Vallejo & Co. reproduce el texto de presentación del libro Sagrado. Poesía reunida (2016) de Roger Santiváñez. El mismo fue leído en el auditorio del King Juan Carlos I of Spain Center de New York University el 08 de febrero de 2017.

 

 

Por Mariela Dreyfus*

Crédito de la foto (Izq.) YouTube

(der.) www.2.bp.blogspot.com

 

 

Sobre Sagrado (Poesía Reunida 2004-2016) (2016),

de Roger Santiváñez

 

 

Sagrado es el libro de Roger Santiváñez (Piura, Perú, 1956) que nos reúne hoy, una compilación de ocho conjuntos escritos y publicados en los últimos doce años, su etapa más prolífica, en la que despliega y lleva hasta su consumación un modo de escritura que podría afiliar en líneas generales a la estética del neo-barroco, con incidencias en sus propias líneas de fuga, que van desde el neobarroso rioplatense de Néstor Perlongher hasta el neoberraco de los poetas Noel Jardines, Blas Comas y Gabriel Jaime Caro –Gajaka–, los tres residentes en la ciudad de Nueva York.

Antes de la muerte fue el primer poemario de Santiváñez, publicado en 1979. Antes de este Sagrado, un volumen previo, Dolores Morales de Santiváñez (Lima: Hipocampo editores, 2004), había reunido sus primeras siete colecciones, que siguen a la ya mencionada en el siguiente orden de aparición: Homenaje para iniciados (1984); El chico que se declaraba con la mirada (1988); Symbol (1991); Cor Cordium (1994); Santa Maria (2001); Eucaristía (2004), además de un significativo número de poemas no recogidos en libro o rescatados, casi en plan arqueológico, de medios tan efímeros como ciertos diarios o revistas literarias hechas a mimeógrafo y de escasa circulación, donde solía publicar desde adolescente. Entonces la urgencia era escribir y luego difundir, en el lenguaje de la tribu, el más puro sentimiento y la más pura sensación de vértigo absoluto a nuestro alrededor. Eran los míticos días del movimiento Kloaka que fundamos juntos cuando éramos apenas un par de chiquillos, just kids, para citar a la querida Patti Smith, llenos de sueños y apegados al oficio de la poesía.

 

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En la primera compilación de su obra, Santiváñez lleva a cabo y al mismo tiempo cancela la experiencia de transferir al poema la cualidad oral de la lengua, su naturaleza dialógica, apuntando a un coloquialismo exacerbado, sumergido en la replana de los bajos fondos, aquella del lumpen limeño. Paralelo a ese recorrido por los márgenes del lenguaje, alrededor de, se percibían sin embargo atisbos de aquello que ahora llega a su plenitud en Sagrado: la búsqueda de la perfección, es decir, del acabado exacto del poema en cuanto forma, en su sonido y en su sentido, marcando en cada sílaba el acento como en una partitura interminable que se eleva y se raya y vuelve a repetirse, con el oído puesto en cada inflexión y en cada declinación. Por eso esta nueva compilación rescata, en la primera sección titulada Sucres blancs en homenaje a un verso de Rimbaud, algunos poemas escritos en 1979 y 1999, respectivamente, que anuncian la exquisita devoción esteticista de Santiváñez: “Tres poemas para descifrar. A la manera de José Lezama Lima” y “Lauderdale”. Sirve como puente entre la estética anterior y la presente, creando vasos comunicantes entre ambas pese a su aparente apuesta por colocarse en las antípodas, la inclusión otra vez en este segundo volumen compilatorio del último libro recogido en el primero, Eucaristía, en cuya concepción el decir poético se vislumbra como ofrenda y ritual.

 

El poeta Roger Santiváñez

El poeta Roger Santiváñez

 

Una melodía continua recorre las páginas de Sagrado; el poeta practica el ascetismo y su desborde; como en toda experiencia mística, el dolor es un goce; una herida abierta que convoca. Apelando a un lenguaje cifrado, por momentos cerrado incluso en virtud de la alquimia verbal que ejecuta, Santiváñez explora todos los recovecos del deseo; así, en cada composición el lenguaje es pura fruta, total fruición, goce de una materia que se moldea en estado exultante entre las manos. Sorprende en cada una de sus páginas, el rigor de la orfebrería, el cuidado musical de los versos, la secuencia melódica in crescendo, su medida en tercetos, el modo en que chorrean por esos tercetos cadenas de imágenes delirantes, de sonidos delirantes, en un decir que es de este tiempo y se expande en el tiempo, abriendo una fisura en la sintaxis.

“Cuando compongo un poema busco la belleza”, le ha confesado Santiváñez a Jota Picón en una entrevista reciente publicada en EmE, revista virtual. Una misión que lo incita a hurgar en los posos atávicos del lenguaje y la memoria, en busca de una música primordial recuperada. “Compongo en secuencias fónicas”, ha dicho, “moldeo cada sílaba como nota musical”, ha dicho. Dejo entonces sin más la palabra a Roger Santiváñez: sintamos el resonar de su voz en el recinto.

 

 

 

 

 

*(Lima-Perú). Reside en Nueva York (EE. UU.) desde 1989. Fundadora del colectivo artístico Kloaka (1982-1984). Actualmente se desempeña como profesora en la Maestría de Escritura Creativa en Español de New York University (EE. UU.). Ha publicado en poesía Memorias de Electra (1984); Placer fantasma ( 1993); Ónix (2001); Pez (2005); Pez/Fish (2014); Morir es un arte (2010; 2014), y Cuaderno músico precedido de Morir es un arte (2015). Escribió el ensayo Soberanía y transgresión: César Moro (2008) y tradujo entre otros los libros La Diosa de las Américas. Escritos sobre la Virgen de Guadalupe (2000) y An August Snow & Other Poems / Nieve de agosto y otros poemas (2014). Recientemente, apareció en Nueva York (EE.UU.) Gravedad. Poemas reunidos, primera compilación de su obra poética.

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