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Por Carlos Cociña*

Crédito de la foto (izq.) www.poetassigloveintiuno.blogspot.com /

(der.) Ed. Salto de Mata

 

 

Epilogo a El ojo de Chile (2020),

de Luis Verdejo Navarro**

 

 

Las palabras pueden abordarse desde distintos sentidos, emergen desde estos en forma táctil, sonora o visual. Las culturas privilegian alguno de ellos, pero los tres aspectos están siempre presentes. Con especial énfasis, en algunos territorios y tiempos, la sonoridad con sus ritmos y cadencias, vibran como un canto desde la escritura alfabética.

Lo que se construye con palabras se integra como un elemento más de lo que se quiere representar, no lo copia, lo reconstruye para que recircule más allá de su ocurrencia. Y la lengua contiene una carga que sobrepasa la conciencia de quien la utiliza y construye a la vez.

En cualquier situación, y más en el horror, balbucear, pestañear, tropezar, son constantes hasta que se materializa un sentido que aparece desde ese acto de impotencia. Ahí, en ese cruce, convergen y se expanden distintas vertientes de los sentidos.

 

 

El detonante de ideas, sensaciones y percepciones, puede surgir inesperadamente desde un lugar inusitado, que se ensancha, casi sin intención. Esa deriva es la que adquiere fuerza en El ojo de Chile.

El primer golpe de vista es un esquema de cómo funciona biológicamente la visión, lo que apunta precisamente a aquello que se ha perdido. La presentación se construye desde y con aquello que se destruyó.
La manifestación del hartazgo, de la rabia, de la perdida de paciencia de las personas ante la injusticia, expresada con el cuerpo, la voz y el trazo sobre las murallas, se pretende aplacar cegando para que no puedan ver o vivir.

Ese espesor que se va creando a lo largo del texto, donde la palabra enceguecer se quiebra, y las imágenes son imposibles de escribir porque están vaciadas de sí.

 

El poeta Luis Verdejo Navarro

 

Los trazos parpadean en el momento de su destrucción, se transforman en un rostro velado, quemado por una luz negra, una masa encefálica que destella.

Lo notable de la obra de Luis Verdejo Navarro es que rearma la visión mirándola, y no lo dice, la hace ver, y esa imposibilidad no es su descripción, es el horror.
El ojo de Chile es una obra contundente, donde la escritura logra una notable coherencia en textos e imagen, una suma de ideogramas en palabras.

 

Noviembre de 2020

 

 

 

 

 

*(Concepción-Chile, 1950). Poeta. Obtuvo el Premio Municipal de Santiago de Literatura (poesía, 2014), el Premio Círculo de Críticos de Arte de Chile al mejor libro de Poesía (2017) y el Premio a la Trayectoria de la Fundación Pablo Neruda (2017). Ha publicado en poesía Aguas Servidas (1981, 2008, 2016 y 2018), Tres Canciones (1992), Espacios de Líquido en Tierra (1999), Dos (2004), Plagio del Afecto (2010), El Margen de la Propia Vida (2013), La casa devastada (2015 y 2017) y Poesía Cero (2017). En soporte virtual ha publicado A veces cubierto por las aguas (2003), 71 (setenta y uno) (2004) y Plagio del afecto (2003 a 2009).

 

 

 

**(Tijuana-México, 1967). Pintor, escultor y poeta. Ha publicado en poesía Poemas de la mano izquierda (2008), Los poemas de la musa negra (2016) y El ojo de Chile (2020).

 

 

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