La claridad herida. Reflexiones sobre «La Mujer de la bestia» (2022), de Teresa Orbegoso

 

Por Juan de la Fuente Umetsu*

Crédito de la foto (izq.) Ed. La purita carne /

(der.) archivo de la autora

 

 

La claridad herida.

Reflexiones sobre La Mujer de la bestia (2022),

de Teresa Orbegoso

 

 

(I)

La luz es invisible, precisa de un cuerpo o un objeto para mostrarse al mundo exterior.

Pero, ¿qué pasa en el interior de ese cuerpo? ¿Qué partículas se mueven en el interior de ese objeto?

Las respuestas son una especie de abismo. Y para adentrarnos o caminar sobre él, precisamos de “una cuerda”, “una cuerda sobre un abismo”.

Ese camino no nos traerá de regreso al mundo, sino de retorno a la montaña, pues la montaña está en uno, en la voz de la poeta Teresa Orbegoso, quien en su libro La mujer de la Bestia transita un viaje inverso al de Friedrich Nietzsche en Así habló Zaratustra.

En un mundo donde las cosas han tomado una dirección inversa a su sustancia, la poesía plantea un nuevo tránsito hacia la montaña, la montaña interior.

Porque solo habitando ese espacio vacío, se integrará al mundo, al inconsciente colectivo.

 

 

(II)

Al llegar al final del camino exterior, la voz poética inicia uno nuevo en el interior y vuelve a descubrir el fuego de amar: “He inventado el amor/ dice la última mujer/ y parpadea/ una cuerda tendida entre el pastor y las ovejas”. Una cuerda de luz, donde, ella, La mujer de la Bestia, confiesa:

“He trabajado para construirle su casa al último hombre/ he sido el espíritu que avanza sobre el puente/ aquella que quiere seguir viviendo y no seguir viviendo/ aquella que todavía tiene caos dentro de sí/ y quiere hacer explotar la última luz de la estrella”.

 

La confesión es transparencia, según María Zambrano. La confesión es desnudez plena, pero para llegar a verla, es necesario la luz. La explosión de la última estrella, no generará oscuridad, sino una luz mayor que lo ilumine todo y permita también mostrar la oscuridad de la poeta. Por eso, remarco:

“La última mujer inventa el amor”.

(…)

“y quiere hacer explotar la última estrella”.

 

La reconciliación de los opuestos, para que sea trascendente, debe dar nacimiento a un tercer protagonista: el viaje, el poema.

Así como de la unión de Venus y Marte nació Harmonía. La oración de la belleza.

 

 

(III)

La casa de La mujer de la Bestia “no tiene forma”, tiene pensamiento, pensamiento que fluye violento, en paz, en perdición, pero sobre todo en cambio permanente, en vuelo constante: “El nucleo de mi casa está hecho de palomas”.

El núcleo de la casa de La mujer de la Bestia está hecho de Libertad. El hogar hacia el cual ha emprendido el vuelo, la claridad herida.

 

 

(IV)

La locura, la limpieza, la curación, las palabras de Teresa nos cobijan, a pesar del dolor.

Como una flor nacida en el abismo, la belleza nos apercibe con su voz antigua y nueva. Legítima, nos muestra el abismo y al mismo tiempo la posibilidad de una redención.

“Marchaba voluntariamente al manicomio

“Lista para escuchar la voz de la polilla y el colibrí”.

“Me habían enseñado a sepultar

De la mano del ángel del abismo”.

La mujer de la bestia es una cuerda tendida sobre un abismo, sobre nuestro abismo personal y colectivo.

 

 

(V)

La luz de Teresa se manifiesta en su piedad para amar al destrozado (tal vez a aquel que tiene las manos limpias por la sangre) y “tan vivo y denso como el grito/ y que nacido del grito/ llevará al grito”.

 

El demonio de Teresa “mira hacia abajo/ cuando piensa en el cielo” y “no recuerda cómo aprendió a volar”. Quizás la salvación sea recordar el vuelo y reencontrando el cielo interior, mientras afuera caen los ángeles y los demonios.

Ella es la “cuidadora de los hombres que se odian”, que se odian porque sangran. Y siempre “Dentro de sus ojos/ alguien sufre”.

Pues, así como ha inventado el amor, ella dice: “He inventado mi alma”. La llave existencial, que abre todas las prisiones, las posibles y las imposibles, las auténticas y las falsas.

 

La poeta Teresa Orbegoso

 

(VI)

Teresa no nos habla de la montaña de Zaratustra, sino de la montaña de “La mujer de la Bestia”.

La mujer de la Bestia es bíblica, la mujer de la bestia del apocalipsis. O tal vez, es el arquetipo femenino del famoso cuento de hadas francés, La Bella y la Bestia (La Belle et la Bête), cuya primera versión publicada se atribuye a la escritora Gabrielle-Suzanne Barbot de Villeneuve, en 1740.

 

 

(VII)

A través de 33 fragmentos, visiones, parajes, la poeta re-crea el viaje de un sanador herido, un sanador herido, cuya herida es incurable, permanente. Se trata del arquetipo de Quirón el centauro mitológico, que representa el grado sumo de la curación.

Pero es imposible comenzar a curarse sin reconocer la propia herida para trascenderla: he aquí la esencia, el corazón, de La mujer de la Bestia:

“Fui arrebatada por la bestia hasta el tercer cielo. Carecí de cuerpo. Me fue mostrada su intimidad. Oh palabras inefables. Fui mujer como tal. Raptada por una fuerza más poderosa que la humana. Ni las cosas, ni las ideas existían. Descansé en su piedad. Fui esposa del abismo. Allí pude contemplar el rostro luminoso de los seres más pequeños. Fui hija de mil padres”.

 

Si rastreamos el origen de Quirón, mitad caballo mitad humano, veremos que es el hijo de la violación a la ninfa Filira, por parte de Cronos convertido en caballo.

En La mujer de la Bestia son estas señales, estos enigmas, como astillas de luz de los poemas, los que en conjunto sostienen la energía de los textos, que pueden ser considerados como poemas individuales o un solo poema río. Un río con un sentido común, la humanidad.

 

 

(VIII)

He aquí un libro escrito con pasión y compasión. Regresar del cielo o del infierno con la armonía suficiente para transmitir el mensaje, sin que las palabras dañen a los seres humanos.

Fuertes y a la vez frágiles, fusionados por la música de las esferas, los versos de La mujer de la Bestia nos tienden una cuerda cuando estamos al borde del abismo o en el abismo mismo para salvarnos y salvar a la poeta.

La poesía como una energía que convoca nuestra fuerza interior y nos hace adentrarnos en el camino más difícil, aquel que se encuentra dentro y fuera de nosotros:

“Bienaventurado sea el monstruo frío que ama todas las cosas, que ríe, que siempre ruge para que todo viva”.

 

Lima, agosto de 2022

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú). Poeta, escritor y periodista. Estudió derecho y ciencias políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), donde siguió además la carrera de Literatura. Tiene estudios de posgrado en Comunicación corporativa y comunicación digital. Ha ganado el concurso de la Municipalidad de Lima (1981), el Concurso Manuel González Prada (1985) y el Concurso el Poeta Joven del Perú (1985). Tiene más de treinta años de experiencia en periodismo, veinte de los cuales ha dedicado al periodismo corporativo. Fue editor de la revista cultural del diario El Peruano y de la revista cultural Fin de Siglo; además de trabajar y colaborar en diversos medios escritos como el diario Gestión y el diario El Comercio. Ha publicado en poesía Declaración de ausencia (1999), Las barcas que se despiden del sol (2008), La belleza no es un lugar (2010) y Puentes para atravesar la noche (2016).

 

 

 

**(Lima-Perú, 1976). Poeta e investigadora social. Licenciada en Periodismo y magíster en Escritura Creativa por la Universidad Nacional de Tres de Febrero (Argentina). Ha publicado en poesía Yana Wayra (2011), Mestiza (2012), La mujer de la bestia (2014; 2022), El álbum ilustrado Yuyachkani (junto a la artista plástica Zenaida Cajahuaringa, 2015), Perú y Abro el miedo (2019; 2021).