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Por Juan Luis Dammert*

Selección de poemas por Omar Pinedo

Crédito de la foto (izq.) Ed. Cogollo /

(der.) www.youtube.com

 

 

5+1 poemas de Lo supe (2018),

de Juan Luis Dammert

 

 

Sputnik 3

 

A los 12 años ya manejaba, aprendí.

Iba con mi viejo por la carretera con la carcochita que teníamos,

Sputnik 3, marca Internacional, del 35,

todas las mañanas

entre Barranca y San Nicolás cargando abarrotes;

al mediodía veníamos a la casa a almorzar.

Antes la gente venía a comprar al puerto,

a las tiendas grandes porque acá entraban los vapores.

Cuando llega la carretera las cosas llegan por tierra

y el puerto se aísla, la gente empieza a salir.

Más antes había ferrocarril, uno que iba hasta Paramonga,

y otro que iba hasta Huacho.

Un tiempo, por las noches, cuando no había cine en el puerto,

llevábamos gente en la carcochita

hasta el cine de Supe Pueblo para ver películas y cantantes.

Nosotros hemos sido doce hermanos,

la mayor está por ahí, hay otros en Huacho.

Todos nacimos en el puerto.

Mi viejo ha sido chino. Hablaba, leía el chino perfectamente.

Nos quiso enseñar, pero solo aprendimos tres o cuatro palabritas.

Cocinaba muy bien, era de Cantón, mi mamá de Supe Pueblo.

A la Sputnik 3 le puse después “Nada Soy”. Después “Roba corazones”.

Cuando fallece mi viejo ya difícil conseguir repuestos.

Entonces la Sputnik 3 se quedó en la casa, varada.

Tiempo después la vendimos.

Entonces me dediqué a la pesca:

anchovetero.

 

El poeta y músico Juan Luis Dammert

 

La carrera

 

Arnaldo Alvarado pasaba punteando la Lima Trujillo en su bólido color ladrillo,

sacando la mano por la ventana con el pañuelo blanco

para saludar a la multitud ávida de velocidad

que se aglomeraba en la curva para verlo pasar,

porque siempre iba primero

(algunos después de verlo volvían a sus casas),

hasta el año en que se le cruzó un burro y reventó el radiador,

ya no pudo seguir, (pero eso fue por Paramonga).

El finadito Hilario toca pito: cocheee a la vista,

con el número tantos, cocheee a la vista,

y aparece por el horizonte.

La llamaron la Curva de la Muerte,

a la entrada del puerto,

llena de cruces con los nombres de los difuntos, atropellados y accidentados

donde un primero de mayo un carro plateado con rojo,

que seguro no conocía bien la ruta,

quiso pasar a otro y aceleró,

pero, cuando se dio cuenta de que no la iba a hacer,

frenó y la llanta patinó sobre el cascajo.

El auto quedó por unos segundos en el aire,

detenido como una estatua,

y luego cayó de plano sobre la gente matando a siete.

Yo lo llevé al hospital al zapatero.

Después le puso a su zapatería “Primero de mayo”.

Casi me agarra

pero salí corriendo antes.

 

Silueta en el agua del poeta y músico Juan Luis Dammert

 

El tiempo del bonito

 

La mejor época el tiempo del bonito, de diciembre a marzo,

el bonito a flor de agua, las lanchas cargaditas.

En el muelle los jaladores del pescado,

gente brava del Callao de Chimbote, de Salaverry, de Huarmey,

cargan a mano, de la bodega a la cubierta y de la cubierta al muelle

tiran, codean, sacan de la cola metiendo los dedos,

dos, tres bonitos en cada mano, ahí se ve al capazote,

los que más tiran: seis bonitos, ¡bonitazos!

Esa gente entra a la cantina con pistola,

de Corongo de Puerto Nuevo de Huacho de Casma

llegan al muelle a levantar bonito

y se enfrentan con los del Puerto,

diciendo esta lancha es mía,

nadie me la toca.

Los únicos que levantan pescado ahí.

Pero Chalco, Petiso, el Negro Café, Turumba, Chino Cunca,

Chato Huaura, Chancayano metieron golpe

y se armaron unas broncas que parecía película del oeste, cuchillo, bala.

Yo vivía allá abajo, en la calle Lima, pasando el cine.

Pepe Balta se aventaba con Chancayano de las grúas,

¿te acuerdas de los huinches encima del castillo de cemento?

De ahí se aventaban mariposa, el angelito…

 

 

 

 

Anchovetero

 

Antes las lanchas eran más chiquitas,

las más grandes de 120 toneladas, de madera,

después fueron saliendo de fierro con radar después con rosa náutica

y después con ecosonda y ahora el navegador por satélite

había cantidad de anchoveta,

uno salía y veía la anchoveta así, moradita, corría

y después ya cuando no se veía a lo lejos los cochos de pelícanos que se tiraban al mar

te acercabas y veías que se iba el pescado corriendo.

También el piquero se tiraba.

¡No se veía correr el pescado!, pero se veía que botaba burbujas

porque el pescado iba abajo, la gorgorada iba saliendo

y se mandaba tirar la red.

Antes era a pulso nomás

para meter la anchoveta a la bodega

se usaba un carcalillo con anillas abajo y una cadena que jalaba

y cerraba lleno el pescado,

corría hasta el lado de la bodega, lo soltaba aquel que estaba agarrándola,

sacaba la cadenita, abría y la cerraba, y de nuevo jalaba.

Después ya salió la torrentera.

Con la ecosonda no se veía el pescado

pero marcaba en la pantalla la masa

ya uno tenía que tratar de ubicar más o menos para qué sitio iba corriendo

porque, si iba corriendo así y uno no lo calcula bien

o no se da cuenta cómo va corriendo,

en la sonda podía hacer la caña para este lado pero no agarra nada

porque el pescado se fue y tenías que ser ducho en la materia

malicioso

para calcular por dónde se iba corriendo.

La anchoveta andaba en la superficie, se veía,

pero en esta época no se ve,

todo es con el sonar y la ecosonda,

hay anchovetas a veinte brazadas para abajo a veces hasta treinta

hay unos boliches que tienen como quinientas brazadas de largo y ochenta de alto

entonces por fuerza tiene que agarrar.

Los anchoveteros al entrar a pescar a la costa

han barrido con todo,

la malla del anchovetero agarra lo que sea, pejerrey, lorna,

y lo zampa para la bodega

otras veces los jureles, lorna grande,

los han metido a la bodega

con la anuencia de las autoridades.

Ahora una lancha chiquita no puede competir,

a no ser que el pescado esté encima pero también hay tiempo

en que el pescado para encima, cantidad.

En el puerto pica lorna, pejerrey.

Lo que no se ve tiempo es el coco.

Antes había, machete había, jurel, el bonito con su temporada.

Antes de la anchoveta la temporada era de bonito,

de diciembre hasta marzo y se veía corvina, robalo, de todo,

cojinova, semejantes animalazos ahora no hay ninguno.

 Es raro.

 

 

Caballero de los mares

 

¡Todita la pesca en Carquín, los carros iban, venían, todito era para la conserva pues!

Todos los botes eran veleros, no había motor,

a la hora que llegaba podía usted entrar a veces cuando había calma no había viento

nosotros caminábamos al rigor de la vela llegábamos a las dos de la tarde,

todito el pescado, toditos los camiones esperando, ¡qué cantidad de bonito!

Todo era bonito, en la playa se contaba el pescado.

Todo en Carquín era puro veleros, salíamos a las tres o dos de la tarde,

toditos los botes vela blanca tanto de Carquín como del puerto de Huacho.

El mar era demasiado agitado en Carquín, oiga, el mar…

ahora no se ve esas braviciones que se veían antes,

de la punta del faro de la punta de Carquín se venía el mar, barría.

Llegué a tener dos botecitos y para estar en ese plan, las braviciones,

tenía que irme a aventar por las peñas a amarrar los botes

porque si usted lo dejaban que amanecía, se volaba,

así como ha volado anteayer las chalanitas,

cómo se las llevaba, las varaban.

El bonito a flor de agua, todo era a flor de agua en mi bote de 700 piezas,

yo venía balsita, y todos los botes —no había que el motor…— era bodega para el bonito,

desde el lado que iban las redes, pero esa costumbre ya no existe

ahora todos es moderno

va a estar usted que salir a pescar que con las botas que pantalón de

agua que la casa… ¡Nada, señor!

Ahí su chorcito, un mantelito por acá y su polito, a trabajar.

Yo cuento con 78 años pero ya se siente la pegada.

Claro, me dicen, está joven.

Pero amigo 78 años ya se siente la pegada, ya llevo ya más de tres meses con esa tos,

ahora cualquier cosita y ya.

Este verano ha traído mucha enfermedad,

gripe es el clima, pues nunca he sufrido enfermedades,

toda mi juventud, nunca yo he necesitado médicos, nada.

Yo me vengo acá porque este puerto era una mina de corvina,

una mina de robalo, usted echaba el cordel, la novedad, decían

han echado corvinas en Puerto Supe,

arranque usted esa vela y viento en popa llegamos,

¡oiga!, encontramos la piqueradita, el piquero fhshsssfhs,

el pescado tiene que estar preparado.

Cargamos nuestras redes, aventamos robalo, robalazos,

señor, fíjese, se trataba de la corvina oiga y yo cargaba…

Los dos botes los tengo parados por la bravición.

Yo por ejemplo estaba con un buque saliendo

a sacar chita pintadilla, cherlo, ayanque, viña, buen pescado oiga,

pero eso lo pescan en los bajos, de peñas,

ahí está el pescado, bueno, la cabrilla, el pejeblanco,

todos es de cordel pero también para mí me preparas esta chita,

para mi esta cabrilla, para mí esta pintadilla

lo que han estado sacando ayer en Tamborero ha sido calamar,

hay que saberlo preparar.

Mi nombre es Darío, mi apellido Ramos Ramos.

Pero, ¿qué pasa?, el nombre de mis botecitos

yo les puse por Miguel Grau “El Caballero de los Mares”

ahora no me llaman por mi apellido,

todo el mundo cree que yo apellido “Caballero”.

Yo soy sincero, hay personas que me dicen

oiga, ¿de qué parte es usted?

No, le digo, Caballero me llamo por el nombre de mi bote

pero yo me llamo Darío Ramos Ramos

 pueden creer que estoy aprovechando de ese nombre,

pero mi apellido es Ramos.

 

 

 

Las hermanas Ubillas

 

A las diez de la noche diez y media debía tener la camioneta lista,

si había llenado la gasolina.

Nos íbamos manejando.

Un viernes o sábado nos trajimos un par de chilenas.

Él andaba con una buenamoza grandaza, las dos eran grandazas,

con pelo colorado de esa época, tacazos de este tamaño.

Para don Manuel estaba muy bien,

pero yo sí que parecía un monito colgando.

Un par de chilenas, las hermanas Ubillas,

tremenda mujer,

para el tamaño de don Manuel estaba muy bien, pero para mí me sobraba.

Qué diablos.

Nunca me olvidaré de que en un momento dado

en la camioneta, manejando don Manuel yo había dicho

“voy a ser feliz el día que tenga en mis piernas una rubia y una morena”,

y estaba ahí sentado con estas dos una en cada pierna,

y don Manuel me decía ya puedes morir feliz cojudo,

ya tienes una rubia y una morena.

A eso de las seis de la mañana nos metimos al mar a bañarnos,

estaba lindo el mar, suavecito, la playa era tan bonita.

Lo estoy viendo ahora, sale el viejo Moy,

oiga, parece que tienen ustedes mucho calor, tan temprano,

nos habíamos metido al agua con las fulanas.

Al día siguiente estábamos ahí, habíamos almorzado,

y a la tarde no sabíamos qué hacer en la noche, cuando una de ellas dice,

ay, ¿no habrá cinema acá?

Sí, le dice don Manuel, vamos pues al cine.

¿Yo?, le digo.

Vamos nomás, si nos ven, nosotros no conocemos a nadie.

Ya tú sabes: cuando entras y hay algo, tú no saludas a nadie,

tú pasas nomás, porque es una falta de respeto, que si tú estás acompañado de una fulana,

vayas a saludar a una señora, tú pasas nomás.

Si te ven, dirán: ¿qué vamos a hacer? Por lo menos dirán que no saludas.

Nos venimos al cinema y ya había comenzado la función,

lleno el cine, no había más que el Alva entonces,

no estaba el América, estaba llenecito.

Y estaba la que después fue mi mujer, Julia, con sus hermanas sentada,

cuando pasé yo prendido del abrigo,

no había sitio pues,

cuando justo estábamos pasando

prenden las luces del intermedio.

Y llegamos hasta la parte de adelante, dimos una vuelta olímpica.

Años después Julia me decía que decía:

ay, si ese fuera mi marido no sé qué le habría hecho.

Y después me salí casando con ella.

Otro sábado nos trajimos otra vez a estas mismas,

ay, que nos vamos a pasear, que nos hemos pasado un día muy simpático,

un día de descanso, domingo.

Trabajábamos pues hasta sábado.

Se vienen con nosotros acá.

Don Manuel a las seis y media de la mañana, me dice, oiga, jovencito, hay que ir a la fábrica.

Se trabajaba domingo, todos los días, ya, ya le digo, ya don Manuel.

Me levanté y de ahí a la fábrica.

La chica se quedó durmiendo.

Yo me había comprado un tocadisco así grandazo,

que tenía radio, tocadisco, un tres en uno, nuevecito.

Hacía una semana me lo había comprado,

para tocar mis discos, el pobre pagó los platos rotos.

Como a las nueve de la mañana tu mamá se aparece, de Lima,

Nos vio en una foto del periódico

Con las chicas en el cabaret

Y montó en la camioneta envuelta en cólera.

Se aparece, temprano, yo estaba en la fábrica.

No sé, esas cosas, mi santo habrá sido que me ayuda,

don Manuel había cerrado la puerta de abajo,

tú sabes, que la puerta de abajo no se cerraba.

No sé qué diablos le habría puesto, un fierro,

y tu mamá quería tumbar la puerta.

En eso, estaba el carpintero, García, uno que era del otro equipo,

uno bajito, que paraba en la casa, era carpintero, Ántero García.

Entonces tu mamá tocaba la puerta.

Y Ántero ha entrado por la parte de atrás,

una escalera que daba a un pasaje y salía a la calle,

entró Ántero por ahí, don Manuel lo agarró

anda llévate estas señoras, no discutas, inmediatamente.

Entonces salió y las llevó afuera,

a que tomaran el carro,

ya recién le abre la puerta a tu mamá,

empezó a botar los colchones por la ventana

y a cortar en tiritas los sacos, camisas y pantalones de tu padre con una tijera.

De repente me llama por teléfono, oiga usted,

que no sé cuántos, yo dije,

¿qué pasará que me trata de usted?

Pensé que estaba en Lima, qué raro.

No, estoy aquí en Supe.

Uy mi madre, santa.

Vaya usted a Barranca y cómpreme colchones y camas,

porque había botado los colchones y cuanta cosa.

Yo estoy trabajando señora. ¡Qué trabajando! Si me he levantado temprano.

También cómprese un colchón porque también le he botado el suyo.

Ya al poco rato yo alistándome para ir a comprar

cuando veo que viene Ántero

¿Qué pasó? ¿Llegó la señora? Sí, sí ya sé que llegó la señora.

¿Pero qué ha pasado?

A mí don Manuel me encargó que sacara a las niñas.

Las he sacado hasta la carretera y las he llevado hasta Barranca,

y las he embarcado a Lima.

Tu mamá botó los colchones por la parte de atrás,

¿quién los habrá recogido?

Y mi tocadisco grandazo…

 

 

 

 

 

 

*(Perú). Poeta y músico. Estudió Literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú), con posgrado por la UW Madison (EE.UU.). En la actualidad ejerce la escritura en las calles de Lima. Ha publicado libros y discos diversos. Ha reunido su producción cantable en Parado en una esquina (textos sobre Lima, la calle, el alma humana, aparecidos inicialmente bajo los títulos Los monstruos, El tren eléctrico, La mordedura del perro bravo, Princesas, Nacido en el Perú, Pollada bailable, Grandes éxitos, Grandes fracasos, etc.). También ha musicalizado la poesía de distinguidos vates del siglo XX peruano en Los poetas sueltos (reúne Vallejo para cantar, El cancionero de los poetas y Los poetas sueltos); así como canciones para niños en Cómo te Vaca (reúne Cómo te Vaca 1 y 2, El Burro Sabio, La jirafa. Su obra prosaica está en constante edición, aunque hay algunos avances como la novela juvenil Lala en la ciudad de las pirámides (2009), Epístola a los parados (1999), Sombra del Sol (2004) y Lo supe (2018). Su email es: juanluisdammert@gmail.com.

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