Eternidad sin eternidad y flores de fuego en «Vide Cor Tuum» (2017), de Juan de la Fuente

 

Por Miguel Lescano*

Crédito de la foto (izq.) grabado de Miguel Lescano /

(der.)  Ed. Perro de ambiente

 

 

Eternidad sin eternidad y flores de fuego

en Vide Cor Tuum (2017),

de Juan de la Fuente

 

 

I. Eternidad sin eternidad

  1. El poema Vide Cor Tuum de Juan de la Fuente** es una Montaña. Lejana pero accesible. Construcción de palabras. Tan lejos que no se ve donde termina. Es homenaje al silencio. Flor perdida en círculos. Volver del infinito: “Volver al origen” (25). Como guerras que aún no acaban. ¿Eternidad o infinito? Veinte siglos de pensamientos sin fin. Manifestaron los maestros del oriente. Donde fracasa la muerte y los fantasmas son flores que vuelan al Fuego. Wang Wei lo describe mágicamente: “En la montaña vacía, no se ve a nadie/ Pero se oyen voces (136).

 

  1. “Solo la flor es eterna/ La eternidad no es fuego” (26). Contradicción de vida. Brújula perdida en arenales de ojos. La crisis genera nuevas formas de amar: “La flor arde en la tarde/ El cielo estalla/ Tu corazón estalla” (27). La poesía es fuego eterno. Como planeta amarillo llameante de pasión. Didi-Huberman enciende su mirada y dice que: “La imagen quema: arde en llamas y nos consume” (9). Es un duelo a muerte entre cielo y tierra. Entre flor y la muerte. Juan de la Fuente versa: “No eres tú la que abandona la luz/ Es la luz que te abandona a ti” (28). La luz de la imaginación no es luz. Solo es un recuerdo de flores vertiginosas. Recuerdos sin/sentido que caminan por arenales. Mirada de Halcón.

 

  1. Los ojos iluminan lo no iluminado. Faroles de recuerdos en miradas fortuitas. El poeta De la Fuente lo sabe. Se aposta en la maleza exuberante de rosas rojas y susurra: “Miré tus ojos y pude contemplar el mundo” (30). ¿Es un mundo terrenal? O ¿un mundo dividido por hipócritas de cristal? Ojo sobre Ojo. La maleza explota y solo quedan cenizas de coral. Espesa como chocolate. El panorama de la ciudad entra en receso. Aves surcan los cielos en nocturna parsimonia. El miedo acecha. El poeta exige un dolor más. Grita a los vientos: “Devuélveme mis ojos para no poder mirarte” (32). El pintor Pablo Picasso tenía una mirada profunda y siniestra. Como de búho. Irresistible. Socavaba al mundo en tiernas pincelas de pasión.   

 

 

  1. Las flores del poeta De la Fuente son manos. Sujetas entre la vida y la muerte. Arrasan miradas. Es canción oscura. Como la melodía “Espejo quebrado” del grupo punk VOZ PROPIA. Agrietar miradas. Difamar mares. Sucumbir ante el fin del mundo:

No mires dos veces

El mismo espejo

El mismo cuerpo

Entra en la flor y arde (35),

 

Sobrevivir ante este dilema de odio. Odio + odio = amor. Flor + flor = caos. Geometría insalvable. Como versa el poema de Baudelaire: “La muerte nos consuela y nos hace vivir” (189). Historia sin historia. ¿De la Fuente intenta socavar en barracas extasiadas su mirada de flor? Son luchas por sobrevivir. Como flor en el abismo. Murciélagos asechan en busca de peligros y gloria: “Hay un rostro que ninguna máscara cubre” (36).  Salvaguardar encantos. Velar por las llamas de vida que predican rocanrol perpetuo.

 

 

II. Flores de fuego

  1. ¿Es fantasma un eco? El poeta Carlos López Degregori es perseguido por ecos. Huye de la gran ciudad y entre la espesura de miradas versa: “En la calle empezó a seguirme un eco./ Era oscuro y/ carlos/ carlos/ carlos/ repetía/ como si se tratara de un disparo.” (76). Lima Gótica es infernal. Día a día los malhechores invaden y profanan la Ciudad de los Reyes. Ciudad amurallada con fuego. El poeta De la Fuente se pregunta: ¿Quién fue primero en tu vida:/ El eco o el hombre? (38). Caminar por la metrópoli es doblegar fantasmas. La ciudad es mar de ojos. Seres invisibles que usufructúan pensamientos de amor. Se vengan de asesinos inquietos. De la Fuente maltrecha el futuro. Versa: “La ciencia ha fracasado/ Estamos rodeados de muros de aire” (39).

 

 

  1. ¿Sentir una daga en el corazón es acercarse a la muerte? Flores infectadas de pasión pululan por la mente del poeta de mirar infinito. Mirada oriental. Como juguetes de metáforas. Como flores sin ser:

La flor volvió a nacer volvió a nacer el fuego

La flor que te di sobrevive entre nosotros

La flor que te di es esa herida que un día te mata (40).

 

De la Fuente es fuego de metralla. Es silencio estruendoso. Como mirada angelical. Ernst Jünger manifiesta: “El poema es un sacrificio; muchas veces esto queda oculto, pero cuando no se lo ofrece como sacrificio, se disipa como sonido y humo” (53).

 

    1. En sus profundidades el mar está cubierto de vegetación y misterios. Un sin/fin de obstáculos impiden ver la verdad. El yo narrador es una flor que asesina nostalgias. Es un artista de jardines deliciosos. Como pinturas del Bosco. En Cartas a un joven poeta, Rilke dibuja una oración cromática: “Ser artista es: no calcular y no contar; madurar como el árbol, que no apura sus savias y que está, confiado, entre las tormentas de primavera, sin la angustia de que no pueda llegar un verano más” (29). ¿Juan de la Fuente es apocalíptico del dolor? ¿Es color malsano? Lanza un anzuelo desde su caña de pescar y aclimata bondades. En profundas aguas del océano silban sirenas. Mientras De la Fuente despedaza gotas de rocío. Busca a su amada y le canta: “Los peces navegan en las profundidades donde vives/ Tú que aún no vives/ Y no hay flores que prescindan de tus pétalos” (41).

 

 

      1. El amor doblega embarcaciones de acero. Apostadas en la música de una ciudad ruidosa. La noche llega de pronto. Fantasmas deambulan como hormigas. Milagro divino: “La flor ardió en la flor” (42). Flor multicolor de vida heroica. Una flor salva vidas. Es luz de desierto. Es Paz y Violencia. Ejercicio del bien y del mal. Velocísima ciudad. Lima de Amancaes Vehículos de lata cruzan la avenida Tacna y caen al Río hablador. El sonido ya no penetra corazones gastados. Llegó la hora de bailar en los arenales de esta tibia ciudad. De la Fuente lo sabe. El calor consume viejos recuerdos: “Entra en la flor como una danza/ Entra en la flor y permanece/ Entra en la flor/ Y arde” (43). El mar inicia un camino a la deriva y las rosas brindan su mejor color.

 

 

Referentes:

Wei, Wang. En “POESÍA Y PINTURA”.  De Pierre Ryckmans. EL PASEANTE. Nº 20-22. Madrid: Ediciones Siruela, 1993.

Didi-Huberman, Georges. Arde la imagen. Oaxaca: Ediciones Ve. 2012.

Baudelaire, Charles. Las flores del mal. Barcelona: Ediciones Orbis. 1982.

López Degregori, Carlos.  Una mesa en la espesura del bosque. Lima:  Ediciones Peisa. 2010.

Jünger, Ernst. El autor y la escritura. Barcelona: Editorial Gedisa. 1996.

Rilke, Rainer María. Cartas a un joven poeta. Buenos Aires: Siglo Veinte. 1957.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1963). Poeta y artista plástico. Desarrolla e interacciona las disciplinas de las artes visuales y la literatura con el objetivo de crear una obra de arte autónoma. Magíster en Escritura creativa por la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Codirige desde el 2000, junto a la artista Liliana Avalos, el Taller de Grabado Cono Norte. Como artista plástico ha realizado 25 exposiciones individuales en ciudades como Nueva York, Buenos Aires, París, Boston, Ottawa, Madrid, Barcelona y Lima. Ha publicado en poesía Ilusión caja de poesía (2018), Disonante. Texto & imagen (2017), La música dibuja el cielo (2011), Sonrisa negra (2002) y Lima sobre Lima (1987).

 

 

 

**(Lima-Perú, 1963). Poeta, escritor y periodista. Estudió Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), donde siguió además estudios de literatura. Tiene estudios de posgrado en Comunicación Corporativa y Comunicación Digital. Tercer lugar en el Concurso de la Municipalidad de Lima (1981), Primer lugar en el Concurso Manuel González Prada (1985) y mención honrosa en el Concurso el Poeta Joven del Perú (1985) y en el Premio Copé de Poesía 2007. Tiene más de treinta años de experiencia en Periodismo, veinte de los cuales ha dedicado al periodismo corporativo. Fue editor de la revista cultural del diario El Peruano y de la revista cultural Fin de Siglo; además de trabajar y colaborar en diversos medios escritos como el diario Gestión y el diario El Comercio. Ha publicado en poesía Declaración de Ausencia (1999), Las barcas que se despiden del sol (2008), La belleza no es un lugar (2010), Puentes para atravesar la noche (2016) y Vide Cor Tuum (2017).