La nota que ahora presenta Vallejo & Co., fue redactada por su autor hace algunos meses, por lo que la misma fue escrita cuando el poeta Ernesto Cardenal, quien falleció hace dos días, aún se encontraba en vida.

 

Por José Antonio Santano

Crédito de la foto (izq.) www.vidanuevadigital.com /

(der.) Ed. Trotta

 

 

Sobre Poesía Completa (2019),

de Ernesto Cardenal*

 

 

Existe en la actualidad poética española demasiado ruido y poca hondura. La reflexión necesaria que todo ejercicio poético necesita brilla por su ausencia. Demasiada banalidad. Es por ello que cuando nos acercamos a una obra íntegra, recuperadora de la palabra poética en toda su extensión y significado, cuando esa palabra remueve el interior de cada lector y se acomoda desde ese instante como parte del propio ADN, toda emoción está garantizada, y de esta forma, la Poesía vuelve a su estado natural. Habría para muchas páginas si nos detuviéramos en esta cuestión tan importante, pero no es posible ahora. La obra que hoy traemos a este escaparate de libros es imprescindible, porque nos acerca a uno de los grandes poetas actuales: Ernesto Cardenal (Granada-Nicaragua, 1925 -2020).

La editorial Trotta nos convoca a la lectura de la Poesía Completa del poeta nicaragüense, en un solo volumen con más de mil páginas. Una edición, en honor a la verdad, extraordinaria, a la que hay que sumar el estudio preliminar de una buena conocedora de la poesía hispanoamericana, y en concreto de la de Ernesto Cardenal, María Ángeles Pérez López, profesora titular de Literatura Hispanoamericana en la Universidad de Salamanca, además de poeta. Pérez López nos presenta en este estudio previo todas y cada una de las claves de la poesía de Cardenal. Y lo hace de manera clara y precisa, sentando las bases que permiten al lector conocer la figura de este controvertido poeta nicaragüense. María Ángeles detalla en su análisis cada una de las facetas creadoras de Cardenal, desde su primer libro Epigramas hasta el último Hijos de las estrellas que incluye los poemas inéditos “Estamos en el firmamento” y “Con la puerta cerrada”. Toda una trayectoria poética no exenta de controversias sobre su particular modo de entender la poesía, tanto desde el punto de vista teórico como de la praxis.

 

 

Sin embargo, Cardenal es honesto consigo mismo y se desnuda ante los demás con la misma naturalidad como quien toma un vaso de agua. No hay sobreactuación, él es el hombre y el poeta en un mismo cuerpo y mente; lo humano y lo divino se complementa y se manifiesta en su particular manera de entender el mundo, que es lo mismo que decir la poesía. Pérez López se adentra en cada uno de los libros publicados por Cardenal en su ya larga vida poética, los analiza al detalle hasta conseguir que sea meridianamente comprensible para el lector tanto el texto en sí mismo como el momento histórico en el que se escribe. La actividad política, religiosa y literaria de Ernesto Cardenal compone un paisaje luminoso donde la palabra y la acción se complementan, y la revolución que proclama tiene un sentido evangélico y humano de imprevisible respuesta.

No obstante, Cardenal es hombre y conoce bien al hombre, al poderoso y al desposeído, y solo cuando ese humanismo florece todo parece dignificarse, si bien antes haya sido necesario la lucha por la libertad, incluso con las armas. El exteriorismo, que bebe del imaginismo representado por un movimiento poético angloamericano promovido por el también poeta Ezra Pound, se manifiesta en la mayor parte de la obra de Cardenal e incluye la presencia de la historia, la teología, la antropología, la lingüística, la economía o la ciencia… La presente obra, Poesía completa, viene a demostrar que la palabra poética es todavía imprescindible, como lo es conocer a Ernesto Cardenal en toda su esencia humanística y poético-espiritual, donde el Amor es la razón de toda existencia. Nos dice la profesora Pérez López que ya desde Epigramas, “pueden advertirse tempranos rasgos de la poesía de Cardenal, en particular la búsqueda de un lenguaje sencillo que explica su gran popularidad, como puede comprobarse en los siguientes versos: «Si tú estás en Nueva York / en Nueva York no hay nadie más / y si no estás en Nueva York / en Nueva York no hay nadie.»

 

El poeta Ernesto Cardenal.

 

En los Poemas documentales hallamos ya al poeta “exteriorista”, que bebe fundamentalmente de las imágenes del mundo exterior” y que derivan en poemas narrativos: «Salí del puerto de Acapulco el 23 de marzo/  y vine navegando hasta el sábado 4 de abril/ y media hora antes que amaneciera/ vimos con la luna un navío junto al nuestro/ con las velas y la proa que parecían de plata…», del poema “El pirata Drake en las costas de Nicaragua”. Su siguiente poemario Hora 0, se sitúa, según Pérez López, “por su vocación narrativa, coloquialista y prosaísta en el territorio de la poesía comunicante… y vendría a ser el manifiesto exteriorista que Cardenal y José Coronel Urtecho no escribieron”. Corren los años de la rebelión de 1954, con Sandino al frente y el ajusticiamiento de Somoza en 1956: «El abrazo es el saludo de todos nosotros,/ -decía Sandino- y nadie ha abrazado como él./ Y siempre que hablaban de ellos decían todos: “Todos nosotros…” “Todos somos iguales”,/ “Aquí todos somos hermanos”, decía Umanzor».

Gethsemani, Ky tiene que ver mucho ya con la llamada religiosa de Cardenal. “Se trata -según Pérez López-, del libro más lírico de Cardenal, en el que se trasluce la angustia vivida por el poeta…”, y aparece su singular misticismo. De este tiempo es también Salmos, donde hallamos versos como estos: «Cantaré Señor tus maravillas/ Te cantaré salmos/ porque fueron derrotadas sus Fuerzas Armadas/ Los poderosos han caído del poder.// Guárdame de la soberbia del dinero y del poder político/ y estaré libre de todo crimen/ y del delito grande/ Y séante gratas las palabras de mis poemas/ Señor/ mi Libertador», donde comprobamos la idea de un Dios que está en el poeta-hombre-revolucionario.

 

 

Destacamos, de su Oración por Marilyn Monroe y otros poemas, aquellos que más recursos lingüísticos ofrecen y que aportan el conocimiento y la bondad poética de Cardenal: «Recuerda Señor su creciente pavor a la cámara/ y el odio al maquillaje -insistiendo maquillarse en cada escena-/ y cómo se fue haciendo mayor el horror/ y mayor la impuntualidad a los estudios». Luego vendría “El estrecho dudoso”, esa búsqueda anhelada por unir los dos océanos (Atlántico y Pacífico), partiendo de una revisión de la historia: «“El país es bello”/ le había dicho a Colón Toscanelli./ De la isla Ofir, Ophaz o Cipanga/ (llamada también La Española) el Almirante/ se hizo a la vela a descubrir el Estrecho…». La siguiente obra, Los ovnis de oro, es un poemario extenso, centrado en las formas de vida y la tradición de las tribus indígenas: árboles sagrados, dioses, jefes, pueblos, reyes, costumbres…: «No he venido a hacer guerras en la tierra sino a cortar flores/ yo soy el rey cantor buscador de flores/ yo, Netzahualcóyotl/ su palacio lleno de cantores/ no de militares.». Antes de la fusión de lo cristiano y revolucionario, Cardenal pasará un momento amargo tras la muerte de Thomas Merton, con quien tanto quiso, y así lo escribe en sus “Coplas a la muerte de Merton”: «Había en los besos un sabor a muerte/ ser/ es ser/ en otro ser/ solo somos al amar».

 

 

Será en Canto Nacional cuando Cardenal considerará a un Cristo subversivo y revolucionario. Seguirán a éste Oráculo sobre Managua, Dos epístolas, Pasajero de tránsito, hasta llegar a más ambicioso de sus proyectos poéticos Cántico cósmico, donde reunirá un total de 42 cantigas, en él hallamos, según María Ángeles Pérez, “las grandes constantes cardenalianas -amor, revolución, religión-”, un único objetivo: “El propósito de mi Cántico es dar consuelo./ También para mí mismo este consuelo./ Tal vez más”, de la cantiga 42, como señala Pérez López. Cántico cósmico es, sin duda, el más grande monumento a la palabra, principio y fin, alfa y omega de todas las cosas, como el amor frente al mundo, la única razón de la existencia. Telescopio en la noche oscura, Versos del pluriverso, Hijos de las estrellas y Otros poemas, cierran el hasta ahora ciclo poético del gran vate nicaragüense Ernesto Cardenal. En todos ellos insiste, regresa a la honda reflexión, a una mística singular y efectiva, que nos recuerda la más grande tradición de la poesía española en Santa Teresa y San Juan de la Cruz, donde el verso se hace absoluta luz y silencio: «Yo nací para un amor extremista.// Amado misterioso que no gozo/ ¡nada quiero sino estar contigo!». Mística, amor, religión, ciencia, revolución, solidaridad en su conjunto, inseparable todo de la condición del ser humano y del poeta que habita el universo espiritual del gran Ernesto Cardenal.

 

 

 

 

 

*(Granada-Nicaragua, 1925 – Managua-Nicaragua, 2020). Poeta, sacerdote, teólogo y traductor. Literato por la Universidad Nacional Autónoma de México y teólogo por la Universidad de Cuernavaca (México). Participó en la Revolución de Abril, en contra de Somoza. Se ordenó de Sacerdote en 1965. Fue colaborador del Frente Sandinista de Liberación Nacional. Fue ministro de Cultura de su país entre 1979-1987. El Papa Juan Pablo II le prohibió ejercer como sacerdote desde 1984 por adscribirse a la Teología de la Liberación, prohibición que le fue levantada por el Papa Francisco en 2014. Recibió el Premio Iberoamericano de Poesía Pablo Neruda (2009) y el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana (2012). Ha publicado en poesía Hora 0 (1957), Gethsemani Ky (1960), Epigramas (1961), Oración por Marilyn Monroe y otros poemas (1965), Los ovnis de oro (1988), Cántico cósmico (1989), Somos polvo de estrellas (2013), entre muchos otros.

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