Por Paola Andrade Cantero*

Crédito de la foto (izq.) Ed. Andesgraund /

(der.) www.poesiadesdeelfondo.blogspot.com

 

 

Sobre Zurcido Invisible (2018),

de Virginia Benavides**

 

 

Los conceptos que forman la palabra Exstrabismo (2003) el primer conjunto poético antologado en esta plaquette Zurcido Invisible, expresan cerrazón ante la imposibilidad de asir la fórmula secreta total que concilie el lenguaje. No obstante, hay un explícito y buscado itinerario hacia el delirio y el éxtasis. La maestría, cierta “extrañeza. Cierta retórica de la mismidad, constituyen el abismo, voz elegida para nombrar las piedras, los obstáculos, el hielo del camino, la pasión, la soledad de la ruta incierta. La ruta de la poesía.

Virginia funda su propuesta en general en primera persona, sin embargo, desde esta posición las preguntas retóricas permiten elaborar un tono, cierta metodología pedagógica, tal vez una forma de manufacturar un conocimiento telúrico que concurre desde la construcción colectiva. Así consulta: ¿Qué desborda y que ahoga cuando el verso no berza?  O: ¿qué precisión diamantina acecha la vena para mover las metáforas?

Esta poética se construye desde la evolución, el crecimiento, la procesión del cuerpo imperfecto como receptáculo creativo. Indaga: ¿qué camino lleva el caos disfrazado como cuerpo?  Pero sin duda que es el lenguaje metatextual, la metaficción lo que le incumbe. Una poética, como la sorpresa que se levanta simple, pero exhibiendo su atractiva complejidad “porque el río que buscamos nace en nosotros”. Entonces el estrabismo, definido como la incapacidad para controlar la mirada, funda cierta consciencia metafórica o la autoconsciencia, el camino de la iluminación que no es otro que el de la escritura: ¿Qué orbitas deambulan los ojos para crear la mirada?

En Sueños de un bonzo (poemario objeto) la poeta enfrenta el riesgo de frente, se deja caer en el abismo citado en la primera propuesta: “Lo que quiero decir es perdida sonda zurcido invisible”.

 

La poeta Virginia Benavides

 

Este mar de sentido se despliega como pequeñas crónicas poéticas que anuncian el arribo a un punto, un lugar de expresión del sosiego: “cuantos derrumbes tuviste que ser para llegar a este construir palabras”. De la misma manera lo telúrico se enuncia en el encuentro con la naturaleza abismante que desplaza y acoge el cuerpo desnaturalizado: “La belleza solo es un viento azul” En Sueños de un bonzo (poemario objeto) hay un fluir constante, los afluentes circulan como sanación íntima: “un río interior fluye en esta melancolía de monstruo o niño triste”.  La dicotomía de la voz rural y femenina más la ciudad convertida en la otredad, expresan una poética de la carencia. Carencia de adaptación en un entorno hostil, en un cuerpo discrepante, mutilado en su sociabilidad, y de la ciudad la voz poética dirá: “la ciudad es un descierto más hondo y solitario que el mío”.

El poema “Viaje a los campos sinfónico (escenas de un documental futuro)” es la simulación de una escena audiovisual, una fórmula que evoca el texto “Lumpérica”, de nuestra flamante recién galardonada premio nacional de literatura Diamela Eltit. “Lumpérica” es un instructivo repleto de simbolismos que simula un delirante guion. Ironías y alegorías varias en un libro que recrea la negación de la libertad, de la existencia, de la cordura en tiempos de la dictadura. Un libro en que se metaforiza el cuerpo encarcelado, obligado, poseído por otros, cuyo  valor radical es ser el último reducto de la consciencia individual. Mucho de “Lumpérica” hay en el texto de Virginia, el que también es un tránsito, un recorrido que se lee como esquema fílmico que termina convertido en oración. El tú pronto se transforma en yo. Lo colectivo se transforma en íntimo y se hace explícita una dualidad semántica y cultural con el entorno. Se trata de una confrontación ante lo inconmensurable cuando se dirige a un Apu o elemento espiritual de las culturas andinas: “Apu. Tu estar fugaz en mi sueño entrecerrado en los desvelos”

En algunos momentos del libro esta poesía es como un quipu, aquel nudo o lazada inca, definido como un instrumento de almacenamiento de información en cuerdas de lana o de algodón de diversos colores. Las civilizaciones andinas poseen elementos de gran poder, el quipu es un lenguaje tridimensional, cuyos códigos comunican a sus cultores y también lo logran con los espíritus, con los Apus. Aquellas divinidades conectadas con los astros, con las estaciones y con lo más íntimo del ser humano como la intuición, sus miedos, el conocimiento y aquello por descubrir. Esta mismo sucede con la poesía de Virginia Benavides.

Leí: “La casa abandonada del que te besó por primera vez, la vereda agrietada y las calles de tierra muerta en que tomas el bus de un sueño sumergido en este amanecer insomne” y también leí “hemos oído por el deseo de partir en las estaciones” y encontré poesía del lar, recordé a Jorge Tellier y recordé lo ominoso, lo aciago de Pedro Paramo y la ciudad llena de muertos.

 

 

“Hospital del niño”, uno de los textos inéditos que puede ser leído como un manifiesto poético, sustenta su gran valía en que representa de mejor forma, algo muy destacable de considerar en esta poética y que he dado con llamar la estética de la salud. Para ello vale en esta ocasión citar a Antonio Gramsci quien en su Tercer Libro de Cárcel nombra al sujeto subalterno como aquel oprimido por hegemonías que ordenan la sociedad para continuar posicionando el capitalismo colonial. Por tanto, aquel que pierde el control de su cuerpo, el que enferma gravemente, ve disminuida su capacidad de sobrevivencia. Entonces, se convierte en subalterno. El estado de enfermedad, de discapacidad, representa la incapacidad de elegir e interactuar, de allí que debe encontrar un camino o perecer. En el caso de la poética de Benavides la búsqueda se da desde los problemas literarios. Desde una construcción semántica, un juego retórico que se resume en la trilogía – poesía salud y lenguaje.  Esta estética de la salud se advierte en los textos del libro Exstrabismo sobre todo. Asimismo, el poema Pabellon E del libro Hospital del niño concluye con: “Manos de mamá palpando la fiebre, poesía recién nacida, sollozo sin consuelo, naufragio interno, ah poesía”

Zurcido invisible es un texto de gran valor porque nos permite acceder a la lectura de una poesía que trae elementos diversos, desde la teoría es un tesoro y desde el placer es un regalo. Los invito a conocerla y poner atención en ella y las sorpresas que transporta.

 

 

 

 

 

 *Es magíster en Literatura Latinoamericana. En la actualidad, se desempeña como profesora de Literatura en la Universidad de Chile.

**(Lima-Perú). Estudió literatura en la Universidad Nacional Mayor de San Marcos (Perú). Ha publicado el poemario Exstrabismo (2003), Sueños de un Bonzo (poemario objeto), aeiou Zurcido Invisible (2018). Mantiene inédito los poemarios Descierto y Hospital del Niño.

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