“El caucho ha destrozado la vida social en la Amazonia”. Entrevista a Miguel Donayre Pinedo

 

Por Carlos Reyes Ramírez

Crédito de la foto (izq.) archivo del autor /

(der.) Ed. Tierra Nueva 

 

 

“El caucho ha destrozado la vida social en la Amazonia”.

Entrevista a Miguel Donayre Pinedo

 

 

Miguel Donayre Pinedo es un destacado escritor y ensayista peruano. Desde hace más de veinte años vive en Madrid, España. Su reciente libro, Quebradura. Breviario de viajes, es un repaso con escalpelo de cirujano por la Amazonia republicana, sumergiéndose en las entrañas de sus problemas y reflexionando sobre sus potenciales soluciones. Esta es la entrevista realizada a propósito de su viaje a la capital loretana en diciembre próximo.

 

 

Entrevista

 

 

Carlos Reyes Ramírez [CRR]: La primera impresión que tengo de Quebradura. Breviario de viajes es de un libro que nace de la esperanza. Su génesis es un hospital, en una planta de Neumología durante la pandemia. ¿Es una reflexión sobre la memoria para aferrarse a la vida?

Miguel Donayre Pinedo [MDP]: Tenía una neumonía bilateral y rozaba la muerte. Mi tabla salvadora fue la lectura, sin ella no hubiera sobrevivido ―pedía libros a Sonia y ella, contagiada también del COVID-19, hacía milagrosos esfuerzos para que me llegasen. Lo que no te mata, te hace más fuerte, dice un dicho popular. En la soledad de esa cama del hospital brotó la idea de Quebradura. Breviario de viajes, la cabeza da puntadas por donde unos menos espera.

Sí, era aferrarme desesperadamente a la vida. Fue una experiencia traumática. Escribía frenéticamente en unos cuadernillos mientras estaba en el hospital, pergeñada las primeras ideas de Quebradura… Comentan que Ricardo Piglia estuvo en el fragor de la escritura hasta el día que se murió, la escritura y lectura como salvación.

 

 

[CRR]: Quebradura… es un libro de amor por los libros, se percibe la importancia de saber, de conocer. “Leer un libro te hace modesto”, dice Cristopher Morley. La floresta amazónica es un lugar, al decir de los reportes oficiales, de baja comprensión lectora y escasa lectura de libros. ¿Qué está fallando? ¿Dónde está el cuello de botella?

[MDP]: A través de ese amor por los libros era proponer unos criterios para leer la floresta. No es la visión de un crítico literario que ellos hacen su trabajo ―en la floresta adolecemos de trujamanes de fuste. Es el testimonio de un pata que trabaja con la lectura y la escritura. Es un espacio, la del ensayo, que los que vivimos en la floresta no hemos explorado debidamente. Es un territorio casi virgen. Pamuk, Vargas Llosa, Piglia entre otros han apostillado libros. Es otro punto de vista que la de un crítico literario.

Uno de los más grandes defectos es no saber leer la Amazonia, desgraciadamente, seguimos con esas lentes trucadas, defecto en que propios y extraños incurrimos. Escribir y leer libros en un contexto de baja comprensión lectora era y es también un reto ¿Quién va a leerlo? Pero resulta que a Quebradura… lo han leído varias personas, he roto el baremo de los cuatro amigos y familiares que te leen cuando escribes. Esto me ha animado en pensar en una próxima edición aumentada, corregida y actualizada con una editorial de Lima.

En cuanto a la baja comprensión lectora es una muestra de la crisis del sistema educativo, pero en el palustre la crisis se agudiza y cronifica por esa visión tan centralista, no sólo de Lima, tenemos una pasmosa deuda histórica con la Amazonia rural.

Pero creo que no hay que desalentarnos. Hay personas o “quijotes del trópico” con mucho tesón y persistencia como Yamileth Pinedo Yuimachi en Caballococha, Paul Rodríguez Gonzáles en Contamana, Delcy Ríos Varela y Herlinda Navarro Cobos en Iquitos, que luchan denodadamente contra esos molinos de viento. Se están dejando piel en esta tarea hercúlea de buscar ese amor con los libros. Lo ideal es que haya una política regional sobre la lectura, no encomiables esfuerzos aislados. Lamentablemente, esta política de lectura es inexistente, no solo en estos tiempos.

 

 

[CRR]: Es un libro que abarca muchas materias del conocimiento humano, un libro abarcador. Es una lectura múltiple y compensatoria que se relaciona con un ecosistema frágil como el amazónico.

[MDP]: Sí, la Amazonia nos enseña a romper esos compartimentos estancos, ruptura al que estamos obligados cuando reflexionamos sobre la floresta sino la aproximación sería fallida, la sabiduría ancestral indígena nos ha mostrado ese camino. Necesitamos tener una visión más sistémica, no una visión de túnel. Hay que recordar, como dices, que vivimos en un contexto de un ecosistema frágil al cual hemos cantado y alabado, pero que no sabemos manejarlo. Hacemos cada burrada que pasa factura a otras generaciones. Una muestra de nuestra torpeza, de las muchas, es el puente sobre el río Nanay, ¿es un puente producto de una dialogada estrategia de desarrollo o es la venada de un gobernante? Así andamos dando palos de ciego y con tremenda irresponsabilidad.

 

 

[CRR]: En el libro se lee la cita de Fernando Bárcena en La Esfinge muda. El aprendizaje del dolor después de Auschwitz: “No se puede educar despreciando la historia y la memoria biográfica de quien se forma”. ¿Cómo crees que relaciona esta afirmación de la escritura en la Amazonia con respecto a la época del caucho, a esa “zona gris” que mencionas en el libro?

[MDP]: El libro de Bárcena vendría a pelo que las maestras y maestros de la floresta pudieran leerlo, tendrían más aprecio a lo sucedido en el Putumayo. La historiadora Carmen McEvoy menciona que las peruanas y peruanos adolecemos de una “desorientación cognitiva”, que fácilmente olvidamos, y a los amazónicos y amazónicas nos ha pasado con el caucho o la aproximación a ese sangriento momento de nuestra historia ha sido miope. En esta misma tesitura alguien citaba a un concepto de los “recuerdos encubridores”, nos fijamos en ciertas situaciones con ahínco y olvidamos otras más importantes. Ahí somos campeones, alardeamos el período cauchero por las importaciones de los productos de Inglaterra o Francia, y callamos de las muertes de indígenas que trajo su explotación desmedida para satisfacer los deseos del norte económico.

El caucho ha destrozado la vida social en la Amazonia, sus efectos duran hasta hoy como ha sido el racismo, el menosprecio al diferente, al otro. Son las “marcas” del tiempo que perduran que mencionaba la escritora argentina Andrea Milano. Además, las aproximaciones sobre el caucho han sido con luces cortas o de una simplificación peligrosa. No sólo fue la muerte de los caucheros contra los indígenas, también los indígenas asesinaron a los propios indígenas (la zona gris citada), por eso digo, que el caucho ha destrozado la convivencia en la floresta.

Esa misma situación ha sucedido, con los asháninka, Sendero Luminoso, ha violentado brutalmente la vida de este pueblo indígena. Un comisionado de la Comisión de la Verdad y Reconciliación hablaba de lo sucedido en la Selva Central era de las proporciones de un holocausto. La misma CVR señalaba que llegaba a la convicción que, contra los asháninka, se había cometido el delito de genocidio. La reconstrucción de la Amazonia es una tarea de largo plazo.

 

 

[CRR]: Tú eres un escritor que pese a vivir fuera del Perú por muchos años tienes una conexión permanente con la tierra de nacimiento. ¿Después de la pandemia de SARS-CoV-2 crees que los amazónicos han cambiado su percepción del mundo?

[MDP]: Estamos ante una situación de emergencia climática y, poco o nada, hemos cambiado. No solo en la floresta, en el mundo. La región amazónica ha sido una de las áreas donde la pandemia del COVID-19 nos ha golpeado de manera atroz, Iquitos y Manaos era sinónimo de tragedia en el tema de salud. Pero más o menos controlada esta no hemos hecho nada para remediar. También advertir que el sistema de salud ha colapsado. Este sistema de salud de mínimos, es el legado de las políticas de austeridad, fue incapaz de frenar la pandemia. No creo que hayamos cambiado, tampoco creo que las nuevas autoridades cambien la dirección en la que nos encontramos. Hemos entrado en una fase de corrupción generalizada.

 

El narrador y ensayista Miguel Donayre Pinedo

 

[CRR]: Llama la atención que en un libro que pretende ser “literario” haya buena información científica. La conexión global entre el Sahara y la Amazonia estudiada por la ciencia es una de ellas. ¿Cuál crees que el papel de los científicos y de los gobiernos con respecto a la sostenibilidad en la cuenca amazónica?

MDP. El enlace del Sahara con la Amazonia es una gran metáfora de interconexión del mundo, más en estos tiempos de emergencia climática. Las arenas del Sahara fertilizan los bosques amazónicos a través de un recorrido transcontinental. Literariamente, estas conexiones las ha trabajado de una manera brillante Olga Tokarczuk, gran escritora polaca y Premio Nobel de Literatura 2018. Esa es la exigencia de la interconexión, no solo en la ciencia, es por vivir en la floresta.

De otro lado, los gobernantes han tenido una visión extractivista sobre la floresta y de los Andes, miremos los símbolos del escudo peruano. Apuntan a los recursos naturales, sí, pero desde una percepción del descepe. Desgraciadamente, la ciencia ha contribuido poco a la concienciación sobre la Amazonia. El Instituto de Investigaciones de la Amazonia Peruana ha sido una oportunidad perdida por múltiples razones de peso político y de las personas que la han conducido erráticamente.

 

 

[CRR]: Róger Rumrrill ha martillado con la idea que la Amazonia es la última renta estratégica del planeta. Vivimos la era del Antropoceno, el hombre es el responsable de la debacle de los ecosistemas. ¿Todo en la Amazonia se puede vender? Hablemos de los bienes comunes y su importancia en contextos sociales de mucha agresión y de lógica extractivista de recursos naturales y la apropiación de los saberes ancestrales.

[MDP]: Es una idea o concepto que hay que discutirlo más. No se puede lanzar alegremente eso a la palestra porque pierde la Amazonia. Así como estamos en tanta orfandad, proponer la renta estratégica nos coge con el pie cambiado. Tengamos sumo celo porque, efectivamente, se arremete contra los bienes comunes. ¿Cuál o cuáles son su valor en el mercado?, y los saberes ancestrales que andan desamparados. Es otra lógica la que opera en la renta estratégica, la del mercado, en la que la Amazonia casi siempre sale mal parada. Hay que extremar el celo.

Observo con preocupación iniciativas como la del Pacto por la Amazonia, me dan escalofríos. Mayoritariamente son instituciones, ONG limeñas que se han instalado en la floresta por estrategia de la captura de los fondos económicos y que adolecen de una visión desde la Amazonia.

Recuerdo que en los años ochenta hubo una fuerte movilización social de reivindicación por la Reserva Nacional Pacaya Samiria, y en un pispás, hoy se está explotando petróleo en ella siendo el área donde se producen serios problemas sociales, y con la complicidad de muchas de estas ONG cuyos integrantes estuvieron en el gobierno. No tiene buena pinta, ojalá me equivoque.

 

 

[CRR]: La zona de sacrificio es un espacio sujeto a severos daños del ecosistema donde el Estado no ha tomado acciones y actúa de manera negligente. Madre de Dios es un ejemplo de ello. En Loreto, los derrames de petróleo en Cuninico atentan con la naturaleza y contra la vida de los pobladores de la zona, en su mayoría pueblos originarios. Pobladores de estas zonas se han quejado que no tienen agua para beber. Veo que las redes sociales no son empáticas con ellos (con los pueblos indígenas) y se puede percibir en el ambiente actitudes clasistas y racistas entre los propios amazónicos. ¿Cuál es tu lectura sobre este tema tan difícil?

[MDP]: Leía hace poco que un funcionario público en sus labores de supervisión a la Administración del Estado daba cuenta que las postas médicas, por la cuenca del río Marañón, estaban técnicamente en la precariedad y a punto de colapsar. No había sanitarios, ni material para las analíticas, los botes ambulancias inutilizados. No había ni ambulancia de Nauta a Iquitos, todo esto en una zona de los derrames de petróleo. Con todo este panorama, ¿las personas que viven en esa zona deben soportarlo estoicamente? Resulta triste comprobar la falta de empatía ante la tragedia. ¿Cómo nos han educado? Los comentarios son un engrudo de racismos, clasismo, machismo… ¿Es una ciudadanía de segunda o tercera clase vivir en el mundo rural? Uno se queda espantado. El Estado, las autoridades nacionales, regionales y locales han descuidado hasta el abandono los servicios públicos en la Amazonia rural. Los amazónicos urbanos tenemos el mismo prejuicio centralista que los de Lima.

Hace poco, un Asentamiento Humano de Punchana, interpuso una acción de amparo para acceder al agua portable, y los magistrados de la Corte Superior de Justicia de Loreto demostrando poca sensibilidad la denegaron. A todo nivel andamos ciegos.

Siguen los problemas como la cuenca del río Nanay y la explotación de oro por la minería ilegal. ¿La minería legal es respetuosa del entorno natural y las poblaciones locales? Lo dudo. Hay que aplaudir que de manera perseverante están haciendo saltar las alarmas los del Comité del Agua o Kenny Hualinga con sus denuncias sobre la corrupción en esa zona. «Hay mucho tajo», como dicen por aquí.

 

 

[CRR]: Desplazar el centro, escribir de los márgenes, descentramiento institucional. Estas ideas pregonan vías para romper con el asfixiante centralismo que puede ser geográfico o mental. Indicas en el libro que cierto discurso de marginalidad refuerza el sentimiento centralista. ¿Los escritores amazónicos trabajan la ruptura centralista o se han quedado en la disertación oficial que trata como hijo menor a los márgenes?

[MDP]: Es una pregunta nada fácil de responder, tiene muchos vértices. Creo que el centralismo ha ganado en todos los frentes, no hay ninguna resistencia. Nos han doblegado. Trabajar desde los márgenes es una tarea asombrosa que no tiene descanso. Lo digo en Quebradura… que los textos de César Calvo, Ana Varela, Percy Vílchez y Carlos Reyes han borroneado los márgenes de manera inteligente teniendo como apoyo la memoria histórica y la ecología. A los escritores se les juzga por sus obras, y creo que el florilegio que se apostilla en Quebradura… es una muestra de un gran trabajo de márgenes. Lamentablemente, este tesonero trabajo no ha sido continuado.

 

 

[CRR]: Quebradura… hace referencia a Radio Belén, el cortometraje de Gianfranco Annichini, un corto de 12 minutos aproximadamente que sorprende por el sentimiento que trasmite. ¿Se puede vincular Radio Belén con los filmes de Silvino Santos durante la época del caucho? Siendo estos filmes, aunque disímiles, derroteros de una filmografía amazónica, ¿qué futuro le espera al cine en la floresta amazónica?

[MDP]: Tocas varios palos. Radio Belén, es un gran documental. Polifónico. Tiene varios centros. Garrapatea los márgenes. Muestra el barrio de Belén en sus múltiples dimensiones de pobreza, contradicciones y de tenue esperanza. Cada vez que lo veo tengo nuevas lecturas. No se agota en una lectura.

Por otra parte, Silvino Santos estuvo vinculado a Julio C. Arana y jugó un papel importante como fotógrafo y documentalista en los territorios caucheros. Mi lectura y la de otros, es que esforzó en maquillar las muertes en las estradas de la goma. Pero esta lectura difiere plenamente en Brasil que ha sido reconocido como el cineasta de la Amazonia. Ambas muestran las dos derivas de la filmografía amazónica. Una más complaciente y la otra de denuncia, de registro, de hacer visible a los nadie.

Desde aquí, en Madrid, he podido ver la película El abrazo de la serpiente, relacionada con la Amazonia. Gran película de registro, de abrir espacio a los sin voz. He escuchado de una escuela de cine en Pucallpa, pero no he podido ver ninguna de sus proyecciones. Los integrantes de pueblos indígenas también están produciendo sus propias películas. Están aprovechando perspicazmente estos formatos, creo que han encontrado una “quebradura” interesante.

 

 

[CRR]: Tu retorno a Iquitos será como volver a la infancia y a la adolescencia, a cierto estadio de la memoria, a reunirse con amigos, pero también tendrás encuentros con alumnos de colegios, participarás de conversatorios, dictarás un taller, darás entrevistas, etc. ¿Es esta una versión de una declarada lucha constante contra la ignorancia y la injusticia en la selva del Perú?

[MDP]: El cobijo del Grupo Cultural Urcututu me ha permitido este tour a favor por la lectura, es un buen paraguas. Cuando te comenté que iba a Iquitos me dijiste sí había la posibilidad de hacer esos eventos. Con mi respuesta y con el entusiasmo de la poeta Ana Varela, a tres bandas y en lugares tan dispares como Iquitos, California y Madrid hicimos este programa que no es nada fácil. Me admiró la vitalidad de Ana y tuya para hacer este tipo de actividades. Con ese mismo espíritu juvenil de Urcututu y su primer manifiesto, no habían pasado los años.

Creo que el Grupo Cultural Urcututu y las actividades están encaminados en esas señas, la de poner un grano de arena contra la injusticia y la ignorancia en este lado de la Amazonia. No podemos quedarnos mano sobre mano.

 

 

 

 

 

*(Iquitos-Perú, 1962). Narrador y ensayista. Ha publicado en cuento Ocaso de los delfines (2001) y en novela Estanque de ranas (2006, 2007), Archipiélago de sierpes (2009) y El búho de Queen Gardens Street (2011), en las que se relata el drama cauchero desde diferentes puntos de vista. En 2012 estas novelas se presentaron como la trilogía El insomnio del perezoso. Luego publicó las novelas Fulgor de luciérnagas y Turbación de manatíes (2014); y en ensayo Quebradura. Breviario de viajes (2021), donde propone cánones para leer la Amazonia.

 

 

 

**(Loreto-Perú, 1962). Poeta. Biólogo con un posgrado en Acuicultura por la Universidad Nacional de la Amazonia Peruana. Cofundador, junto con Ana Varela y Percy Vílchez, del grupo cultural Urcututu. Fue director del Instituto Nacional de Cultura de Iquitos entre 2007 y 2009. Obtuvo el Premio Copé de Oro (1986). Ha publicado en poesía Mirada del búhoEn el mejor de los mundos (2001), Retorno al parque de los pescados (2003), Animal del lenguaje (2011), Las provincias secretas (2018), Jaguar abre los ojos (2020) y Ukamara. Ojo de serpiente (2022).

 

 

A %d blogueros les gusta esto: