3+1 poemas de «Ciclo del Partido de la Caridad» (2022), de José Carlos Yrigoyen

 

Por José Carlos Yrigoyen*

Crédito de la foto (izq.) www.aub.pe /

(der.) www.reforma.com

 

 

3+1 poemas de Ciclo del Partido de la Caridad (2022),

de José Carlos Yrigoyen

 

 

Primicias del mundo

[i.m. John Berryman]

 

El desastre del cuerpo se sienta a escribir. Toma conciencia

de los demás y decide entrar en comunicación con ellos. Sabe

que la urbe ha sido construida para el prójimo: por eso se recluye,

por eso escribe sobre esta actualidad que, como la talidomida,

desprende brazos, dispone a los médicos al borde del colapso,

desentierra hombres y mujeres para su estudio, se blinda

en una historia inacabada. El desastre del cuerpo lo escuchó alguna vez

y está de acuerdo: la vida es corta, brutal y nunca está de nuestro lado.

 

Hay contraventanas por donde es posible atisbar la evidencia.

Los drogadictos ocupan un lugar destacado en la trama. Cuidado

con la gente de las alcantarillas: vienen por usted. En Port-Louis

una esposa mata a su marido al encontrarle fotos con otra mujer

más joven que terminó siendo ella misma. Las escolares japonesas

rinden el examen médico en un gimnasio a la vista de todos.

Deben desvestirse ante la ambigua funcionalidad de la justicia.

El encierro nos ha puesto de un humor lascivo.

 

El presidente de Nauru y sus artilugios complicados y monstruosos.

Dos fundadores del Partido de la Caridad son reconocidos en la calle.

Fueron insultados y agredidos por una multitud de padres de familia

hasta que encontraron refugio en el baño de un restaurante chino.

La foto de unos cazadores desgarrando un okapi en la página seis.

Como los árboles sin hojas, suspendidos sistemas nerviosos,

la ultraderecha crece. Gana los escaños que entorpecen el objetivo.

Los diarios nos dedican titulares que son hornos crematorios.

 

La Corte Suprema prosigue operando en su tensa resurrección.

A punta de pistola, obligó al violador a desnudarse y procedió.

Ahora los niños están muy tristes por perder a su amigo.

El desastre del cuerpo no puede confirmar eso. Pero lo sospecha.

También percibe y difunde el terror institucional que ahoga la luz,

los depósitos de plasma que se pudren en los puertos paralizados,

los discursos que alimentan la noche de los desórdenes raciales,

y, como una mentira, restituye la forma de un mundo aparte.

 

 

Memoria de Ad van den Berg, 1987

 

Quién me inicia en la mordedura.

Quién me hizo notar el abismo que fluye entre las cosas.

De mi bello hermano muerto a los 27 años

puedo decir que era largo y silencioso como un camino paralelo

y que selectos animales salvajes escucharon su alegría

disolviéndose alrededor de esa motocicleta destrozada.

Quien nos inicia en la mordedura sabe perfectamente

que usted ya no puede devolver más el fruto a la rama.

El verano como un murciélago había anunciado su final.

Quise entonces establecer los términos de mi disolución

antes de renunciar a ser hombre entre los hombres

antes de elevarme hasta el mismo gesto intraducible

después de que me echen mano los esbirros de la Ley.

 

 

 

Memoria de Ad van den Berg, 1998

 

Solía ir a verte los sábados. Las regiones asociadas

a tu rostro de catorce años, sin duda provenientes y consumadas

en la clase trabajadora siciliana, alertada por altavoces,

sus voluntarios caídos sobre las acacias con el corazón no preparado

para el sacrificio. Hay una correspondencia entre lo que está por suceder

y el acero de los edificios modernos como aquel donde te visitaba.

Todo escenario dentro de ellos anticipa, mas no seduce.

Debimos entonces salir y perdernos entre festividades y marchas

porque el vigor de nuestra nación no declinaba todavía.

Prolongamos ese paseo hasta que adopté mi papel prometeico;

«Me gustaría que esto sucediera, pero no ahora», respondiste.

Yo había aprendido que no hay manera justa de restablecer el pasado

sino a través del acto de la confesión. Servil y desafiante a la vez

porque a mis catorce años todo error resultó ser una profecía.

Me hicieron tocar los falos de unos muchachos mayores en el bosque.

Fantaseaba con ser desnudado por mis compañeros de vestuario.

Y levantaba las manos hacia Dios. Y no ha llegado una respuesta

 

El poeta José Carlos Yrigoyen

 

Noche electoral

 

[1] Conferencia de prensa

 

La poesía es más verdadera que la historia;

solamente por eso hemos logrado llegar a este punto

donde no ronda el cansancio del fuego, símbolo

de cada disidencia que sucumbe. Durante meses evitamos

a hermosos chiquillos diestros con la lanza, complemento

de los brezos que rodean el amanecer, de la noche

que nos es propicia como el cuero de los guantes,

temiendo que todo aquel encanto se redujera a un cruel

señuelo policial. Eliminamos los archivos y videos

que pudieran ofender a quienes no entienden la lógica

de una sintaxis deliberadamente rota, a quienes no escaparon

nunca de los monótonos distritos suburbanos del alma;

nos presentamos limpios y castos ante la voluntad popular,

tan confundible con una oca consagrada o un arco cretense.

Los locales de campaña, los denostados cuadros técnicos,

la incestuosa tesorería, las aleccionadas juventudes:

todas las expresiones que el Partido de la Caridad congrega

están listas para el combate. Iniciamos hoy nuestro hundimiento.

 

[2] Conteo oficial

 

El teléfono no ha dejado de sonar desde las cinco.

Los primeros resultados arriban veloces como el sol

cuando brilla antes de tiempo, cuando sacude a los ciudadanos

en sus camas y separa violentamente a las parejas

porque tiene algo nuevo y maravilloso que decir.

Pero hay malas noticias en el norte. Nuestra esperanza

no ha sido desminada. Menos de mil votos en Groninga,

ninguna posibilidad de representación en Heerenveen.

En Ámsterdam nadie ha querido escuchar la doctrina

de los perseguidos. Rotterdam y Limburgo censuran sonreírle

a un niño en la calle. Resultado final: cero bancas

sobre ciento cincuenta. Es definitivo, ya no hay nada que hacer.

La dictadura de los adultos seguirá rigiendo en Holanda.

Se anexionará este libro apenas descuidemos sus fronteras.

El canceroso laberinto de la democracia arruinado por completo.

Cada voto nuestro la negativa a tomar la sierra por el lado seguro.

Cada voto nuestro la sabiduría del río resolviendo un crucigrama.

Cada voto nuestro un carterista confundido con un astro.

Cada voto nuestro una ofensa entrando en colisión.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú, 1976). Poeta, narrador y crítico literario. Regresa a la poesía luego de quince años con Ciclo del Partido de la Caridad (2022). Antes publicó Los días y las noches de José Carlos Yrigoyen (2005) que reúne sus primeros libros y Horoskop (2007). Ha escrito también narrativa y libros documentales. El último es Hora Zero, una historia (2021) junto a Carlos Torres Rotondo.

 

 

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