenes de Yale y el Premio de Poesía Russell Loines por su poemario Letter to a Comrade, publicó variedad de obras, incluidas dos novelas, sin llegar nunca a ser tan reconocida como su esposo C. S. Lewis. En 1954, publicó su obra más famosa, Smoke on the Mountain: An Interpretation of the Ten Commandments. Pero seis años después falleció, quedando su obra en el olvido hasta décadas más tarde debido al peso de la sombra de su marido.

En 2015 se reeditó su poesía bajo el nombre A Naked Tree: Love Sonnets to C. S. Lewis and Other Poems, donde se encuentran los siguientes dos poemas, aquí traducidos por primera vez al español.

 

La poeta Joy Davidman junto a C.S. Lewis.
Crédito de la foto: www.maribethbarber.com

 

2 poemas de Joy Davidman

 

 

Oración antes del amanecer

 

He amado a algún que otro fantasma a lo largo de mi vida.

A hombres muertos con besos y ojos apagados

sombras en la casa de la memoria; destellos

en el aire del crepúsculo, nada más. No estaban allí

para decirme “no” cuando los deseaba,

así que era seguro amarlos.

Al igual que a dioses muertos,

ciegos ojos de yeso protegidos en museos,

las manos rotas sin el rayo

y deshechas bocas incapaces de reírse de las oraciones

que yo no pude dedicarles.

Y también a un fantasma peor

la delgada sombra sobrenatural del mañana

alejándome a toda velocidad de mis realidades,

que como nunca podía ser alcanzada

nunca podía decepcionarme.

Queridas sombras

imágenes de ramas desnudas en la nieve

ya derritiéndose; imágenes

del sol menguante entre sombras de eclipse

reptando como fantasmas de serpientes por el suelo

mientras pasa la sombra de la luna. Fantasmas de fantasmas

los ecos gorjeantes de los débiles muertos

que no hacen daño.

 

Solamente al terrible Ahora

No me atreví a amar. No a la palabra hecha carne,

no a la Encarnación portando una espada

que me golpease en el corazón; no a aquello que soy,

pero a su vez no. No a Dios,

o al sol, o a la sangre, o a cualquier cosa real

que pudiese decirme “no” cuando yo hablase.

 

Porque he amado a mi propio fantasma todos estos años

hasta cuando no hay nada diciéndome sí;

hasta cuando sólo hay un vasto y apagado vacío

en el cual ni siquiera estoy yo.

 

Oh, amor, deja que las sombras huyan;

Oh, sol vivo, Dios vivo, espada encarnada

de la realidad afilada, déjame ser herida,

pero déjame estar lo suficientemente viva para morir.

 

 

Endymion: Había rezado a la Diosa Lejana

 

Le había rezado a la diosa distante todo ese tiempo,

con el loco deseo de que la Deidad se encorvase

y se inclinase al nivel del amor humano.

Pero esa distante plata clara no prestó atención

al deseo, imperioso en su dominio sobre mí,

Y cabalgó aquella noche con un montón de estrellas.

 

Sabía que estaba desafiando a los indefensos

Que el más mágico de los misterios

No era como atrapar y aplastar luciérnagas,

Ni siquiera era como la luz burlona que atrae

Una persecución en vano, sino que era inconquistable,

Una visión lejana, entronizada sobre una nube.

 

Entonces, la luna respondió y bajó hacia mí.

Oh, me había acostado durante muchas noches suspirando

Porque no estaba cerca, aunque sabía

que la luna brillaba más a lo lejos. Ahora

ha bajado, el sueño de años se ha hecho realidad.

Una sombra plateada flota sobre mi cabeza

La fría luna blanca se disuelve en el aire,

Y gotea plata líquida a través de los pinos,

Hasta rodearme de rocío plateado,

Todo el brillo suave dentro de mis brazos.

 

A pesar de todo sigue siendo mágica, en lo alto, por encima de los pinos,

Divina e inalcanzable,

Blanca-serena, mientras yo la mire.

 

 

 

 

 

*(Buenos Aires-Argentina, 1995). Escritora y ensayista. Reside en Madrid-España, desde el 2003. Filóloga semítica por la Universidad Complutense de Madrid (España) y magíster en Literatura. Ha editado un libro de ensayos literarios bajo el título Marginalidades (2019) y ha publicado artículos literarios en diversos medios. En la actualidad, se desempeña como profesora de inglés y hebreo. Su obra poética abarca temáticas como el desarraigo, la migración, la pobreza, la homosexualidad y el feminismo. Contacto: sofinowens@hotmail.com

 

 

 

**(Nueva York-EE.UU., 1915 – Oxford-Inglaterra, 1960). Poeta y narradora. Magíster en Literatura Inglesa por la Universidad de Columbia (EE.UU.) Obtuvo el Premio Yale Series of Younger Poets Competition (1938) y el Premio Russell Loines de Poesía (1939). Publicó Letter to a Comrade (1938), Anya (1940), War Poems of the United Nations: The Songs and Battle Cries of a World at War: Three Hundred Poems. One Hundred and Fifty Poets from Twenty Countries (1943), Weeping Bay (1950) y Smoke on the Mountain: An Interpretation of the Ten Commandments in Terms of Today (1954).

 

 

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