Vallejo & Co. reproduce una breve nota que el poeta E. A. Westphalen escribió a modo de biografía, en la que nos comenta sobre vida, infancia y obra literaria, así como de promotor cultural. Esta nota fue publicada originalmente en Artes & Letras, D4- D5, del diario El Mundo, publicada en Lima, en junio de 1995. Posteriormente, ha sido recuperada por la web Enprosayenverso (www.enprosayenverso.com) en julio de 2015.

 

 

Por: Emilio Adolfo Westphalen

Crédito de la foto: Libros & Artes

 

 

Westphalen por sí mismo. Hombre y literatura

 

 

El ingeniero Michel Fort tuvo la gentileza de pedirme que completara unos datos biográficos míos. Dicté entonces el siguiente texto a la señorita Isabel Judith Carrillo. El ingeniero Fort es el generoso emprendedor y eficaz presidente de la Beneficencia Francesa (desde hace 20 años) y no podía negarme en vista de los múltiples favores recibidos. Este es el resultado de mis recuerdos parciales y poco fiables.

Emilio Adolfo Westphalen nació en Lima en la calle Plateros de San Pedro el 15 de julio de 1911 y fue bautizado en el Sagrario de la Catedral.

Sus padres fueron Emilio Westphalen Wimmer, nacido en Arequipa en 1881 y su madre doña Teresa Milano Barbagelata, nacida en Lima, en 1891. El abuelo paterno de E. A. W. había nacido en Berlín, en 1840. La familia no tiene mucha información acerca de él, lo único que se sabe es que muy joven escapó del hogar, pues parece que no estaba conforme con la tradición familiar que obligaba a los hijos varones a servir en el ejército del rey de Prusia. Estuvo algún tiempo en Londres y luego vino al Perú, vía Valparaíso, donde en un maremoto perdió todas sus pertenencias. El dato verificable es el de su matrimonio en Arequipa. El abuelo firmaba Carl Friedrich Wilhelm Adolf von Westphalen. Se casó con doña Josefina Wimmer Rojas, nacida en Chincha, cuando tenía 40 años y doña Josefina solamente 16. E. A. W. no tiene información sobre lo ocurrido con él desde el maremoto de Valparaíso.

Los padres de doña Teresa Milano Barbagelata fueron el capitán de Navío Stefano Milano y doña Marieta Barbagelata. El capitán de Navío vino al Perú trayendo en su barco no solamente a la familia de su esposa, sino a varias emparentadas: Olivari, Massaro, Ferrari. Los ancestros de su abuela eran piamonteses y feudatarios de la casa de Saboya desde el siglo XI.

Una anécdota curiosa es que E. A. W. no escuchó nunca en la casa de la abuela mencionar al abuelo. Muchos años después se enteró que el capitán de Navío había abandonado a su familia, a una hija nacida en Italia y a tres nacidas en el Perú.

E. A. W. completó tanto la primaria como la secundaria en el Colegio Alemán de Lima. Eran uno de los alumnos más jóvenes de la clase y, por tanto, tímido. Era estudioso y sobresalía sobre todo en matemáticas. Uno de los profesores que más influyó sobre él fue el doctor Emilio Huidobro, de nacionalidad española, quien le enseñó las reglas gramaticales de nuestro idioma. Una de las tareas que daba el profesor era leer capítulos de El Quijote y presentar después un resumen. Una circunstancia muy importante fue que entre sus condiscípulos estaba Rafael de la Fuente Benavides, que después hizo famoso el seudónimo de Martín Adán. Él lo inició en la poesía y en la lectura de José María Eguren. Rafael de la Fuente le daba a copiar sus poemas y más adelante, con Estuardo Núñez, visitaron varias veces la casa de Eguren.

Cuando E. A. W. terminó sus estudios escolares se presentó a la Escuela de Ingenieros, sin conseguir ingresar. Dos años después no tuvo problema para ser alumno de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, en la Facultad de Letras. En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos sus estudios se vieron cortados por el cierre de la Universidad, por el gobierno de Sánchez Cerro. Solamente pudo estudiar tres años de Letras y tres años de Derecho y, sólo muchos años después, subsanó los cursos que necesitaba para ser declarado apto para optar el doctorado en Literatura. En la universidad, uno de sus profesores fue el doctor Raúl Porras Barrenechea, quien propuso que varios alumnos de su curso de Literatura escogieran un escritor español contemporáneo y dieran una clase sobre él. E. A. W. escogió al filósofo y literato don José Ortega y Gasset; y el texto elogiado por el doctor Porras fue publicado por éste en la revista Mercurio Peruano.

 

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Emilio Adolfo Westphalen.
C. 1935
Crédito del rescate: Herman Schwartz Ocampo

 

Primeros escritos

Desde entonces, E. A. W. ha colaborado en las más importantes publicaciones periódicas del Perú y en algunas del extranjero, tales como en Bolívar de Madrid, España y Front de La Haya, en Holanda.

Desde muy joven, E. A. W. ha mantenido correspondencia con escritores nacionales y extranjeros como Jules Supervielle, don Alfonso Reyes, Juan Larrea, Benjamín Peret.

El primer libro de poemas de E. A. W. se publicó el año 1993, editado por don Enrique Bustamante y Ballivián, quien consiguió suscriptores para esa primera edición de 150 ejemplares. El libro lleva el título de: Las Insulas Extrañas, un verso del más hermoso poema escrito en español: «El cántico espiritual» de San Juan de la Cruz. La obra fue muy bien recibida en Lima y publicaron críticas muy elogiosas Carlos Cueto Fernandini, Vicente Azar y Luis Valle Goicochea. El autor también recibió cartas elogiosas de un crítico polaco que deseaba traducir los poemas a su idioma. Igualmente Sherry Mangan, poeta norteamericano, elogió la obra e incluyó, con su carta, la traducción de un poema.

Otra reacciones favorables fueron las de Vicente Huidobro, don Juan Larrea, el dramaturgo mexicano Celestino Gorostiza, el filósofo argentino Francisco Romero, Bertrand de Jauvenel, director de la revista literaria Grande Route. Pero lo que más impresionó a E. A. W. fue recibir una tarjeta de Valerio Larbaud, pues tenía una gran admiración por ese escritor francés.

En 1933 se marcó por otros sucesos importantes la vida de E. A. W. Como continuaba cerrada la Universidad y carecía de recursos para viajar a alguna ciudad en el país o fuera de éste, E. A. W. aceptó la propuesta de un tío para trabajar en la firma Mauricio Hochschild y Cía. Ltda., exportadores e importadores de minerales y metales. Igualmente en ese año conoció a César Moro, quien acababa de regresar de París. Ya E. A. W. había obtenido abundante literatura surrealista por intermedio de un librero parisién que le enviaba todas las novedades. Con la presencia de Moro establecía contacto con el único latinoamericano que había formado parte del grupo surrealista. Con Moro también asistió al curso de psiquiatría que dictaba el doctor Honorio Delgado para los alumnos de San Fernando en el hospital «Víctor Larco Herrera».

Dos años después, Moro organizó con María Valencia, pintora chilena, una gran exposición que incluía, principalmente, obras de Moro y algunas piezas de María Valencia y tres o cuatros artistas chilenos más. Moro preparó un catálogo que causó alboroto, para el cual E. A. W. tradujo algunos poemas de Paul Eluard.

Ese año E. A. W. publicó su segundo libro de poemas: Abolición de la Muerte. Esta vez el costo de la impresión fue por cuenta el autor. Aunque el autor considere este libro mucho mejor que el anterior, hubo muy pocas reacciones. Sólo el doctor José Jiménez Borja escribió una nota elogiosa en La Prensa.

El año siguiente pulularon los soplones bajo el gobierno del mariscal Benavides y nadie estaba libre de caer en las redes policiales, aunque no realizara actividad política alguna. Así resultó preso E. A. W. y hubiese permanecido mucho tiempo en prisión, al igual que otros compañeros (José María Arguedas, Manuel Moreno Jimeno), pero pudo ser liberado por gestiones del senador Málaga Santolalla, amigo de su padre. También César Moro fue hostigado por la policía y entonces decidieron viajar a México. Don Alfonso Reyes gestionó la visa para E. A. W. Este se vio obligado para obtener recursos a vender gran parte de su biblioteca, la cual fue adquirida por la Municipalidad de Lima. Posteriormente, César Moro viajó a México, pero E. A. W. prefirió quedarse en Lima habiendo obtenido seguridades de no ser molestado.

 

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Agitación cultural

En el ínterin, E. A. W. colaboró con Moro en la publicación de un panfleto contra Vicente Huidobro, y con él planearon una hoja de poesía y crítica, que sólo pudo aparecer en Lima en 1938, con el título de: El uso de la palabra. Al igual que el catálogo publicado por Moro, esa hoja levantó gran revuelo en el público limeño.

Durante la Guerra Mundial por las dificultades de asegurar los envíos de minerales disminuyó mucho la actividad de la firma donde trabajaba E. A. W., lo cual le permitió dedicar buen tiempo a la lectura, prefiriendo obras de psicología y etnografía, siendo la que más le impactó Antropología filosófica de Ernst Cassirer. E. A. W. permaneció en la firma Hochschild durante trece años, al cabo de los cuales, con el dinero de la indemnización, decidió publicar una revista, no dogmática sino abierta a muchos horizontes. Se llamó Las Moradas y colaboraron en ella muchos de los poetas españoles en exilio, como Jorge Guillén, Pedro Salinas, Emilio Prados. Se dio también amplio espacio a las nuevas generaciones; los primeros textos que aparecieron en Lima de André Coyné, Javier Sologuren, Blanca Varela, Francisco Bendezú. También algunos dibujos del entonces jovencísimo Fernando de Szyszlo. Los temas eran muy variados, no solamente de literatura y arte sino música, filosofía, antropología, marcando todos los intereses culturales.

La revista tenía una excelente presentación y había un cuadernillo para las ilustraciones. Cada número contenía unas cien páginas de texto; desde el principio fue bien recibida y ganó muchas adhesiones. El célebre escritor inglés T. S. Elliot autorizó la publicación en la revista de uno de los ensayos traducidos al español. Otra primicia fue un artículo escrito especialmente por el gran historiador de arte George Kubler sobre la arquitectura en Lima. Se publicaron también textos  sobre teatro, música. Para citar sólo algunos de los principales colaboradores, E. A. W. nombrará a don Alfonso Reyes, Antonin Artaud, Paul Claudel, doctor Honorio Delgado, Rodolfo Holzmann, Karl Jaspers. No olvidará un famoso texto de Eleonora Carringthon («La-Bas») traducido por Moro y el más hermoso poema escrito por Moro en francés «Carta de amor», que E. A. W. tradujo para la revista.

Se formó un grupo de amigos de la revista cuando se vio el peligro que desapareciera, por falta de fondos, lo cual sin embargo ocurrió en el número 7-8. Por azar hubo en ese entonces un concurso para traductores de las Naciones Unidas (1949), al cual se presentó E. A. W. y pudo trasladarse a Nueva York, donde permaneció seis años como funcionario del organismo internacional.

 

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Primer número de la revista Las Moradas.

 

Migraciones

El ambiente cultural de Nueva York hizo gran impresión en E. A. W., quien conoció en dicha ciudad a numerosos artistas y escritores de toda nacionalidad. Se puede mencionar a Gabriela Mistral, que hacía poco había recibido el Premio Nobel de Literatura.

En Nueva York  pudo presenciar el surgimiento de un importante movimiento de arte: «Action Painting». E. A. W. de deleitó con las oportunidades que daba Nueva York de asistir a conciertos, a cargo de los mismos compositores, como Stravinsky, Hindemith y Copland. Vio mucho teatro de todas las naciones, incluyendo el teatro griego antiguo, el japonés y el hindú; sin olvidar a famosos bailarines españoles de flamenco.

Una de las personalidades que tuvo ocasión de entrevistas y que más le impresionó fue la socióloga y filósofa Hanna Arendt.

En Nueva York E. A. W. dio dos conferencias sobre poesía peruana en la Casa Hispana de la Universidad de Columbia. Una fecha de esas conferencias coincidió con el nacimiento de su hija Inés el 9 de enero de 1956. E. A. W. se había casado con Judith Ortiz Reyes, oriunda de Catacaos, en Piura, doce años antes. Algunos días más tarde se enteró del fallecimiento de César Moro, en Lima el 10 de enero. E. A. W. siempre mantuvo correspondencia con César Moro, cuando estaban lejos uno del otro, él ocho años en México y E. A. W. seis años en Nueva York. En sus últimas cartas le habló de su enfermedad, pero nada hacía prever que el desenlace vendrá tan rápido. Como E. A. W. juzgó que Manhattan no era el mejor ambiente para criar a una niña, en abril de 1956, dejó las Naciones Unidas y tomó un barco con su familia para Gribraltar.

Su gran amigo Sherry Mangan estaba allá, en un pequeño puerto de pescadores, al sur de Málaga y le animó a reunirse con él.

Santa Fe de los Boliches no tenía sino un par de calles de pequeñas casas de pescadores y unos cuantos chalets para los veraneantes. Alquilar uno de ellos no era caro y se consiguió uno a la orilla de la playa que se extendía dos kilómetros hasta Fuengirola. En los boliches celebraron el primer cumpleaños de su hija Inés. Pero ya habían comprobado que el chalet no era apropiado para el invierno, cuando empezaron a soplar los vientos helados de la sierra. Como el amigo Jorge Piqueras le había informado que le resultaría mucho más caro instalarse en Italia, E. A. W. y su familia viajaron de Algeciras a Génova y de allí por tren hasta Florencia.

En los trámites para el viaje E. A. W. cogió una fuerte gripe y en Florencia tuvo que quedarse en  cama en el hotel. Por intermedio de Jorge Piqueras y de su esposa. E. A. W. pudo instalarse en un villino que alquilaba en las laderas de Fiésole, una llamada condesa Karauss. Era extraordinario el panorama que se tenía de la casita: entre los dos cipreses que había en el minúsculo jardín se veía al fondo el Duormo de Florencia.

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Caricartura de EAW por Fernando de Szyszlo para el libro «Poesía contemporánea en el Perú» (1946)
Crédito: archivo Mario Pera

Pronto E. A. W. recibió la visita de un antiguo amigo, José María Domínguez, que había trabajado con él como traductor y que entonces era funcionario de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO). E. A. W. fue solicitado para que trabajase con ese organismo. Al principio recibió trabajo para hacer una en su casa, pero pronto se hizo saber que la organización requería que se trasladara a Roma como empleado estable. Durante esos meses, pasaba los fines de semana en Fiésole y los otros días, en un hotelito en Roma. Después de unos meses se normalizaron las condiciones de trabajo con la FAO y pudo instalarse en un departamento, en el corazón mismo de la ciudad antigua, en el Palacio del Grillo: una hermosa construcción barroca que contenía una portada de Bernini, un ala del edificio incluía una torre medieval y todo estaba adyacente al foro de Augusto y al mercado de Trajano.

E. A. W. conocía Roma, adonde fue invitado en 1951 En esa ocasión decidió que Roma sería la ciudad en que amaría residir. En 1961 nació en Roma su segunda hija, Silvia.

E. A. W. permaneció en Roma hasta 1963, cuando llegaron unos amigos peruanos, que formaban parte del equipo electoral del que fue presidente Belaunde. Ellos le persuadieron de que era la oportunidad para regresar a Lima. Sin embargo, no consiguió ninguna ocupación durante el primer año y sólo cuando José María Arguedas fue nombrado director de la Casa de la Cultura, éste le hizo contratar para que publicara la revista de la institución. Una innovación que E. A. W. obtuvo de Arguedas fue que toda colaboración en la revista se pagara. El sueldo que recibía E. A. W. no era notable: los 400 soles apenas si bastaban para pagar el alquiler el departamento que había tomado.

Salieron ocho números dirigidos por E. A. W., quien quiso que figurara su nombre, por haber ya aparecido un número sin su intervención y en vista de que tanto el director como el subdirector de la Casa de la Cultura podían hacer aparecer en la revista textos solicitados por ellos.

Por entonces el doctor Augusto Tamayo Vargas le pidió a E. A. W. que enseñara en la Facultad de Letras de la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, E. A. W. escogió dictar dos cursos de arte precolombino: uno del Antiguo Perú y, el otro, sobre la misma época en toda América.

En la Universidad Nacional Mayor de San Marcos, E. A. W. formó parte del comité de extensión universitaria que presidia el doctor César Arróspide de la Flor.

En 1967 el arquitecto Santiago Agurto Calvo, en ese entonces rector de la Universidad Nacional de Ingeniería, le propuso a E. A. W. que trabajara en esa universidad haciendo labor de extensión cultural, principalmente una gran revista de artes y ciencias. La revista que entonces dirigió E. A. W. adquirió mucho más importancia de la que tuvo Las Moradas, su tirada fue de tres mil ejemplares. La única exigencia fue la de incluir en cada número la colaboración de Mario Vargas Llosa y que se tratara de algún tema relacionado con las ciencias. Como es mejor acudir a la opinión de un extraño, E. A. W. va a insertar aquí la opinión del profesor Roberto Paoli:

«No puede entenderse ni valorarse del todo la mente de Westphalen, su superior finura, la estética misma de la que surgen sus versos, si se hace caso omiso de la actividad intelectual desplegada por el autor durante varias décadas, en calidad de heraldo en América Latina no sólo de la vanguardia, sino de la misma modernidad. En Westphalen hay una absoluta modernidad de gustos, sin obligaciones ni nostalgias hacia el pasado. Westphalen es un hombre totalmente de su siglo, absolutamente moderno. No encontramos en él ningún indicio de esa ‘superstición de pasados’ que, en varia medida, está presente en todo intelectual tanto europeo como contemporáneo. La amistad con César Moro, la colaboración en el catálogo y la preparación de la exposición surrealista de Lima, en 1935, y más tarde la creación y dirección de las dos más vivaces y rigurosas revistas de América Latina (Las Moradas, Amaru), sin mentar otras iniciativas, son momentos de su aporte de competencia, inteligencia y gusto a la puesta al día de la cultura no sólo peruana, sino de toda Hispano-América.»

 

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Segunda época de revistas para EAW. Esta vez con «Amaru».

El fin de una época 

La publicación de Amaru  contó con excelentes colaboraciones y su prestigio fue grande. En los catorce números que llegaron a publicarse se pueden encontrar los nombres de notables escritores tanto del idioma español como de célebres representantes de la literatura, del arte y la ciencia de todo el mundo.

A principios de 1971 se interrumpió la publicación de la revista; habían cambiado las autoridades universitarias y quedó sometida a la autoridad administrativa del ingeniero Noriega Calmet, quien luego de manifestar su poco complacencia con el carácter de la publicación, determinó que no se pagarían más las colaboraciones y que él mismo intervendría en la revista.

Esta situación hacía imposible que E. A. W. continuara en la Universidad Nacional de Ingeniería. Algunos amigos se preocuparon por la nueva ocupación que podría dársele y  fue entonces que E. A. W. fue nombrado agregado cultural de la Embajada peruana en Roma. De ese período de su vida, E. A. W. prefiere no hacer comentarios.

En 1977 E. A. W. obtuvo el Premio Nacional de Cultura en el área de literatura, según decidió la comisión técnica del concurso, habiendo obtenido tres votos frente a los dos que obtuvo el doctor Luis Alberto Sánchez y uno el escritor Mario Florián.

Ese veredicto levantó una polémica con visos políticos y sólo después de varios meses el ministro de Educación decidió que, en forma excepcional, el premio se otorgaría a los escritores que obtuvieron votos.

En 1976 enfermó gravemente Judith Westphalen (conocida pintora con exhibiciones personales y colectivas en Lima, Nueva York, Florencia, Roma, Madrid, México y Bruselas), quien falleció el 31 de diciembre.

En 1977 E. A. W. fue enviado a México como Ministro Cultural; en 1980 a Lisboa. En la Embajada Peruana en Lisboa, el secretario armó un incidente muy desagradable que lo obligó a pedir los pasajes para volver a Lima.

Desde ese entonces E. A. W. reside en Lima, donde ha intervenido en diversos actos culturales, aparte de haber colaborado regularmente en la revista Debate y en varios coloquios internacionales.

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