Por: Luis E. Mendoza

Crédito de la foto: Izq. La autora

Der. Colección caníbal

 

 

Un Canibalismo Redondo

(de Vanessa Martínez)

 

 

A casi diez años de su primera publicación, «La Hija del Carnicero», Vanessa Martínez, acaba de publicar en México su tercer libro de poemas, Redondo [Colección caníbal, 2015]. Es un libro que indaga sobre las variaciones atmosféricas del amor. De separación telúrica. De respiración contenida.

El libro consta de cinco zonas o entornos: Núcleo interior, Núcleo exterior, Manto, Corteza y Atmósfera. Es un libro dia/fragmático. Cuando el poema se contrae, el núcleo se comba sobre sí y las palabras se adhieren a los entresijos de los cuerpos delirantes [las dos primeras zonas]. Cuando el poema se refracta, el núcleo explota hacia afuera, panza arriba, y penetra en las atmósferas perecederas [las zonas restantes].

Las capas tectónicas del poema vibran ante el ritmo interior de una poesía molida. La primera zona [Núcleo interior] libra lucha contra la memoria ezquizoide. La segunda [Núcleo exterior], resiste ante los embates de la nostalgia metálica. La tercera [Manto] incide en el espejismo de la epidermis. La cuarta [Corteza] penetra en la llanura agrietada por el espacio-tiempo. Y la quinta [Atmósfera] desempaca un intercambio epistolar entre los sobrevivientes del fuego fatuo. El puerto final nos devuelve a la rueda que gira sobre si misma: la memoria como forma de redención.

Derramé todas mis mamas  / dejé unas pequeñas y malas cartoneras / como migajas para estos pájaros suicidas.

Entre los extremos del libro se ubica la imagen de una mujer abandonada en «un poema donde nunca deja de llover» [Henrik Nilsson]. Una mujer que ha decidido quedarse con las quietas placas del hielo, las habichuelas, las tardes de oropel, los cubos en rojo y el corazón sumergido en el interminable tráfico limeño.

En algún lugar, M. Castells sostiene que la dinámica humana pone en juego dos tipos de identidades: la identidad de resistencia y la identidad proyecto. Con la primera, los poemas de “Redondo” resisten a los embates de la externalidad constitutiva del amor, y con la segunda los poemas afrontan el porvenir bajo el proyectil del desamor. Y dicen estos versos:

Dios en los cines viejos resulta ser un gran negocio / y yo tengo todos los dedos tiznados de pequeñas / salvaciones.

Los poemas de Redondo luchan por superar el desamor a punta de un canibalismo redentor. El músculo indecible libra lucha contra la idea del recuerdo. En el medio siempre hay fracturas. Es la apuesta de un libro dia/fragmático. De separación telúrica. De sobrevivencia contenida. La carne se ha transformado en hueso. «Vamos a requerir muchas veces de ortopedia para sobrevivir al amor». El lenguaje empieza como grieta. Y Vanessa Martínez lo intuye bien.

 

 Portada

 

 

2 poemas de Redondo (2016),

de Vanessa Martínez

 

 

Redondo

 

Un sueño navegará impulsado

por los vientos de nuestro paraíso artificial

 

por todos los flujos de insatisfacción y de lucha

por aquello en la piel que no alcanza a reciclar ley.

 

Los cuerpos forjados, absortos por la evocación del capricho

descienden como un pájaro cansado de ironizar truenos.

 

Carpintero obseso en meaculpas:

enmaraña nidos en tus ojos volados.

Región flor donde se abate

el rocío de las nubes deshaciéndose

una a una

sobre mí.

 

Algodón de tu vestido.

 

 

 

John P. Roberts habla

 

Te imagino correteando a las gaviotas
y te me vienes demasiado en el pecho:
esa jaula de aire donde te has escondido.

Querida Sara:
El corazón de esta cárcel,
me lleva, cósmico,
al lugar donde guarneciste mi corazón
de ajos & zafiros.
Donde apartado
aprendí escuchando el silencio de tus dunas.

Fui lejano,

Gorgona de paso entre tu hierro,
vil entre las crueles,
negada y maldecida por buscar lo que no se acierta.
Súccubos perfecto
de esta proa que acaricia los vientos del Pacífico
como una peste.

Fíjate.
estoy frío: colmado de hielo,
embrutecido por el iris multicolor de tus pasiones.

He de zarpar con el viento,
y submarino, penetrar en tu olor que es trópico de mi deshielo
y pensar en las arcadas de la noche que se nos caen como el mar
y nos enlútese
robando cada día el instante de tu marfil
y pernoctarlo
para lubricar los ojos vampiros de mi censurada sed
que es tu sombra
y que esa sombra soy yo.

Así es como cultivado por esta gélida belleza
que utilizas sobre mi alma.
Así es como vagabundeo por este despoblado
que me oculta lentamente con el paso del sol
como un recuerdo.
Así fantasmal
medio borroso entre las tropillas de arena
disfrazado de desierto
como nunca me concebí.
Como una estrella de mar en la desolada isla.
Un cadáver,
un mito terrible que huye de su propia peste,
que fue la heroína de tu niebla.
Haces surcos en la arena
y yo sigo a estos muy cerca del sol
………..tan cerca de él.
Y eso significa que ya voy muriendo
ahora más cerca de ti.

¿Me estás oliendo?

 

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