A fines del año pasado, 2014, en Vallejo & Co. rendimos un pequeño homenaje al gran escritor y artista plástico peruano Jorge Eduardo Eielson (1924-1965) con motivo de celebrar los 90 años de su nacimiento (1924-2014).

Uno de los principales estudiosos de la obra de Eielson, es el investigador Sergio R. Franco*, quien participó en el reciente «Congreso Internacional Palabra, color y materia en la obra de Jorge Eduardo Eielson», organizado por el Centro Studi Jorge Eielson y la Casa de la Literatura Peruana en año 2014.

Ahora publicamos una entrevista exclusiva en la que el Dr. Franco ahonda en la novelística eielsoniana desde un punto de vista particular y agudo.

 
 
 

Por: Mario Pera
Crédito de la foto: Facebook Ed. Santuario

 
 
 

Un mundo desnudo.

La novelística de Jorge Eduardo Eielson

 
 
 

1.      Por su composición estructural, sin una secuencia temporal progresiva, así como por el tránsito en los límites de la indefinición de un registro literario y, más aún, por el gran acento lírico de su voz narrativa El cuerpo de Giulia-no fue calificada, tras su publicación, como una novela de vanguardia. ¿Cuáles son, en tu concepto, los principales elementos que hacen de esta novela una obra sui generis para su tiempo? ¿Qué aspectos le daban ese carácter de vanguardia a su contenido? Más aun habiendo sido trabajada desde la década de los 50.

Creo que la novela fue vista como un texto vanguardista, o de neovanguardia, porque  se aleja decididamente de la poética implícita en la novela decimonónica y todo su repertorio de recursos mimético-verosímiles; apuesta, más bien, por lo fragmentario, sobre lo que me explayaré más adelante, y opone esta composición a la exigencia de “totalidad” preconizada como marca del género tanto por Lukács como por Bajtin, quien detecta en la novela el hipercódigo literario de Occidente; así mismo, El cuerpo de Giulia-no deconstruye la identidad del personaje, la causalidad (se trata de lo que denomino un relato acausal), la unidad de estilo e incorpora en la diégesis una reflexión sobre la escritura misma y sus límites, rasgo que se acentúa en Primera muerte de María. Esta práctica se ajusta a su propuesta de “literatura tridimensional”. Ahora bien, dicho todo esto, hay que subrayar dos cosas: que Eielson no creía mucho en las vanguardias y que El cuerpo de Giulia-no resulta menos atípico si se le agrupa con otros relatos de América Latina, para quedarnos en el continente, como Memórias Sentimentais de João Miramar, de Oswald de Andrade; las novelas de Huidobro; Museo de la novela de la Eterna, de Macedonio Fernández o Vida del ahorcado–novela subjetiva, de Pablo Palacio, por mencionar, precisamente, algunos textos escritos por autores asociados a las vanguardias. Todos estos textos difieren entre sí en varios aspectos pero coinciden en el rechazo de una cierta concepción del relato.

 

 

2.      Cuando Jorge Eduardo Eielson publica El cuerpo de Giulia-no, en 1971, era un escritor conocido en el Perú pues había ganado tanto el Premio Nacional de Poesía como el de Teatro. ¿Qué tan impregnada de los otros géneros literarios en los que también se desenvolvió su obra se encuentra la novelística de Jorge Eduardo Eielson? A mi parecer ambas son novelas, por decirlo de algún modo, bastante dramatúrgicas.

Esta va a ser una respuesta un tanto larga, pero los temas que planteas así lo requieren. La operación básica que subyace en la novelística de Eielson consiste en lo que denomino “anudamiento de códigos”. Esto quiere decir que El cuerpo de Giulia-no y Primera muerte de María incorporan diversos códigos estéticos sin intención de armonizarlos en una obra de arte total. En la diégesis, hay remisiones a la pintura, al cine, al arte conceptual, a la fotografía. Desde luego, también a toda una serie de motivos que reaparecen en la obra entera de Eielson, modulados de distinta manera. El “paisaje infinito de la costa del Perú”, tratado por Eielson como ensamblaje e instalación, resulta fundamental en Primera muerte de María, novela cuyo sistema simbólico concede especial importancia a las prendas de vestir, elementos que, a su vez, nutren la indagación plástica de Eielson, recordemos su Abito da sera (1962), sus camisas o su Piramide di stracci (1965). Además, y es obvio, la novela remite al poema homónimo de 1949. Otro tema: Marilyn Monroe, o lo que ella podría representar. Se le menciona en Habitación en Roma (1952) y en la novela Primera muerte de María; es el tema de un tratamiento plástico, Requiem por Marilyn Monroe, de 1962, y de un tratamiento musical, Misa solemne a Marilyn Monroe, compuesta en ese mismo año. Quizá con Monroe haya algo más que escapa a mi memoria en este momento… Además, los textos de que hablamos remiten al arte conceptual, dialogan con Duchamp, con más de una escuela del budismo, etc. Centrándome más específicamente en el plano literario, las novelas de Eielson emplean modalidades como el melodrama, el relato detectivesco, que es lo que se impone en un primer momento cuando uno inicia El cuerpo de Giulia-no, o la ciencia ficción: inolvidable el capítulo 21 de El cuerpo de Giulia-no en que millares de indígenas descienden de una astronave sobre Villa Borghese y destruyen todo lo que encuentran a su paso, o LBM112, la incubadora de astronautas capaz de determinar la pigmentación de la piel que servirá para que las indígenas tengan hijos blancos y rubios, quienes serán astronautas de inteligencia mínima y que serán destinados a la Base Experimental Cafetera de Venus. Inolvidable también el universo distópico de Primera muerte de María. En ambos casos, se trata de una crítica a los horrores que podría engendrar el tecnocapitalismo. Ahora bien, hay dos asociaciones que resultan mucho más interesantes en el plano sintáctico-semántico. De una parte, hay una fuerte impronta lírica en las novelas de Eielson. Entiendo la lírica, siguiendo a Karlheinz Stierle, como antidiscurso, como deriva del desarrollo discursivo hacia contextos múltiples, lo que rompe el discurso lógico y enfatiza su propia materialidad. En el caso de estas novelas, hay un proceso de asimilación de entidades vía la analogía (identificaciones y símiles) y la representación de estados afectivos muchas veces inefables. De otro lado, y esto conecta con la dimensión dramatúrgica de los textos que mencionabas, algo que salta a la vista en las novelas es la presencia de ceremonias y rituales (el strip-tease de Lady Ciclotrón, por dar un caso, o el posar de Giulia), pero esto es lo menos interesante, pues se mantiene en el mero nivel de los acontecimientos y resulta muy fácil de captar. Para mí lo que resulta fascinante, más bien, consiste en lo siguiente: el proceso de “espacialización del discurso”. Ambas novelas, pero sobre todo la primera, gracias al empleo sistemático de vacíos narrativos, quiebran el discurso en muchos bloques narrativos (135 en El cuerpo de Giulia-no, en apenas 146 páginas, y 56, en Primera muerte de María, según mi análisis). Cada bloque es una unidad que se integra al conjunto pero que retiene un valor estético en sí, y que, por ello, nos invita a detenernos en su lectura y relectura antes que a avanzar. Esto provoca un ritmo discontinuo, en staccato, de la lectura que, además, se ralentiza mediante alargamientos, descripciones, digresiones, repeticiones y el empleo del discurso iterativo. En mi estudio, A favor de la esfinge, ofrezco un detallado examen que no compete repetir aquí. Cortar el flujo del discurso y retardar el relato de los eventos son maneras de contradecir la progresión y las transformaciones, leyes connaturales a la narrativa. Así, en manos de Eielson, la forma narrativa “novela” deviene “espectáculo verbal”.

 

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«El cuerpo de Giulia-no» (2014), por Jorge Eduardo Eielson. Reedición peruana por Santuario.
Crédito de la foto: Editorial Santuario

 

3.      Un aspecto común en la novelística eielsoniana es el que algunos de sus personajes no suelen estar muy delineados, principalmente, en el terreno de la identidad de género que se muestra varias veces ambigua, y que se marca desde el mismo título, El cuerpo de Giulia-no, que es lúdico en lo andrógino. ¿Cómo podríamos entender este elemento en las novelas de este autor?

Podríamos entenderlo como una deconstrucción del personaje propio al realismo literario, el cual se caracteriza por su singularidad (nombre, aspecto, discurso, personalidad, tics incluso) a la vez que por su tipicidad (clase, género, etnia, etc.). Las novelas de Eielson no construyen a los personajes de manera que éstos se emancipen del autor textual, sino que los caracteriza laxamente debido a que ellos cumplen roles sobre todo actanciales. Por eso carecen de profundidad psicológica. Por eso es que el discurso que se le asigna a cada uno de ellos puede resultar fácilmente intercambiable con el de otro, como se observa en el empleo del discurso indirecto libre en José y Pedro, en Primera muerte de María. Lo que hay es una preeminencia autorial que se vale del personaje para expresar un asedio a diversas zonas existenciales, antes que el mapeo de una realidad social. La “inestabilidad” en el caso de la pareja Giulia/Giuliano, o mejor, “reversibilidad”, desnuda la artificialidad del género, su dimensión cultural, su mera existencia como oposición funcional.  No olvidemos que Eielson se nutrió mucho del budismo zen y para éste el universo y el ego son insubstanciales. No hay noumeno, como solía decir Taisen Deshimaru, maestro de Eielson.

 

 

4.      La figura femenina es uno de los principales ejes en ambas novelas, El cuerpo de Giulia-no y Primera muerte de Maria (1988). ¿Cuál es el tratamiento que le da Jorge Eduardo Eielson a la imagen femenina en su narrativa?

En mi opinión, la figura femenina resulta mucho más interesante en Primera muerte de María que en El cuerpo de Giulia-no porque posee más protagonismo y agencia, mayor astucia y control sobre el poder de su erotismo. Y, sin embargo, los personajes de extracción popular en las novelas de Eielson suelen padecer existencias desoladoras, y, entre estos personajes, las mujeres se ubican en la posición más frágil por su subalternización en entornos donde persiste la “colonialidad del poder”. Véase el final de Primera muerte de María o el destino de Mayana como ilustración de lo que digo. Sin embargo, el personaje de Giulia retiene cierta zona oscura, cierta dimensión “mate”, como diría Barthes, lo que lo hace atractivamente enigmático.

 

 

5.      Y, en relación a la pregunta anterior, la pulsión erótica es otro factor muy presente en sus novelas, como en casi toda su obra literaria. ¿Cómo desarrolla Eielson el eros, el deseo por el otro en los personajes de sus novelas?

Es un erotismo que no debe ser confundido con genitalidad, por supuesto. Me parece que lo más relevante consistiría no tanto en el deseo que un personaje puede sentir por otro(s), como Eduardo por Giulia/Giuliano, Roberto por María Magdalena o Pedro por ese cuerpo anónimo y sin género con que se fusiona durante la procesión del Señor de los Milagros, sino de la movilización de energía libidinal que pasa del cuerpo del autor al cuerpo del lector a través de la escritura. Se trata, como diría Deleuze, de captar fuerzas en un agregado sensible (la obra) que va a afectar al receptor. Sin duda esto es lo que Eielson tenía en mente, como lo indica el epígrafe de James Joyce con que se abre Primera muerte de María.

 

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«Primera muerte de María» (2014), por Jorge Eduardo Eielson. Primera edición peruana por Santuario, de esta novela poco conocida del autor.
Crédito de la foto: Editorial Santuario

 

 

6.      La gran mayoría de narradores peruanos de la Generación del 50, tuvo como eje de su obra el desarrollo del realismo social o de denuncia social. Muy pocos, como Eielson, se alejaron de esa temática para transitar, por el contrario, un camino más introspectivo o, si se quiere, existencial. Eielson se aleja de su Generación no solo en la forma en que estructura su narrativa, sino también en la temática de la misma; sin embargo, en un punto confluye con aquella vertiente de denuncia social y es en el aspecto de la ciencia ficción, factor que le sirvió para criticar casi de encubierto uno de los males del país que es la segregación racial y social. ¿Estás de acuerdo con esta idea?

No del todo. El trabajo de Eielson como novelista, o antinovelista, coincide en más de un aspecto con el de su  “generación”, noción de la que desconfío y que empleo por comodidad expresiva para responderte. Al igual que los miembros de su generación, Eielson depuró la prosa, expandió el repertorio de temas, incorporó novedosas técnicas narrativas, privilegió personajes adolescentes, prestó atención a lo urbano y lo cosmopolita. Desde luego, aquí hay una coincidencia, una participación en lo que idealistamente podríamos llamar espíritu de la época o la “structure of feeling”, pues Eielson vivía aislado en Italia, sin mayor contacto con lo que se escribía en el Perú por entonces. Definitivamente, Eielson empleó la ciencia ficción para elaborar una crítica a los males del país y atisbo los horrores del tecnocapitalismo, pero no creo que ese propósito se haya constreñido a esa modalidad.

 

 

7.      Si bien en los últimos años ha habido un importante estudio y crítica de literatos peruanos sobre la obra narrativa de Jorge Eduardo Eielson, ello no fue así cuando fueron publicadas ambas novelas. Para algunos se justifica en que fueron publicadas en México, pero sabemos bien que ello no es una excusa válida. En tu opinión, ¿por qué que no hubo en su momento casi ninguna crítica a la novelística eielsoniana en el ámbito literario peruano?

Esta pregunta me permite rizar el rizo porque creo que fue precisamente aquello que hacía de sus novelas, en especial de la primera, textos sui generis lo que dificultó su recepción crítica. Recordemos que El cuerpo de Giulia-no se publicó en 1971, un momento de grandes transformaciones sociales y tensiones políticas que exigía una narrativa “comprometida” con la clara denuncia social en un formato “totalizante”. Algo así como Redoble por Rancas, que se había publicado un año antes. Una segunda razón tiene que ver con que la propensión de Eielson a “anudar códigos” en sus novelas, como ya expliqué, plantea enormes exigencias al momento de analizar sus textos. Hace falta emplear más de un instrumental analítico, hay innumerables reenvíos intertextuales, etc. Por último, existe (y nos sólo entre nosotros) una tendencia a compartimentar a los autores: se lee a Vallejo como poeta y se soslayan sus extraordinarias crónicas, que son de lo mejor que ha dado el género en América Latina; se ve en Arguedas al narrador pero se descuida su poesía, la más importante en quechua moderno. Creo que lo que opera aquí es una traslación de la “división del trabajo” al ámbito de la creación estética. En el caso de Eielson, al habérsele “catalogado” ya como poeta, ha habido una renuencia a cuestionar esa “identidad artística” y se prefería pasar por alto su trabajo en otros géneros literarios. Pero, como sabemos de sobra, la versatilidad de Eielson excede largamente la dimensión de escritor.

 

 

 

 

 

* Sergio R. Franco (Lima, 1965). Ph.D. University of Pittsburgh. Profesor de Literatura Latinoamericana Contemporánea y Estudios Culturales en el Department of Spanish and Portuguese de Temple University. Autor de A favor de la esfinge: la novelística de Jorge Eduardo Eielson (Lima: UNMSM, 2000) e In(ter)venciones del yo. Escritura y sujeto autobiográfico en la literatura hispanoamericana (1974-2002) (2012). Editor de José María Arguedas: hacia una poética migrante (Pittsburgh: IILI, 2006).

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