Diez poetas de la ciudad de Temuco

 

Por Patricio Alvarado Barría*

Crédito de la foto: www.atptour.com

 

 

Diez poetas de la ciudad de Temuco

 

En esta selección poética presentamos una breve muestra de diez poetas actuales de y desde Temuco, ciudad emplazada en Wallmapu, territorio en resistencia.

 

La ciudad de Temuco fue fundada en 1881 como un fuerte militar durante la invasión de Wallmapu, en el cono sur del continente americano. La historia es conocida: durante el periodo de la Ocupación de La Araucanía, el territorio volvió a ser invadido por el ejército chileno en conjunto al coloniaje europeo, bajo el pretexto de ejecutar el proyecto modernizador occidental, consumado en la usurpación de la tierra y amparándose en la letra de una ley ajena a la autodeterminación de sus habitantes. A través del ejercicio de la violencia y la legalidad extranjera, se desconocieron los tratados históricos entre los pueblos con el fin de explotar sus recursos para enriquecer al latifundio. Un denominador común nada nuevo para los pueblos del hemisferio sur.

En el presente, el modelo se ha profundizado sin mermar su violencia. Lo observamos desde el periodo de la Dictadura cívico-militar chilena, cuyos amarres constitucionales tuvieron un efecto que ha permanecido en las décadas posteriores al pacto concertacionista hasta el día de hoy. Nada extraño cuando el actual gobierno chileno del Frente Amplio, en conjunto a la extrema derecha, han dotado de mayor poder a la policía y los demás cuerpos represivos. De modo que, junto a los crímenes y al acoso permanente de los organismos del Estado contra la resistencia territorial, se suma el saqueo del empresariado como la norma en el modo de habitar este y otros territorios. Los medios de comunicación, por su parte, han desplegado un programa ceñido por sus dueños: las mismas corporaciones que continúan secuestrando derechos básicos como el agua o explotando el suelo con plantaciones de monocultivos, entre otras prácticas extractivistas. Así las cosas, no resulta extraño que la ciudad y la región mantengan índices históricos de desigualdad, o que Bloomberg Green y OpenAQ hayan informado que Temuco es una de las ciudades más contaminadas del mundo durante los últimos años.

Con más o menos estadísticas, sea de la mano de los herederos de los invasores o de las empresas transnacionales como Endesa, HP Global o la noruega Statcraft en el amplio territorio del sur, la historia de la ciudad concentra en su presente una constante no solo hostil, sino que también una suma de contrariedades vitales para el ecosistema, la vida humana y, lógicamente, para el ejercicio artístico y literario. A la precarización de las condiciones del trabajo artístico, las instituciones de diversa índole han insistido en anular el pensamiento crítico y en mantener su producción bajo un estatuto folklórico y anodino, llámese Municipalidad de Temuco o CMPC, empresa de la industria maderera perteneciente a la familia Matte que, a pesar del daño irreparable al ecosistema y a las vidas humanas, busca limpiar su imagen con concursos como Araucanía en cien palabras.

El mismo modo, la ciudad, como centro neurálgico de la región, ha carecido de espacios básicos de circulación artística, como librerías y medios tradicionales, cuyos fines, en el caso de que existan, se oponen o marginan a la producción poética. No es casual que, por ejemplo, la errática dirección editorial de Ediciones UFRO University Press (sí, en inglés), a pesar de contar con las mejores condiciones materiales en la región para operar, han sido incapaces de consolidar proyectos relevantes para la poesía contemporánea local. Tampoco es casual, por señalar otro caso obsceno, la marginación del trabajo literario de las poetas y escritoras, como lo padecimos durante la programación de la última Feria municipal del libro de Temuco bajo la administración de Roberto Neira —sí, mejor que con Becker, el anterior alcalde de la ciudad, pero compararse con la herencia más rancia de la Dictadura no representa ningún logro—, cuya improvisada organización ni siquiera resguardó un mínimo ético, culpando a las editoriales —solo por citar uno de sus problemas más visibles—.

Entre tanta desidia, la mención es necesaria, pues no basta mirar hacia el lado y aplaudir la constante precarización de la cual los proyectos independientes y comunitarios se han hecho cargo, revitalizando la actividad en el territorio a punta de sangre y sudor, pero no de lágrimas. No hay quejas aquí y el poder continuará en su propia inercia de pitutos y amiguismos. Las y los poetas de la ciudad han desarrollado una labor de resistencia ininterrumpida en el territorio y, como siempre, de forma alterna al poder hegemónico en revistas, colectivos independientes, bares, bibliotecas autogestionadas y diferentes espacios (espacio KOM, espacio Triángulo, biblioteca comunitaria Guido Eytel, bar Acapulko, y un largo etcétera) que tienden un puente vital hacia los lectores. De este modo, la poesía ha logrado una línea de continuidad del pensamiento que va más allá de los límites de la inercia cultural, ya sea sobreviviendo en la oralidad o en la independencia de los formatos, soportes y espacios, incluso durante el marasmo generalizado de los escritores de los años noventa y los dos mil, que hasta el día de hoy continúan reciclando el larismo teilleriano y la mistificación de la aldea.

Lejos del centralismo capitalino y sus sitios de privilegio, del extractivismo académico, de los amiguismos en los medios de comunicación hegemónicos, de los antiguos vicios que heredan desde la comodidad algunos espacios universitarios; incluso lejos del etnoturismo, del romanticismo de quienes encuentran en la idealización del “sur” —o de lo “periférico”— una identidad deslocalizada y que buscan restituir imaginariamente, y así también de quienes utilizan el anclaje al territorio como un sustrato político para el autobombo sobre las pasarelas del victimismo europeo; ajenos a todo esto, el trabajo poético de esta ciudad nos ofrece una diversidad de voces que se mantiene en pie, aunque se haya hecho todo lo posible por fijar su silencio.

Cuando pienso en Temuco, lógicamente no reduzco el campo de observación solo al espacio de la ciudad con límites exactos. Sino como un espacio de convergencia donde se reúnen voces y escrituras que, asentadas desde siempre o en tránsito, han construido un complejo mapa literario en la región. En este lugar, editoriales independientes como la histórica y esencial Cagtén, así como Poleo, Venérea Violenta, Libros del perro escondido, Weftuy, Genlol y —al margen de su irregularidad— Tortuga Samurái, la porteña Bogavantes o Pululo, entre otras, han sido levantadas a pulso. Aunque la lista es larga, se pueden sumar los proyectos de las generaciones más recientes que han buscado visibilidad a toda costa, ya sea por medios físicos o digitales.

Miles de páginas acumulan el trabajo de poetas que exploran diversos temas y problemas, desde el intimismo hasta la historia local que da marco a estas líneas; desde la violencia cotidiana hasta la contingencia política; o de lo visual a lo corporal, como revisaremos a lo largo de estas entregas. Llama la atención la desmaterialización de los soportes y el ingreso a los circuitos performáticos que han llevado adelante las propuestas poéticas bajo la búsqueda por sobrevivir y expandirse, logrando un alcance con profundidades insospechadas. Este es el caso de acciones realizadas por artistas como Insistencia Colektiva, Nandy Moglia —pseudónimo de Natalia Moya— o Lorenza Aillapán. A este contexto, se suman las publicaciones de las autoras que durante demasiado tiempo se han mantenido en un silencio editorial, como el caso de Dafne Meezs y Carolina Quijón Sáez —aunque bajo sellos situados lejos de esta geografía y, en algún caso, con editoriales de prepago—, y las voces de poetas como Felipe Caro Pérez, Claudia Jara Bruzzone, Pablo Ayenao, Jorge Volpi, Carla Navarro, Bastián Chandía Millanao, Ange Cayuman, Cristian Cayupán Mora, entre otras escrituras.

De esta manera, hemos preparado nuestra selección a partir del trabajo de diez poetas que han desarrollado una escritura consistente a lo largo de los años, y que han convergido por más de una década en una ciudad asediada, expresando un presente vivo en poemas urgentes, valiosos y, ante todo, necesarios, reproducidos en este especial de poesía actual de Temuco.

 

 

 

 

 

*(Temuco-Chile, 1988. Poeta. Licenciado por la Escuela de Artes de la Univ. Católica de Temuco (Chile), magíster en Teoría e Historia del Arte por la Universidad de Chile y máster y doctor en Literatura por la Universidad de Barcelona (España). Obtuvo el Premio Mejor Obra inédita del Consejo Nacional del Libro y la Lectura y la beca para escritores del CNCA (2009 y 2018), de la Fundación Pablo Neruda (2014) y de la Comisión Nacional de Investigación Científica y Tecnológica (ANID, Ex Conicyt). Se desempeña como profesor de Investigación artística de la UCT (Chile) y dirige el Taller de poesía para estudiantes de la UFRO. Ha publicado en poesía Triage (2015), Edad de la ira (2019 y 2022), entre otros, así como la investigación Ampliación del Fuerte Recabarren. Reconstrucción de Temuco a través de diez artistas jóvenes (2014). En la actualidad, se encuentra finalizando el proyecto Estéticas visuales, hibridez y simulacro en la literatura chilena contemporánea (2018).