5 poemas de «Hospital de cigüeñas» (2022), de Rodolfo Häsler

 

Por Rodolfo Häsler*

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5 poemas de Hospital de cigüeñas (2022),

de Rodolfo Häsler

 

 

Playa del Somorrostro

 

Le complace adentrarse en el mar,

lo hace desde niño,

deja un surco

buscando la luz

de la profundidad,

descubre una medusa y duele,

ortiga de mar, estrella sigilosa

en el vuelco de la ola,

cómo avanzar sobre la superficie

y tocar un punto remoto,

no hay intercambio,

desde la orilla la voz

no es de mujer ni es de hombre,

una lengua cantarina

modula la expresión,

bucea, sigue avanzando

echándole un pulso a la corriente,

evita el ahogo,

la voz expande su poder,

es una excusa, una distorsión

que crecerá con los años,

al bajar la luz

hacia el fondo abisal

descubre otra playa,

la arena impoluta,

el reloj detenido

es el dedo acusador,

un jirón de pureza

acelera en el flanco.

 

 

Phoenicia

 

Al golpear el portón 

me indican por dónde pasar,

ganada la oscuridad

salgo al jardín de Hamza,

los ojos se abren despacio

y la luz me sitúa entre cipreses.

Junto al pozo jugamos 

con el fino punzón del azar

y no dejo de asustarme,

su filo marca el centro de mi pecho.

El perfume del perejil sube intenso

desde el plato,

pero no he venido 

a contemplar una naturaleza muerta

y acepto el riesgo.

Apenas toco el fatoush,

me pierde la aspereza incomprensible

del idioma

cuando descubro la subida al dormitorio.

Entrar al jardín de Hamza

es desnudar el corazón

mientras los adoquines

silencian lo que dejo a mi paso.

No busco nada más,

permanezco en el huerto

mientras la vida

gira en un espiral cítrico,

sin remedio.

El tiempo se enreda en la habitación

tomando el control de las horas

en una sarta de puntos suspensivos.

 

 

 

Hell´S Kitchen

Calvert Casey

 

Unas calles más arriba

y alcanza el punto indicado,

algunos escritores estuvieron allí,

varios de ellos cubanos,

sin desearlo jugaron

a la ruleta del destino

que castiga a los raros,

malvivir,

perder

entre la mugre y la pestilencia,

you are a loser.

Se despiertan las ratas

que luego todos reverencian,

hay un suelo de hormigón,

un refugio,

la condición extrema

se disuelve en el jugo

de la gran manzana,

un jugo verde

para seguir escribiendo

sin saber para qué,

tanta indecencia

y ese suelo duro tan resbaladizo.

Escribe para domar la ansiedad,

pasajero de un viaje

por el borde de un vaso,

tanto nudo por desenredar

y tanta lluvia racheada

ponen el precio,

detrás del cristal

la estancia es minúscula

y los libros se acumulan,

pide escapar,

por el suelo,

se va.

 

El poeta Rodolfo Häsler

 

Una librería en Villa Crespo

 

para Leandro Asoli

 

Cuando digo luz 

saltan sapos de las páginas

de un libro,

digo luz y cae un ruiseñor

entre dos puntos,

una página abierta al azar

y un verso donde declina la tarde,  

digo horas de lectura,

una marea,

una distracción

se amarra al tiempo,

detener la vida

en el párrafo exacto,

pero no hay forma de frenar

la curiosidad,

te acercas a los estantes

y te descubres buscando,

pero es imposible elegir,    

no hay forma de despejar

el camino,

hay un lomo dorado

donde se empolva el destino,

allí estoy,

allí vivo,

cinco páginas más allá

entre comillas ardientes.

 

 

 

Jardín negro

 

Se forma una perturbación

sobre las cabezas,

produce vértigo mirarla,

pero no se te ocurra parar,

es fundamental vencer el obstáculo

y seguir la ruta que indica el sueño,

alcanzar el negro jardín

de los versos posibles,

la extraña palabra

que no crea adicción,

esperar, espera        

a que el corazón se extravíe

en lo profundo del bosque,

excava

en la negra floresta,

remueve insistente el mantillo,

el grito se escucha,

el sí,

el no.

 

 

 

 

 

*(Santiago de Cuba-Cuba, 1958). Poeta y traductor. Desde los diez años reside en Barcelona (España). Estudió Letras en la Universidad de Lausanne (Suiza). Obtuvo el Premio Aula de Poesía de Barcelona, la Beca de la Oscar Cintas Foundation de Nueva York y el XII Premio Internacional de Poesía Claudio Rodríguez. Ha publicado en poesía Poemas de Arena (1982), Tratado de Licantropía (1988), Elleife (1993 y 2018), De la belleza del puro pensamiento (1997), Poemas de la rue de Zurich (2000), Paisaje, tiempo azul (2001), Cabeza de ébano (2007 y 2014), Diario de la urraca (2013) y Lengua de lobo (2019); la plaquette Mariposa y caballo (2002) y Cierta luz (2010), Así como antología poética (2005) y Antología d Tenerife (2007). Ha traducido la Poesía completa de Novalis, Los minirelatos de Franz Kafka y una selección de Anthologie Secrète de Frankétienne. Es Antologador de El festín de la flama, de la poeta boliviana Blanca Wiethüchter.