5 poemas de «El riesgo de crear instituciones» (2022), de Manuel Fernández

 

Por Manuel Fernández*

Selección por Omar Pinedo**

Crédito de la foto (izq.) archivo del autor /

(der.) Ed. Máquina Purísima

 

 

5 poemas de El riesgo de crear instituciones (2022),

de Manuel Fernández

 

 

Una jirafa duerme

 

Una jirafa duerme

en mi cama

 

su cabeza llega

por el pasillo

hasta la sala.

 

En mi cama

una jirafa duerme

 

mientras yo pienso

 

en alto también

 

las cosas que no

alcanzo.

 

 

 

Cuando el colegio todavía no había empezado y yo iba con mi padre de la mano

 

No me gusta el campo

pero me gustan los jardines que crecen detrás de los edificios

o entre los edificios

bajo lunas que reflejan la luna

una belleza que no se alcanza así nomás

me gustan también

las maquetas

de los edificios

y su gracia inmóvil

y su inútil firmeza

y la luz que esconden

los edificios

de lunas grandes

el viento que corre entre los ascensores

y los techos incompletos

de las casas de Breña

-mi ciudad-

y también la luna sobre los grifos sin gente

y también la lluvia sobre los grifos sin gente

la gente no

ni la lluvia sola

solo los grifos solamente

y no me gusta viajar

ni las playas soleadas

ni las playas soleadas con parejas felices

infatigables siempre

y estúpidas siempre

sin asomo de violencia

siempre

me gustan

más bien

y mucho

los carteles que crecen

sobre las azoteas

de los edificios

-cuando era niño

había uno de Philips

a un lado de la Vía Expresa

en el Centro de Lima

celeste y plomo

que dominaba el espacio total de buses y peatones

una belleza que no he visto repetirse jamás-

y me gustan los estacionamientos con pocos carros

y el perfil de ese Volkswagen blanco a media tarde

el sol cayéndole de lado

como un tigre grande

a punto de caerle encima

o a nosotros

en el momento exacto en el que alguien ingresa una tarjeta

en un cajero automático

y su mecánica simple desencadenada

una magia insignificante

como la publicidad alienante

que te ofrece

en poco tiempo

violencia y olvido

es decir

redención

erecciones

una promesa vertiginosa y nueva de algo totalmente intrascendente

me gusta

-más bien-

ver una cuadrilla de obreros

levantar una edificio

o demoler una casa

dejando a la vista de los viandantes el espectáculo bochornoso de lo que fue una sala

o el lugar que ocupó

una escalera

me gustan las escaleras

porque se curvan sobre sí y ascienden solitarias

como la como la certeza de una promesa inquebrantable

-algo que no he conocido jamás-

también me gustan los estadios

más precisamente la luz de los estadios

la luz artificial de los estadios

la luz artificial del Nacional rebotando sobre el pasto fresco en una noche de verano

cuando juega Alianza Lima

y su ritmo vertiginoso de entidad planetaria se impulsa sobre sí misma y estalla en el vasto silencio de la galaxia

y me gustaban

también

las chicas que jugaban en el parque

algunas mañanas de marzo

cuando el colegio todavía no había empezado

y yo iba con mi padre de la mano

y empezaba a fijarme en algunas de estas cosas

sus miembros alargados

elásticos sobre el cemento soleado

mientras reían

y yo empezaba

a distanciarme de todo

unas chicas

que paseaban

con el pelo suelto

por el parque y alrededores

en polo blanco

y sayonaras

rojas.

 

El poeta Manuel Fernández

 

Socialismo y participación (tanto depende)

 

Es de noche aún

cuando las muchachas arrancan las plumas

de decenas de gallinas recién sacrificadas

 

mientras las trastiendas de los restaurantes

anuncian en sus pizarras

el reparador caldo de la mañana.

 

Una imagen ridícula que se completa

con el agua de lluvia salpicada

sobre el vidrio de unas pocas ventanas.

 

Un amigo que llega temprano y que pasa

por aquel sitio

comprueba

 

que algo hay de encantador

en las muchachas que pelan gallinas

en las trastiendas de los restaurantes.

 

Porque cuando hablan cada sílaba es un compás

porque cuando ríen cada carcajada es un compás

porque cuando respiran sus pechos son un compás.

 

 

Mi amigo no comprende

que se trata de una imagen ridícula

-que se completa

con el arco de estrellitas doradas

sobre sus gorras blancas

recién mojadas

 

por la breve

lluvia

de esta madrugada-.

 

Por eso cuando llego me abraza

emocionado

y presto a enrostrarme

 

-avalado por la rotundidad de los hechos-

que todo proyecto fracasa

si viene propuesto por la izquierda latinoamericana

 

y sé qué debo responder

pero me tomo un rato

embelesado

 

por la imagen de esas gorras blancas

-recién mojadas-

de ese grupo de muchachas venezolanas.

 

 

 

En nombre de qué pureza

 

Los camaradas van a traicionarnos

se irán una tarde y no volverán

y las tomas las haremos sin ellos

y habrá que improvisar

 

y a pesar de tener

instrucciones precisas

aceptarán cargos

y se apartarán de la línea

 

¿habremos de culparnos por llevar

una camisa blanca

y desear una vida tranquila

 

por doblar una esquina y desaparecer?

 

Simplemente

doblar una esquina

y desaparecer

 

¿en nombre de qué pureza

los exigiremos

consecuencia

y sacrificio?

 

si el mundo cambia

y los discursos se agotan

aun los camaradas se cansan

 

y llega el día en que publican

una columna

y dan una charla

 

asumen

 

una cátedra

y dan otra charla

 

integran paneles

y presiden

comisiones

viajan

y retornan

 

pragmáticos

desideologizados

y exponen

novedosas perspectivas

que desarrollan

 

en promocionadas conferencias

a las que asistimos

 

para verlos

por última vez

 

aunque sea

doblar una esquina

y desaparecer.

 

 

El riesgo de crear instituciones

 

Empezaba el verano y algunos de mis compañeros abandonaron el aula

emocionados

porque habíamos encontrado un modelo

que describía

por fin

la relación del verbo con sus complementos

contagiados todos

por el fulgor de una idea

nueva y fresca

una teoría lingüística

verdadera solo dentro de su propio conjunto de premisas

que en la realidad

casi nunca se cumplen

como esa semilla que nunca se aclimata

pero que da frutos

en mentes recién despiertas

receptivas siempre

y bien dispuestas siempre

algo que se asume sin contradicciones

sin asomo de dudas

ni complejos

mientras no se desborde el modelo

ese algo perturbador

de lo que nadie habla

y que no se dibuja en ninguna pizarra

solo una teoría y su mala conciencia

es decir

la imagen subyacente

de una universidad que proyecta una estructura social académica

atávicamente excluyentes

pero que encuentra sentido dentro de su propio conjunto de premisas

y de las relaciones que establece

al ligarse con sus docentes

estudiantes

y la sociedad en pleno

todo muy coherente

como el discurso aplicado de un estudiante aplicado

simplemente otro perro

entre un montón de perros

o quizá

ya solitario

interrumpido solamente

por la movilidad del agente

en una cláusula atávicamente excluyente decíamos

un diagrama de X barra que Velásquez dibujara sobre la pizarra

pero hace mucho tiempo ya mientras trato de recordar ese salón de clases

y las cosas que allí se decían

un salón que

lentamente

se vacía

muchachos y muchachas

todos con lentes de sol

y sonrientes

prerrogativas de una universidad

privada

mientras yo renunciaba

a hallar las correspondencias

entre el modelo y la realidad que planteaba

pensando

vendrá el verano y será hermoso

y volveré a hacer cola

en la oficina de Servicio Social.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1976). Poeta. Se desempeña como docente universitario y editor de textos especializados en literatura, crónica y política. Ha publicado en poesía Octubre (2006), La marcha del polen (2013), Procesos Autónomos (2016) y El riesgo de crear instituciones (2022); además, es coautor del libro de ensayos 7 discursos de interpretación del siglo XX peruano (y un epílogo para sobrevivir en tiempos de pandemia) (2020) y del libro de actividades de humor político ¿Quién quiere ser presidente del Perú? (2020).

 

**(Lima-Perú, 1988). No estudió filosofía ni literatura. No ha sido traducido a 227 idiomas. No ha ganado ningún premio. No ha sido incluido en ninguna antología, ni ha fundado un movimiento literario. No es docente universitario. Escribe sobre lo que quiere, como quiere, cuando quiere. Ama a sus amigos. No tiene deudas. Los cielos le sonríen. Vive feliz.