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Por Blanca Varela*

Crédito de la foto (izq.) Komorebi Ed. /

(der.) Archivo familiar de Blanca Varela

 

 

5 poemas de la reedición

de Luz de día (2020),

de Blanca Varela

 

 

En lo más negro del verano

 

El agua de tu rostro

en un rincón del jardín,

el más oscuro del verano,

canta como la luna.

 

Fantasma.

Terrible a mediodía.

A la altura de los lirios

la muerte sonríe.

Sobre una pequeñísima charca,

ojo de dios,

un insecto flota bocarriba.

La miel silba en su vientre

abierto al dedo del estío.

 

Todo canta a la altura de tu rostro

suspendido como una luz eterna

entre la noche y la noche.

 

Canta el pantano,

arden los árboles,

no hay distancia,

no hay tiempo.

 

El verano trae lo perdido,

el mundo es esta calle de fuego

donde todas las rosas caen y vuelven a nacer,

donde dos cuerpos se consumen

enlazados para siempre

en lo más negro del verano.

 

En un rincón del jardín

bajo una piedra canta el verano.

En lo más negro,

en lo más ciego y blanco,

donde todas las rosas caen,

allí flota tu rostro,

fantasma,

terrible a mediodía.

 

La poeta Blanca Varela

 

Así sea

 

El día queda atrás,

apenas consumido y ya inútil.

Comienza la gran luz,

todas las puertas ceden ante un hombre

dormido,

el tiempo es un árbol que no cesa de crecer.

 

El tiempo,

la gran puerta entreabierta,

el astro que ciega.

 

No es con los ojos que se ve nacer

esa gota de luz que será,

que fue un día.

 

Canta abeja, sin prisa,

recorre el laberinto iluminado,

de fiesta.

 

Respira y canta.

Donde todo termina abre las alas.

Eres el sol,

el aguijón del alba,

el mar que besa las montañas,

la claridad total,

el sueño.

 

 

 

Bodas

 

Perdidos en la niebla

el colibrí y su amante.

Dos piedras lanzadas por el deseo

se encuentran en el aire.

 

La retama está viva,

arde en la niebla,

habitada.

 

 

Alba

 

Al despertar

me sorprendió la imagen que perdí ayer.

El mismo árbol en la mañana

y en la acequia

el pájaro que bebe

todo el oro del día.

 

Estamos vivos,

quién lo duda,

el laurel, el ave, el agua

y yo,

que miro y tengo sed.

 

 

 

Invierno y fuga

 

Nieve, labios rojos,

una gota de fuego,

un grito que nadie escucha.

 

Éste es el día en que llega

la ácida primavera,

en que es dulce la herida

de estar vivos.

 

Alto horno del cielo,

fulgor de plumas,

adiós que el aire quema

en pleno vuelo.

 

En aire, tierra y cielo,

en mí, en ti,

en nosotros muere el invierno.

 

Diamantino estertor,

irritada claridad,

lágrimas que la luz arrebata y fecunda.

Muerte llena de oro.

 

Todo es posible

en ese activo sueño.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1926 – 2009). Estudió Letras y educación en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos. A partir de 1947 empezó a colaborar en la revista Las Moradas, que dirigía Emilio Adolfo Westphalen. En 1949 emigró a París en donde entabló cercana amistad con Octavio Paz, figura determinante en su literatura, y quien que la contactaría con los intelectuales latinoamericanos y españoles radicados en Francia en la época, forjando amistad con Sartre, Simone de Beauvoir, Michaux, Giacometti, Léger, Tamayo, Martínez Rivas, entre otros. Tras vivir una larga temporada en París, la poeta se trasladó a Florencia y, más tarde a Washington, ciudades en las que se desempeñó como traductora y, eventualmente, como periodista. En 1962 retornó a Lima de modo permanente. De 1977 a 1979 trabajó como secretaria general del Centro Peruano del PEN Club Internacional y, entre 1974 a 1997, laboró como directora del Fondo de Cultura Económica en la sede de Lima.

Por su obra lírica, recibió varias distinciones como el premio Octavio Paz de Poesía y Ensayo (2001), el Premio Internacional de Poesía Federico García Lorca (2006), el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2007) y la Medalla de Honor del Congreso de la República del Perú en el Grado de Gran Oficial (2007). Ha publicado en poesía Ese puerto existe (1959), Luz de día (1963), Valses y otras falsas confesiones (1972), Canto Villano (1978), Camino a Babel (antología, 1986), Ejercicios materiales (1993), El libro de barro (1993), Poesía escogida 1949-1991 (1993), Del orden de las cosas (1993), Como Dios en la nada (antología de 1949 a 1988, 1999), Concierto animal (1999), Donde todo termina abre las alas (poesía reunida 1949 – 2000) y El falso teclado (2001). Recientemente, se publicó una edición facsimilar de Ese puerto existe bajo el título original de Puerto Supe (2014).

 

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