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Por Roberto García de Mesa*

Crédito de la foto (izq.) Buenos Aires Poetry /

(der.) Jairo López-Lee Lee Moss

 

 

Retórica. Superficie de contacto. Razón y canibalismo.

13 poemas de Roberto García de Mesa

 

 

2

A veces las metáforas sospechan de mí porque soy un recipiente preparado para la melancolía. Hay quien no cree en estas cosas. Lo entiendo. Pero es que la luz de mis manos va apagándose poco a poco. Y los minutos desesperan, se escuchan ya los murmullos del aire. La naturaleza prepara una gran conspiración. Lo sé. No hay nada mejor que ignorarlo todo. Lo sé. Pero este espacio que gobierna las luces y las sombras, a veces, me dice cosas. Me dice que es difícil llegar a tiempo porque todo está perdido de antemano. Porque la línea huracanada, con la que pinto todos los días la imagen de mi vida, me ha marcado una dirección confusa. Y me siento un estúpido por ello. Lo sé, lo sé… Llegaré con las maletas deshechas, sin zapatos y con la camisa por fuera. Mi borrachera durará eternamente.

 

 

 

3

Una isla suele cerrar sus ojos con facilidad para ver los colores propios, la luz oscura, sus silenciosas palabras. Y, en ese estado de permanencia, la claridad se niega a sí misma. Una isla es libre para elegir. Pero ahora soy yo el que cierro los ojos agrietados por la obsidiana. Los hijos pagan los errores de sus padres. Aunque no es isla todo lo que parece isla. Los ojos. No. Los dientes. No. La boca. La arquitectura invisible de una idea. Las vocales. Por eso nace una isla. Nace una isla del lenguaje de otra isla. Y nace su tiempo, su corto tiempo azul. No hay insulares libres. Con ellos el viento provoca una respiración artificial. Y una isla devora a otra isla. Y no hay isla que defender porque entre padre e hijo todo se perdona. Nos miramos los unos a los otros. Nos miramos simplemente. Nos miramos a través de colores ausentes de realidad.

 

 

 

4

Sobre el momento de las cosas, tengo algo que decir… Y es que no encuentro ese momento. Lo olvidé dentro de un recipiente cerrado. Allí todos son exactamente iguales. Y si el tiempo transcurre, yo no vivo en él. Solo repaso una escueta partitura que siempre se mira a sí misma, pero que no confiesa los pormenores de la desintegración… del tiempo, quiero decir. Mi improvisación se desnuda alegremente y sobrevive como si habitara un manifiesto o el filo de algo que no tiene nombre, pero que se encuentra en cada uno de nosotros. El tiempo es una fábrica de corcheas envueltas en un silencio ensordecedor que lo lastima todo. Yo quisiera ignorar este destino impreciso y degradante. Yo quisiera acercarme a un huerto y hundirme en la tierra fértil hasta morir de asfixia. O tal vez viajar a través del sonido oculto de las cosas. O tal vez buscar el silencio oculto de las cosas. O tal vez convertirme en otro espacio minucioso e inútil.

 

(de Retórica)

 

 

1

Sonríe bajo la mirada atenta del frío. Desnuda el cuerpo de cada palabra y atrévete a deformar su respiración, a crear un nuevo rostro para las cosas inútiles. Describe cómo transitas por la cuerda floja. Deja, entonces, que el aire te deforme, que te dibuje como una caricatura de lo que fuiste. Permite que alguien respire tu aliento y pide morir dignamente, grafiteado por el dios que elijas ser.

 

 

 

6

El silencio redondea las palabras. O simplemente las escupe.

 

 

 

9

Un inmenso teatro donde recrear el alma de las cosas, donde pintar las coordenadas, su ascenso y decadencia, donde los conflictos se entrelazan con el caos de los pensamientos en carrera, donde cada imagen es fruto de una emoción precisa y sagrada.

 

 

 

15

El amor es ciego, a ratos. Y cuando deja de serlo, duelen los ojos.

 

 

 

26

Con las manos atadas también sé disparar al vacío.

 

 

 

29

Buscar la belleza como si fuera nuestro camino a casa. Con esa desesperación, con esa intensidad, con ese amor, con la ternura indispensable y el idealismo necesario, con la sensación de no saber, de sorprendernos con el dolor, con la fiesta de la vida, con los errores y aciertos, con la convicción de que, aunque no regresemos verdaderamente, tal vez podamos llegar.

 

El poeta Roberto García de Mesa
Crédito de la foto: Jairo López-Lee Lee Moss

 

37

La velocidad y el deseo. El color con el que se mire. La intensidad. Sobrevivir a todo ello o compartir el fin. Fuego en el corazón, agua en los ojos, aire en la sangre, tierra en los labios.

 

 

 

39

Detesto los límites del hielo. Yo nací para quemarme.

 

(de Superficie de contacto)

 

Una imagen.

Una imagen de.

Una imagen con

música de un siglo futuro.

Una fotografía y algunas razones.

Una sociedad encendida por la mordedura del fracaso.

Una casa en ruinas.

Nostalgia.

¿Qué sé yo?

Perder sobre un fondo clásico

o perderme, solo eso.

Quisiera una luz roja,

empapelado vintage

y amar mucho.

Quiero decir:

una bebida imperecedera,

el aire de un ventilador,

la imagen vibrante del rojo chino

y los trazos, la náusea

y sentirme en ayunas,

después de haber amado toda la noche.

Encontrarme

con los

primeros cielos,

los

anteriores cielos,

los

que vio Ulises,

los

que compartió con Conrad,

los

que quiso olvidar con Kafka.

 

(de Razón y canibalismo)

 

 

 

 

 

*(Tenerife-España, 1973). Poeta, dramaturgo, narrador, dramaturgista, ensayista, filólogo, comisario de exposiciones, director de escena, artista visual y músico. Licenciado en Derecho y en Filología Hispánica, y doctor en Filología Hispánica. Ha publicado más de sesenta libros de poesía, teatro, narrativa muy breve, ensayo, conversaciones y ediciones críticas.

 

 

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