“Más que parodiar un poemario, lo que hice fue bailar sobre las tumbas”. Entrevista a Leonardo Aguirre

 

Por Bruno Pólack

Crédito de la foto (izq.) Miguel Mejía /

(der.) Ed. PEISA

 

 

“Más que parodiar un poemario, lo que hice fue bailar sobre las tumbas”.

Entrevista a Leonardo Aguirre*

 

 

Bruno Pólack [BP]: Leonardo, el subtítulo del libro dice “crónica rimada de Lima”. ¿Por qué no decir poemario? Todo hace parecer que es un poema río, ¿no te parece a ti esto poesía?

Leonardo Aguirre [LA]: Dímelo tú; tú eres poeta.

 

 

[BP]: Pero tú eres el autor…

[LA]: Y yo soy un autor de narrativa. Un autor de cuentos y novelas, a veces crónicas, especialmente preocupado, quizá más preocupado que la mayoría de mis colegas, mis colegas narradores, muy preocupado, digo, por el ritmo. Y supongo que por ahí va la cosa: mi preocupación por el ritmo, que cada vez es mayor, no podía sino llevarme a un extremo como este: puro verso, pura rima. Pero, esencialmente, Una cocina Surge (2022) no deja de ser un conjunto de historias. Decenas de historias.

 

 

[BP]: Pero también es cierto que en este libro has dejado de lado la ficción…

[LA]: No exactamente. Si bien hay muchos hechos documentados, también hay espacio en este libro para meros rumores y leyendas urbanas. Y también hay varias historias, digamos, mixtas, donde adrede fusiono la historia, quiero decir, la historia con mayúsculas, la fusiono, digo, con la ficción. Y hay, incluso, varios casos de ficción pura, por así decirlo.

 

 

[BP]: ¿Cómo cuáles, el episodio de Eduardo Cesti, por ejemplo?

[LA]: No, ese no. Ese sería un caso mixto. Yo he visto a Eduardo Cesti tomándose un café, muchos años atrás, por supuesto, bien sentado en la cafetería de Pharmax, en Salaverry. No en 4D, como digo en el libro, pero eso igual es verosímil: ambos cafetines están frente a frente. Y luego lo he visto en la televisión, en un reportaje, ya sin pierna, sentado en una silla de ruedas. En la estrofa respectiva mezclé todos esos elementos.

 

El escritor Leonardo Aguirre

 

[BP]: Y le añadiste cierta dosis de maldad. Porque aquello de “la tajada narpie”…

[LA]: Es posible. Pero no maldad: solo cacha.

 

 

[BP]: Bueno, si tú lo dices. Pero más cruel es la historia que narras sobre el poeta “gay y down” en el Kennedy. Eso sí es puro invento, espero…

[LA]: Tampoco. Es otro mix de verdad y ficción. Porque sí es verdad que yo he visto al down travestido, precariamente travestido, torpemente travestido, en el anfiteatro Chabuca Granda del Parque Central, bailando junto con los octogenarios que solían ir entonces, años atrás, no sé si hoy pasa lo mismo, los cocharcas que bailaban los viernes en la noche valses y polkas y salsas y merengues y cumbias y demás; y, por otro lado, también es verdad que Eduardo Rada dictaba en ese mismo anfiteatro, en ese mismo sitio y el mismo día, solo que un poco antes, horas antes, dictaba, digo, un taller de poesía. Lo falso ahí, por supuesto, pero no del todo inverosímil, es que también el down travesti fuera poeta y leyera sus poemas en el mismo anfiteatro justo antes de bailar con los veteranos.

 

 

[BP]: ¿Es en serio? Y dónde está, entonces, la ficción propiamente dicha…

[LA]: En la escena de Soda Stereo en el Yacana: el casi linchamiento, los botellazos, las bolsas de pichi. O también hay pura ficción en el episodio de la enfermera sin cabeza que deambula por las noches en los pasadizos del hospital Arzobispo Loayza. O, si quieres, toda la lista, muy larga y muy nutrida, de amuletos y talismanes que guardaba en la cabina del Fokker el piloto Edilberto Villar. O el tire accidentado, la pachamanca frustrada, de Milagros Leiva con el General del Aire.

 

 

[BP]: Eso no lo recuerdo. O se me pasó. ¿Dónde se supone que lo dices?

[LA]: En la última estrofa. Lo que pasa es que no cuento el encame de manera directa. Lo que hago es aglutinar tendenciosamente, con mucho cuidado de dónde ubicar cada una, muchísimas frases famosas, muchas citas citables, que todo limeño promedio…

 

 

[BP]: Sí, claro, sí percibí que habías elegido muchas frases que, situadas en un nuevo contexto, podían parecer de doble sentido… y es verdad que se repite varias veces la famosa frase “Apure, Leiva”…

[LA]: Y la frase “No, mi general”. Con esas y otras frases, todas ajenas, pero bien zurcidas, me las arreglé para que el collage resultante contara con sutileza…

 

 

[BP]: También, si mal no recuerdo, hay un collage de frases como ese en el capítulo de Asociación Ilícita donde hablas de Thorndike…

[LA]: Exacto. Un procedimiento que ya he utilizado en otros libros. No solo en Asociación…: ya en la novela Karaoke, como has de recordar, se inserta un cuento donde casi el 80% de las cláusulas corresponde a canciones de los Beatles, y al final, en el capítulo final del mismo libro, se arma una conversación entre una veintena de escritores reales, vivos y muertos, usando frases que esos mismos escritores publicaron alguna vez en alguna entrevista.

 

 

[BP]: A priori, parecería que Una cocina Surge es un libro raro en tu bibliografía, muy distinto de todo lo que has hecho antes, pero, en realidad hay varias conexiones con tus libros anteriores…

[LA]: Sin duda. Este libro no constituye una anomalía, no es un capricho, no es un as bajo la manga. Si hablamos de asuntos meramente formales, por ejemplo, fíjate que ya en Nueve vidas están estos capítulos alternos, denominados “versus”, donde todos los diálogos están rimados. Y si vamos más atrás, en el libro Spunkitsh, del 2018, hay un cuento titulado “See you later, alligator” construido en su totalidad con versos y rimas. Y ni hablemos de la novela Interruptus, que se publicó también ese año, donde no habrá versos ni rimas, pero sí métrica: es una prosa con métrica.

 

 

[BP]: También hemos hablado de tu obsesión con las jergas…

[LA]: Cuyo uso llegó a niveles extremos, casi contraproducentes, casi bordeando la ilegibilidad, en Interruptus. Luego la dosis se redujo ostensiblemente en Nueve vidas y, ahora, en Una cocina Surge, no hay más de dos o tres por página, me parece.

 

 

[BP]: En esos tres libros últimos que mencionas, el proyecto que los hermana, me parece, es la idea de novelar la ciudad de Lima, ¿algo de eso hay?

[LA]: Indudablemente. Aunque aquí, en Surge, quizás el verbo novelar no sea el más preciso.

 

 

[BP]: Entonces, pero tampoco poetizar…

[LA]: Dejémoslo en narrar. Narrar en verso y rima, pero narrar al fin. Y otra cosa que los hermana, que vincula esos tres libros, es el gusto por lo grotesco y lo esperpéntico y lo ridículo. Y fíjate que, incluso, para seguir con las conexiones, también en Surge, si se lee con calma, me di maña para inyectarle también la tan vapuleada, diría yo que injustamente vapuleada, narrativa del yo. O autoficción, si quieres.

 

 

[BP]: pero en dosis mínimas…

[LA]: Pero llamativas. Pero significativas. Solo por citar dos ejemplos, porque, desde luego, hay más, por ahí seguro notarás cómo me “apropio” de ciertos versos de Nicomedes Santa Cruz: “o copien la voz/ que cantujaba la replana/ (misioma cantuja igual)”. “Misioma”, por si acaso, significa “yo”. O, más evidente todavía, ya te habrás fijado también que me incluyo como personaje, mediante el uso de un anagrama, en aquella estrofa sobre bares legendarios y servilletas firmadas.

 

 

[BP]: Una especie de adivinanza, dices…

[LA]: Como hay tantas, por lo demás, en este libro. Hay muchas adivinanzas, muchos acertijos. Muchos acertijos que involucran a muchos personajes o, diré mejor, a muchas personalidades, muchos ilustres, muchos notables, todos reales, todos históricos, pero convertidos en personajes por el solo hecho de aparecer en este libro, en este libro peculiar, en este libro que, como ya dijimos, no se adscribe a la historia de manual, a la historia con mayúsculas, ni tampoco, ciertamente, se ajusta mucho a la crónica periodística. Es decir, suprimo muchos nombres y apellidos y ofrezco solo pistas.

 

El escritor Leonardo Aguirre.
Crédito de la foto: Miguel Mejía

 

[BP]: Lo cual puede atentar contra la comprensión. O, por lo menos, puede desubicar a los jóvenes que quizá no entiendan tantas referencias históricas…

[LA]: Bueno, tampoco se trata de bajar el nivel y ponerse didáctico por pensar en los imberbes y mocosos. No es periodismo ni es historia, ya lo establecimos. Y nunca escribo, por lo demás, con la intención de captar un mayor espectro de lectores. Ni es periodismo ni es historia ni es marketing. Si no captas la referencia, pues averigua. Googlea. Pregunta. Haz tu chamba. Yo escribo, no informo. No informo, deformo. Además, en algunos casos, en el caso de varios acertijos, o de varios personajes ligeramente ocultos, la decisión de obviar los nombres fue también moral.

 

 

[BP]: ¿Moral? ¿Cómo así?

[LA]: Mira, por citar solo un ejemplo de varios, en un borrador previo no aparecía nombrado Víctor Humareda, pero sí Nicolás Lúcar, y conversando al respecto con el editor, con Germán Coronado, llegamos a la conclusión de que resultaba un poco injusto esconder a un gran pintor como ese y publicitar, en cambio… ya sabes… a tan polémico individuo, por decirlo de modo elegante. O también hubiera sido injusto nombrar y publicitar y promocionar al narizón de Jammin, quien, como recordarás, atropelló a una anciana que, parada en la acera, ni siquiera en la pista, no hacía otra cosa que esperar el micro: la pisó con su mionca y, encima, se dio a la fuga.

 

 

[BP]: Aunque a Cherman sí lo mencionas. Y hasta dos veces, o acaso tres…

[LA]: Ahí sí no pude con mi genio. O con la rabia. Pero es que, fíjate, si tú mismo estuviste esa vez, ¿te acuerdas?, en ese campeonato de arties barranquinos, ¿te acuerdas o no?

 

 

[BP]: Algo me acuerdo, pero, a ver, cuéntalo tú…

[LA]: Era un campeonato de fulbito en Barranco, campeonato organizado por el poeta Kenneth O’Brien, entre colectivos de escritores y pintores y diseñadores y, en fin, muchos colectivos artistoides. En algún momento, le hicieron a Cherman un foul de lo más inocente, leve, suave, pura torpeza, sin mala intención, y Cherman reaccionó desmedidamente. O delincuencialmente. La emprendió a patadas y puñetes, patadas en el suelo, contra cierto pintor escuálido, muy flaco, débil, casi tuberculoso, y encima delante, como recordarás, delante de la esposa y la hija del pintor, una niña de 3 años o 4, que se puso, lógico, a llorar, y la esposa, lógico, a gritar, y ni por esas paraba el energúmeno diseñador de sacarle la mugre al escuálido pintor… fue un escándalo, fue grotesco, y eso se grabó en un video y estuvo en Youtube, pero por poquísimo tiempo: retiraron el video a las pocas horas de colgado. Así que, claro, cómo dejar pasar la oportunidad de joder un poco, solo un poco, de hecho yo diría que la sacó barata, joder apenitas a semejante… polémico individuo.

 

 

[BP]: Y siguiendo en esa línea, por decir lo primero que se me viene a la cabeza, a Rafo León lo llamas “cuatrero”, ¿por aquello de los plagios o por qué es?

[LA]: Y fíjate que ahí, en la estrofa respectiva, no se le menta por apellido, pero sí se transcriben los apellidos de los periodistas esquilmados, burlados, invisibilizados. Esa también fue una decisión moral. Una cuestión de justicia.

 

 

[BP]: Y también resultan, cómo decirlo, bastante irreverentes los retratos que compones de Mariátegui, Martín Adán, Hinostroza, Cipriani, Chehade, Belaunde, Phillip Butters, Kukín Flores, en fin, varios otros personajes…

[LA]: Y no nos olvidemos de Pedro y Patricio “con tanto yeso descerebrados” o Verástegui “babeando, mojando los papeles” o Valdelomar y sus “ágiles dedos atacando el órgano”. Sí, por supuesto, siempre hay humor en todo lo que publico. A veces, muy negro, y a veces nomás colorado. Y en el caso específico de Una cocina Surge, mi plan era derrumbar, acaso, muchos pedestales o, si quieres, humanizar un poco a tanto ilustre, tanto notable, tanta figurita de álbum, tanta lámina Huascarán. Y también, cómo no, pretendí suavizar, o tal vez lubricar, el horror, que lo hay, desde luego, y en grandes cantidades. Horror y humor. Crónica roja y humor negro. Tragedia y comedia.  

 

 

[BP]: ¿Algo así como burlarse de la muerte?

[LA]: Y quizá todo comenzó, si bien es muy difícil rastrear el origen de cada libro, quizá todo comenzó con “A day in the life”, de Lennon, donde, como sabes, al describir un espantoso accidente de tránsito, canta John: “and though the news was rather sad/ well, I just had to laugh”. O también es posible que todo comenzara con el supuesto mensaje al revés de “Revolution 9”, otra pieza de John, pieza tan citada, por lo demás, en Nueve vidas: “turn me on, dead man”. Como quiera que sea, yo reclamo el derecho a reírme de todo lo que me dé la regalada gana. Yo sí me río de la muerte. Me río de la muerte y bailo sobre las tumbas.

 

 

[BP]: ¿Como Norka Rouskaya en el Presbítero Maestro?

[LA]: No solo ella. Es una imagen recurrente en este libro. Sí, claro, Norka bailando y haciendo un strip tease frente al pobre Mariátegui que no puede bailar, aunque se muere de ganas, no puede, obvio, por la silla de ruedas, pero también se trata del concierto de los cuatro grandes en la misma locación y en el mismo día del aniversario de la masacre del estadio Nacional. O las amigas de la pobre Bianchi, pisoteada y asfixiada en la discoteca Thomas, perreando sobre su nicho. O las dalinas moviendo el culo en las fiestas infantiles del parque Reducto, donde, ya sabemos, murieron tantos niños aquella vez de la batalla de Miraflores. Es una imagen recurrente, clave, simbólica, y es también una buena forma de definir lo que hice con Una cocina Surge: más que narrar o cronicar o poetizar, o más que parodiar un poemario, lo que hice fue bailar sobre las tumbas.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1975). Narrador. Estudió Comunicaciones en la Pontificia Universidad Católica del Perú. Firmó reseñas y crónicas para el suplemento “El Dominical” del diario El Comercio, tuvo a su cargo la sección de crítica en la revista Dedo Medio y tuvo una columna de opinión en el diario La República. Publicó los libros de cuentos Manual para cazar plumíferos (2005), La musa travestida (2007) y Spunkitsch (2018); las novelas El conde de San Germán (2007), Karaoke (2010), Interruptus (2018), Artefacto 27 (2020) y Nueve Vidas (2021); el volumen de no ficción Asociación Ilícita (2015) y Una cocina Surge. Crónica rimada de Lima (2022).