7+1 poemas de «El territorio blanco» (2022), de José Luis Gómez Toré

 

Por José Luis Gómez Toré*

Crédito de la foto (izq.) www.ieturolenses.org /

(der.) Ed. Siltolá

 

 

7+1 poemas de El territorio blanco (2022),

de José Luis Gómez Toré

 

 

El cuarto de Van Gogh

 

Mi hijo me pregunta qué hay detrás de cada una de las puertas del cuarto de Van Gogh. Hasta ahora no me había percatado de que la habitación tiene dos puertas. Tampoco su madre se había dado cuenta de que una se abre hacia el viento amarillo y su región solar. La otra, a la noche ensimismada, a ese aletazo súbito en el rostro. Cómo podría ignorar ahora que ambas puertas conducen a este mismo pasillo sin regreso. Eso es también la infancia.

 

Eso es también el vértigo. Objetos cotidianos. Retratos familiares. Habitación de paso.

 

 

 

Piedra

 

Mi hijo, el más pequeño,

arropa con un pañuelo una piedra.

 

“A dormir, piedra”, dice.

 

Compruebo que es verdad:

la piedra duerme.

 

 

 

Caballos

 

Cruzan la noche caballos de Tarkovski.

Desde mi cama los escucho trotar.

 

Imposible saber

de qué lado del muro cae la lluvia

 

ni adónde regresamos

cuando se vuelve a casa.

 

 

El territorio blanco

 

Hay nieve,

 

no pureza.

 

Un lugar más doloroso,

aún más extraño que la vida.

 

Si ello fuera posible.

 

 

 

Melusina, 13

 

El niño que cabalga atravesando el viento, que se empeña en cruzar al otro lado de la sombra, mientras los padres duermen, ignorantes de todo, sin saber que ellos también son parte de la noche.

El hombre que fue niño y se quita la ropa y contempla las letras que asoman poco a poco en la piel.

El narrador que mira para no ser mirado, que atraviesa de incógnito, como un agente doble, los barrios de los ricos y trafica con púrpura a muy pequeñas dosis.

Ese que sabe que el secreto no era la desnudez, sino el rastro fantasmal de los cuerpos, la escena primordial del lenguaje habitando la carne, llenándola de símbolos.

En el centro sin posible defensa la pupila.

Blanco. Ese girar sin tregua.

 

 

 

Melusina, 5

 

Su tío era cazador. Su padre, no. Alguna vez acompañaron al tío. Alguna vez sostuvo, sostuve la escopeta, pero nunca llegué a matar a ningún animal. Quizás no lo recuerdo. Sí recuerdo, recuerda que el niño que encontró con su primo una serpiente muerta a la orilla del río. Unos bultos deformaban su cuerpo. Semejaban las cuentas de un collar prehistórico. Mi tío la pisó, la fue pisando como quien aprieta una vaina hasta sacar por la boca una a una las crías de conejo que el reptil se había tragado enteras, sin masticar. Quién sabe si fue su propia voracidad la que la mató o acaso los gazapos esperaban que llegara la madre con tijeras para abrir el vientre y sacarles de allí, y luego llenar con piedras el vacío. Desde entonces el hueco. Como aquella vez que dejamos en el suelo la caja de cartón con gusanos de seda y se los comieron con su hambre paciente las hormigas. Cuéntame otra vez esa historia, donde la muerte es tan solo un armario del que se sale indemne. El más pequeño se escondía en un reloj. Quería echar hacia atrás todas las horas, desandar el camino hasta encontrar su nombre. Los hermanos oyen hablar al agua. Hermanito y hermanita. Hombre y mujer. Hermano, pronto serás un lobo. Temo convertirme en tigre, en una fiera atroz. Pero la sed es más fuerte que el miedo. El niño soñó que despertaba. Yacía en una cama y en el colchón se abría un agujero, caía por él y despertaba en otra habitación, sobre otra cama, y en ella un agujero, y de nuevo otra cama. Tan solo la certeza de caer. Sueño de eterno despertar. Sin fondo.

 

El poeta José Luis Gómez Toré

 

Siete variaciones sobre un tema de Wallace Stevens, 2

 

Si lo imperfecto es nuestro paraíso, quizá la perfección es el infierno. Pasos sobre la nieve que terminan al llegar a la orilla. El secreto de la nieve es el agua.

 

 

 

Siete variaciones sobre un tema de Wallace Stevens, 3

 

Lo imperfecto es nuestro paraíso, pero si la mente puede concebir lo imperfecto es porque todavía nos seduce, y con qué terquedad, la perfección. Así transitas cada hora de infierno a paraíso, de paraíso a infierno. Cada minuto, salvación y condena.

 

 

 

 

 

*(Madrid-España, 1973). Poeta y ensayista. Obtuvo el Premio Internacional Gerardo Diego de Investigación Literaria. Ha publicado en poesía, pueden citarse He heredado la noche (2003), Fragmentos de un cantar de gesta (2007), Un corte que no sangra (2015), Hotel Europa (2017), El territorio blanco (2022); junto con la artista Marta Azparren, Claroscuro del bosque (2011) y, en 2019, Llamarse nadie, una antología de sus poemas con selección de Óscar Curieses y del propio autor; en ensayo La mirada elegíaca. El espacio y la memoria en la poesía de Francisco Brines (2002), El roble de Goethe en Buchenwald (2015), Extramuros. Escritos sobre poesía (2018) y María Zambrano. El centro oscuro de la llama (2020). En 2009 apareció su estudio Pedro Salinas, acompañado de una antología del poeta del 27, y, en 2015, su edición de Amadís y el explorador de Ángel Crespo.