La pesada amargura de los años. 3 poemas de Vizma Belševica

 

Por Rafael Martín Calvo*

Crédito de la foto www.la.lv

 

 

La pesada amargura de los años.

3 poemas de Vizma Belševica

 

 

Sobre su poética

Los primeros poemas de Vizma Belševica aparecieron en las postrimerías del estalinismo y jamás conseguiría desligarse su producción poética de la sombra de un régimen que practicó la represión sistemática de toda forma de disidencia o heterodoxia. Afín a los temas e imágenes propias de las doctrinas socialistas en sus comienzos, la poesía de Vizma Belševica fue volviéndose cada vez más crítica, encontrando a menudo salida y refugio en temas relacionados con la naturaleza, tema aparentemente inocuo para los poderes fácticos de la cultura poética soviética. Pero la de Belševica será una naturaleza doliente, una metáfora integral que reflejará el dolor, la descomposición de un todo un pueblo y toda una era. Escribe Belševica no sobre una naturaleza abstracta y lejana, sino una en la que es posible encontrar lugar para identificarse y crecer, hacerse fuerte bebiendo de ella. Su poesía expresa de forma sencilla el íntimo conocimiento que los letones como pueblo tienen de su fauna y flora, así como del paisaje en general. También los temas históricos servirán de telón de fondo (o cortina de humo) para sus críticas más o menos veladas al régimen. Desafortunadamente, no sólo su obra atrajo la censura parcial y el ostracismo institucional, sino que uno de sus hijos, el también poeta Klāvs Elsbergs, murió en 1987 en circunstancias reveladoras de una represalia política. Tras este suceso, Belševica dejó de publicar poesía. Según sus propias palabras, “ya no tenía nada más que decir”.

 

 

3 poemas de Vizma Belševica

 

 

Ser raíz

 

Ser raíz. En el subsuelo, adonde los rayos

no alcanzan. Adonde la luz nunca se asoma.

Una rama desnuda. Una copa sin pájaros.

Pero la fuente despliega su fina trama

en las profundidades: no debe ser interrumpida.

Es arduo el trabajo de las raíces

y sin descanso. (El sueño invernal es sólo apariencia).

Hacer acopio. Alimentar. Irrigar.

Ser vínculo mudo entre la vida y las miserias más amargas.

Entregarle a la flor blanca, a través del propio ser,

invisible y herido, el júbilo del sol,

dar voz al poder de la belleza.

 

Ser raíz. Y no envidiar a la flor.

 

 

 

Sé bien dónde estás…

 

Sé bien dónde estás,

pero no te buscaré allí.

No en la tierra generosa,

sino en la roca sembraré flores

y esperaré a que florezcan. Pese a todo.

Con los dientes apretados. De las rocas.

Que la ternura imposible

eche raíces.

Elegiré, de entre todas las sendas,

la más alejada de ti,

para que allí donde no puedas estar

aparezcas de repente a mi lado,

para que, al encontrarse los ojos,

se vuelva flor la pesada amargura de los años.

Sé bien dónde estás,

pero no es allí donde te necesito.

 

La poeta Vizma Belševica

 

Silencio

 

Soy mujer.

Soy silencio.

Y el silencio no debe decir «te quiero».

Repican las bellotas del otoño 

los tambores de las calles:

bien sabe el silencio que el roble

se adentra en la solitaria blancura del invierno

avanza hacia el albor solitario del invierno.

Igual que el silencio hará madurar a la primavera,

sufriendo el profundo estremecimiento de las riadas,

así gemirás hasta que el hielo se quiebre.

Esto ya lo sabe la mujer.

Y el silencio también.

 

*

 

Puse sobre tu palma el corazón del bosque

y el arándano rojo te reveló cuán profundo

es el tierno altruismo de sus raíces.

Pero no lo entendiste.

 

Te entregué la esperanza silenciosa

y la lealtad de la pineda: una rama de pino verde

que soportaría la helada más atroz.

Pero no lo entendiste.

 

Salí en busca de un nido vacío.

En el plumón, la cálida sencillez del amor

y la tierna cercanía del cuidado diario.

Pero no lo entendiste.

 

*

 

¿Has visto alguna vez como arde la turba?

Ni gimen las llamas ni saltan las chispas chillonas.

Sólo silencio amargo,

tan amargo que quita el aliento.

Se ahogan sin ruido, ardidas, las estrellas de musgo

en la embriaguez insaciable del romero silvestre.

 

Sin ruido derrama sus tazas de oro

el musgo de pelo sobre las cenizas.

A la tierra hundida entrega el joven abeto

sus agujas y con ella muere…

 

Y cuando oigas, cuando por fin entiendas,

el porqué del resquemor acre del silencio en la garganta,

será demasiado tarde.

Habrá un hueco negro en la paz del campo

para que la nube pasajera devenga lago

y acune peces mudos en el regazo de sus ondas.

 

*

 

Y también la mar a veces calla y calla.

Ni la más ínfima gota rompe contra la orilla.

Aguarda la mar tan eternamente

que ni respirar se debe.

Entonces le digo:

“Oh, mar querida,

pequeña mar mía, criatura infeliz,

qué difíciles son estos días para ti.

Déjame ahuecar tus arenosas dunas de seda

y ponerlas bajo tu cabeza cansada.

Descansa un poco…

Sé que suelen cargarte las espaldas

sin preguntarte si podrás soportarlo.

Y te llaman mujer fuerte.

Qué tristes brillan hebras argentadas

entre tu cabello azul.

Tan joven y ya con canas…

Tan joven y tan cansada…”

Y la mar esconde sus ojos en mis manos

y tibias gotas de ámbar no cesan de caer.

Llora cuanto quieras… te sentirás mejor…

no escuches el silencio que cubre la tierra…

Llora la mar.

 

 

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(poemas en su idioma original, letón)

 

 

Gadu rūgtums smags.

3 poemas de Vizma Belševica

 

 

Par saknēm būt

 

Par saknēm būt. Tai zemzemē, ne stars

Kur nenokāpj. Kur gaisma neieskatās.

Bez putna galotne. Bez lapām zars.

Bet dzīļu avots stīgas smalkā matā

Un nedrīkst pārtrūkt. Sakņu melnais darbs

Bez atelpas. (Pat ziemas miegs ir šķietams.)

Krāt. Barot. Dzirdināt. Būt mēmai saitei starp

Visrūgto nīcību un dzīvi. Baltam ziedam

Caur savu kroplo, neredzamo esmi

Dot saules gaviles un dailes spēku paust.

 

Par saknēm būt. Un ziedus neapskaust.

 

La poeta Vizma Belševica

 

Es labi zinu

 

Es labi zinu, kur tu esi,

Bet tur es tevi nemeklēšu.

Ne zemē briedīgā – uz akmens

Es puķi sēšu

Un ziedu gaidīšu. Par spīti.

Ar zobiem sakostiem. No akmens.

Lai neiespējamība maigums

Dzen saknes.

No visiem ceļiem izraudzīšu

To tālāko no tevis taku,

Lai te, kur tevis nevar būt,

Tu pēkšņi nostājies man blakus.

Lai, acīm sastopoties, izplaukst

Par puķi gadu rūgtums smags.

Es labi zinu, kur tu esi.

Bet tur man tevis nevajag.

 

 

Klusums

 

Es esmu sieviete.

Es esmu klusums.

Un klusums nedrīkst teikt: «Es tevi mīlu.»

Uz ielu bungām rudeni sit zīles,

Bet klusums sen jau zināja, ka ozols

Uz ziemas balto vientulību ceļā.

Tāpat kā klusums briedēs pavasari

Un mocīsies ar palu dobjām trīsām,

Līdz ledus plīstot gari novaidēsies.

Jo sieviete zin pirmā.

Klusums arī.

 

*

 

Es padevu tev plaukstā meža sirdi,

Un sīkā brūklene tev stāstīja, kāds dziļums

Ir viņas smalko sakņu nesavtībai.

Tu nesaprati.

 

Es pastiepu tev sila klusās gaidas

Un uzticību — zaļu priedes zaru,

Kas pastāvēs visskaudrākajā salā.

Tu nesaprati.

 

Es uzmeklēju tukšu putna ligzdu.

Ik dūnā — mīlas siltā vientiesība

Un ikdienišķu rūpju maigais tuvums.

Tu nesaprati.

 

*

 

Tu esi redzējis, kā kūdras zeme deg?

Ne liesmas vaimanā, ne dzirkstis spalgi sprēgā,

Vien klusums rūgts,

tik rūgts, ka elpu aizsit.

Bez skaņas vaivarāju nesātīgais skurbums

Līkst sadegušu sūnu baltās zvaigznēs.

 

Bez skaņas apgāž savas zelta krūzes

Pār sirmiem pelniem dzegužlinu stīgas.

Un jauna egle sakļauj skuju rokas

Ap zemi grimstošo un zemei līdzi mirst…

 

Un, kad tu sadzirdēsi, sapratīsi beidzot,

Kāpēc tik sīvi kaklā cirtās klusums,

Par vēlu būs.

Melns dobums lauku mierā,

Lai klīstošs mākonis par ezeru var kļūt

Un mēmas zivis viļņu plaukstās auklēt.

 

*

 

Un arī jūra kādreiz klusa, klusa.

Pat lāse niecīga pār sēkļiem nesašķīst.

Tik bezgalīgi jūra kaut ko gaida,

Ka elpot neuzdrīkst.

Un tad es viņai saku:

«Ak jūra, jūra,

nelaimīgais bērns,

Ak mazā meitene, tev šobrīd ļoti grūti.

Ļauj uzbužināt zīda smilšu kāpu,

Ko palikt tev zem nogurušās galvas.

Kaut bridi atpūties…

Es zinu, bieži krauj

Tev nastas plecos, neprasot, vai vari.

Un sauc par stipru sievieti.

Cik skumji

Spīd tavos zilos matos balta šķipsna.

Tik jaunai nosirmot…

Tik jaunai pagurt, jūra…»

Un viņa paslēpj acis manās rokās.

Un dzintars karstām lāsēm rit un rit.

Nu izraudies… būs vieglāk… nedzird

Kāds klusums pāri zemei…

Jūra raud.

 

 

 

 

 

*(Córdoba-España, 1978). Poeta y traductor. Licenciado en Traducción e interpretación por la Universidad de Granada (España) y doctor en Lingüística contrastiva por la Universidad de Ventspils (Letonia). Reside desde 2010 en Letonia. Se desempeña como profesor en la Universidad de Ventspils con actividades de creación y traducción literaria. Colabora con el centro Latvian Literature en la difusión de poesía y narrativa letona, habiendo publicado, recientemente, la traducción de la novela de Nora Ikstena Leche Materna (2021). Además de publicaciones académicas, ha publicado en poesía de repente, mineral (2003) y Rudimentos para un espacio interior (2021).

 

 

 

**(Riga-Letonia, 1931 – Riga-Letonia, 2005). Poeta y novelista. Se desempeñó como traductora. Fue nominada en tres ocasiones al premio Nobel de literatura y es una figura clave de la literatura europea. Obtuvo el Premio Tomas Tranströmer (1998). Es de gran relevancia para la literatura letona sus traducciones de autores clásicos como Dante, Shakespeare, Mark Twain o T.S. Eliot. Su obra comprende nueve libros de poesía, donde destacan Jūra deg (‘Arde el mar’, 1966), Gadu gredzeni (‘Los anillos de los años’, 1976) y Madarās (‘Entre el galio’, 1987). También publicó novelas de corte autobiográfico, relatos, literatura infantil y dos volúmenes de memorias.