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Por Ray Paz Quesquén*

Crédito de la foto (izq.) www.newhumanist.org.uk /

(der.) www.indecquetrabajaiii.blogspot.com

 

 

Cuando Paul Celan paseó por el Bosque Negro

con Martín Heidegger

 

 

Julia Wong, una tarde en Chepén

me confesó que yo escribo cuando leo a Celan.

R.P.

 

Celan esperaba oír la palabra perdón de labios de Heidegger.

Heidegger guardó silencio.

Fernando Gilabert[1]

 

 

En 1933 las autoridades hitlerianas designaron a Heidegger como Rector de la Universidad de Friburgo, y lo proclamaron públicamente como el Primer filósofo alemán.

El 27 de junio de 1942, los padres de Celan fueron llevados a un campo de concentración Nazi, en noviembre su padre sucumbió de tifoidea, meses después su madre fue muerta de un balazo en la nuca. Éstos hechos significaron el punto de partida de una confesión hermética y penosa que apreciaremos en los más de 1200 poemas escritos antes del suicidio del poeta nacido en Czernowitz; el arrepentimiento y la culpa de un hijo que no pudo dar la vida por su madre y su padre, la primera piedra roída de silencio había sido arrojada para ocultarse en su propia Sprachgitter (‘reja del lenguaje’).

El hombre que definió Heidegger no es libre, es un ser para la muerte”, y es insociable, ya que “ser con los demás(das mistein), conduce a la despersonalización, lo único que lo puede redimir es un acto no realizado, un acto que tiene un tiempo indeterminado en un eterno futuro que se hace presente y luego pasado, “la temporalidad primordial”, del ser que ha adoptado una existencia auténtica; como lo expresa en el Ser y el Tiempo, obra preferida de un Celán poco o menos ya desarraigado.

En 1953 Gisele, pareja de aquella época del vate quedó embarazada, pero antes de que el pequeño pudiera ver la Compulsión de luz (título de un poemario de 1967) de un mundo derruido, feneció.

 

Epitafio para François

Las dos puertas del mundo

Están abiertas:

Abiertas por ti

En la doble noche (…)

 

(De Umbral en Umbral, 1955.)

 

Heidegger en sus memorias o Cuadernos Negros, asimila un antisemitismo hasta de corte metafísico, que no suplirá jamás las disculpas en su dicho: “Hay gloria en el equivocarse”, para el filósofo, los judíos pertenecen a una “raza maldita”[2], mienten constantemente, son maquinalmente calculadores y propician el olvido del ser, profirió entre otras denigrantes reflexiones.

 

 

Ortega[3] en el prólogo a las obras completas de Celan, lo describe de la siguiente manera:

“Se sentía desarraigado. Procedía de un país que había dejado de existir, escribía en alemán para un público entre el que no vivía y en el que no confiaba, y residía en una Francia que le minusvaloraba. Por esa razón se refugió en su lengua natal: su lengua fue su patria”.

 

Una patria que había asesinado a sus padres, de ahí su rebelión contra la sintaxis y la semántica de sus escritos:  escribir era un amar y maldecir la tierra donde la rosa o la belleza, era la muerte, el holocausto, la nada o el colectivo de “nadie”: “La rosa de nadie”.

¿Cómo puedes admirar a un verdugo? A Heidegger y Celan los unía pasionalmente la poesía, la belleza o era locura (Hölderlin) o profundo ocultamiento (Tratados sobre estética y verdad), ambos escriben crípticamente, aniquilan al tú (receptor- lector), pensaban a la poesía como a un artefacto o instrumento transparente del espíritu. Al fin y al cabo, haber leído a Kant, Hegel, Schopenhauer y Nietzsche, Valéry, Char, Desnos, Artaud, Mallarmé, Rimbaud, Ungaretti, Pessoa, Dickinson y Shakespeare, mutuamente los emparentaba intelectualmente, o es acaso que Celan, como tantos otros, se dejó seducir por la portentosa obra del filósofo y le condonó todo a causa de su elevado pensamiento. Paul solo aguardaba una última palabra de la boca del alemán: “perdón”, ni siquiera estuvo próxima.

En julio de 1967, Heidegger acudió al masivo recital de Paul Celan en Friburgo, es sabido que entrambos había una constante visita y correspondencia, sobretodo enviándose sus libros; al terminar el recital el filósofo le entregó su última publicación al poeta y lo invitó para el día siguiente a un excursión por el bosque negro, lugar donde se ubicaba su cabaña, Celan era un  ávido lector de enciclopedias de anatomía , botánica y zoología —recordemos que antes de fallecer su padre quiso que su hijo estudiase ciencias— a pesar de su quebrantada salud y su reciente salida del psiquiátrico, Paul aceptó, tal vez por las intensas ganas de insultar y reclamar a su admirado pensador, por su tendencia al antisemitismo y haber sido partidario del nazismo , quizás con la esperanza  de que pronunciara la palabra deseada. Era una vivienda de montaña, había mucha humedad, Celan se registró en el cuadernito de invitados de Martín, sin embargo, al transcurrir la tarde solo se avocaron a contemplar las especies y hablar pausadamente sobre filósofos franceses, de rato en rato posaban sus cargadas miradas y el poeta se repetía maquinalmente atormentándose por el instante en que tendría las fuerzas para iniciar con la crítica, mas no pudo, el filósofo tampoco;  los dos terminaron con el inquietante paseo, antes de despedirse el poeta se negó a ser fotografiado con su muy distinguido huésped. “Testigos afirman que el desaire perturbó mucho a Heidegger, aunque también señalan que lo superó casi enseguida”[4]. Celan se regresó a Paris y desde el país galo hizo llegar a Heidegger un nuevo poema inspirado en su encuentro titulado: “Todtnauberg” (El poemario en que apareció el poema es de 1970: el año del suicidio del poeta -el 20 de abril-  un mes antes había vuelto a encontrarse con Heidegger[5]).

Un epígrafe que utiliza Celán es: “Todos los poetas son judíos”, antes de brincar del puente y caer al Sena, la noche previa, estuvo leyendo una biografía extensa de su amado Hölderlin —a quien muchas veces quiso reencarnar— subrayó la línea siguiente: A veces el genio se oscurece y se hunde en lo más amargo de su corazón”.  

 

 

 

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[1] Todtnauberg. Un poema después de Auschwitz Heidegger y Paul Celan. Universidad de Sevilla. España,2015.

[2]  Reseña de Luis Fernando Moreno Claros en Babelia: La publicación de los cuadernos íntimos del pensador alemán ha desatado el debate sobre si su antisemitismo contaminó o no toda su filosofía (Babelia, 11 de marzo de 2017).

[3] Carlos Ortega. Que nadie testifique por el testigo. Editorial Trotta S.A., Madrid, 2007.

[4] https://otrasinquisiciones.com/heidegger-y-celan-las-reuniones-del-nazi-y-el-judio

[5] https://www.circulobellasartes.com/revistaminerva/articulo.php?id=649

 

 

 

 

 

*(Chepén-Perú, 1993). Poeta. Estudió Lengua y Literatura en la Universidad Nacional de Trujillo (Perú) y cursos de Simbología Antigua (Universidad de Barcelona) y Arteterapia para el trabajo con niños y adultos (Instituto Europeo de Integración Sensorial). En la actualidad, dirige la editorial Reinos, el programa virtual de Filosofía y poesía Pensar en no Pensar y el programa integral de Lectura Leo Veloz. Obtuvo el Premio de los Juegos Florales de la Universidad Nacional de Trujillo (Perú, 2015).  Ha publicado en poesía Cartas a una Reina (2014), Armonía Musical de las esferas (2015), Porn Art (2017), El Niño y la Luna (2018), Progressio Harmónica (2019).

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