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Por Luis Eduardo García

Crédito de la foto (izq.) la autora /

(der.) ed. de la autora

 

 

Nueve notas a partir de Spectio (2020),

de Rocío Cerón*

 

 

1.

En 2006, Jean-Luc Nancy dio una conferencia en la Academia de Bellas Artes de Brera, en Milán. En ella, habló acerca de la actualidad del arte, haciendo énfasis en su capacidad de “abrir el mundo”. ¿Y qué cosa es este “abrir el mundo”? A resumidas cuentas, añadir posibilidades de sentido a una realidad bombardeada todo el tiempo con significaciones dadas.

Últimamente, al leer la poesía escrita en nuestros días, vienen mucho a mi mente estas palabras de Nancy. Y es que buena parte de la producción poética que consigue hacerse un hueco en las publicaciones y editoriales actuales, al menos en México, parece estar más preocupada en conservar ciertas formas que tuvieron su auge hace sesenta o setenta años, que en moverse a la par del lenguaje (que jamás se detiene). Entonces me pregunto si no sería buena idea dirigir las palabras de Nancy hacia la escritura poética. Es decir, pensar la poesía no como máquina productora de significaciones dadas, sino como potencia capaz de abrir el mundo.

 

 

2.

Además del ensayo de Nancy, hay otro texto que no deja de rondar por mi cabeza como una abeja persistente desde hace algún tiempo. Me refiero a “El rechazo al cierre”, de Lyn Hejinian. En él, la poeta norteamericana distingue entre dos tipos de poema contemporáneo: el abierto y el cerrado. El poema cerrado es aquel que plantea deliberadamente una lectura unívoca, sin ambigüedades, disponiendo sus recursos de modo que no queda espacio para los desvíos. Es un texto que, podría decirse, da la espalda a la mutabilidad del mundo y del lenguaje; que busca no corresponder al movimiento de ambos. Por otro lado, el poema abierto va precisamente en contra de la univocidad, de lo delimitado; lo que busca es crear huecos en los que lo no controlado tenga lugar; sembrar ambigüedades en lugar de segarlas. Es un tipo de poema que ilustra el dinamismo y la maleabilidad del lenguaje actual.

Los poemas de Spectio pertenecen justamente a esta última clase. Se trata de textos que, más allá de sus particulares intereses, dicen algo sobre la apertura y la multiplicidad. No nos hablan de certezas, no definen. No hay una vía correcta para su lectura. Parte de su fuerza proviene de su capacidad para abrir diversos caminos y brechas, en los cuales podemos perdernos. Cito:

Deviene arena vacío desnudo gris Irlanda raíces meseta insecto rostro sin sentido hierba rojo cadmio mirada prismática red vertical de gozo boca azul turquí leche derramada soplo negro brea abertura legajos follaje espeso proa ruido movimiento lento humo cerusa cabeza inclinada sobre hombro.

 

Fin de la cita.

 

 

3.

Los budistas theravada de Sri Lanka tienen una ceremonia a la que llaman netra pinkama o “ceremonia del ojo”, que destaca en forma radical su creencia en los ojos como puntos focales de concentración de energía. Durante este ritual hacen una estatua completa de Buda, pero no pintan los ojos hasta el final. Cuando realizan este último paso es como si trajeran la estatua a la vida. Momentos antes la efigie era como cualquier otra: un bulto material inerte con la forma de una figura humana. Pero tan pronto como se le dan los últimos toques a los ojos comienza a ser tratada con reverencia. Los ojos la han consagrado.

 

(Francisco González Crussí. Traducción de Liliana Andrade Llanas)

 

La poeta Rocío Cerón leyendo “Spectio” (2020)
Palacio de Bellas Artes, México.

 

4.

Spectio es, en buena medida, un libro sobre la mirada, sobre el acto de ver. Mezcla de juego de enfoques y desenfoques, de catálogo de objetos,  de bitácora de la construcción de la subjetividad a partir de lo mirado, es, en suma, una ceremonia del ojo.

 

 

5.

Nunca miramos solo una cosa; siempre miramos la relación entre las cosas y nosotros mismos. Nuestra visión está en continua actividad, en continuo movimiento, aprendiendo continuamente las cosas que se encuentran en un círculo cuyo centro es ella misma, constituyendo lo que está presente para nosotros tal cual somos.

 

(John Berger. Traducción de Justo G. Beramendi)

 

 

6.

Y por momentos, la sensación de que Spectio busca dar cuenta de la desaparición, de lo que se pierde.  Mirar entre resquicios lo pasajero, escribe Rocío. ¿Y qué es lo pasajero? Todo. El torrente entero de lo percibido.

 

 

7.

En la página 55, un verso que es un golpe en la cabeza:

Compartir el miedo como moneda de cambio.

 

Cercano en carácter al legendario lunes: bodegas vacías, la rata deviene moneda corriente, de Zbigniew Herbert, el verso de Rocío dice más del punto en el que nos encontramos ahora como colectividad, que muchos poemas deliberadamente políticos que aseguran no tener palabras para el dolor, de una forma sospechosamente parecida a la del que habla para decir que está callado.

 

7b.

De una mano a otra, de un bolsillo a otro. Nos impregnamos de su olor, nos acompaña.

 

La poeta Rocío Cerón leyendo “Spectio” (2020)
Palacio de Bellas Artes, México.

 

8.

Uno de los textos cierra con estas palabras: Lenguaje sentimental acribillado. Pienso en las advertencias que preceden a los avances de las películas: Desnudos ocasionales, uso de drogas, violencia moderada. El tráiler de Spectio tendría que decir: Lenguaje sentimental acribillado. De ese modo nadie podría decir que le vieron la cara.

 

8b.

No hay entre las páginas de Spectio un lirismo sentimental, un lirismo al uso. Lo que hay son restos, retazos líricos aislados. El lirismo como como astilla incrustada en otra cosa. Es por eso, justamente, que funciona. Ya no es posible, creo yo, un lirismo como organizador absoluto de la fuerza de un poema. Existieron las vanguardias, existió John Cage. También los L=A=N=G=U=A=G=E poets, Juan Luis Martínez, Susana Thénon. El mundo arde. No es posible. La lírica es necesaria, por supuesto. Y lo seguirá siendo. Prescindir de ella sería cerrar el horizonte a la emoción. No es ese el camino. Hay que buscar en Armantrout, en Christensen, en Elvira Hernández, en Rafael Espinosa. Poetas que saben dosificar la emoción, repartirla como brillos breves que se convierten en picos de intensidad, vadeando así lo meramente emocional.

 

8c.

Eso sucede también con la escritura de Rocío. El lenguaje sentimental es acribillado, sí, pero un pulso lírico se enciende por lapsos cortos como una luciérnaga o un foquito chino. Nos endulza un poco los labios y después desaparece.

 

 

9.

Spectio es un libro complejo y actual, que nos recuerda que la poesía está también para retarnos y para confundirnos. Para que el lenguaje nos muestre sus posibilidades.

 

 

 

 

 

*(Ciudad de México-México, 1972). Poeta, ensayista y editora. Actualmente es miembro del Sistema Nacional de Creadores de Arte. Su obra puede leerse/verse/escucharse en www.rocioceron.com En 2015 recibió el Best Translated Book Award por su libro Diorama, en traducción de Anna Rosenwong. Ha publicado Materia oscura (2018), Borealis (2016), La rebelión (2016), Anatomía del nudo. Obra reunida (2002-2015) (2015), Nudo vortex (2015) y Diorama (2013), Spectio (2020), entre otros.

 

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