Por: José Antonio Llera

 

[Poema del libro Transporte de animales vivos, Badajoz, Aristas Martínez, 2013]

 

 

Tal vez chillaban en sus raigones, pero yo sólo oía los ojos entre los cuernos como nube frotada. Miraban cabizbajos en el sopor de los mataderos los infiernos de la digestión y las enzimas baratas.

 

Trazaban una astronomía perdida en los rincones de la orina.

 

La chapa gris lamía los eclipses de la hierba, lamía las heridas del transportista cuya fijación se divide entre el arcén y la prostituta negra.

 

La grasa del animal es una aguja kilométrica que engorda la úvula y las pantorrillas.

 

El fláccido amante que se arrodilla ante la fusta de cuero sin que lo sepan sus hijos legítimos y consume pastillas de omeprazol después de cenar churrasco poco hecho.

 

Se atragantan con su carne.

 

Saben que no sobrevivirán a este viaje, pero el psiquiatra cojo también espera,

 

la novia abandonada también espera,

 

el anciano al que le tiemblan las manos también espera el día.

 

Quieren aplacar los mugidos con ketamina y compresas de gasoil.

 

Si la carne de bovino sigue bajando, se arruinarán las cooperativas. Cordero de Dios que quitas el pecado del mundo.

 

La vida es una cinta que mide 10.000 kilómetros. Todo depende del pedal del acelerador. El conductor cumplirá con su trabajo y los mozos abrirán las compuertas. En realidad, nosotros tampoco somos más felices, hacinados por decreto con aquellos a los que odiamos.

 

Los terneros viajan desde Holanda hasta España para el engorde. Después, vuelta a Holanda. Siempre por carretera.

 

Proteínas que fermentan con el vino tinto, hormonas inyectables que destrozan el hígado, pensamiento que deglute los ciclos del carbono.

 

Somos como esos animales, su culto a la asfixia, la sangre malgastada en las herrerías.

 

Al oeste, los grandes aserraderos. Al norte, las plantas de recauchutado.

 

Un boxeador golpeará con sus puños roncos las costillas de la vaca colgada de un gancho de acero. Chivos expiatorios con la trenza del miedo y las tribunas de la soledad parlante.

 

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