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Por: Mario Meléndez*

Crédito de la foto: el autor

 

 

13 poemas de Esperando a Perec (2015),

de Mario Meléndez

 

 

 

EL INCONSCIENTE es un manicomio

con vista al mar

 

Cada pez que sale del agua

trae camisa de fuerza

 

 

 

5

 

Vi al Papa despertando

de una horrible pesadilla

Dios le había contado

que leía a Rimbaud

Era año nuevo

El Papa dormía abrazado

a su Cristo de peluche

 

 

 

7

 

Vi a Dios besando a la muerte

en un café de París

Llevaba una barba de siglos

y un paraguas para espantar la soledad

Era verano

Su sombra se echaba viento

con la oreja de van Gogh

 

 

 

9

 

Vi a las gordas de Botero en la cama de Dios

La cama era de agua

Llovía a gritos

Dios no estaba esa noche

andaba reconociendo el cadáver de su hijo

 

 

 

11

 

Vi a la muerte llorar en el entierro de Cervantes

La gente gritaba: “Compañero Miguel”

“Presente”, decían los gusanos

mientras lo bajaban a su última morada

A pocos metros de ahí cremaban el cadáver de Dios

 

 

 

13

 

Vi a Marilyn Monroe dando de mamar a su sombra

tenía los pechos tristes

y usaba camisa de fuerza para dormir

Se había tatuado en la espalda algo revelador

También Dios fue mi amante

 

 copertina aspettando perec

 

18

 

Vi a Dios llevarse los juguetes

de mi hijo

Él no tuvo infancia

me dijo la muerte en un sueño

Los entierra en una fosa

junto a los huesos de su madre

 

 

 

20

 

Vi a Caperucita perdida en el bosque

Tenía treinta años

y el traje le quedaba estrecho

El Lobo y La Abuelita la esperaban

en el más allá

Estoy vieja para esto, se dijo

ya nadie me recuerda

El mundo es ancho y ajeno

como este bosque donde he de morir

Sólo me queda una capa roída

y una cesta donde llevo los huesos de Dios

 

 

 

21

 

Vi un ovni cruzar los cielos de Jerusalén

el mismo instante que bajaban mi cuerpo

         del Calvario

La tierra oscurecía de presagios

Mi madre rezaba en lengua extraña

Los niños jugaban a crucificarse

Las luces de neón eran palomas ciegas

         en un desierto de sal

Alguien arrastraba el cadáver de Judas

Alguien lanzaba monedas desde una nube

         a pedales

Los gritos del vendedor de clavos asustaban

         al centurión

Pedro escribía su epitafio en una cruz de pan

Mi madre ya no rezaba en lengua extraña

y ahora limpiaba mis llagas con agua bendita

María Magdalena había desaparecido

Se la llevaron los ovnis, me dijo el buen ladrón

a ese cielo te referías

 

 

 

24

 

Vi a Picasso montado en un caballo verde

llevaba camisa de fuerza y una máscara africana

Sus mujeres lo seguían (a pie) por un desierto de sal

cargaban sus cuadros al hombro y un paraguas

         de Matisse

El caballo lucía una extraña peluca

sus patas ortopédicas se abrían hacia todos lados

desesperando a Picasso que lo golpeaba con un palo

         de ceniza

Aburrido bajó del caballo

y comenzó a trazar en el suelo figuras amorfas

líneas arrancadas de un alfabeto imposible

Aquí cavaré la tumba de Dios, se dijo

los gusanos jamás me perdonarán

Y ordenó a sus mujeres cortarse las venas

mientras él pintaba su caballo de eternidad

 

 

 

32

 

Vi a Kafka en el cuarto de los juguetes

Conducía un tren infinito

sobre rieles que parecían anguilas

Bajo la cama otro niño desarmaba

una oruga fluorescente

la oruga tenía el rostro de Kafka

también los muebles, los relojes

las paredes tenían su rostro

las arañas aburridas en sus telas

los juguetes en la habitación

El único que no tenía el rostro de Kafka

era el propio Kafka cuyo rostro

semejaba una página en blanco

 

 

 

40

 

Vi a Dios por el espejo retrovisor

mientras salíamos de un túnel transparente

Viajábamos a toda velocidad

vestidos para una fiesta de cenizas

Cada quien llevaba una máscara

y una piedra atada al cuello

para lanzarnos en el primer río

Vagamos toda la noche por un desierto de sal

delirando con la tierra prometida

En el asiento trasero las musas bostezaban

sacaban sus pechos por la ventana

como si fueran restos arqueológicos

Los gatos que olvidamos en la guantera

nos habían predicho el futuro

Ninguno verá el amanecer, confesaron

con una certeza que nos paraba los pelos

En la última gasolinera compramos tabaco

y alimentamos a los gatos antes de abandonarlos

Maullaban a un lado del camino

cuando encendimos motores

La luna era una trenza de ajo

pegada al parabrisas

las estrellas semejaban estacas

que añoraban nuestro corazón

Con los primeros rayos de luz

comenzamos a desaparecer

Razón tenían los gatos, dije

subiendo el volumen de la radio

mientras veía a los Sex Pistols

por el espejo retrovisor

 

 

 

43

 

Vi el cadáver de Dios

pastando en la eternidad

 

 

 

 

 

*(Linares, Chile, 1971). Actualmente reside en Italia. Ha publicado en poesía: Vuelo subterráneo, El circo de papel, La muerte tiene los días contados y Esperando a Perec. En 2014 una selección de su obra apareció en la prestigiosa revista italiana Poesia, y en 2015 fue incluido en El canon abierto. Última poesía en español. También ha publicado las compilaciones: Vientos del siglo. Poetas mexicanos 1950-1982 (2012), Antologia di poesia breve latinoamericana (2015), Giovane poesia latinoamericana (2015), y las antologías Trattato di sortilegi (2013) y Hahn. Antología poética (2015), ambas sobre la obra del poeta chileno Óscar Hahn. El año 2013 recibió la medalla del Presidente de la República Italiana.

 

 

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