Regístrate
Se enviará la contraseña a tu correo electrónico.

 

Por Antonio Bux*

Crédito de la foto (izq.) Remedios Varo /

(der.) el autor

 

 

5 poemas de Vuelve la piedra (inédito),

de Antonio Bux

 

 

Si te olvido es porque siempre

he creído que existieras. De repente

la luna se parece a Dios, me calla

frente al color del agua. Mi condena

es amarte, también sin alma

para nunca olvidar, para que sueñe

el cuerpo todavía tu vida y tenga un cuerpo

mi pena, y ausencia el silencio.

No busco nada más allá de tu sombra

hasta que la luna se caiga, y tenga Dios por mi

la misma pena que tú tienes por las flores

recién nacidas. Si te olvido es porque nunca

has creído que estaba muerto. El miedo

que ahora tengo, tu amor, el bosque lo sabe,

el olor de tu boca, la vida blanca es toda

mi culpa, como si olvidando la muerte vuelva

la vida, como si viviendo supiera el porqué

de tu boca lejana, besando ya el abismo del alma.

 

 

 

Escucho tus piernas

a la salida del bosque.

Estás viva. Estás viva y el sol

no sabe cuánta diferencia

hay entre tu piel quemada ya

y la piel prisionera de tu sombra.

La sombra que desde el fondo

te llama, y llena el color de un alma

picando dentro el espejo fantasma.

Pero el espejo ahora es un lago

y dentro del lago hay peces blancos

y remolinos de sirenas malditas.

Van en busca de la paz, de tu amor,

van y gritan, saliendo del bosque.

Y hay sapos también, gritando

contra el hombre que soy el beso

que busco a la salida del bosque

mientras escucho tus piernas

huir de mi cabeza, ya eres del fuego

y tus cabellos entre las llamas, y el corazón

del bosque, allí todavía quiero escucharte.

 

“Los Hilos del destino”, de Remedios Varo, 1956

 

Ahora la noche no viene para dormir.

Se nombra entre cristales de tristeza.

Y es tu nombre el que me llama, un ángel

devorado por el silencio quema la fuente

abandonada, la voz tuya tan clara. Yo

guardo su sueño en el vidrio más azul

de mi alma, no puedo gastar ese rostro

para besarte invisible o simplemente

para olvidar como eran tus besos.

 

Pero tus besos ya son del ángel

y no puedo gastar su alma, el corazón

donde Dios se ha huido, es un eco

ahora el llanto, un sueño sin más el niño.

El niño que tú amabas tanto, el color

de sus monedas guardo dentro del vidrio

más azul de mi cuerpo, solo el viento

puedo pagarme, y esta noche de cristales

donde mis manos aprietan el ángel.  

 

Ya viene a noche para leerme tus manos.

 

 

 

Hoy las estrellas son muy pocas, están tan cerca

alrededor de mi rostro, que mi rostro sabe del cielo

la poca naturaleza, el viaje desesperado

que el hombre vuelve a la tierra.

 

Los árboles van unidos en busca de la corteza

más fina del aire, y el aire se esconde

en tu respiración, aurora estelar.  

 

Desde que naciste, un resplandor quema

los cadáveres en el cielo. Tú, rosa maldita,

me amaste por la sangre, y esta herida

oscura ahora es toda la noche.

 

Por favor, calla mis estrellas con tu vástago.

 

 

 

Venimos a la tierra para hinchar los huesos

y formar con los ojos una mirada

negra de lobos. Los lobos sin cadenas

como tu alma esconden la piedra

la piedra que has quebrado hace años.

 

Ahora que vuelve la piedra, no puedo

rozarla, solo una gota de sangre

bebe mi lobo, por tu secreto.

 

Eres el cordero que no salva la carne.

 

 

——————————————————————————————————————-

(versión traducida al italiano por el autor)

 

El poeta Antonio Bux

 

5 poesie di Torna la pietra (inedito),

d’Antonio Bux

 

 

Se ti dimentico è perché ho sempre

creduto tu esistessi. D’improvviso

somiglia a Dio la luna, mi silenzia

dentro il colore dell’acqua. La condanna

mia è di amarti, senz’anima anche,

per non dimenticare mai, perché possa

sognare ancora il corpo la tua vita e abbia

un corpo il mio dolore, e il silenzio assenza.

Non cerco nulla oltre la tua ombra

fin quando la luna non cada e avrà Dio

per me lo stesso dolore che tu hai per i fiori

appena nati. Se ti dimentico è perché non hai

mai creduto che ero morto. La paura che ora

ho, il tuo amore, il bosco lo sa, l’odore

della tua bocca, la vita bianca è tutta colpa

mia, come se dimenticando la morte tornasse

la vita, come se vivendo io sapessi il perché

della tua bocca lontana, baciando ora

l’abisso dell’anima.

 

 

 

Ascolto le tue gambe

uscendo dal bosco.

Sei viva. Sei viva e il sole

non sa quale differenza

vi sia tra la tua pelle bruciata

già, e la pelle prigioniera dell’ombra.

Quell’ombra che dal fondale ti chiama

e riempie il colore di un’anima

bussando dentro lo specchio fantasma.

Ma lo specchio ora è un lago

e dentro il lago ci sono pesci bianchi

e vortici di sirene maledette.

Vanno in cerca della pace, del tuo amore,

gridano e vanno, uscendo dal bosco.

E ci sono anche rospi, e gridano

contro l’uomo che io sono il bacio

che cerco uscendo dal bosco

mentre ascolto le tue gambe

fuggire dalla mia testa, sei già del fuoco

e i tuoi capelli in fiamme, e il cuore

del bosco, lì voglio ancora ascoltarti.

 

 

 

Ora la notte non viene per dormire,

ha voce tra cristalli di tristezza.

Ed è il tuo nome che chiama, un angelo

divorato dal silenzio brucia la fonte

abbandonata, la voce tua così chiara;

 

conservo il suo sogno nel vetro più azzurro

del vento, non posso sperperare quel volto

per baciarti invisibile o semplicemente

per dimenticare i tuoi baci.

 

Ma i tuoi baci ora sono dell’angelo

e non posso vedere la sua anima, il cuore

dove Dio è fuggito, è una eco

ora il pianto, un sogno senza il bambino;

 

il bambino che tu amavi tanto, il colore

delle sue monete conservo nel vetro

più azzurro del corpo, solo il vento

posso pagarmi, e questa notte di cristalli

dove le mani stringono l’angelo.

 

Lui viene a notte e le tue mani mi legge

 

 

 

Sono così poche oggi le stelle, sono così vicine

circondandomi il volto, che il mio volto sa del cielo

la poca naturalezza, il viaggio disperato

che l’uomo torna alla terra.

 

Gli alberi uniti vanno in cerca della corteccia

più sottile dell’aria, e l’aria si nasconde

nel tuo respiro, aurora stellare.

 

Da quando sei nata, uno splendore brucia

i cadaveri in cielo. Tu, rosa maledetta,

mi hai amato per il sangue, e questa ferita

oscura ora è la notte perenne.

 

Per favore, fai mute le mie stelle col tuo gambo.

 

 

 

Veniamo alla terra per gonfiare le ossa

e formare con gli occhi uno sguardo

nero di lupi. I lupi senza catene

come la tua anima nascondono la pietra

la pietra che hai distrutto anni fa.

 

Ora che torna la pietra, non posso

sfiorarla, solo una goccia di sangue

beve il mio lupo, per il tuo segreto.

 

Tu sei l’agnello che non salva la carne.

 

 

 

 

 

*(Foggia-Italia, 1982). Reside en Barcelona desde 2007 hasta la fecha. También ha realizado traducciones de Leopoldo María Panero (Contra España y otros poemas no de amor, 2020). Obtuvo el Premio Iris (2014, Italia). En la actualidad colabora con varias editoriales, revistas, dirige la colección Sottotraccia de Marco Saya Ediciones y la colección L’anello di Mobius de Rplibri así como el blog Disgrafie (antoniobux.wordpress.com)

Ha publicado en poesía Trilogia dello zero (2012), 23 – fragmentos de alguien (2014), El hombre comido (2015), Kevlar (2015) Naturario (2016), Saga familiar de un lobo estepario (2018), La diga ombra (2020). Es traductor de Ventanas a ninguna parte (2015), de Javier Vicedo Alós y Bernat Metge (2020), de Lucas Margarit.

 

 

 

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: